VOLUNTARIADO
Las sedicentes sociedades modernas proliferan en toda suerte de nuevas profesiones para dar respuesta a la cada vez más amplia demanda de servicios. Pero la vida siempre lleva la delantera y las profesiones que se van consolidando nunca llegan a cubrir todas las necesidades sociales. Ahí ha estado siempre la caridad de la Iglesia, anticipándose. Ahí han estado siempre las religiones, donde la respuesta no era una profesión lucrativa. Luego, ese modo de vivir -el de los hombres de fe- ha tenido que claudicar ante los nuevos "modus vivendi", las nuevas profesiones. Hoy, como en tantas otras cosas, también la secularización y el pluralismo y la libertad respetuosa han encontrado un nombre para designar esa respuesta espontánea y de buena voluntad. Me refiero al "voluntariado".
Voluntario dícese del ciudadano que, cumplidas sus obligaciones, asume como obligación el dedicar parte o todo su tiempo libre a la atención de los que se hallan en situación de necesidad o de marginación. pobres, transeúntes, nómadas y apátridas, drogadictos afectados del sida, moribundos, ex- presidiarios, minorías étnicas y un largo etc., que va dejando tras de sí el idolatrado desarrollo y la absolutista modernización Los "voluntarios" constituyen la gran reserva de buena voluntad en un mundo de tan mala uva. Sus motivaciones son variadas: caridad, amor al prójimo, altruismo, compasión... humanitarismo y solidaridad. Aunque a veces se menosprecian sus prestaciones, por la índole de sus motivaciones, como si fuera más noble hacer lo mismo por "un sueldo" que por solidaridad o por caridad, con tal de que se haga bien.
El voluntariado es un hecho social de la mayor trascendencia para la vida democrática y en libertad, pues sus esfuerzos se organizan en asociaciones voluntarias, que constituyen el muro frente a la prepotencia de los estados modernos monopolizadores y proclives al totalitarismo social. El voluntario es un hombre que sabe estar en su sitio, el de la responsabilidad ante el otro y el de la solidaridad con todos los otros. Sin hacer caso a los denuestos de radicales y derrotistas, y sin dejarse seducir por el canto de sirena de los cantautores de la sociedad del bienestar, el voluntario sabe estar donde hace falta. Porque aún falta mucho por alcanzar la igualdad de todos y la fraternidad entre todos. Y los poderosos no tienen prisa en llegar.
EUCARISTÍA 1988/05