MIÉRCOLES DE LA SEMANA 11ª DEL TIEMPO ORDINARIO
1.- 2Co 9, 6-11
1-1.
-Recordad el proverbio: «el que siembra poco, cosechará poco». «El que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia.»
La caridad es como una siembra. El gesto humano se amplifica y se convierte en una cosecha. Pero al sembrar se corre un riesgo: no se sabe cómo será la cosecha, ni siquiera se sabe si se cosechará. Ayúdanos, Señor, a dar así, con largueza, sin cálculo, sin provecho.
-Cada cual dé según haya decidido en su corazón, no de mala gana ni forzado.
Cristo solamente quiere «voluntarios».
Reflexiono sobre todas mis obligaciones... ¿Las cumplo a la fuerza? o bien ¿las he «decidido» en mi corazón, de buena gana?
-Porque Dios ama al que da con alegría.
Decididamente la «alegría» es uno de los temas de esta carta; y se repite en cada página de san Pablo. ¡Me examino respecto a ese deber de estar alegre! ¿Cómo es mi vida? ¿Permanezco habitualmente gruñón, encerrado en mí mismo, taciturno, de mal humor, pesimista, amargado, agobiado...? ¿Cómo me esfuerzo en estar alegre, feliz, abierto, optimista, animando a los demás y a mí mismo? Oh, Dios, Tú a quien agrada la alegría, que amas al que da con alegría, ayúdanos a hacer de nuestras vidas una «acción de gracias» -en griego, una eucaristía-.
-Poderoso es Dios para colmaros de toda gracia.
Repíteme esta frase, Señor... «Poderoso soy para...» Te la repito a mi vez... «Poderoso eres, Señor, para...»
¡Cuánto necesito oír esta Palabra! Gracias. La medito. La creo. Me impregno de ella. Tú no escatimas, Señor, Tú das superabundantemente.
-A fin de que teniendo en todo y siempre todo lo necesario...
¡Qué redundancia, qué certidumbre! Siempre, todo, en todo.
-Tengáis aún sobrante para toda obra buena.
El argumento es el siguiente: no temáis dar, porque Dios os ha colmado suficientemente para que, a la vez, colméis a los demás. La colecta material, organizada por Pablo en beneficio de los pobres de Jerusalén, resulta así expresión de la abundancia espiritual que Dios prodiga. El donante es como un ministro de la bondad de Dios. Dios nos ha dado sin calcular: el que quiera ser hijo suyo debe imitarle.
-Dios os enriquece en todo, para que seáis generosos, y esta simplicidad provocará por nuestro medio acciones de gracias a Dios.
Así la limosna, el don es el medio por el cual el cristiano da gracias a Dios por todo lo que ha recibido para sí y le glorifica por su bondad.
Evoco «todo lo que he recibido de Ti», Señor... ¿Cómo te daré gracias? Siendo «generoso», empleándolo con simplicidad.
Para san Pablo no basta con que sus cristianos den dinero y sean generosos, es preciso que den «un sentido profundo» a su gesto: un gesto «signo» de Dios... un gesto que «suba» hacia Dios...
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 132 s.
1-2. /2Co/09/01-15
Es difícil creer que este capítulo ocupe ahora su lugar original. Es cierto que el objetivo del Apóstol continúa siendo el de estimular la generosidad de los corintios, pero el optimismo y confianza del capítulo anterior dejan paso ahora a un cierto miedo de que la colecta no alcance las expectativas puestas en aquella comunidad. Si en el texto precedente Pablo ponía las comunidades de Macedonia como ejemplo para los corintios, en éste dice que ha hecho elogios de ellos ante los macedonios (v 2); mientras que en el primer texto parece que el éxito de la colecta es indudable, en el segundo se quieren alejar situaciones vergonzosas de mezquindad (4-5); si en el primer texto parece que la iniciativa la tuvieron los cristianos de Corinto en el segundo resulta ser que los macedonios podrían encontrarles todavía impreparados (4).
En todo caso, ambos textos nos hablan de un tiempo amplio entre la organización inicial de la colecta y su realización. Tal vez eso ayudaría a explicar o bien la existencia de dos escritos de san Pablo, recopilados luego en esta carta, o bien justificaría el contraste de actitudes hacia la comunidad de Corinto al ver que todo se iba retrasando.
Teológicamente, la perícopa de hoy acentúa dos ideas fundamentales: Dios recompensa siempre la generosidad del hombre que da de buen grado. Este es un concepto clásico del AT y que estimula al hombre a actuar de manera que se haga acreedor de las bendiciones de Dios. Los valores espirituales que vienen de él sobrepasan los bienes materiales que el hombre se procura. El pensamiento de Pablo en este punto está empapado de referencias bíblicas.
La otra idea subrayada es la de los efectos que produce en los beneficiarios una auténtica comunidad de bienes. San Pablo piensa en una cierta nivelación de las riquezas (8,13); más realísticamente, desea poder, tal vez, afrontar la situación deficitaria de una parte del pueblo de Dios (12). Pero, fundamentalmente, intenta suscitar una actitud básica en el hombre que descubre el evangelio por un gesto del hermano: la acción de gracias a Dios. Quizá, también, todo agradecimiento entre los hombres tiene la posibilidad de llegar a ser alabanza a Dios.
A.
R. SASTRE
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las
Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 249 s.
2.- 2R 1, 6-14
2-1.
El relato lleno de imágenes y de símbolos que hoy leeremos, nos cuenta:
--la desaparición de Elías, su "ascensión" al cielo...
--la transmisión de su poder profético a su discípulo, Eliseo...
-He ahí lo que sucedió cuando el Señor arrebató a Elías al cielo...
En la tradición judía, este relato, con todo lo que tiene de «maravilloso» había adquirido mucha importancia. En tiempos de Jesús, la creencia popular esperaba el retorno de Elías que debía preceder al Mesías. Así la gente preguntaba a Juan Bautista: «¿Eres tú Elías?» (Juan 1, 21). De otra parte es lo que el ángel había dicho a Zacarías anunciando el nacimiento de Juan Bautista: «Estará con él el espíritu y el poder de Elías» (Lucas 1 17). Y Jesús dirá un día: «Si queréis admitirlo, él es Elías el que iba a venir.» (Mateo 11, 14)
La comparación de esos diversos textos señala:
1º que no hay que tomar literalmente esos textos: Juan Bautista «es» y «no es» Elías,
2º Sino que hay que saber interpretarlos como un lenguaje espiritual: es verdad la transmisión de una tradición profética y que Juan Bautista fue el último de los profetas anteriores a Jesucristo «que es mucho más que un profeta».
-Dijo Eliseo a Elías: «Que tenga yo doble parte de tu espíritu.»
Conocemos mejor ahora el espíritu de Elías: es el hombre a la escucha de Dios, enviado en misión cerca de otros hombres para restablecer la Alianza entre Dios y los hombres.
Todo un linaje de "profetas" asumieron ese papel en la historia: Elías, Eliseo, Amós, Oseas, Isaías, Jeremías, Juan Bautista... y ¡tantos otros! Concédenos, Señor, este mismo «espíritu», ¡tu Espíritu! Haz de nosotros hombres espirituales, transfigurados desde el interior, hombres que tienen «un manantial en ellos», hombres de los que mana «el agua viva». «Hablaba del Espíritu que debían recibir los que creerían en él.»
-...cuando un carro de fuego con caballos de fuego se interpuso entre ambos...
La desaparición de Elías tuvo lugar en circunstancias misteriosas que fueron embellecidas por sus discípulos, como la vida de san Francisco de Asís ha sido adornada en las "fioretti". Un profeta de alma de fuego, como Elías, no podía desaparecer más que en el «fuego», símbolo de Dios: ha sido asumido por Dios... Elías está «en Dios». La Iglesia de oriente le festeja: «San Elías, ruega por nosotros».
Elías permanece vivo.
En la mañana de la Transfiguración, Pedro, Santiago y Juan, han visto a Jesús hablando con Moisés y Elías (Mateo 17). A través de esas páginas concretas está la afirmación de nuestra fe en el más allá, en la supervivencia. Incluso, aunque no podemos imaginar los detalles, sabemos que la muerte no es el punto final. Ruego a Moisés, a Elías, a los santos... Pienso en los innumerables «vivientes» que están en Dios... los de mi familia.
-Eliseo tomó el manto de Elías...
Si Elías no ha muerto, si vive en el cielo en Dios... es verdad también que continuará viviendo aquí abajo, en sus sucesores, sus discípulos, los que prosiguen su misión. El «manto de Elías», símbolo de su papel de profeta, pasa a los hombros de Eliseo.
Arriesgar la vida, por Dios.
¿Quién recogerá hoy el «manto de Elías»?
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 4
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑOS PARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 132 s.
3.- Mt 6, 1-06.16-18
3-1.
3-2.
-Si queréis ser justos, evitad el hacer vuestras obras de piedad delante de la gente para llamar la atención; si no, os quedáis sin paga de vuestro Padre del cielo.
Un principio esencial. Una fuente de paz infinita. Que vuestra vida sea "en la interioridad"
No busquéis el elogio, ni la aprobación, ni la recompensa...
No temáis la reprobación, ni el olvido, ni la ingratitud.
Vivir con Dios, para El... ante El... en su presencia. ¡Atención! No se trata con ello de encerrarse en sí mismo, en una especie de satisfacción orgullosa e íntima: "Yo tengo razón... Dios piensa como yo... Ios otros pueden pensar como quieran..." Esto sería la caricatura del pensamiento de Jesús. El objetivo de Jesús es el desprendimiento completo de sí: es un dejarse juzgar por Dios, dejarse interrogar por El, dejarse impugnar por Dios.
Es una exigencia mucho más fuerte y más radical que la de los hombres: ¡agradar a Dios exige un desprendimiento de sí infinitamente mayor que el de agradar a los hombres! Pero esta exigencia es apaciguadora porque procede del interior... no busca vanidad ni ventajas humanas.
-Cuando des limosna, cuando reces, cuando ayunes... no lo anuncies, no hagas de ello un espectáculo como los que buscan que la gente los alabe.
Cuidado: guardaos de practicar vuestra religión para llamar la atención de los demás.
Los más hermosos gestos de la verdadera religión -la limosna, la oración, el ayuno- pueden, por desgracia, ser desviados de su sentido: resulta entonces una búsqueda de sí mismo... La hipocresía religiosa es la peor de todas pues falsea una de las mayores virtudes y aparta de Dios a los hombres sencillos.
¡Señor, que ninguna de mis obras de caridad, que ninguno de mis gestos de práctica religiosa alejen a los hombres de ti!
-Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha... Cuando quieras rezar, entra en tu cuarto y echa la llave... Cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara...
Jesús recomienda el máximo "secreto".
Que tu caridad sea invisible, que también lo sea tu oración, que tus sacrificios no aparezcan... que nadie pueda notarlos, salvo Dios.
Los fariseos del tiempo de Jesús eran gentes sin duda admirables por sus regularidades y fidelidades... Jesús no les reprocha "lo que hacen bien", sino su "manera de hacerlo" para dar lecciones a los demás. En este sentido hay siempre fariseos... e incluso hay un fariseo en cada uno de nosotros... ¡que le gusta ponerse en primera fila! Aquí también, hay que procurar poner en práctica los consejos de Jesús: hacer gestos de caridad verdadera que nadie nos renocerá y que uno mismo procurará olvidar... rezar en un lugar retirado, en el que nadie podrá ser testigo del tiempo que pasamos en oración... renunciar a las ventajas, sacrificar algunas cosillas, a las que tenemos derecho, sin que nadie pueda darse cuenta ni adivinarlo.
-Y tu Padre que ve lo escondido, te recompensará.
Me agrada esta definición tan simple de Dios: "El que ve lo escondido, lo invisible"... Es una noción de Dios muy popular. Mucha gente sencilla tiene esta idea de Dios. Esta noción es a veces desviada de su verdadero sentido, cuando se toma en su sentido negativo, cuando decimos: "Cuidado, Dios te ve incluso cuando te escondes"... Dios es "el coco", ¡el que asusta a los niños pequeños! Notemos que Jesús emplea esta noción en un sentido positivo: no es ante todo un Dios que castiga las tonterías escondidas, es un Dios que sabe ver y recompensar todo lo que está escondido, todo lo que ¡los hombres no saben ver!
¡Maravilloso Dios! ¡Maravilloso Padre! ¡Dios atento a todo! ¡Padre lleno de bondad y delicadeza! Padre que no olvida nada de todo lo bueno que podemos hacer... sobre todo si nos olvidamos de nosotros mismos.
NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 2
EVANG. DE PENTECOSTES A ADVIENTO
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 24 s.
3-3.
1. (Año I) 2 Corintios 9, 6-11
a) Sigue Pablo hablando del tema de la colecta para la comunidad de Jerusalén. Ofrece más argumentos para que los cristianos de Corinto sean generosos en su donación:
- en el campo, la cosecha depende también de lo generosa que haya sido la siembra:
- Dios nos ha colmado de toda clase de favores: es lógico que nosotros seamos generosos con los demás;
- Dios nos premiará y no se dejará ganar en generosidad;
- pero hay que dar con buena cara, «no a disgusto ni por compromiso»: «al que da de buena gana lo ama Dios».
b) Ojalá fuera un retrato aplicable a nosotros lo que dice el salmo de hoy, que también ha recordado Pablo a los corintios: «dichoso quien teme al Señor... reparte limosna a los pobres, su caridad es constante, sin falta...».
No se trata sólo de dar limosna a los pobres de cerca o a los de lejos. También tenemos que mostrar amabilidad con las personas que conviven con nosotros, y ayudarles en lo económico o en lo cultural o en lo espiritual. No es limosna: es la donación de nuestro tiempo, de nuestro interés, de nosotros mismos. No vaya a ser que protestemos de las injusticias que suceden en Yugoslavia, Albania o África, y luego pongamos mala cara al que vive con nosotros y no le ayudemos en lo que necesita.
También en el seno de una familia o de una comunidad, se tendría que poder decir que «en las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo». En un mundo que camina entre tinieblas, si somos caritativos, si mostramos interés por los demás y ayudamos al que está en necesidad (a un enfermo, por ejemplo), ya habrá un poco más de luz. Y, además, «por medio nuestro, se dará gracias a Dios», o sea, seremos ocasión para que otros experimenten la cercanía de Dios y le alaben.
Estamos en un momento en que va creciendo toda clase de voluntariados en nuestra sociedad: personas que dedican parte de su tiempo a ayudar gratuitamente a los demás. Los cristianos debemos practicar, todavía con mayor motivación, esta comunicación de bienes dentro y fuera de la Iglesia.
Hagamos caso de la urgente invitación de Pablo a los Corintios: el que tiene, dé al que no tiene. Y dé de buena gana.
1. (Año II) 2 Reyes 2,1.6-14
a) Acaba el «ciclo de Elías» y empieza el de Eliseo. Dios se lleva a Elías en un torbellino, en un carro de fuego, con una muerte misteriosa como la de Henoc, otra persona buena que había caminado según Dios (cf. Gn 5,24). Luego se formó la creencia popular de que Elías volvería a preparar el camino del Mesías.
Pero la lectura de hoy nos quiere asegurar que Eliseo es el sucesor legitimo de Elías.
Con una serie de gestos simbólicos -el río Jordán con su recuerdo de Josué y el pueblo que entran en la tierra prometida, el manto sobre el agua, el «ver o no ver» al profeta en su despedida, el carro de fuego-, Eliseo queda consagrado como profeta de Dios, entre los discípulos que Elías había formado como el grupo de los fieles a la alianza de Dios, que no adoraban a Baal.
¿Se puede pedir lo que pide Eliseo? Los «dos tercios de su espíritu» es la porción que toca al primogénito, el doble que a los demás hijos. Pero ¿no es el profetismo un don gratuito de Dios, carisma muy personal? En efecto, Elías no se lo puede conceder, sino que deja la decisión a Dios. La escena de hoy, con el milagro repetido del manto sobre las aguas, demuestra que Dios transfiere a Eliseo el carisma profético de Elías.
b) ¿Quién es hoy Elías y quién, Eliseo?
En tiempos de Cristo seguía la creencia de la vuelta del gran profeta. A Juan el Bautista la gente le pregunta: «¿eres tú Elías?». Jesús dijo que Elías ya había venido y que era precisamente Juan. El sentido de esta identificación se ve en las palabras que el ángel había dirigido a Zacarías, el padre del Bautista: «tu hijo, a quien pondrás por nombre Juan... irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías» (Lc 1,17). Luego, en la escena de la transfiguración, aparecerá Elías juntamente con Moisés -los profetas y la ley del AT- acompañando a Jesús. En Jesús se cumplen todas las figuras y promesas del AT.
Pero luego habría otra «transferencia» más importante todavía. Como Moisés le traspasó a Josué su carisma con el encargo de guiar al pueblo, y como Elías hizo lo propio con Eliseo, así Jesús, antes de la Ascensión, transmitió a la Iglesia su Espíritu, con la misión de evangelizar y guiar a toda la humanidad al Reino.
Ahí estamos nosotros, como profetas de Jesús y de su Buena Noticia en el mundo de hoy. Ojalá, con la plenitud de su Espíritu y la misma fidelidad y entusiasmo que había mostrado Eliseo con respecto a Elías, para que podamos ayudar a este mundo a liberarse de Baal y seguir a Cristo Jesús, el auténtico Salvador de todos.
2. Mateo 6,1-ó.16-18
a) Jesús exige a los suyos autenticidad. Que no practiquen el bien «delante de los hombres para ser vistos por ellos», sino por la recompensa que nos viene de Dios, que es quien nos ve y conoce nuestros méritos e intenciones.
Esto lo concreta en tres direcciones que abarcan toda nuestra vida: en relación con Dios (la oración), en relación con los demás (la caridad) y en relación a nosotros mismos (el ayuno).
En los tres aspectos es igual la dinámica:
- cuando hacemos limosna, no lo debemos hacer para que todos se enteren: Dios nos ve y nos premiará;
- cuando rezamos, no es para que todos se den cuenta de lo piadosos que somos, sino para tener un encuentro con Dios;
- cuando ayunamos, no buscamos el aplauso y la admiración de los demás, sino que lo hacemos por amor a Dios.
Cada vez, Jesús pone unas comparaciones que pueden parecer paradójicas si se toman al pie de la letra, pero que indican muy bien su invitación a una autenticidad interior:
- cuando hacemos limosna, «que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha»,
- cuando oramos, «entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre»,
- cuando ayunamos, «perfúmate la cabeza y lávate la cara».
b) Es un programa muy serio de vida cristiana. Este evangelio lo leemos también al inicio de la Cuaresma, el miércoles de ceniza. Nos indica el estilo de nuestro seguimiento de Jesús. No se trata de no hacer limosna ni oración comunitaria ni ayuno. Sino de no buscar, en todo ello, las apariencias y la ostentación.
Si actuamos así, no buscando por hipocresía el aplauso de los demás (como los fariseos), sino tratando de agradar a Dios con sencillez y humildad, lo tendremos todo: Dios nos premiará, los demás nos apreciarán porque no nos damos importancia y nosotros mismos gozaremos de mayor armonía y paz interior.
Lo que cuenta en nuestra vida no es la opinión que los demás puedan tener de nosotros, sino lo que piensa Dios, que nos ve por dentro. Se repite para nosotros la afirmación de Jesús: «y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».
«Al que da de buena gana lo ama Dios» (1ª lectura I)
«Reparte limosna a los pobres, su caridad es constante, sin falta» (salmo I)
«Sed fuertes y valientes de corazón los que esperáis en el Señor» (salmo II)
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos» (evangelio)
J.
ALDAZABAL
ENSÉÑAME TUS CAMINOS 5
Tiempo Ordinario. Semanas 10-21
Barcelona 1997. Págs. 44-47
3-4.
Primera lectura : 2 de Reyes 2, 1.6-14 Los separó un carro de fuego, y Elías subió al cielo.
Salmo responsorial : 30, 20.21.24 Sed fuertes y valientes de corazón los que esperáis en el Señor.
Evangelio : Mateo 6, 1-6.16-18 Tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.
Entre las mediaciones que utilizaba la Ley judía para obtener gracia y perdón de los pecados estaban la limosna, las plegarias y el ayuno. Estas mediaciones habían sido convertidas por el legalismo en elementos de vanidad y ostentación. Con ello habían perdido su verdadero sentido, que era el de ser simples mediaciones para que el perdón y el amor de Dios acontecieran y así quedaran perdonados los pecados. Pero, ¿cómo puede ser mediación de gracia algo que se hace por vanidad? ¿Cómo va a recompensar Dios lo que se hace esperando la paga de la alabanza, si ya esta alabanza se convierte en la recompensa esperada?
Una vez más, la esencia de la gracia se nos hace manifiesta: el amor gratuito de Dios no puede manifestarse cuando el hombre ha llenado su interior de interés, de vanidad y de autoalabanza. Jesús no anula las mediaciones. Sabe que el ser humano las necesita, porque a través de ellas compromete su espíritu y su corporalidad, que deben ir siempre unidos. Lo que Jesús pretendía era purificar las mediaciones a través de las cuales se institucionalizaba la religión, para que ésta fuera una verdadera religión de salvación.
Las mediaciones religiosas (limosna, oración, ayuno, etc.) reciben su valor del contenido liberador que tengan. Por eso la oración salva cuando somete nuestro ser a una confrontación crítica de transformación y a una comunión contemplativa con la divinidad. La limosna salva cuando destruye nuestro egoísmo y considera que el necesitado tiene derecho a nuestros bienes, por ser hermano nuestro. Y el ayuno salva cuando tiene la intención de que nuestra carne participe del vuelo del espíritu y sus tendencias atrapadoras se conviertan en fuentes de mayor donación.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
3-5.
2 Cor 9, 6-11: Dios ama al que da con alegría
Sal 111, 1-4.9
Mt 6, 1-6.16-18: Tu Padre te premiará
En este texto Mateo nos presenta las diferencias que deben darse entre los discípulos de Jesús y los fariseos, tomando como tema central tres prácticas que para los fariseos eran fundamentales para agradar a Dios: la limosna, la oración y el ayuno.
Jesús enuncia, ante todo, un principio general: "Eviten hacer el bien delante de la gente para que los vean; de lo contrario, el Padre que está en los cielos no les dará ningún premio". Esta frase es central para entender todo lo que sigue. Jesús no está en contra de las obras de piedad; al contrario, quiere que sus discípulos las practiquen. Con lo que no está de acuerdo Jesús es con el modelo como las llevan a cabo los fariseos: "delante de la gente, para llamar la atención", para tener buen reconocimiento ante los demás. Una vez enunciado este principio, Jesús lo aplica a los tres casos: limosna, oración y ayuno. Mateo usa un esquema fijo para las tres situaciones y en los tres ejemplos contrapone dos posturas: la del hipócrita, que busca publicidad y obtiene su recompensa de los hombres; la del cristiano, que procura pasar desapercibido y obtiene su recompensa de Dios.
La limosna (6, 1-4). Practicar la justicia es el término técnico para designar la limosna, la cual se daba a los pobres conforme al criterio de cada persona porque no había una forma organizada de asistencia social. Por eso se insistía tanto en las obras benéficas. De este modo se llegó a abusar de la práctica de la limosna instrumentalizándola para favorecer la propia imagen pública. Mateo califica de hipócritas tales acciones, reprocha a los que dan limosna solo por apariencia y no por amor al prójimo o por Dios, sino por amor a sí mismos. Ellos ya han recibido su paga... con el honor que se les tributa. Frente a esta actitud el texto plantea la posición contraria: la mano izquierda no debe saber lo que hace la derecha. La imagen significa que nadie, ni siquiera el familiar más cercano, necesita saber de tu limosna. El texto supone que el que da la limosna recibirá la recompensa de Dios e invita a despojarse de toda vanagloria o autosatisfacción como objetivo secreto de las buenas obras.
La oración (6, 5-6). Las palabras sobre la oración siguen el mismo esquema que las referentes a la limosna. La oración en público se hacía en determinado momentos del día; el judío piadoso se detenía en cualquier lugar en donde se encontraba y recitaba de pie las oraciones. La instrucción positiva: "entra en tu cuarto", tiene como significado extremar con imágenes la actitud correcta en la oración, ya que ésta puede convertirse en un recurso para mostrarse como piadoso ante los demás. La oración debe dirigirse a Dios, al Padre que recompensará la oración correcta.
El ayuno (6, 16-18). En el Antiguo Testamento el ayuno aparece relacionado con el luto o con el arrepentimiento. En la ley solo se prescribe el ayuno del día de la Expiación. El ayuno consiste en abstenerse de alimentos durante todo el día. La desfiguración del rostro formaba parte del ritual del duelo y el luto. Para desfigurarse, la persona tomaba sobre sí el "saco y las cenizas". Estas cosas son reprobadas por Jesús por ser mera exhibición externa. En cambio, los discípulos, cuando ayunen, se deben perfumar la cabeza y lavar la cara; lavarse y ungirse era la manera de prepararse para un banquete, no eran signos de duelo y aflicción.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
3-6. DOMINICOS
Mesa de Palabra y de amor
Al que da y da de buena gana Dios lo ama y premia (Pablo)
Hazlo tú; y cuando lo hagas, procura que solo Dios se entere (Jesús)
Decía un escritor, preocupado por el ecumenismo en las religiones: para iniciar
un verdadero movimiento ecuménico se precisa de ‘diálogo y comprensión’. Y
añadía: pero, a su vez, para mantener ese diálogo, constructivo, hacen falta dos
condiciones previas en las personas: calor en el corazón y que no haya humos en
la cabeza.
Muy bien dicho. ¿Qué más da que nos sentemos en torno a una mesa, o que
celebremos un ‘coloquio’, si lo hacemos de mala gana, sin hervor interior y sin
serenidad de mente? Haya, pues, generosidad de espíritu.
Y apreciemos que la mesa de la Eucaristía, a la cual Cristo nos convida, y en la
cual Él mismo se nos da generosamente a todos, sea el supremo modelo de
generosidad, con afecto en el corazón, delicadeza en la palabra, fuerza que
nutre, abrazo en sincera amistad, entrega sin límites.
Cuando nos miramos en el espejo de la Eucaristía, memorial de la vida, pasión,
muerte y triunfo de Cristo, ¡cuán ridícula nos parece la medida de nuestro amor
y la generosidad de nuestra donación a los demás!
Quien mucho ama es seguro que da lo mejor de sí mismo para hacer felices a los
demás. Quien no tiene amor no esperemos que reparta sus bienes en generosidades.
¿Cuál es nuestra medida en la solidaridad con los otros y cuál es nuestro ánimo
al hacerlo?
ORACIÓN:
Señor Jesús, tú que eres bondad y sabiduría, entendiste la vida con el rostro
alegre de quien tiene conciencia de su grandeza, de su maravilla, de su milagro;
y nos pediste que miráramos a los demás en su milagro y maravilla, en su gracia
y personalidad, en su vocación y destino. Danos calor en el corazón, y extrae
todo el humo de nuestra mente para que podamos hacerlo con la sencillez que
otorga la sabiduría. Amén.
Palabras de Dios
II Carta de san Pablo a los corintios 9, 6-11:
“Hermanos: quien siembra con tacañería, así cosecha también; en cambio, el que
siembre generosamente, generosamente cosechará.
Dé cada uno como haya decidido en su conciencia; pero no dé a disgusto ni por
compromiso, pues a quien da de buena gana lo ama Dios.
Dios tiene poder para colmaros de toda clase de favores, de modo que, teniendo
siempre lo suficiente, os sobre para obras de caridad...”
Este texto lo insertamos en el discurso de Pablo que encare a los corintios
caridad ardiente en la ayuda a sus hermanos de Jerusalén. ¡Cuánta razón tiene!
Entre personas sencillas y de noble espíritu, cuanto más y mejor se da, mayor
felicidad hay y mejor es su contorno vital. Todos son uno.
Evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18:
“Un día dijo Jesús a sus discípulos: cuidad de no practicar vuestra justicia [y
caridad] delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no
tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, tú, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante,
como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles...; os aseguro que
éstos ya han recibido su paga. Tú, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano
izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre,
que ve en lo secreto, te lo pagará...”
He aquí una vez más la plenitud de la ley y del amor y de la justicia: hacer
todo el bien posible con el corazón y la mente en Dios y en la felicidad de los
hermanos, y de forma tan sencilla que nadie se dé cuenta ni le dé importancia.
Un amor puro pide pureza en todo.
Momento de reflexión
Gocemos repartiendo el bien a los pobres.
Hagámoslo apreciando muy mucho el gesto de amar y de dar amando. El hombre bien
nacido, y bien formado en su conciencia, goza más dando que recibiendo, porque
en su vida y acciones no busca poder y dominio sino la suerte y felicidad de
ayudar a que otro sea feliz.
El reinado de la caridad nos debe llevar a hacerla de mil maneras: dando la mano
y una sonrisa, acompañando al que se siente en soledad, repartiendo lo poco o
mucho que tengamos, enseñando e induciendo a trabajar...
Una fuerza interior nos dirá, si queremos oírla, que el otro es parte de mí
mismo, y yo soy parte de él.
Despojémonos de hipocresías, y vistamos traje de sencillez agradecida.
La lección sapiencial de Jesús no admite subterfugios: la justicia y la caridad
son un deber y hay que practicarlo con honestidad; la solidaridad con los demás
es un deber y hay que ponerla en práctica con el corazón en la mano,
principalmente en sus necesidades; la limosna es un deber, y no hay que hacerla
tocando trompeta sino haciendo sencillamente participes de lo nuestro a los más
necesitados.
Cuando la justicia, la solidaridad y la limosna, se visten de sencillez, de
alegría y gozo por hacer el bien, y por contribuir a la felicidad de los demás,
hemos de sentir en lo profundo del alma que obramos con el hombre y con Dios en
calidad de hijos del Padre en cuyo hogar vivimos.
3-7. CLARETIANOS
Queridos amigos y amigas:
La entrega de uno mismo se topa a menudo con dos obstáculos: la tacañería y la
vanidad:
La tacañería es una generosidad con el freno de mano echado. El tacaño no da con
alegría, sino con cálculo y a regañadientes. Vive la donación como un atentado.
No experimenta la alegría que supone dar y darse porque siembra una semilla
ruin. Pablo lo dice con claridad: Quien siembra tacañamente, tacañamente
cosechará; y el que siembra generosamente, generosamente cosechará.
La vanidad convoca una rueda de prensa cada vez
que hacemos un pequeño gesto generoso. Hoy es muy frecuente, porque “lo
solidario vende”. ¿Quién no presume de haber hecho un donativo a Cáritas, de
colaborar con una ONG o de hacer un servicio de voluntariado? Esta generosidad
es un alcohol que se evapora rápido. También Jesús es muy claro al respecto:
Cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha.
(Conviene que los pianistas, los cirujanos y otros profesionales de las manos no
tomen demasiado en serio este dicho).
Vuestro hermano en la fe:
Gonzalo (gonzalo@claret.org)
3-8. CLARETIANOS 2002
Tal vez leyendo el Evangelio algo de nuestro corazón esté próximo a cambiar. Tal vez. Ciertamente las palabras de Jesús seguirán resonando en nuestro corazón. Y ¿cómo no continuarán siendo válidas en nuestro tiempo aquellas máximas de Jesús que Él pronunció en el sermón del Monte. ¿Qué nos propone hoy?
Quien dé limosna -dice- debe hacerlo de manera que los otros no se den cuenta de ello. Si dan para ser vistos y estimados Jesús les dice que ya han recibido su recompensa. Porque su obra no se ha colocado ante los hombres para que irradie a Dios sino para que se admire la excelencia de ese hombre.
No basta siquiera que la buena acción pase inadvertida para el prójimo. Hay más: la mano izquierda no debe ver lo que hace la derecha. El hombre no debe contemplar, por tanto, lo que ha hecho, saborearlo y complacerse en ello. Debe despedir al espectador que hay en él, y dejar subsistir su obra realizada ante Dios, ante la vista de Dios, que es el único que debe verla y apreciarla. Hay que velar el extremado pudor de la bondad y la delicadeza sublime de la intención de tal manera que la obra realizada inmersa en pureza diáfana sea capaz de irradiar a Dios. Gracias a esta transparencia, podrá reflejar a Dios. Brille vuestra luz ante los hombres de tal manera que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
Se nos podrá pedir mucho, pero más no. De este
modo, sólo de este modo, empero, crecerá el Reino de Dios.
Patricio García, cmf (patgaba@hotline.com)
3-9. 2001
COMENTARIO 1
v. 1. Enuncia Jesús el principio general: las obras de piedad no deben
practicarse para ganar prestigio ante los hombres y, con ello, adquirir una
posición de poder o privilegio. Quienes así obran se privan de la comunicación
divina, cesa la relación de hijo-Padre con Dios. Como en 5,12, «la recompensa»
consiste en el ejercicio del reinado de Dios sobre los hombres. «Obras de
piedad»: dikaiosunê denota en el contexto la fidelidad del hombre a Dios (cf.
3,15; 5,20), expresada según la norma farisea, en las prácticas de piedad:
limosna, oración, ayuno.
vv. 2-4. Primera obra de piedad, la limosna. «Hipócrita» es el que finge
ejecutando una acción que no corresponde a su actitud interior. La limosna
practicada para obtener buena fama entre los hombres obtiene un premio humano,
la fama misma. La limosna no debe tener publicidad alguna, sino quedar «en lo
escondido», en la esfera del Padre. Su recompensa es la comunicación personal
del Padre. Excluye Jesús todo interés torcido en la ayuda al prójimo (5,7.8),
según corresponde a «los limpios de corazón». Su premio será la experiencia de
Dios en la propia vida (5,8).
vv. 5-6. Segunda obra de piedad, la oración. La oración de los «hipócritas»
pretendía también exhibir ante los hombres su piedad personal, con la misma
finalidad que la limosna pública. Tal oración es inútil, pues no obtiene la
comunicación divina («ya han recibido su recompensa»). Esa oración se realiza en
lo más profundo del hombre, donde no llega la mirada de los demás. «Tu cuarto»,
el más retirado de la casa, y «tu puerta» («echa la llave a tu puerta») son
metáforas para designar lo profundo de la interioridad. «El Padre que está en
lo escondido» está en paralelo con «vuestro Padre que está en los cielos» (6,1).
«El cielo» designa, pues, la esfera divina indicando su trascendencia e
invisibilidad; «lo escondido» subraya solamente su invisibilidad. La oración que
se hace en lo profundo obtiene el contacto con el Padre. La palabrería en la
oración indica falta de fe. El hecho de que el Padre sepa lo que necesita el que
ora, muestra que la oración dispone al hombre para recibir los dones que Dios
quiere concederle.
vv. 16-18. Tercera obra de piedad farisea: el ayuno. Como en los dos apartados
anteriores (6,2-4.5-6) opone aquí Jesús el ayuno sincero a la conducta de los
hipócritas, que con su aspecto descuidado dan a entender que están ayunando, con
objeto de ser admirados por los hombres. El ayuno ha de hacerse en secreto,
sirve para expresar ante el Padre una actitud íntima. Por ser privación de
alimento, fuente de vida, es símbolo de solidaridad con el dolor de la muerte y
expresa su tristeza. Esta tiene que ser interior, no afectada como la de «los
hipócritas».
COMENTARIO 2
Jesús enuncia, ante todo, un principio general: "eviten hacer el bien delante de
la gente para que los vean; de lo contrario, el Padre que está en los cielos no
les dará ningún premio". Esta frase es central para entender todo lo que sigue.
Jesús no está en contra de las obras de piedad; al contrario, quiere que sus
discípulos las practiquen. Con lo que no está de acuerdo Jesús es con el modelo
como las llevan a cabo los fariseos: para tener buen reconocimiento ante los
demás. Una vez enunciado este principio, Jesús lo aplica a los tres casos:
limosna, oración y ayuno.
La limosna (6, 1-4). Practicar la justicia es el término técnico para designar
la limosna, la cual se daba a los pobres conforme al criterio de cada persona
porque no había una forma organizada de asistencia social. Por eso se insistía
tanto en las obras benéficas. De este modo se llegó a abusar de la práctica de
la limosna instrumentalizándola para favorecer la propia imagen pública. Mateo
califica de hipócritas tales acciones, reprocha a los que dan limosna sólo por
apariencia y no por amor al prójimo o por Dios, sino por amor a sí mismos.
La oración (6, 5-6). Las palabras sobre la oración siguen el mismo esquema que
las referentes a la limosna. La oración en público se hacía en determinados
momentos del día; el judío piadoso se detenía en cualquier lugar en donde se
encontraba y recitaba de pie las oraciones. La instrucción positiva: "entra en
tu cuarto", tiene como significado extremar con imágenes la actitud correcta en
la oración, ya que ésta puede convertirse en un recurso para mostrarse como
piadoso ante los demás. La oración debe dirigirse a Dios, al Padre que
recompensará la oración correcta.
El ayuno (6, 16-18). En el AT, el ayuno aparece relacionado con el luto o con el
arrepentimiento. En la ley sólo se prescribe el ayuno del día de la Expiación.
El ayuno consiste en abstenerse de alimentos durante todo el día. La
desfiguración del rostro formaba parte del ritual del duelo y el luto. Para
desfigurarse, la persona tomaba sobre sí el "saco y las cenizas". Estas cosas
son reprobadas por Jesús por ser mera exhibición externa.
1. J. Mateos-F. Camacho, El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid
2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-10. 2002
Luego de establecer las leyes fundamentales que
rigen las relaciones sociales entre los seres humanos, Jesús pasa a proclamar
las leyes que se refieren a la relación con Dios. En el mismo plano que las
anteriores ellas también pertenecen al ámbito de la “justicia” mencionada al
comienzo de las dos series de obligaciones en 5, 20 y 6, 1.
La forma de entablar la relación con Dios surge de la intimidad familiar,
conforme a su atributo de Padre. Y consiguientemente desde esa intimidad se
deriva la confianza y sobre todo la sinceridad. Para ello se pasa a examinar
sucesivamente la forma de actuar los tres pilares de la piedad judía de la
época: limosna, oración y ayuno.
Esa sinceridad fundamental en la relación religiosa debe impedir la
instrumentalización de la práctica religiosa. Por ello aquí también se
contraponen dos formas de actuación.
La primera consiste en actuar delante de las personas para ser notados por ellas
(v. 1) al sonar de la trompeta en lugares públicos (v. 2) y mostrándose en los
lugares públicos (v. 5).
La segunda consiste en una actuación que se realiza en lo escondido (v. 4), en
una habitación interna de la casa con la puerta cerrada (v. 6), lugares a los
que se dirige la mirada del Padre.
De esta forma se describen no tanto los lugares más o menos secretos de una
actuación sino que se trata de purificar la motivación de la acción. No se
prohíbe que las buenas obras sean conocidas sino se busca purificar la
motivación de modo que ellas no se realicen en vistas del aplauso y la
consideración de los semejantes.
Este aplauso y aprobación humana funciona ya en el presente como retribución e
impide todo otro tipo de retribución, en este caso, la de Dios.
Por el contrario la justicia que se exige a los miembros de la comunidad está
ligada íntimamente a los intereses de Dios y debe buscar en El la aprobación que
surge de su amor de Padre. Limosna, oración y ayuno sólo pueden ser eficaces si
son capaces de sacar al ser humano del propio egoísmo, de los propios intereses,
de la búsqueda de ventajas y privilegios propios. Cuando no se realizan con este
espíritu encierran aún más en sí mismo y por consiguiente no pueden alcanzar el
objetivo para el que han sido propuestas.
La salida realizada en lo externo, ante la opinión pública, en los lugares
públicos ha impedido la otra salida hacia el Padre que sólo puede realizarse en
el olvido de sí mismo, en el desconocimiento de una mano de la actuación de la
otra y en el lugar más recóndito de la casa.
Esta diafanidad de la relación religiosa implica a toda la persona en las
prácticas consideradas y no pueden ser fruto de una actuación externa a la
persona, a una máscara en que la persona, como en el teatro, es definido por una
máscara. Hipocresía y sinceridad se oponen y están al origen de dos formas de
práctica religiosa. Pueden conducir a la autenticidad personal que sólo se
realiza en el ámbito íntimo de la relación con el Padre o pueden conducir a la
manipulación de Dios que es utilizado al servicio de los propios egoísmos e
intereses.
La advertencia de Jesús sigue siendo válida en un mundo donde muchas veces la
religiosidad sirve para enmascarar el olvido de Dios y de la justicia del Reino.
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3-11. Miércoles 18 de junio de 2003
2 Cor 9,6-11: ama al que da con alegría
Salmo: 111, 1-4.9
Mt 6, 1-6.16-18 :Cuando des limosna no lo anuncies a toque de trompeta
Vivimos de cara a la galería. Nuestra sociedad
está instalada en la apariencia vana y no en el ser. Actuamos con frecuencia no
por lo que nos sale de dentro, sino por la presión exterior, por el “qué dirán”
los que nos rodean. Buscamos ser bien vistos, tener buena reputación; por eso,
tal vez, no nos guste juntarnos con gente de mala calaña. Nos agrada que nos
vean, que nos aplaudan, que nos consideren bien, que se nos tenga en cuenta;
todo esto es muy humano. Pero si no hubiese público a nuestro alrededor, tal vez
actuaríamos de otra forma. Nos sentiríamos más libres, más nosotros; buscaríamos
ser y no aparentar. Para muchos ya no se trata de ser buenos, sino de parecerlo.
Somos, con frecuencia, bastante fariseos.
Aunque, a decir verdad, los fariseos no eran tan malos como los han dibujado.
Nadie pone en duda que hacían buenas obras; los letrados se dedicaban de por
vida al estudio de la Ley de Dios; daban limosna, ayunaban más veces de las que
estaba mandado; rezaban con frecuencia... Pero no eran limpios de corazón, sino
hipócritas. Daban limosna a toque de trompeta para que todos vieran lo que
hacían; rezaban de pie en las sinagogas y en las esquinas para exhibirse ante la
gente. Sus obras eran buenas, pero sus intenciones vanas. Jesús los llama por
dos veces “hipócritas”. El bien no hace ruido y el ruido no hace bien. Y ellos
amaban más el ruido que el bien. Jesús recomienda un cambio radical: las obras
de piedad no deben practicarse para ganar prestigio ante los seres humanos y,
con ello, adquirir una posición de poder o privilegio. Los seguidores de Jesús
tienen que renunciar al prestigio y al poder, además de al dinero. Forman una
comunidad de hermanos en las que priman otros valores. Las obras de piedad que
no corresponden a actitudes interiores no tienen valor ninguno. quien las hace,
ya ha recibido su paga: la fama y el reconocimiento de los demás. Pero no la
recompensa divina que no es otra sino la experiencia de Dios en la propia vida;
ésta la recibe sólo quien no hace de su vida un teatro de apariencias. “Dichosos
los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”, porque ellos experimentarán
en la vida el amor de Dios compartido con los demás sin alharacas ni pompas
vanas. Esta es la mejor recompensa divina.
SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO