Tema 26. SIN LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU, NO PODEMOS COLABORAR VERDADERAMENTE CON LOS DEMÁS: EXPLOTACIÓN Y UTILIZACIÓN DEL HOMBRE

 

OBJETIVO CATEQUETICO

 

Anunciar:

que, por el pecado del hombre, el trabajo se convierte en una realidad dura y esclavizante, deja de ser signo de creación y de servicio;

que el hombre, por sí mismo, está incapacitado para colaborar verdaderamente con los otros; su trabajo sigue entonces la ley de la competición considerando al otro como rival;

que todos estamos llamados a colaborar y a participar en la acción transformadora de un mundo que Dios ha creado para todos.

 

El preadolescente ¿incapacitado para colaborar? ¿Educados para la competición?

61. Cierta dificultad del preadolescente para colaborar con los demás —condición que puede ir siendo superada por él— no pocas veces resulta favorecida y reforzada por una educación competitiva. Así, la experiencia del preadolescente encuentra la rivalidad frente al compañero de clase, de juego, de barrio, la persecución del propio interés y del mejor puesto, el individualismo insolidario. Esta experiencia se inscribe en el contexto más amplio de la experiencia humana común. Un tipo de preadolescente insolidario y rival frente a . Ios demás corresponde a un tipo de sociedad que fomenta el individualismo insolidario y la rivalidad. Una tal sociedad no educa, realmente, para el amor, sino para la rivalidad.

Sociedad competitiva: el otro como rival

62. La dificultad del adolescente para colaborar con los demás, favorecida por tal género de educación, configura toda la vida futura del hombre, y en especial su actividad laboral. El mundo del trabajo está presidido muy de ordinario frecuentemente por la misma ley de la competitividad. Esta competitividad llega a ser lucha sin entrañas, en la que "el otro" es percibido como rival, sin más consideraciones. No importa el hombre por sí mismo, sino el dinero, el negocio, el capital, el éxito personal, el poder; como dice el libro de la Sabiduría: "Piensa que la existencia es un juego de niños y la vida un concurrido y lucrativo mercado: ganar por todos los medios, dice, aun malos, es lo que importa" (Sb 15, 12).

El poder del pecado en el mundo del trabajo

63. Anteriormente (núm. 65) se expusieron las consecuencias del pecado, descrito en Gn 3, para el trabajo y para las relaciones sociales que surgen de él. En la Sagrada Escritura, el trabajo es uno de los órdenes de la actividad humana en que más ampliamente despliega el pecado su poder. Arbitrariedad, violencia, injusticia, rapacidad hacen del trabajo no sólo un peso abrumador, sino objeto de odio y causa de divisiones y conflictos. Obreros privados de su salario (Is 58, 3; St 5, 4), poblaciones sometidas a prestaciones forzosas por un gobierno enemigo (2 S 12, 31), y también por el propio soberano (1 S 8, 10-18; 1 R 5, 27; 12, 1-14), esclavos condenados al trabajo y a los golpes (Si 33, 25-29). Este mundo del trabajo lo conoció Israel en la forma más inhumana en Egipto: trabajo forzado a un ritmo agotador, bajo la vigilancia despiadada en medio de una población hostil, en provecho de un gobierno enemigo, trabajo organizado sistemáticamente para aniquilar al pueblo y quitarle toda capacidad de resistencia (Ex 1, 8-14; 2, 11-15; 5, 6-18); se trata ya del mundo de los campos de concentración, del campo de trabajo.

Relaciones laborales como relaciones de fuerza

64. Pervertido el orden del trabajo, la humanidad ha dejado de ser una fraternidad de trabajadores, ligada con vínculos de solidaridad. Los bienes económicos, acumulados en exceso por individuos, regiones y naciones, dividen y enfrentan a los hombres. De este modo, las relaciones sociales quedan configuradas en relaciones de dominio, opresión y violencia. "En un momento en que el desarrollo de la vida económica, orientada y ordenada de una manera racional y humana, podría permitir una atenuación de las desigualdades humanas, con demasiada frecuencia trae consigo un endurecimiento de ellas y, a veces, un retroceso en las condiciones de vida de los más débiles y el desprecio de los más pobres... y mientras un pequeño número de hombres dispone de un muy grande poder de decisión, otros están privados de toda iniciativa y de toda responsabilidad, frecuentemente en condiciones de vida y de trabajo indignas de la persona humana... Entre las naciones económicamente más avanzadas y las otras naciones se va creando una oposición cada día más grave que puede poner en peligro la misma paz del mundo" (GS 63).

Algunos desórdenes actuales en el mundo del trabajo

65. Algunos desórdenes del mundo del trabajo en los que aparece actualmente el poder del pecado: incumplimiento de deberes profesionales; injusticias en los salarios y en el rendimiento laboral; discriminaciones sociales contra los más débiles; despido arbitrario de trabajadores; abusos de la competencia: limitación en el derecho de defensa de sus legítimos intereses a sectores del mundo del trabajo.
Otros desórdenes sociales son la evasión de cargas fiscales o sociales o su desproporción; las nuevas formas de usura; abusos respecto al alojamiento; desinterés por las necesidades vitales de los más débiles, falta de acogida a los inmigrados; manipulación de los medios de comunicación social y exigir lo imposible a los dirigentes de la sociedad en todos los órdenes.

Participar en la acción transformadora de un mundo que Dios ha creado para todos

66, Estamos llamados a colaborar y a participar en la acción transformadora, de un mundo que Dios ha creado para todos. El mundo es la casa de todos. Todos somos hermanos. Dios es nuestro Padre: "Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa y bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad... Por tanto, el hombre no debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a todos los demás" (GS 69). Desde este llamamiento podemos apreciar todo el alcance de la perversión del orden del trabajo y de las relaciones sociales fundadas sobre él.