Datos fundamentales de la  antropologa bblica

 

Anne-Marie Pelletier
Profesora de Literatura y Exgesis
del Colegio-Catedral de Paris
Cfr. Alfa y Omega, 25-III-2005

 

La segunda parte de la Carta sobre la colaboracin del hombre y de la mujer en la Iglesia y en el mundo recorre las Sagradas Escrituras para intentar llamar la atencin, a la luz de la Revelacin, sobre los datos fundamentales de la antropologa bblica, como seala el mismo ttulo de la seccin. Los nmeros del 5 al 12 proponen la relectura y el comentario de algunos textos clave del Antiguo y del Nuevo Testamento que permiten sacar a la luz:

- los rasgos fundamentales e inalienables de una Humanidad creada como hombre y como mujer, y situada desde el principio como tal bajo el signo del muy bueno (Gn 1, 30);

- el drama de esta relacin que, en nuestra historia actual, est marcada por el pecado, privada de su verdad y bondad originales y, por tanto, en espera de la curacin de la que tiene necesidad;

- la forma con la que Cristo, al salvar a la Humanidad, interviene para rescatar esta relacin fundamental, restituyndola a su verdad original, es decir, al pensamiento eterno de Dios.

I. Tres observaciones generales preliminares

- El orden de exposicin de los textos es el mismo que siguen las Sagradas Escrituras en su forma cannica para afrontar y elaborar esta temtica, desde el libro del Gnesis hasta el Apocalipsis. De esta manera, se confirma de forma implcita una verdad importante: la Revelacin abre, ciertamente, a la Humanidad al conocimiento de Dios, a su proyecto de amor en la Historia, al rostro del Padre manifestado a travs del Hijo; pero, al mismo tiempo, esta misma Palabra de Dios ensea al hombre el conocimiento de su propia identidad, la naturaleza de su dignidad y las condiciones de una vida humana autntica. Dios revela quin es l y quin es el hombre cada vez que habla. La antropologa cristiana percibe en este dato una primera y decisiva caracterstica: al hombre y a la mujer no les basta el conocimiento de s mismos a travs del saber y de las experiencias adquiridas con sus solas fuerzas. Si el hombre y la mujer quieren conocerse verdaderamente es necesario que reciban de Dios el secreto de su identidad ms profunda.

- El anlisis realizado en esta seccin revela tambin que la diferencia de los sexos en las Sagradas Escrituras no es una cuestin marginal o provisional, destinada a ser superada al final de la Historia. Al contrario, por un lado, esta realidad est presente desde el principio en los textos de la creacin: esta realidad surge en el momento del gesto creador del que nace la Humanidad. Por otro lado, se representa al final de la Historia, en la visin futura de la Humanidad transfigurada en la Jerusaln celestial. Adems, en el curso del tiempo y de la Historia, la distincin entre lo masculino y lo femenino se sita en el centro de la obra salvadora, con la que Dios viene a visitar a los suyos por medio de su Hijo, que se hace carne en una figura masculina, a travs de la acogida de una mujer, Mara, Hija de Sin, en la cual la Humanidad encuentra la perfeccin de su relacin con Dios. Precisamente aqu se entiende que la declaracin de san Pablo: Ya no hay ni hombre ni mujer (Ga 3, 28) no se puede interpretar como una afirmacin de abolicin, en Cristo, de la diferencia de los sexos, ya que esta diferencia es querida y dispuesta por Dios en el acto mismo con el cual llama a la Humanidad a la existencia (n.12). En cambio en Jess, que comparte su santidad con aquellos que le han sido confiados por el Padre, se superan la rivalidad y la violencia en la que corre el riesgo de caer la relacin entre el hombre y la mujer, y se hace posible vivir con armona, serenidad y felicidad.

- Es necesario llamar la atencin sobre la importante contribucin que este recorrido de la Escritura debe a Juan Pablo II, sobre la cuestin de la persona, de la antropologa de la pareja y de la teologa del matrimonio dirigida al conocimiento renovado del cuerpo y de la relacin matrimonial, tema tratado con frecuencia por el Sumo Pontfice. La segunda parte del presente documento pone el acento constantemente en las Sagradas Escrituras y en el anlisis realizado por Juan Pablo II, respectivamente, en la Exhortacin postsinodal Familiaris consortio, en la Carta apostlica Mulieris dignitatem, en la Carta a las familias y en sus catequesis sobre el matrimonio y sobre el lenguaje del cuerpo. Estas enseanzas dan testimonio de un innegable progreso en la comprensin del contenido de la Revelacin, en un mbito de la antropologa que llega al corazn del misterio de la salvacin. De esta manera, segn san Gregorio Magno, el texto crece con su lector, desde el momento en el que este ltimo deja que la caridad acte en l y permite al Espritu revelarle la profundidad de Dios y de su propia existencia.

II. Los temas tratados

- La Humanidad, realidad que ontolgicamente es relacin con.- El documento inicia en el n.5 con el enunciado del principio clave de la antropologa cristiana, continuamente retomado y comentado por la Iglesia de Occidente (san Ireneo, san Agustn) y de Oriente (san Gregorio de Nisa), que es que la Humanidad fue creada a imagen y semejanza de Dios (Gn 1, 26). Esta afirmacin est asociada al reclamo de la diferencia de sexos, como se puede leer en el Gnesis (1, 27): Dios cre al hombre a su imagen, a imagen de Dios los cre, hombre y mujer los cre. Dios crea distinguiendo, haciendo surgir del caos realidades diferenciadas. La distincin es precisamente el presupuesto y la condicin necesaria de la relacin, que est en la base de la vida humana, concebida para la comunin entre personas. Desde su nacimiento, por tanto, cualquier ser humano est marcado por la diferencia de los sexos y est llamado vivir esta diferencia de la forma ms adecuada. Estamos, por tanto, muy lejos de una valoracin de las relaciones indistintas o confusas, que la Biblia reconoce como estriles y portadoras de muerte. En la experiencia del cara a cara con el otro, cercano y al mismo tiempo diferente, el ser humano encuentra su identidad y realiza en s mismo algo de la imagen de Dios que se encuentra en l. En una poca en la que circula un ideal de relaciones que tiende a confundir los sexos, y en la que prosperan concepciones antropolgicas que querran incluso cancelar la diferencia entre sexos, se entiende lo oportuno y lo valioso que es el texto bblico. En una poca en la que tambin se habla de competicin entre los sexos, o de reconquista de poderes como remedio a las injusticias, la Palabra de Dios restituye al hombre y a la mujer su verdadera identidad: el uno no puede vivir sin el otro, cada uno existe a travs del otro y para el otro.

- El significado de la sexualidad.- Todo lo que hemos afirmado antes es decisivo para emitir un juicio sobre la sexualidad humana. En los nmeros 6 y 8 del documento, que tratan este tema, asumen una especial relevancia los anlisis de Juan Pablo II sobre la naturaleza esponsalicia del cuerpo humano. El cuerpo, de hecho, est marcado por una diferencia que le hace ser masculino o femenino, y que invita a la relacin, segn las respectivas modalidades expresivas, no slo fsicas, sino tambin psicolgicas y espirituales. Esto significa que la dimensin antropolgica de la sexualidad se ampla a una dimensin teolgica que se refiere a la Humanidad como un ser que se relaciona y, por tanto, que est tambin en relacin con la imagen del Dios amor presente en cada hombre y en cada mujer.

- Cuando la relacin con el otro se deteriora.- A partir de esta perspectiva situada bajo el signo del muy bueno se afronta en un momento posterior el drama descrito en el captulo 3 del Gnesis. El nexo entre el deterioro de las relaciones entre la Humanidad y Dios ?por la desobediencia a la prohibicin divina? y el deterioro de la relacin entre el hombre y la mujer es claro y evidente. Existe una especie de implicacin mutua entre la sospecha respecto a Dios y la resistencia a reconocerse como criatura ante el Creador, por un lado, y, por el otro, la dificultad para vivir la diferencia entre los sexos que caracteriza a la Humanidad en su ser relacin con. Por tanto, considerada la imagen divina de la que el hombre es impronta, se advierte el peligro posterior que esta situacin comporta: el de hacer problemtica la manifestacin del rostro de Dios a travs de aquellos que l ha creado a su imagen y semejanza. Por eso se entiende tambin que esta misma relacin conyugal necesita inmediatamente de la redencin de Cristo cuando reconcilia a la Humanidad con su Creador y la hace confluir en su propia relacin filial con el Padre (n.11).

- La alianza en el centro de la Revelacin.- La misma lgica explica que la historia de Israel y la revelacin que Dios hace de s mismo a su pueblo se expresen en los trminos de una Alianza, con alusin a la alianza conyugal. La literatura proftica ilustra ampliamente esta realidad tratando la relacin entre Dios e Israel como una relacin entre el Esposo y la esposa, con sus riesgos, con sus dramas y con su posibilidad de recuperacin en la novedad de un amor fiel (n.9). El libro de Oseas ensea a Israel a descifrar su historia como un drama espiritual asimilable a una relacin conyugal, puesta a prueba por la infidelidad. Esto hace que la esperanza y la promesa de la salvacin se expresen, a su vez, en trminos sociales, como muestran los libros de Oseas y de Isaas. El profeta Isaas puede evocar el misterio de la salvacin que Dios prepara, asociando los orculos del Siervo a los orculos de Sin, uniendo lo masculino a lo femenino con una modalidad que se aclarar slo en el momento de la manifestacin de Jess, el Mesas, hijo de la Virgen Mara. El Cantar de los Cantares, que une lo ms humano y lo ms divino que existe segn la interpretacin tradicional de la Iglesia, constituye la expresin de la realizacin de la Alianza donde se reconstruyen las relaciones entre Dios y la Humanidad, y las relaciones que estn en la base de la pareja y del amor humano. El documento subraya el hecho de que en este misterio de salvacin la realidad divina retoma, asume y supera la experiencia humana. Sin embargo, no se trata de una simple metfora que podra abandonarse y sustituirse por otra equivalente. Las Sagradas Escrituras invitan a reconocer una afinidad mucho ms profunda entre la Alianza divina y la alianza del hombre y de la mujer. Todo sucede como si la Revelacin tuviera necesidad, para expresarse y darse a conocer, de pasar a travs de esta realidad central de la vida humana.

- La nueva creacin en Cristo.- El Nuevo Testamento desarrolla y lleva a cumplimiento la revelacin del amor nupcial de Dios iniciado en el Antiguo Testamento (n.10). Jess, el Hijo predilecto del Padre, en su masculinidad asume la palabra de los profetas sobre el amor de Dios Esposo, y hace explcita la dimensin de esta palabra, ms all de cualquier expectativa, a travs del don de su vida en la cruz. Especialmente el evangelio de Juan en el relato inicial de las bodas de Can y en el relato de la Pasin da a conocer las bodas mesinicas que inauguran y realizan la nueva Alianza. La cuestin de la pareja y de la fidelidad a la relacin conyugal vuelve a ser actualidad precisamente gracias a la novedad de esta Alianza. As, en el captulo 19 del evangelio de Mateo, Jess remite a las disposiciones del origen para desaprobar el repudio, indicando as la novedad de un tiempo en el que hombres y mujeres puedan ser, en Cristo y gracias a l, testigos de una fidelidad ms fuerte que el pecado. De esta manera se anuncia la gracia que hace nuevas todas las cosas y, en especial, que renueva el corazn humano que recibe de Cristo la capacidad de amar como Dios mismo ama (n.11).

La relacin entre el hombre y la mujer aparece, ms que nunca, esencial en el proyecto de Dios y en la vida de la Humanidad. Lejos de quererla abolir o superar, Cristo introduce esta relacin en una condicin de justicia destinada a florecer en la eternidad. El final del Apocalipsis, donde la Esposa y el Espritu invocan la llegada del Esposo, demuestra que la eternidad preparada por Dios para aquellos que le aman no se puede separar de la diferencia entre el hombre y la mujer, aunque esta diferencia est llamada a ser transfigurada, ya que no ser entonces vivida en un mundo marcado por la muerte y, por tanto, por la generacin. A este propsito, el celibato consagrado no es una descalificacin del estado conyugal. Tambin el clibe est implicado en la distincin entre el hombre y la mujer y en su relacin, aunque con otra modalidad diferente a la de la vida conyugal. Este mismo celibato debe poder vivirse como figura y promesa del tiempo de la Jerusaln celestial donde esta diferencia fundamental recibir plenitud de verdad, para gloria de Dios y felicidad de la Humanidad. Lo masculino y lo femenino pertenecen ontolgicamente a la creacin (n.12).

- La identidad de la mujer.- Esta relectura de las Sagradas Escrituras en una ptica valorizadora de la relacin entre hombre y mujer ofrece una valiosa contribucin clarificadora, en especial, sobre la identidad propia de la mujer. As, el trmino del Gnesis, que la define como ezer del hombre va acompaado de un breve comentario (n.6). Contrariamente a una comprensin rpida y superficial del texto, se trata de reconocer en la mujer que Dios presenta al hombre, en el captulo segundo del Gnesis, mucho ms que una simple ayuda destinada a aliviar sus fatigas terrenales. La palabra ezer va mucho ms all en su significado, ya que en la Biblia el mismo trmino ?como recuerda la nota 5 del documento? se refiere a Dios, en su relacin con la Humanidad, como ayuda vital. El mismo n.6 remite tambin a la frase de san Pablo en 1 Co 11, 9: Ni fue creado el hombre por razn de la mujer, sino la mujer por razn del hombre. A la luz de la Revelacin est claro que con esta expresin no se pretende relegar a la mujer a un estado de sumisin o de alienacin. Por el contrario, es una invitacin a reconocer en el ser femenino, as definido, un reflejo de la esencia misma de Dios que se da a conocer como alguien que es para los hombres, y se revela como un misterio saludable de amor en la diferencia y en la comunin de las tres Personas trinitarias. Por fin, el n.10 remite al captulo 5 de la Carta a los Efesios para indicar a todo bautizado que reconozca, en el amor vivido dentro de la pareja cristiana, el misterio del amor nupcial de Cristo por la Iglesia.

Conclusin

La vida humana encuentra de esta forma verdad y claridad en su doble polaridad del ser masculino y femenino ms all de los desafos y de las violencias sufridas por los hombres y por las mujeres, ms all de las ambigedades de algunas corrientes de pensamiento contemporneo. El hombre y la mujer tienen la vocacin de vivir el uno gracias al otro y el uno para el otro. Cada uno de ellos est llamado a reconocer en el otro la dignidad que proviene de su Creador. Se invita a cada uno a encontrarse y acoger al otro en una colaboracin que encuentra su cumplimiento en la comunin, es decir, en la participacin en la caridad que es la esencia misma de Dios revelado como Santa Trinidad. Esta mirada nueva, renovada por el Espritu que hace nuevas todas las cosas y que convierte los corazones, es la buena noticia que la fe cristiana trae a los hombres y a las mujeres de hoy que esperan la verdad y la felicidad.