MIÉRCOLES DE LA SEMANA 12ª DEL TIEMPO ORDINARIO
1-1.
-Me voy sin hijos...
-Mira al cielo y cuenta las estrellas. Así será tu descendencia...
Sorprendente diálogo. El gran sufrimiento humano de Abraham es no tener hijos. Así se lo confía a Dios. Este es también un problema de vida concreta. Y Dios «promete» .
¡Una descendencia tan numerosa como las estrellas! Es inverosímil. Aparentemente es imposible.
Y nosotros, miles de años después, sabemos que esa promesa se ha realizado. Millones de judíos, de árabes y de cristianos honramos a Abraham como a nuestro padre.
Pero él, en aquella época sólo veía que era viejo, que su mujer era estéril y que no tenía hijos.
Así pues, Señor, Tú diriges nuestra mirada hacia el futuro.
Eres dueño de lo imposible. El mundo no ha terminado. El porvenir está entre tus manos divinas. Nuestra Fe, también debe dirigirnos a nosotros «hacia el porvenir».
¿Qué haré hoy para trabajar en el sentido de Dios? Aunque no pueda ver el resultado de ello. La historia avanza hacia su cumplimiento.
-Abraham creyó en Dios y el Señor lo declaró justo.
Confiar en Dios.
Los años pasan y el hijo prometido no llega. ¿Serán engañosas las promesas divinas?
Abraham, sin embargo, sigue confiando. Continúa esperándolo todo de El.
Dame, Señor, esta perseverancia y esta obstinación en la fe.
Me detengo en un momento de silencio para evocar lo que espero, HOY, de Dios: tal gracia, tal liberación del pecado... que dura desde tiempo. Continúo creyendo en ti, Señor.
Lo que prometiste se realizará.
-Un sombrío y profundo sopor invadió a Abraham... Espesas tinieblas...
La fe, la certeza de Dios no suprimen cualquier angustia y obscuridad. En ciertos días esa espera interminable debió de parecerle muy dura a Abraham.
Así en nuestras vidas, hay también noches vacías, oscuras, momentos en los que la prueba nos pone los nervios de punta.
Ello es quizá un «signo» de que el Señor pasa, como en la vida de su amigo Abraham.
-Aquel día firmó el Señor una alianza con Abraham.
Dios actúa a menudo en nosotros cuando estamos vacíos de nosotros mismos y completamente receptivos a su acción. Cuando todo parece perdido, como en la Pasión, es cuando la salvación pascual está cerca.
Esta «Alianza» entre Dios y Abraham se expresa por ritos tomados de los usos de las tribus nómadas de la época: las dos partes contratantes se comprometen, aceptando ser despedazados como animales abiertos en canal, si dejan de cumplir la palabra dada. Pero Yavéh -Dios- pasa solo entre las víctimas, en forma de un «fuego», porque solamente su fidelidad queda realmente comprometida.
Es algo emocionante ver a Dios así comprometido, aceptando la forma misma de un contrato algo salvaje, un contrato como el que hacían entre sí las hordas brutales de nómadas que sólo podían contar con la violencia. HOY todavía, Señor, quieres pactar «Alianza» con el hombre.
Sé que, por tu parte, esta alianza será sólida.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 144 s.
2-1.
-«He hallado el libro de la Ley en el Templo del Señor...»
Un pequeño acontecimiento, en apariencia banal y que llega por azar.
En 622, bajo el reinado del rey Josías, unos obreros, que trabajaban en el Templo, «descubren» un libro -es el Deuteronomio-, que había sido perdido -o «escondido»- en ese lugar unos años antes.
A todos los hombres les sucede algo parecido; y en algunos de esos acontecimientos parece «perderse la Palabra de Dios»... y en otros, se «la encuentra de nuevo»...
He de llevar todo esto a la oración.
Señor, ¿me sucede a menudo dejar escapar una ocasión? Tal encuentro, tal lectura, tal enfermedad, tal alegría, tal pena... en la que Tú estás ahí, escondido, ¡presto a ser encontrado de nuevo!
-Cuando el rey oyó las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestiduras.
Es el signo de su arrepentimiento, de su deseo de conversión.
El Deuteronomio encontrado es todo él una llamada a la Alianza: el tono del Deuteronomio es envolvente como una confidencia... Dios ama... Dios espera ser amado... Dios nos invita a amarle.
Pensando en los pecados de su pueblo en este inmenso olvido que dura hace tanto tiempo, el rey Josías tiene el corazón traspasado y rasga sus vestiduras. Pero si nosotros nos olvidamos de Dios. Dios no nos olvida jamás. Durante nuestras largas ausencias, perdura ahí y sigue amándonos siempre. El descubrimiento de este Amor trastorna a Josías y le suscita sentimientos de gozo y de arrepentimiento.
-El rey hizo convocar a todos los ancianos, con todos los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo, desde el menor al mayor.
En el fondo, uno no se convierte solo. Todo aquel que descubre o que redescubre de nuevo a Dios provoca una especie de reacción en cadena: "¡Todo el que se eleva, eleva el mundo!"
Que sepa yo pensar en mis propias responsabilidades. En los que dependen de mí. En todo lo que les falta cuando abandono a Dios. En todo el provecho que reciben cuando mi vida es vida según Dios.
¿Me preocupo de hacer partícipes a los demás de mis propios descubrimientos?
¿Tengo que comunicar una «buena nueva» a todos los que amo?
-Leyó ante ellos todo el contenido del libro de la alianza, hallado en el templo.
Josías organiza pues una especie de gran liturgia, una celebración de la Palabra.
El secretario había leído el texto al rey.
Ahora el rey lo lee a todo el pueblo.
Como en el evangelio, los hechos se desarrollan en cascada: los obreros encuentran el libro cuando estaban trabajando, lo llevan al sumo Sacerdote Helcías, éste convoca a Safan, secretario del rey, Safan advierte al rey Josías que propone la Alianza a todos los habitantes de Jerusalén.
La Palabra de Dios pasa de mano en mano, de boca en boca, de oído en oído. ¡Dios necesita a los hombres!
-El rey estaba de pie junto a la columna, y concertó ante el Señor la «alianza» que le obligaba a seguir al Señor, y a guardar sus mandamientos con todo el corazón y toda el alma...
Comienza una reforma, una nueva fase de vida.
«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma...»
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 144 s.
2-2. /2R/20/01-19
Aunque el protagonista de los dos episodios de esta lectura es el rey Ezequías, el rey se mueve totalmente en la órbita de Dios, que le comunica sus designios a través de la palabra del profeta. La señal tiene este significado: promesas y amenazas se cumplirán con la misma seguridad con la que retrocede la sombra del sol en la escalinata de Acaz.
La embajada del rey de Babilonia está relacionada con la curación de Ezequías, pero cada uno de los episodios tiene su significación. En el primero el Señor, dueño de la vida, hace anunciar al rey su muerte sin indicarle el motivo. La decisión divina de poner fin a una vida es un misterio inexplicable. Pero en este caso Dios escucha la plegaria de Ezequías: le concede quince años más de vida y protección contra el peligro asirio. En su oración recuerda Ezequías su buen comportamiento como un motivo para que el Señor le escuche.
El Señor le hace decir que lo curará en atención a su oración y a sus lágrimas, y que protegerá la ciudad por amor a él mismo -la había escogido como residencia- y por amor a David -que también Dios había elegido-. Como si dijera que los favores concedidos a David, aunque exigían de sus hijos un buen comportamiento, no se adquirían con el buen comportamiento.
El segundo episodio parece indicar un juicio moral sobre la actitud de Ezequías con los embajadores de Babilonia. Así lo entendió el libro de las Crónicas cuando reprochaba a Ezequías que no cumplió con el ideal de humildad propuesto en el salmo 131 (2 Cr 32,25-26). Pero en aquella situación histórica de rivalidad entre Babilonia y Asiria, tal embajada no podía ser únicamente una visita de cortesía y de admiración: era una insinuación de alianza contra el enemigo común. Si Ezequías se hubiera confiado más en el corazón de Yahvé, como Isaías lo pedía en el tiempo de Acaz, no hubiera caído en la trampa de abrir la puerta a los futuros deportadores de Judá. Ezequías encuentra bien la palabra de Yahvé, no porque sea indiferente a lo que pasará después de su muerte, sino porque, teniendo Yahvé motivo para ejecutarla desde ahora, ha diferido su cumplimiento.
G.
CAMPS
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las
Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 764 s.
3.- Mt 7, 15-20
3-1.
Ver Paralelo DOMINGO 08C
3-2.
Parece decir: no juzguéis al hombre por las apariencias, que son frecuentemente engañosas, sino por lo que hace. Ni las palabras ni las intenciones, sino la práctica. Si las palabras y las intenciones siguen una dirección y la práctica otra, la segunda es la que revela el corazón del hombre, sus opciones profundas, sus verdaderos intereses. Las palabras y las intenciones son a menudo una tapadera, un engaño (para sí mismo y para los otros).
Sin embargo, la comparación se puede entender también de otra manera. Hay semillas que cuando las ves te parecen inocuas, y hay árboles que te parecen fascinantes al verlos; solamente si tienes paciencia (y sensatez) para esperar a los frutos sabrás cómo son realmente. Así se desmienten los falsos profetas; no por las muchas palabras que dicen (palabras con frecuencia fascinantes), ni por los diversos gestos que hacen; debes valorarlos basándote en los frutos que aquellas palabras y aquellos gestos no tardarán en producir.
BRUNO
MAGGIONI
EL RELATO DE MATEO
EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág.
83
3-3.
-Cuidado con los profetas falsos, esos que se os acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.
En el Antiguo Testamento, Dios había advertido a menudo que nos pusiéramos en guardia contra los "falsos profetas".
Jesús subraya aquí cuán semejantes son exteriormente a los profetas auténticos: se visten con la capa de la buena doctrina y de la buena moral... por lo tanto son difícilmente reconocibles. Así el gran peligro para la Iglesia no procede forzosamente de sus enemigos externos, fácilmente conocidos, sino de aquellos que aparentando una vida normal... son de hecho, "lobos" rapaces, incluso cuando pretenden hablar en el nombre de Dios.
-Por sus frutos los reconoceréis.
Jesús es realista. "Mirad y ved cómo actúan..." El verdadero valor de una persona se manifiesta por lo que hace.
Por ejemplo, se puede hablar mucho de la Iglesia y no obedecerla prácticamente.
Jesús se ha enfrentado durante toda su vida a los escribas y fariseos, que eran aparentemente gentes muy religiosas.
La docilidad al Espíritu y la humildad son los frutos por los que se reconoce al profeta auténtico.
-¿Se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos.
¡Un "buen" fruto! La calidad de una fruta depende de la calidad del árbol.
Señor, transforma mi corazón para que sea como una ¡fruta buena! de la que puedan alegrarse y alimentarse los demás.
Y para esto ¡que sea bueno el árbol! La raíz, el tronco, las ramas, todo el conjunto... para que los frutos sean sabrosos. Sí, Ios gestos y las palabras exteriores no adquieren su valor auténtico mas que cuando son la expresión de una fidelidad interior a Dios y a la Iglesia.
-Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos.
Es un buen criterio, para evaluar la autenticidad de un profeta, de un movimiento, o de una opinión, el considerar a la larga, sus resultados... ¿Cuáles han sido las consecuencias concretas de esta acción, de esta opinión? La vida humana es "una": todo se relaciona... pensamientos, voluntades, actos.
¿Cuál es la orientación general de mi vida? Uno encuentra a veces a almas inquietas que se imaginan que han roto su vida por un pecado mortal accidental...
Ahora bien, Jesús nos dice aquí que lo que cuenta es la trama general de una vida.
-Todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa al fuego.
Mateo agrupó aquí unas fórmulas sobre el árbol, que seguramente fueron dichas en circunstancias diversas. Notemos, por ejemplo, la correspondencia con la alegoría de la viña, en san Juan 15, 6... donde Juan insistía sobre la unión con la vid para tener vida y dar fruto.
Mateo insiste sobre la urgencia de la conversión: el juicio de Dios está cerca.
¿Habremos sido un árbol sano? ¿Cuál habrá sido nuestra fecundidad? ¿Qué frutos sabrosos han sido los nuestros? Todo ello, en este contexto, se dice de los falsos profetas ¡árboles echados al fuego! Pero esto es verdad para cada uno de nosotros, si no nos preocupamos de dar fruto para la vida eterna.
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 36 s.
3-4.
1. (Año I) Génesis 15,1-12.17-18
a) «Aquel día el Señor hizo alianza con Abrahán». La doble promesa que Dios le había hecho -posesión de la tierra y descendencia numerosa- tarda en cumplirse. Dios se la vuelve a hacer, esta vez ya en forma de alianza.
El gesto con el que se ratifica esta alianza nos puede parecer extraño, pero era expresivo en la cultura de entonces: se descuartizaban animales, se colocaban en dos filas y los dos contrayentes pasaban por en medio (Dios pasó en forma de fuego). La intención simbólica es: si alguno de los dos no cumple su palabra, que le suceda como a estos animales.
No todo es fácil ni llano en el camino de Abrahán. Siente miedo, la duda le tienta («no me has dado hijos»), tiene que espantar los buitres que bajan sobre los animales muertos, le invade un sueño profundo «y un terror intenso y oscuro cayó sobre él». Pero, una vez más, el patriarca confía plenamente en Dios: «Abrahán creyó al Señor y se le contó en su haber».
b) En la vida de un creyente no todo son días de sol y de claridad.
También a nosotros nos rondan las dudas y el temor e incluso, alguna vez, la noche oscura y el «terror intenso y oscuro». Seguro que podemos decir, mirando a nuestra historia, que algunas veces «el sol se puso y vino la oscuridad». Nos da pena, como a Abrahán, ser estériles, que nuestro trabajo no produzca frutos visibles. ¿Quién no quiere tener, de alguna manera, descendientes que continúen nuestra obra o poseer un trozo de tierra?
Tenemos que mirarnos en el espejo de Abrahán. Y de Cristo, que nos da un ejemplo todavía más pleno de confianza en Dios: «a tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu». No sólo le tenemos que servir cuando todo es fácil y nos sale bien. También, cuando no vemos el final del túnel. Cuando estamos bien establecidos y nos invitan al éxodo, o cuando, como a Abrahán, nos obligan a plantar tiendas de peregrino y levantarlas al cabo de poco. ¿Nos fiamos de Dios? ¿se puede decir que no sólo «creemos en Dios», sino que «creemos a Dios»? A Abrahán se le llama «patriarca de la fe» porque creyó en circunstancias difíciles, cuando las apariencias parecían ir en contra de las dos promesas que Dios le hacía. Para todos, también para los cristianos, es un ejemplo magnífico de fidelidad a Dios.
El salmo nos invita a esta actitud: «que se alegren los que buscan al Señor, recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro... él se acuerda de su alianza eternamente, de la alianza sellada con Abrahán».
1. (Año II) 2 Reyes 22,8-13; 23,1-13
a) En tiempos del joven rey Josías, que fue de los pocos buenos y fieles a Dios, aconteció el hallazgo, en el Templo, del libro de la Ley, el Deuteronomio.
Entre lo que decía el libro, con las palabras de la Alianza, y lo que estaba sucediendo en la historia del pueblo, no había ningún parecido. El rey teme con razón que Dios debe estar muy enojado y que así se explican las calamidades que pasan. La lectura solemne del Deuteronomio lleva a todos, autoridades y pueblo, a renovar y suscribir la Alianza con Dios.
Va a ser un paréntesis -no demasiado largo, porque Josías muere joven- de fidelidad a Dios en medio de una historia llena de idolatrías y de injusticias. El salmo recoge esta voluntad de conversión: «muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y lo seguiré puntualmente... guíame por la senda de tus mandatos, porque ella es mi gozo».
b) Hay períodos en la historia, también en la de la comunidad cristiana, en que hace falta algún «hallazgo», por parte de reyes como Josías, o de profetas como Jeremías -que es el que le ayudó en su programa de reforma religiosa- para que todos recapacitemos y volvamos al camino de la sensatez.
Serán pocas todas las llamadas a la «nueva evangelización». Cada generación nueva se tiene que enterar de la Buena Noticia de la salvación que Dios ofrece en Cristo Jesús y en su comunidad. Y esta evangelización es más urgente cuando el ambiente es pagano, o neo-pagano. Demasiado fácilmente nos olvidamos del «libro de la Ley», descuidamos el evangelio de Cristo, su estilo de vida y la lista de sus bienaventuranzas, dejándonos llevar por idolatrías de todo tipo.
Los cristianos no sólo debemos preocuparnos de ser nosotros mismos fieles a la llamada que hemos sentido de Dios, sino también, de ayudar a otros -niños, jóvenes, alejados- a redescubrir a Dios en sus vidas, a volver a escuchar, si lo han olvidado, el libro de la Palabra de Dios.
Sacerdotes, catequistas, misioneros, profetas, padres, educadores de la fe, maestros cristianos: éstos son el nuevo Josías y el nuevo Jeremías que quieren ayudar a este mundo a descubrir, en los valores cristianos, la verdadera respuesta a sus preguntas y problemas.
2. Mateo 7,15-20
a) Jesús previene a sus seguidores del peligro de los falsos profetas, los que se acercan «con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces».
Les da una consigna: «por sus frutos los conoceréis». La comparación es muy expresiva: un árbol puede ser muy bonito en su forma y en sus hojas y flores, pero si no da buenos frutos, no vale. Ya se puede cortar y que sirva para leña.
b) Tanto el aviso como la consigna son de plena actualidad. Porque siempre ha habido, junto a persecuciones del exterior, el peligro interior de los falsos profetas, que propagan, con su ejemplo o con su palabra, caminos que no son los que Jesús nos ha enseñado.
El criterio que él da lo debe aplicar la comunidad cristiana siempre que surgen nuevos movimientos o personas que llaman la atención, y de los que cabe la duda de si están movidos por el Espíritu de Dios o por otros móviles más interesados.
Pero es también un modo de juzgarnos a nosotros mismos: ¿qué frutos producimos? ¿decimos sólo palabras bonitas o también ofrecemos hechos? ¿somos sólo charlatanes brillantes? Se nos puede juzgar igual que a un árbol, no por lo que aparenta, sino por lo que produce. De un corazón agriado sólo pueden brotar frutos agrios. De un corazón generoso y sereno, obras buenas y consoladoras.
Podemos hablar con discursos elocuentes de la justicia o de la comunidad o del amor o de la democracia: pero la «prueba del nueve» es si damos frutos de todo eso. El pensamiento de Cristo se recoge popularmente en muchas expresiones que van en la misma dirección: «no es oro todo lo que reluce», «hay que predicar y dar trigo», «obras son amores y no buenas razones»...
Pablo concretó más, al comparar lo que se puede esperar de quienes siguen criterios humanos y de los que se dejan guiar por el Espíritu de Jesús: «las obras de la carne son fornicación, impureza, idolatría, odios, discordia, celos, iras, divisiones, envidias... en cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, fidelidad, dominio de sí» (Ga 5,19-26).
«Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro» (salmo I)
«Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón» (salmo II)
«Por sus frutos los conoceréis» (evangelio)
J.
ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 70-73
3-5.
Gn 15, 1-12.17-18: Dios lo aceptó como justo
Sal 104, 1-4.6-9
Mt 7, 15-20: Los frutos del árbol bueno
De nuevo Jesús hace una advertencia a sus discípulos, llama la atención sobre un peligro que puede acechar a la comunidad. El problema de los falsos profetas. ¿Quiénes eran esas personas?. No son los "falsos maestros", sino aquellos que pretenden tener una nueva revelación contraria a las enseñanzas de Jesús y tienen un desfase entre lo exterior y lo interior. La piel de oveja con la que se disfrazan significa que se presentan como pacíficos e indefensos y la imagen de "lobos rapaces", significa la manera de ellos comportarse, es decir, la actitud de destruir la comunidad.
Mateo da una norma a la comunidad para saber reconocer a estos "falsos profetas": la calma. Saber esperar hasta que cada cual vaya dando sus frutos. Entonces se verán los actos concretos que distinguen al verdadero del falso profeta. La clave para detectar a los "falsos profetas" son, pues, sus obras.
El texto hace una comparación de los "falsos profetas" con espinos y cardos, para desacreditarlos de ese modo. Luego refuerza la imagen anterior con otra comparación del árbol y los frutos a fin de dar mayor precisión a su mensaje sobre lo bueno y lo malo, lo cual hace pensar directamente en los actos del hombre. Esta idea la amplía diciendo que los árboles que no dan buenos frutos son arrojados al fuego; es decir, que a los "falsos profetas" les espera el juicio destructor de Dios. Con una nueva invitación a desenmascarar a los lobos vestidos con piel de oveja a través de sus obras, el evangelista redondea la primera parte del texto.
En teoría, tenemos un criterio bastante claro para dilucidar quien es el verdadero profeta: el que nos orienta de acuerdo con el mensaje y la forma de vida de Jesús. En la práctica puede que este criterio no funcione. Sin embargo, estamos llamados a estar atentos y a no dejarnos entusiasmar por tantos personajes que se cubren con el ropaje de Jesús y en su mensaje nos llevan a fomentar divisiones, mentiras y favoritismos, aun en el campo religioso; estas actitudes nos ponen en contra del verdadero contenido evangélico.
SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO
3-6. CLARETIANOS 2002
Del evangelio brota una luz que nos es imprescindible para iluminar esta época que nos ha tocado en suerte vivir. Una de las características es la desorientación. Nos llegan tantas informaciones y tan diversas que a menudo no sabemos con qué carta quedarnos. Unos nos dicen que nuestros obispos son unos sinvergüenzas a los que haríamos bien en no hacerles el más mínimo caso. Otros insisten en que seguir a pies juntillas las indicaciones de nuestros pastores es la forma de ser fieles a Jesús. Para algunos, lo esencial es denunciar un día sí y otro también los trapos sucios de nuestra comunidad. Para otros, lo verdaderamente revolucionario es aprender a perdonar. Creo que los ejemplos se multiplican.
Jesús nos da un criterio de discernimiento claro. Las palabras no importan demasiado. Podemos ser víctimas de todos los engaños del inconsciente humano. Lo que cuenta son los frutos: "Por sus frutos los conoceréis". ¿Cuáles son los frutos de unos y de otros? No tenemos necesidad de inventar nada. Nos los ofrece Pablo en la carta a los Gálatas (5,19-23). Creo que es útil recordarlos. Cuando uno se mueve desde sus propios intereses, aunque use palabras altisonantes y supuestamente proféticas, lo que produce es: "impureza, desenfreno, idolatría, enemistades, discordias, rivalidad, ira, egoísmo, cismas, envidias ...". Cuando uno actúa realmente movido por el Espíritu de Dios sus frutos son: "amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe mansedumbre y dominio de sí mismo".
La indignación ética que nos producen algunos hechos (generalmente de los demás, no nuestros) es una reacción humana comprensible, pero no es necesariamente un fruto del Espíritu. A menudo, esa indignación es sólo fruto de nuestro resentimiento, de nuestras envidias, de nuestros fracasos acumulados, de nuestros miedos. Naturalmente esto no significa que no debamos denunciar lo que nos parece antievangélico. Lo que importa es siempre preguntarse "de dónde" arranca mi actitud (¿del odio, del miedo, del deseo de venganza, del narcisismo herido? ¿O, más bien, del deseo de verdad, de vida nueva, de libertad?) y "a dónde" conduce (¿a la autoafirmación, al ajuste de cuentas, a cerrar mi herida, a "dar a cada uno su merecido"? ¿O, más bien, al perdón, a un futuro más auténtico, a la comprensión?).
La vida está llena de ocasiones en las cuales
tenemos que ensayar esta propuesta de Jesús. Y no siempre es fácil actuar como
Él nos propone.
Gonzalo Fernández , cmf (gonzalo@claret.org)
3-7. DOMINICOS 2003
Dios en nuestros caminos
A veces las personas piadosas nos imaginamos que el proceso de la ‘Historia de
salvación’ tuvo lugar en circunstancias excepcionales, sustrayendo de la
realidad cuotidiana a patriarcas y profetas. Eso es un engaño.
Hoy nos puede servir de ejemplo la persona de Abrahán: Salió de Mesopotamia,
camino de Canaán, como otros pastores que peregrinaban buscando buenos pastos
para sus ganados y seguridad para sus familias. Recorrió de norte a sur la
Palestina, como otros pastores, con sus familias, hasta llegar al Negueb. Y de
allí, por angustia en las cosechas y pastos, se marchó a Egipto, donde, por
fascinación de la belleza de su esposa, según el relato, fue acumulando riqueza
en tierras y ganados. Pero hubo de emigrar de Egipto, pues Dios parecía castigar
la inmoralidad de su esposa y el faraón, y regresó a la región del Negueb. Allí,
vistas las dificultades para mantener la economía y la paz entre los pastores
suyos y los de Lot, ambos se dividieron las tierras y montes de pastoreo, y cada
cual hizo su vida. Inmersos en las contiendas de grupos, ciudades, pequeños
reinos, participaron incluso en guerras, y se atuvieron a las condiciones que en
cada lugar eran tradicionales.
En ese contexto aparentemente tan rutinario es donde Dios estaba con Abrahán y
donde Abrahán contaba con Dios, aunque no lo pareciera:
Dios bendecía a Abrahán, y las riquezas de éste se multiplicaban. Pero ese mismo
Dios le sometía a prueba, pues no le concedía descendencia. ¿Era eso amor?
Abrahán, agradeciendo lo uno y lamentando lo otro, confiaba y confiaba, pero
clamaba ante Él suplicándole un heredero. Ante la insistencia de su buena
voluntad, de sus oraciones y fidelidades, Dios acabó revelándosele en todo su
poder, majestad y bendición: Tendrás hijos, y serán tantos como las estrellas
del cielo o las arenas del mar...
Palabra de Dios
Libro del Génesis 15, 1-12.17-18:
“En aquellos días Abrahán recibió en visión la palabra del Señor: No temas,
Abrahán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante.
Abrahán contestó: ¿de qué me sirven tus dones, si soy estéril?... No me has dado
hijos, y un criado de casa me heredará.
La palabra del Señor le respondió: No te heredará ése sino uno salido de tus
entrañas... Mira al cielo y cuenta las estrellas, si puedes... Así será tu
descendencia...”
Este párrafo supone conocidos los capítulos 13 y 14 del Génesis. En ellos
Abrahán, con su sobrino Lot recorría Palestina con sus rebaños, bajaba a Egipto,
se enriquecía y volvía a subir a Palestina donde participaba en algunas guerras
entre reyezuelos. Transcurrido un tiempo, acontecía el suceso aquí narrado y se
establecía el compromiso del Señor con Abrahán: la Alianza.
Evangelio según san Mateo 7, 15-20:
“Jesús dijo un día a sus discípulos: cuidado con los profetas falsos; se acercan
con piel de cordero, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los
conoceréis.
A ver: ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Los árboles
sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos... El árbol que no
da frutos buenos se tala y se echa al fuego. Es decir, por sus frutos los
conoceréis”.
El realismo de Jesús, que conoce muy bien las miserias humanas, pone los puntos
sobre las íes: en el mundo hay demasiadas palabras buenas y obras malas,
demasiadas promesas que acaban en infidelidades. Sólo es bueno en verdad el
árbol y el hombre que da frutos buenos. Lo demás resulta engañoso.
Momento de reflexión
Mira al cielo y cuenta las estrellas.
Varios detalles conviene subrayar en el texto del Génesis.
Primero, el contraste que se da entre la abundancia de bienes materiales que
posee Abrahán y la ausencia de hijos en su hogar. No cabe comparación entre los
frutos de la tierra y los “frutos del vientre”.
Segundo, la providencia divina. Dios que llamó a Abrahán e hizo alianza con él,
no abandonará nunca al elegido; estará con él, aunque las apariencias engañen.
Tercero, la mirada de esperanza para el futuro. Si Dios cuenta con cada uno de
nosotros, hay que vivir hoy pensando en el mañana: hoy sembramos la semilla,
mañana recogeremos la cosecha.
El valor de la verdad.
Jesús no nos oculta en su enseñanza estas grandes verdades: Hoy y mañana, aquí y
en cualquier parte del mundo, permanecerá la tensión entre el misterio de la
Verdad y el de la iniquidad. Va acompañando siempre al hombre en el ejercicio de
su libertad. La Verdad divina y la verdad humana son tan bellas que sólo se
desposan con corazones limpios, no conceden intimidad a espíritus turbios. A su
vez, la iniquidad es tan fea que reside y se mueve desde su ocultamiento en
corazones sucios, retorcidos.
Si nosotros somos hijos de la verdad y del amor, hagamos las obras de la Verdad
y del Amor, y vivamos a plena luz, en sinceridad, en claridad. Ese es nuestro
futuro.
ORACIÓN:
Señor, tú conoces muy bien que en nuestra débil naturaleza la palabra es fácil y
el compromiso es difícil. Ayúdanos a ser coherentes, a decir la verdad y a
rubricarla con la vida. Que nuestras obras no contradigan tu verdad y amor.
Amén.
3-8. CLARETIANOS 2003
Ayer nos alejamos por un día de Abrahán, pero hoy volvemos a caminar con él. Nos interesa mucho el capítulo de hoy, que podríamos titular así: “El retraso de Dios”. ¿Qué fue de la promesa de un hijo y una tierra? Abrahán siente que pasa el tiempo y que Dios no cumple su palabra. O sea, que Abrahán siente lo mismo que sentimos nosotros a menudo, cuando leemos que Dios no deja a la humanidad de su mano y, al mismo tiempo, observamos que las desgracias se multiplican.
La escena de Abrahán saliendo de su tienda para contemplar el cielo estrellado es de una belleza sobrecogedora. Si es de noche mientras lees esto, asómate a la ventana. Contempla el cielo. Si no, puedes acercarte a este mirador del firmamento. La impresión de enormidad es inevitable. Pues bien, así es siempre Dios: desbordante, inmenso. Seducido por esta visión, a pesar de sus dudas y temores, Abrahán creyó al Señor y se le contó en su haber.
Jesús, en el evangelio de Mateo, nos da una pista
para movernos en tiempos y espacios movedizos. Hoy, sin duda, estamos viviendo
así. Basta asomarse a los mensajes que nos llegan a través de los medios de
comunicación. Es como una batalla en la que no sabemos bien quién es “el bueno”
y quién es “el malo”. Nos sentimos tan manipulados, tan engañados, que a menudo
declinamos todo esfuerzo de discernimiento. La regla de Jesús es muy simple: “No
os fijéis sólo en las palabras, en la apariencia, en el ropaje”. La verdad de
una persona y de una idea se miden por los frutos de amor que produce: Por sus
frutos los conoceréis. Muy claro, ¿verdad?
Gonzalo (gonzalo@claret.org)
3-9. 2001
COMENTARIO 1
vv. 15-16: Cuidado con los profetas falsos, esos que se os acercan con piel de
oveja, pero por dentro son lobos rapaces. 16Por sus frutos los conoceréis; a
ver, ¿se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos?
Previene Jesús contra el engaño de las palabras. Hay quienes llegan a la
comunidad pretendiendo falsamente hablar en nombre de Dios (falsos profetas). De
los profetas falsos, se contrasta la suavidad de su lenguaje (ovejas) con su
realidad interior (lobos rapaces), que los caracteriza como individuos que
buscan sin escrúpulos su propio interés. El criterio para distinguirlos es su
modo de obrar.
vv. 17-19: Así, los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan
frutos malos. 18Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar
frutos buenos, 19y todo árbol que no da fruto bueno se corta y se echa al fuego.
Para Jesús, las obras brotan espontáneamente de la realidad interior. No moldean
ellas la índole del hombre (doctrina farisea), sino que son el reflejo infalible
de sus actitudes profundas. El obrar no determina la actitud, sino que nace de
ella.
Vuelve el tema de la limpieza de corazón (5,8; cf. 15,19). No hay vida interior
independiente de la exterior: las obras delatan lo interior del hombre.
No valen, por tanto, las protestas de ortodoxia ni la dulzura de las palabras,
sino la realidad de la conducta. La insistencia sobre las plantas sin fruto y
sobre el fruto bueno y malo ponen la advertencia de Jesús en el terreno de lo
que sirve o no sirve para la vida. Los falsos profetas tienen un influjo dañino
sobre la comunidad, y quien produce muerte está destinado a la muerte (19).
v. 20: Total, que por sus frutos los conoceréis.
Este colofón repite el criterio expuesto antes (v. 16), mostrando su
importancia. Lo que no contribuye a la vida no es de Dios. Pueden identificarse
estos falsos profetas con los que se eximen de «uno de estos mandamientos
mínimos y lo enseñe así a los hombres»
La comparación con el fruto y el árbol, y la suerte del árbol malo, ya presentes
en la predicación del Bautista (3,8.10), hacen ver que la metáfora del árbol que
da frutos malos se refiere a los que no han hecho una enmienda sincera, es
decir, a los que no han hecho más que exteriormente la opción propuesta por
Jesús en las bienaventuranzas (cf. 7,26s). Estos procedieron con la comunidad
cristiana como pretendían hacer los fariseos y saduceos respecto al bautismo de
Juan (3,7): aparentar la enmienda (bautismo) sin romper realmente con la
injusticia del pasado. Mateo denuncia, pues, la infiltración en la comunidad
cristiana de la hipocresía farisea (decir, pero no hacer, cf. 23,3), como lo
hará de nuevo en la perícopa siguiente y en otros pasajes (cf., p. ej.,
13,36-43; 22,11-14).
COMENTARIO 2
De nuevo Jesús hace una advertencia a sus discípulos y llama la atención sobre
un peligro que puede acechar a la comunidad: el problema de los falsos profetas.
Mateo da una norma a la comunidad para saber reconocerlos: la calma prudente.
Saber esperar hasta que cada cual vaya dando sus frutos. Entonces se verán los
actos concretos que distinguen al verdadero del falso profeta. La clave para
detectar a los "falsos profetas" son, pues, sus obras.
El texto hace una comparación de los "falsos profetas" con espinos y cardos,
para desacreditarlos de ese modo. Luego refuerza la imagen anterior con otra
comparación: la del árbol y los frutos, a fin de dar mayor precisión a su
mensaje sobre lo bueno y lo malo, lo cual hace pensar directamente en los actos
del hombre. Esta idea la amplía diciendo que los árboles que no dan buenos
frutos son arrojados al fuego; es decir, que a los "falsos profetas" les espera
el juicio destructor de Dios. Con una nueva invitación a desenmascarar a los
lobos vestidos con piel de oveja a través de sus obras, el evangelista redondea
la primera parte del texto.
En teoría, tenemos un criterio bastante claro para dilucidar quién es el
verdadero profeta: el que nos orienta de acuerdo con el mensaje y la forma de
vida de Jesús. En la práctica puede que este criterio no funcione. Sin embargo,
estamos llamados a estar atentos y a no dejarnos entusiasmar por tantos
personajes que se cubren con el ropaje de Jesús y en su mensaje nos llevan a
fomentar divisiones, mentiras y favoritismos, aun en el campo religioso; estas
actitudes nos ponen en contra del verdadero contenido evangélico.
1. J. Mateos-F. Camacho, El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid
2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-10. 2002
La comunidad de Mateo atribuía un rol de primera
línea a la enseñanza. De allí la importancia que tienen en dicha comunidad la
función del profeta, junto a la del sabio y del escriba, en la transmisión del
mensaje de Jesús (cf Mt 23, 34). Se hacía, por tanto, necesario delimitar los
límites de esos carismas poniendo en guardia sobre el peligro de los falsos
profetas (v. 15) y ofreciendo, a la vez, un criterio de discernimiento que
permitiera distinguir la verdadera de la falsa profecía (vv. 16-20).
Esta preocupación es aguda en el tiempo posterior a la primera generación
cristiana. Encontramos un reflejo de esta preocupación, sobre todo, en las
epístolas pastorales donde se vuelve a cada paso sobre la “sana doctrina”, pero
también se encuentran advertencias sobre este punto en la obra de Lucas (cf Hch
20, 29).
Este último texto presenta un universo sumamente cercano a Mt 7, 15. En ambos
casos se los califica de “lobos” a los falsos profetas, se señala su agresividad
y se describe a la comunidad como un rebaño. Sin embargo más que el contenido de
la enseñanza, que aparece en primer plano tanto en Lucas cuanto en las epístolas
pastorales, Mateo remite a la actuación conforme a la importancia que asigna a
la práctica como único criterio de verificación de una enseñanza. Este criterio
hace inválida la conducción del fariseísmo ya que sus miembros “dicen pero no
hacen”, el mismo criterio confiere “autoridad” a la enseñanza de Jesús que luego
de cada discurso pone por obra sus palabras y el mismo criterio se erige como la
piedra de toque según la cual debe juzgarse la transmisión del proyecto de
Jesús.
Por ello se recurre a una comparación de la actuación profética con la
naturaleza de los árboles que “dan” (en el griego se dice “hacen”) o no dan
frutos buenos. La capacidad de fructificación es el criterio último para
determinar la utilidad de un árbol. Zarzas y espinos no pueden producir uvas ni
higos. La naturaleza de cada fruto está en íntima relación con la naturaleza del
árbol. La incapacidad de un árbol para producir frutos buenos indica su falta
radical de bondad.
De allí surge la conclusión de los vv. 19-20 con la presentación del final que
espera a los árboles que no han sido capaces de producir buenos frutos y que no
hace más que sancionar la realidad en curso.
De esta forma, Mateo retoma uno de los criterios decisivos que el Antiguo
Testamento ofrece para juzgar todo tipo de profecía. Dicho criterio reside en la
coherencia entre la vida y el mensaje anunciado. Se exige, por tanto, a cada
miembro de la comunidad, sobre todo de los que deben desempeñar un rol en la
transmisión de la enseñanza de Jesús, una coherencia de vida que sirva de
verificación de esa enseñanza. Fuera de ese ámbito las mejores verdades pierden
su eficacia.
La invitación a que sean las acciones las que proclamen el mensaje de Jesús, la
invitación a la coherencia de vida es el punto culminante del sermón de la
montaña y de ella depende la autenticidad del seguimiento de Jesús.
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-11. Miércoles 25 de junio de 2003
Gen 5, 1-12.17-18: Abrán creyó y Dios hizo una alianza con él.
Salmo responsorial: 104, 1-4.6-9
Mt 7, 15-20:Por sus frutos los conocerán
Jesús insiste de nuevo en la limpieza de corazón,
en la ausencia de doblez y previene contra los falsos profetas, aquellos que
utilizan a Dios para hablar en nombre propio; que aparentan ser por fuera
mansos, como ovejas, pero por dentro son lobos rapaces que destruyen la
comunidad. ¿Cómo distinguir un falso de un verdadero profeta? El criterio son
las obras. Cada uno irradia fuera lo que lleva por dentro. Quien con su conducta
edifica la comunidad, es bueno; quien la desmembra o dispersa, es malo. Quien da
vida, es bueno; quien quita vida, malo. Todo aquél que oprime, reprime o suprime
la vida de la comunidad es un falso profeta, está en pecado, alejado del Dios de
la vida. Los malos profetas generan muerte y dispersión, como el lobo con los
rebaños. Dentro de la comunidad son falsos profetas los que se eximen de poner
en práctica los mandamientos mínimos, esto es, las bienaventuranzas, ese camino
que lleva a la dicha por el amor y entrega a los demás y por la renuncia
voluntaria al dinero.
Por eso, en la comunidad todo árbol que no da fruto sano se corta y se echa al
fuego. El árbol que da frutos dañinos se parece a quien no da señales de
enmienda y conversión. Quien no esté dispuesto a convertirse, a cambiar su
mente, a dar su adhesión al mensaje de Jesús, condensado en el sermón del monte,
ha comenzado ya un camino que lleva a la nada, a la propia destrucción: se corta
y se echa al fuego. Todo el que dice y no hace está fuera de la comunidad
cristiana; aún permaneciendo en ella, pues se identifica con los fariseos de los
que Jesús dijo: “Todo lo que os digan, hacedlo y cumplidlo..., pero no imitéis
sus obras, porque ellos dicen, pero no hacen” (Mt 23,3). Y es que la vida del
profeta tiene que estar acompañada de obras antes que de palabras o, mejor, de
palabras respaldadas por la vida.
SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO