Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia ETICA CIVIL

ÉTICA CIVIL
TEOLOGÍA MORAL

SUMARIO

1. Condiciones para que exista la ética civil;
2. La noción precisa de ética civil:
    a)
La expresión "ética civil",
    b)
El contenido conceptual;
3. Amplitud de significados de ética civil;
4. Existencia de la ética civil;
5. Los contenidos básicos de la ética civil:
    a)
Las "fuentes" o factores que originan el caudal de la ética civil,
    b)
Los contenidos morales en concreto;
6. Las funciones de la ética civil:
    a)
Funciones globales,
    b)
Apoyar y orientar la moralidad pública,
    c) Insistencia en la ética profesional y cívica,
    d)
La educación moral civil,
    e)
El "rearme moral" de la sociedad;
7. Moral cristiana y ética civil.

 

Desde hace algunos años se viene hablando de "ética civil" para referirse a la dimensión moral de la sociedad en su conjunto. Con la expresión y el concepto de ética civil se alude al específico y peculiar modo de vivir y de formular la moral en la sociedad secular y pluralista. Por definición, la ética civil se presenta como el proyecto unificador y convergente dentro del legítimo pluralismo moral de la sociedad democrática.

Objeto de la siguiente exposición es analizar el contenido de este proyecto moral expresado mediante el constructo de la "ética civil". También interesa analizar la postura de la moral cristiana ante esa propuesta de la ética civil.

I. CONDICIONES PARA QUE EXISTA LA ÉTICA CIVIL. Afirmar la ética civil es confirmar un determinado horizonte sin el cual aquélla no puede tener consistencia real. No puede existir la ética civil si no existe una peculiar manera de entender y de vivir la realidad social. Tal peculiaridad se concreta en tres rasgos: no confesionalidad de la vida social, pluralismo de proyectos humanos, posibilidad teórica y práctica de la ética no religiosa.

La ética civil postula, en primer lugar, la no confesionalidad de la vida social. Confesionalidad social y ética civil son dos magnitudes que se excluyen. La confeslonalidad de la vida social origina una justificación única y totalizadora de la realidad; esa justificación es excluyente de otras posibles y se impone de modo no racional. Hace de las personas "creyentes" y de las valoraciones "dogmas". No tolera la existencia de una justificación racional y, por consiguiente, no dogmática.

La laicidad, entendida aquí como racionalidad y como no confesionalidad, es la primera condición para que exista ética civil. Ésta surge de la sociedad laica y se dirige a una vida social no regida por la confesionalidad.

En segundo término, la ética civil exige también como condición la existencia del pluralismo de proyectos humanos. La sociedad que no admite el juego democrático no apela tampoco a la instancia crítica de la ética civil. Su instancia crítica es únicamente la fuerza del poder dictatorialmente mantenido.

La ética civil es el concepto correlativo al concepto del pluralismo moral. Uno a otro se apoyan y se justifican. Mientras que el pluralismo moral expresa la madurez de la libertad, la ética civil pone de manifiesto la madurez de la unidad. La libertad es madura si se realiza en la búsqueda del bien social; la unidad solamente tiene sentido si surge del juego libre y democrático. La ética civil expresa la superior convergencia de los diversos proyectos humanos de la sociedad libre y democrática.

El tercer rasgo descriptivo del horizonte social en el que surge la ética civil se refiere a la posibilidad teórica y práctica de la ética no religiosa. Quienes no aceptan la justificación puramente racional e intramundana de la ética no pueden comprender el significado real de la ética civil. Ésta es, por definición, una ética basada en la racionalidad humana.

En la ética civil pueden, y deben, coincidir creyentes y no creyentes. La ética civil no excluye del legítimo pluralismo moral las opciones éticas derivadas de cosmovisiones religiosas. Sin embargo, ella se constituye no por la aceptación o rechazo de la religión, sino por la aceptación de la razonabilidad compartida y por el rechazo de la intransigencia excluyente.

No es el momento de justificar la validez del contexto social descrito. Creo que no solamente es válido, sino también necesario afirmar que la vida social auténtica se caracteriza por la no confesionalidad, por el pluralismo de opciones y por la existencia de éticas no religiosas.

En la opción de ética civil son asumidos esos rasgos configuradores de la sociedad madura. Proponer, justificar y apoyar la ética civil es proponer, justificar y apoyar la sociedad laica, plural y de racionalidad ética. Eso es lo que se confirma al afirmar la ética civil.

2. LA NOCIÓN PRECISA DE ÉTICA CIVIL. a) La expresión "ética civil": La expresión "ética civil" se compone de un substantivo ("ética") y de un adjetivo ("civil"). Mediante el substantivo se alude a un campo semántico específicamente ético. De ahí que no se deba confundir la ética civil con el civismo. Éste es el contenido nuclear de la educación cívica; es también uno de los soportes y una de las redundancias de la ética. Pero es inadecuado identificar ética y civismo, ya que aquélla se refiere al universo de la responsabilidad y de los valores morales, mientras que el civismo es la expresión de la convivencia ciudadana ajustada a los usos convencionales.

El substantivo "ética" pone de relieve la expresa referencia al orden moral en cuanto tal. La ética civil por ser "ética" formula una peculiar instancia normativa de la realidad humana. Dicha instancia normativa no se identifica ni con la normatividad convencional (civismo), ni con la normatividad de los hechos (sociología), ni con la normatividad jurídica (ordenjurídico). Aunque no se opone por principio a estas normatividades, tampoco se identifica sin más con ellas. Es una instancia normativa superior en rango de apelación y en valla de valoración.

El adjetivo "civil" no es muy adecuado para expresar el contenido conceptual al que se pretende aludir. Obviamente no se formula con él una ética civil contrapuesta a otra ética "militar" o "clerical". En la expresión ética civil el adjetivo "civil" tiene el mismo significado que "laica", "racional". Se usa esta adjetivación no sólo por esnobismo o por moda periodística, sino también por la carga sugerente que encierra y porque, de hecho, la ética civil se refiere a la instancia moral de la vida ciudadana o civil.

Sin embargo, conviene advertir que la ética civil no se refiere únicamente a la ética social, ni mucho menos a la ética profesional. Aunque diré más adelante que es en estos ámbitos, de lo social y de lo profesional, donde tiene una concreción cualificada, no por eso se debe identificar ética civil con ética social o profesional. La ética civil formula la dimensión moral de la vida humana en cuanto ésta tiene una repercusión para la convivencia social o ciudadana en general.

b) El contenido conceptual. Pasando del nivel expresivo al nivel conceptual, se entiende por ética civil el mínimo moral común de una sociedad secular y pluralista. Hablar de ética es referirse tanto a la sensibilidad ética como a los contenidos morales. Por eso la ética civil alude a la doble vertiente de sensibilidad y de contenidos morales de la sociedad.

La ética civil es la convergencia moral de las diversas opciones morales de la sociedad. En este sentido, se habla de "mínimo moral", en cuanto que marca la cota de aceptación morol de la sociedad, más abajo de la cual no puede situarse ningún proyecto válido de la sociedad. Mirada desde otra perspectiva, la ética civil constituye la moral "común" dentro del legítimo pluralismo de opciones éticas. Es la garantía unificadora y autentificadora de la diversidad de proyectos humanos.

Para verificar esta noción de ética civil se precisa apoyarla en la racionalidad humana. Pero no basta con esta estructura racional, ya que la misma racionalidad es la que da origen al pluralismo moral. Es preciso que esa racionalidad ética sea patrimonio común de la colectividad. Solamente se puede hablar de ética civil cuando la racionalidad ética es compartida por el conjunto de la sociedad y forma parte del patrimonio socio-histórico de la colectividad. Únicamente entonces la racionalidad ética constituye una instancia moral de apelación histórica y se convierte propiamente en ética civil.

La ética civil es, por lo tanto, el mínimo moral común aceptado por el conjunto de una determinada sociedad dentro del legítimo pluralismo moral. La aceptación no se origina mediante un superficial consenso de pareceres ni a través de pactos sociales interesados. Esta aceptación es una categoría más profunda: se identifica con el grado de maduración ética de la sociedad. Maduración y aceptación son dos categorías para expresar la misma realidad: el nivel ético de la sociedad.

3. AMPLITUD DE SIGNIFICADOS DE LA ÉTICA CIVIL. Así conceptuafizada, la ética civil adquiere notables resonancias significativas. Quiero referirme a dos de ellas: la afirmación del valor de la ética en la vida social y la apuesta por una ética común y universak que manifieste la unidad y la universalidad de los seres racionales.

La afirmación de la ética civil tiene una función que va más allá del terreno estrictamente moral. Alcanza el horizonte completo de la vida social. Concretamente, ejerce la función de limitar el poder cada vez más creciente de orden jurídico, de la técnica y de los hechos masivamente realizados.

Es evidente la importancia del orden jurídico para normalizar la vida social. En las sociedades occidentales este poder alcanza límites cada vez más amplios. Al depender en gran medida del juego del poder político, el orden jurídico está sometido a los inevitables pactos de los partidos. Más aún: es fácil descubrir en el conjunto de las leyes notables servidumbres a otros poderes extrajurídicos: poder económico, religioso, militar, etcétera. Todo esto hace que el ordenamiento jurídico propenda a constituirse en instancia normativa dominante, con perjuicio del bien de las personas y de determinados grupos.

Solamente con la afirmación de la ética civil como instancia normativa suprema de la vida social se ponen límites exactos al poder excesivo del orden jurídico. La ley positiva no es la norma definitiva. Ella misma está sometida a la ética.

Lo mismo hay que decir en relación con el poder de la técnica y el poder de los hechos. Para que estos poderes no se conviertan en instancias últimas de la vida humana se precisa afirmar el valor de la ética civil en cuanto criterio de confrontación de la autenticidad humana.

La ética es la realidad más desamparada sociológicamente. A nadie se le puede "obligar" a ser bueno. Por su misma estructura, la ética está alejada del poder. Sin embargo, en esa debilidad radica la fuerza de la moral. El descrédito moral y la credibilidad moral constituyen la máxima negación y la suprema valía de la persona y de los grupos sociales. Por eso mismo, cuando la sociedad tiene conciencia de la ética civil y actúa bajo su influencia, prestigiadora y desprestigiadora, entonces surge una forma de vida social protegida frente a las posibles invasiones del poder, sea éste jurídico o técnico o meramente fáctico.

La segunda resonancia significativa de la ética civil más allá de su contenido conceptual se refiere a la afirmación de la unidad y de la universalidad de los seres racionales. Se trata de una significación que tiende a construir la conciencia de la humanidad en cuanto pertenencia primaria y anterior a todas las restantes identificaciones.

La ética civil pretende realizar el viejo sueño de una moral común para toda la humanidad. En la época sacral y jusnaturalista del pensamiento occidental ese sueño cobró realidad mediante la teoría de la "ley natural". Con el advenimiento de la secularidad, y teniendo en cuenta las críticas hechas al jusnaturalismo, se ha buscado suplir la categoría ética de ley natural con la de ética civil. Ésta es, por definición, una categoría moral secular.

La ética civil continúa realizando la pretensión de la ley natural o, mejor, del derecho de gentes. La mejor tradición ética es la que afirma que la ley natural "no se funda tanto en unos mandatos y unas prohibiciones cuanto en la capacidad humana y la discusión racional; como tal, ofrece un marco genuino para la formulación de una moral pública universal" 1.

A1 propiciar la toma de conciencia de la ética civil, se está apoyando al mismo tiempo la conciencia de la unidad y universalidad del género humano. La ética civil no dispersa ni enclaustra, sino que unifica y universaliza. La ética civil es, en expresión bíblica, la contrafigura de la torre de Babel.

4. EXISTENCIA DE LA ÉTICA CIVIL. La existencia de la ética civil puede ser examinada desde un interés teorético o con una intención directamente práctica.

Considerada la cuestión desde una perspectiva teorética, se pueden hacer dos afirmaciones complementarias. Primera: la ética civil no existe con existencia autónoma e independiente; no es una forma de ética contrapuesta a la ética cristiana, a la ética marxista, a la ética de los valores, etcétera. La ética civil no se opone a ningún tipo de ética, ya que es la convergencia de los diversos proyectos morales. En este sentido, no existe como existen las otras éticas: de modo autónomo, independiente y hasta contrapuesto. La ética civil se da en el interior de todo proyecto ético que se atiene a las reglas de juego del auténtico pluralismo democrático.

A idéntica conclusión se llega teniendo en cuenta la estructura de toda ética real. Ésta siempre se encuentra cosmovisionada. Todo individuo y todo grupo vive la ética desde sus creencias y cosmovisiones. No existe una ética neutra. Por eso mismo la ética civil, en cuanto ética común, no puede tener una existencia autónoma.

Segunda afirmación: la ética civil tiene la existencia de un "constructo teórico". Es decir, es un factor común a todos los proyectos morales, mediante el cual éstos reciben la garantía de la autenticidad democrática. Con el constructo teórico de la ética civil se puede entender y realizar adecuadamente el pluralismo moral. Ésta es la existencia de que goza la ética civil, muy similar a la forma de existencia que tiene la realidad del pluralismo moral.

Si de la consideración teorética se pasa al análisis directamente práctico, la pregunta por la existencia de la ética civil cambia de signo. Se refiere a las sociedades reales y trata de ver si en ellas existe la sensibilidad y los contenidos morales que pertenecen a la ética civil.

La respuesta a la pregunta así formulada requiere estudios precisos, detallados y referidos a sociedades concretas. No es el momento de hacerlos. Presentando una hipótesis de trabajo en relación con nuestra sociedad, latina y cristiana, me atrevo a decir que es notable la carencia del cañamazo de la ética civil dentro de nuestra historia. La moral o ha sido religiosa o ha estado ausente. Ahora bien, la moral religioso-cristiana no se ha distinguido en general, en los últimos siglos, por la insistencia en la auténtica moralidad pública. Todo ello ha originado la laguna de la ética civil en la historia de nuestra sociedad.

De acuerdo -con esta hipótesis, se puede afirmar que nuestra sociedad padece una notable penuria de ética civil, constatable: 1) en la ausencia de una educación moral de signo laico; 2) en la falta de sensibilidad moral frente a las realidades públicas: convivencia ciudadana, deberes cívicos, etc.; 3) en la carencia de una ética profesional madura y responsable; 4) en las lacras morales que acompañan endémicamente a la administración pública y a la vida social en general (sobornos, "enchufes", etcétera). Exagerando los trazos descriptivos, se diría que nuestra sociedad cuela el mosquito de la inmoralidad individual (sexual, familiar), mientras que traga el camello de la inmoralidad social.

La anterior hipótesis de trabajo no desconoce la existencia de genuinas vetas o filones de ética civil en nuestra historia. Una de ellas ha sido la labor realizada por la Institución Libre de Enseñanza. Desde su fundación (1876), la Institución Libre de Enseñanza acentúa en la educación el sentido ético de acuerdo con los ideales de un humanismo un tanto utópico y dentro de las preferencias marcadas por el ideal inglés del gentleman (transvasado al suelo español a través de los escritos de Locke); por otra parte, ese acento ético se considera sin referencia directa a la religión (en este sentido, es laico), aunque sin agresividad frente a ella. La educación moral propiciada por la Institución buscó sus cauces expresivos no tanto en los escritos o en las teorías cuanto en los llamados "textos vivos", es decir, en la misma vida de los maestros. La realización política de esta tendencia moral tiene lugar mediante la implantación de la escuela laica durante la lI República. Tal realización no se vio libre de las limitaciones provenientes de la "politización" excesiva que sufrió la escuela en aquel período de la historia española.

En la situación actual no se puede constatar todavía un cambio radical, de signo positivo, en relación con la ética civil. Persisten males endémicos y surgen impedimentos nuevos. El balance ofrece un cuadro con luces y sombras. Sin embargo, existe un dato esperanzador: la toma de conciencia de la necesidad de la ética civil. Son muchos, individuos y grupos, los que se percatan de que no bastan las soluciones políticas para afrontar y resolver los grandes problemas sociales (la violencia, la crisis económica, etc.). Se precisan soluciones morales. El rearme moral es una urgencia de primer orden en la vida social del presente. Cobran de nuevo sentido y actualidad las palabras de Mounier: "La revolución moral será económica o no será en absoluto, pero la revolución económica será moral o no será nada".

Estas afirmaciones no son una invitación a retornar a tiempos y formas pasadas de un superado humanismo de corte intimista, idealista y existencialista. El rearme moral que aquí se postula es de signo social. Por eso se lo entiende en relación con el proyecto de la ética civil.

5. LOS CONTENIDOS BÁSICOS DE LA ÉTICA CIVIL. a) Las `fuentes" o factores que originan el caudal de la ética civil. Con el término de "fuentes" no se alude a los fundamentos de la ética civil, sino a los "factores" que hacen descubrir los contenidos morales básicos. Tales factores son reducibles a tres grupos.

- En primer lugar, es la sensibilidad moral de la humanidad la que va haciendo surgir un conjunto de estimaciones que incrementan el patrimonio ético de la historia humana. Algunos valores tardan en surgir; por ejemplo, negar legitimación ética a la esclavitud. Otros son afirmados globalmente, pero rechazados parcialmente; por ejemplo, valoración ética de la vida en general y justificación moral de la guerra. Hay valores que sufren oscurecimiento; por ejemplo, la fidelidad conyugal o el respeto a la vida intrauterina. En %n, se advierten avances (valor de la igualdad, sensibilidad ecológica, etc.), se constatan estancamientos y hasta desviaciones. Pero, en términos generales, la sensibilidad moral de la humanidad progresa positivamente.

- A la par de la sensibilización moral hay que situar la reflexión ética. Las grandes corrientes del pensamiento (aristotelismo; estoicismo, kantismo, cristianismo, etc.), así como personajes históricos cualificados, originan valoraciones nuevas, las cuales, al sedimentarse en la historia, pasan al acervo común de la humanidad.

- No dejan de tener notable importancia en la génesis de los contenidos morales las intervenciones de determinadas "instancias éticas" de la humanidad. Tales instancias, alejadas intencional y realmente de los juegos del poder y buscando el bien de la humanidad, hacen labor de crítica social y proponen ideales éticos a la sociedad. Pueden ser encuadrados entre estas instancias éticas: las Iglesias, Justicia y Paz, Amnistía Internacional, etc.

Juntando el caudal de las tres "fuentes" señaladas se consigue una notable corriente ética en la historia humana. La actual sensibilidad ética de la humanidad alcanza cotas importantes. Se puede afirmar que el "perfil estimativo "del momento presente, aunque debe ser mejorado, no es globalmente negativo.

b) Los contenidos morales en concreto. Es imposible hacer una exposición completa y detallada de los contenidos morales que componen la ética civil del momento presente. Solamente aludo a tres exposiciones sintéticas de valores, preferencias axiológicas y de estimaciones morales:

- Síntesis de los valores fundamentales (derechos fundamentales) pueden considerarse las declaraciones éticas que, con mayor o menor vinculación jurídica, se dan a sí mismas la sociedad y los grupos humanos. Sobresale entre ellas la declaración universal de los derechos humanos, que en el momento histórico presente constituye el contenido nuclear de la moral civil.

- De entre las preferencias axiológicas pueden ser subrayadas las tres que propone Ferrater Mora: 1) vivir es preferible a no vivir; 2) ser libre es preferible a ser esclavo; 3) la igualdad es preferible a la desigualdad 2.

- Por otra parte, dentro de las estimaciones morales básicas no se pueden dejar de señalar las siguientes: el valor absoluto de la vida humana, la libertad como primer atributo de la persona, el postulado de la no discriminación (por razón de raza, sexo, convicciones etc.), la exigencia ética de la igualdad y de la participación, etc.

Conviene advertir que los contenidos de la ética civil dependen de la idea de hombre vigente en cada época. La ética es la antropología convertida en origen de significados para la vida humana. Los significados antropológicos constituyen los valores éticos, que a su vez se manifiestan a través de normatividades necesariamente abiertas. Las "constantes antropológicas" son el apoyo de los perfiles estimativos. La estimación moral conjuga los datos antropológicos a fin de captar en ellos los significados.

6. LAS FUNCIONES DE LA ÉTICA CIVIL. La ética civil tiene una función dirigida al contenido moral de la sociedad. Dicha función se concreta en la auténtica moralización de la vida social. Voy á referirme a continuación a los principales ámbitos y formas a través de los cuales se realiza este proyecto moralizador.

á) Funciones globales. La ética civil tiene unas funciones globales que pueden ser expresadas del siguiente modo: 1) mantener el aliento ético (la capacidad de "protesta" y de "utopía") dentro de la sociedad y de la civilización, en las que cada vez imperan más las razones "instrumentales" y decrecen las preguntas sobre los fines .ylos significados últimos de la existencia humana; 2) unir a los diferentes grupos y a las distintas opciones creando un terreno de juego neutral a fin de que, dentro del necesario pluralismo, todos colaboren para elevar la sociedad hacia cotas cada vez más altas de humanización; 3) desacreditar éticamente a aquellos grupos y proyectos que no respeten el mínimo moral común postulado por la conciencia ética general.

b) Apoyar y orientar la moralidad pública. La sociedad democrática, tanto en lo que tiene de vida social como en el orden jurídico que la justifica y normatiza, no puede desentenderse de la ética. El puro positivismo fáctico o jurídico introduce a la sociedad en un círculo vicioso, sin salida y dominado, en definitiva, por el poder. La moralidad pública o civil es una exigencia de la misma vida social, en cuanto criterio de discernimiento de lo humano o lugar de apelación para todos.

Sin instancia ética, la vida social o retorna a la ingenuidad del caos primitivo o es dominada por el poder del más fuerte. Can respecto a la primera solución, dice Aranguren: "En las sociedades primitivas no existe ni tan siquiera la distinción real entre lo moral, lo social y lo jurídico; por tanto, menos aún, cabe su distinción conceptual. Todo aquello se halla confundido en unos mores que son, a la vez, usos sociales, costumbres morales y preceptos jurídicos (no escritos, o apenas, pero vigentes). Es lo que Hegel llamaría sustancia ética ingenua"3. De la segunda solución, el dominio del más fuerte, no escapan aquellos que exageran la importancia decisiva del poder fáctico o del poder de la ley positiva.

La instancia moral pública no puede ser monopolio de ningún grupo. Esa condición desvirtuaría no sólo la convivencia democrática, sino también la misma ética. Únicamente la ética civil, en cuanto moral laica y consensuada, puede orientar la moralidad pública. A la pregunta sobre las fuentes del arquetipo ético de Estado, de sociedad y de convivencia social, responde Aranguren que ni el "derecho natural" (sobre todo, la noción vulgarizada desde la ilustración y la neoescolástica) ni el puro "positivismo jurídico" pueden ser fuentes adecuadas para configurar la auténtica moralidad pública 4.

Creo que frente a la sacralización y cqnfeslonalidad de un orden social impuesto por un hipotético "derecho natural" y frente a la tentación del puro positivismo jurídico cabe la solución de configurar una instancia ética que mantenga "abierto" (crítica y utópicamente) el orden socio-jurídico.

c) Insistencia en la ética profesional y cívica. Aunque la ética civil no se identifica con el civismo ni se reduce al terreno de la moral social o profesional, sin embargo tiene una marcada orientación hacia los campos de la conciencia moral profesional y cívica. En grupos humanos en los que ha prevalecido durante mucho tiempo una determinada moral confesional tiende a decrecer la ética propiamente profesional y cívica. De ahí que en tales grupos sea beneficiosa la instancia sobre la ética civil. Es una instancia que ha apoyado, entre otros, Laín Entralgo 5.

d) La educación moral civil. La ética tiene una función notable en relación con la educación moral. Tengo la convicción de que la educación moral es una de las necesidades primarias de la sociedad. Ahora bien, a mi parecer esa educación moral debe ser programada y realizada en la escuela "desde" y "para" la ética civil 6.

Situándome en la línea de pensamiento marcada por la presencia de autores tan representativos como Spencer, Dewey, Durkheim, Giner de los Ríos y otros, y teniendo en cuenta la experiencia de sociedades civilizadas, afirmo la necesidad de insertar la educación moral dentro del proyecto educativo de la escuela.

La educación moral en la escuela no puede ser de carácter confesional (confesión religiosa o confesión laica). Ha de proyectarse un tipo de educación que tenga como punto de partida y como meta la moral civil. Esta forma de moral se desengancha de cosmovisiones religiosas y metafísicas y, basándose en la conciencia ética de la humanidad, proyecta un ideal común y abierto a las distintas opciones auténticamente democráticas. El contenido nuclear de esta moral civil es en el momento histórico presente la Declaración universal de los derechos humanos. A partir de este contenido básico han de ser organizados los programas concretos de educación moral. Es cierto que la moral civil es más un ideal que una realidad (ya que lo que realmente existe son las éticas diversamente cosmovisionadas), y es cierto que cada educador y cada centro educativo "matizará" el contenido idealmente común (ya que no existe una educación "neutra", y menos en el campo de la moral); sin embargo, y a pesar de esas limitaciones, creo que la educación moral obligatoria en la escuela ha de ser de signo civil, y no confesional.

e) El "rearme moral" de la sociedad. Todas las funciones de la ética civil se sintetizan y se concretan en una: el "rearme moral" de la sociedad en todas sus capas, grupos e individuos. Rearme moral que se refiere, de forma dialéctica, tanto a la renovación ética del individuo como a la moralización de las estructuras sociales.

7. MORAL CRISTIANA Y ÉTICA CIVIL. Ante esta propuesta de la ética civil, la reacción de los cristianos no puede ser de rechazo, sino de aceptación. Una aceptación obviamente no ingenua, sino crítica; es decir, que acepte los postulados teóricos y trate de hacerlos verificables con toda la fuerza y la valla de la propuesta.

No han faltado cualificadas tomas de postura a favor de la ética civil'. Pero tampoco han estado ausentes las apreciaciones de carácter más bien restrictivo. De este último signo es la reacción expresada por los obispos españoles en el documento La verdad os hará libres. En el número 49, al tratar el tema de "la moral cristiana y otros modelos éticos", describe la propuesta de la ética civil y propone una determinada forma de relación entre ella y la moral católica. Lamentablemente, el documento episcopal habla de la ética civil como una realidad "hipotética" y, por otra parte, la describe con rasgos que la "deforman": reduciéndola a una moral cristiana "rebajada" y entendiéndola como mero "consenso". Ante tal propuesta así descrita es fácil comprender la reacción de la moral católica: "Por parte de los católicos, sería un error de graves consecuencias recortar, so capa de pluralismo o tolerancia, la moral cristiana diluyéndola en el marco de una hipotética `ética civil', basada en valores y normas `consensuados' por ser los dominantes en un determinado momento histórico. La sola aceptación de unos `mínimos' morales equivaldría, sin remedio, a entronizar la razón moral vigente, precaria y provisional, en criterio de verdad" 8.

En lugar de esta apreciación de carácter "neoconservador" y de cierta orientación "neoconfesional", creo que se impone por parte de los cristianos una aceptación sin reservas de la ética civil. Afirmar la ética civil constituye un alegato y una apuesta a favor de la racionalidad ética de la sociedad democrática; una racionalidad ética que se construye sobre la base de la no confesionalidad y sobre el legítimo pluralismo de la vida social y que trata de edificar una convivencia regida por el respeto el diálogo y la conciencia universal de los seres racionales.

La ética civil es una propuesta muy fructífera para mantener el aliento moral dentro de la sociedad pluralista que, si bien afirma por derecho propio el pluralismo moral, también exige la búsqueda de convergencias éticas.

Dentro de ese denominador ético común caben las variaciones que la peculiaridad de cada legítima opción se sienta urgida a introducir. Cabe, entre otras, la peculiaridad de la opción moral de los cristianos, que por su propia condición ofrece el mensaje de perfección evangélica vinculada a la realización de los valores del reino dé Dios.

A partir de esa relación entre la moral cristiana y la ética civil hay que replantear el modo de presencia de aquélla en la sociedad democrática y pluralista. Es un tema que considero de gran importancia tanto desde una perspectiva teológica como desde una orientación pastoral.

Mediante esa nueva forma de presencia, la moral cristiana puede y debe ser uno de los más fecundos interlocutores que intervienen en el debate ético de nuestra sociedad. Los obispos españoles han señalado certeramente cuál es el objetivo y cuál es el camino del diálogo que la moral cristiana ha de propiciar en el momento actual: "Ha de estar atenta a aquellas metas hacia donde la conciencia ética de la humanidad va avanzando en madurez, cotejar esos logros con su propio programa, dejarse enriquecer. por sus estímulos y reinterpretar, en fidelidad al evangelio, actitudes e instituciones a las que hasta ahora tal vez no había prestado la debida atención. Actuando de esta manera, la Iglesia vigorizará continuamente la fuerza de su propio mensaje promoviendo, a la vez, su credibilidad y significación para el hombre"9.

NOTAS: ' Ch. MOONEY, La Iglesia, ¿guardiana de una ley natural universal?, en "Concilium" 155 (1980) 206 - z Cf J. FERRATER, De la materia a la razón, Madrid 1979 174-187 - 3 J.L: ARArtf GUREN,Éticaypolitica, Madrid 19682,35-4ID, o. c., 30-i6 - 5 Cf P. LAIN ENTRALGO La moral civil, en "Gáoeta Ilustrada" 111 (22 de enero de 1978) 23; ID, Moral civil, en diario "El País" (6 de septiembre de 1979) 9 - 6 Cf M. VIDAL, La educación moral en la escuela, Madrid 1981 -7 Ver, en este sentido, la postura del cardenal E. TARANCON, La ética civil, en "Vida Nueva" 1768 (15 de diciembre de 1990) p. 9 (cf n. 1740, p. 9, y n. 1772, p. 9) - 8 Junto a la mentalidad dura que aparece en este número 49 existe a lo largo del documento otra mentalidad más conciliadora. Ésta afirma la existencia de "convicciones" básicas y comunes en las que convergen las nobles tradiciones de la humanidad (n. 39), convicciones que constituyen "la experiencia acumulada en la historia de la humanidad" (n. 40). En referencia a la sociedad española se constata el conjunto de "los grandes valores éticos que constituyen nuestro patrimonio histórico" (n. 39), un patrimonio que ha de ser "compartido y respetado" (n. 64) - 9 "La verdad os hará libres", n. 49.

BIBL.: AA.VV., ¿En qué consiste la ética cívica?~ en "El Ciervo"31(1982) 4-15; AA. V V., La ética en la sociedad civil, en "Revista de Occidente" 45 (1985); AA.VV., Virtudes públicas y ética civil, en "Documentación Social" 83 (1991); CORTINA A., Moral civil en nuestra sociedad democrática, en "Razón y Fe" 212 (1985) 353-363; EDITORIAL, Por una ética cívica, en "Razón y Fe" 221 (1990) 462; MUGUERZA J., Un contrapunto ético: la moral ciudadana en los ochenta, en "Arbor" 128 (1988) 231-258; VELASCO D., Ética cívica en una sociedad democrática, en "Lumen" 32 (1983) 97-119; VIDAL M., Ética civil y sociedad democrática, Desclée, Bilbao 1984.

VIDAL M