Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia SECTAS CRISTIANAS

SECTAS CRISTIANAS
TEOLOGÍA FUNDAMENTAL

La palabra "secta" se utiliza generalmente en un sentido tan vago como peyorativo. Por su etimología evoca la idea de secesión (secare, cortar) o bien la de seguimiento (sequi, seguir).

Por consiguiente, en el uso común designa o bien un pequeño grupo de adeptos separados de otro mayor o bien el conjunto de discípulos de un maestro hereje. En ambos casos, la palabra se utiliza tan sólo para designar unos grupos que rechazan este apelativo, por estar cargado de desprecio y de normatividad. En el contexto cristiano se utiliza con referencia al vocablo Iglesia, que tiene siempre una connotación positiva, hasta el punto de que toda secta se afirma a sí misma como Iglesia.

1. ESQUEMA TEÓRICO. La sociología religiosa ha intentado desde Max Weber descubrir el contenido de los vocablos antitéticos de secta y de Iglesia. Para Weber, la secta se presenta como un grupo de voluntarios, mientras que la Iglesia es una institución de salvación. Ernst Troeltsch recoge estas categorías de Weber, pero enriqueciéndolas.

La Iglesia, como tipo sociológico, es un cuerpo social establecido y una institución universal, dotada de un poder sacerdotal y sacramental; la secta es un grupo contractual, que se opone al sistema eclesiástico y rechaza todo compromiso con el mundo. 

La dicotomía secta-Iglesia ha sido recogida, desarrollada y concretada por diversos autores, como Joachim Wach, Leopold van Weise, Howard Becker y sobre todo J. Milton Yinger, que desarrolla la tipología iglesia-secta según el principio de distanciamiento respecto al cristianismo universal. En el extremo del tipo sectario se encuentra el culto, que se desarrolla como secta, y luego como secta establecida. Viene luego la de nominación, luego la Iglesia y finalmente la Iglesia universal, que realiza el universalismo más acabado, logrando la unidad de la sociedad (Iglesia medieval).

En teología, el vocablo secta se utiliza para designar un tipo eclesiológico. El tipo de la secta es indisociable del tipo Iglesia; ambos tipos no se comprenden más que en referencia mutua. La inteligencia teológica que tenemos de la secta depende estrechamente de la comprensión que tenemos de la Iglesia. La secta es esencialmente diferente de la Iglesia. No es una expresión subdesarrollada de la Iglesia, sino que representa un tipo teológico específico en la historia del cristianismo.

Lo específico de la secta no debe buscarse en su dinámica de disidencia y de secesión, ni en su protesta vehemente contra la Iglesia establecida. Lo específico de la secta reside en la conjunción del radicalismo escatológico con el iluminismo. Al aislar el principio escatológico del principio de encarnación, la secta cae en una forma exacerbada de escatología: el escatologismo. Y al aislar el principio pneumático del principio magisterial y sacramental, desemboca en una hipertrofia del principio pneumático: el iluminismo. La secta nace de la conjunción del escatologismo y del iluminismo en una coyuntura histórica concreta. Su especificidad está en ser la encarnación histórica de esta conjunción.

El rostro polimorfo de la secta se deriva de la manera con que se articula la alianza del escatologismo y del iluminismo, así como de las formas de expresión concreta de estos dos principios fundamentales que determinan su espacio espiritual y definen su campo hermenéutico. El escatologismo puede tomar la figura del milenarismo, de la futurología apocalíptica o del utopismo socio-político. En cuanto al iluminismo, puede tomar la forma de una búsqueda excesiva de carismas o de revelaciones, de un entusiasmo religioso desenfrenado, de un espiritualismo desencarnado o también de un pietismo sereno, de un pentecostalismo moderado y de un fideísmo tranquilo. Bajo estos diversos rostros, la secta es siempre la misma: apunta siempre hacia una salida de la historia por arriba (iluminismo) y hacia adelante (escatologismo).

La secta presenta características secundarias que se derivan directamente de su nota específica. En primer lugar hay que mencionar el dualismo de la secta, que establece rupturas en todos los niveles: presente-futuro, materia-espíritu, cuerpo-alma, cultura-evangelio, razón-fe, mundo-Iglesia, hombre-Dios.

El primer polo de estos dualismos siempre es malo, mientras que el otro siempre es bueno. De ahí la insistencia en la corrupción del tiempo presente, que está en manos de Satanás y de sus vasallos, instalados en todas las instituciones, incluso religiosas. De ahí, en el plano socio-político, el "contemptus mundi" (rechazo de la sociedad) y la negativa a comprometerse en las estructuras de este mundo; y, en el plano eclesial, negativa al diálogo ecuménico, celo misionero y denuncia de las grandes Iglesias (principalmente del sistema clerical y de la racionalidad teológica).

La secta se caracteriza además por su radicalismo ético. En ruptura con la sociedad y en disidencia con la Iglesia, la secta vive en un radicalismo que se erige sobre la falta de diálogo con la historia, la ciencia y la cultura. Radicalismo que garantiza la pureza doctrinal y el rigorismo moral rechazando todo género de corrupción: laxismo, compromiso, adaptación, atención a las situaciones y al caminar de las personas. Radicalismo que interpreta las exigencias evangélicas sin apelar al principio teológico de la economía. La secta es para los puros, para los perfectos.

A nivel de la experiencia espiritual, la secta está marcada por el cuño del fideísmo. La secta propone una experiencia inmediata de Dios, de Cristo o del Espíritu. Rechaza el principio sacramental y tiende a superar toda mediación y toda imagen. La fe, que es esencialmente para la secta un acto de confianza y de abandono, no tiene por qué sondear sus propios fundamentos ni buscar una racionalidad teológica. La secta no se interesa ni por la hermenéutica de los orígenes ni por la hermenéutica de las significaciones. Se dirige al corazón y a la voluntad y exige la conversión radical.

Proyectada hacia adelante y hacia arriba, en disidencia con las Iglesias establecidas y en ruptura con el mundo, la secta se aplica directamente a la palabra de Dios consignada en la Biblia (y también a veces en otras "revelactones", interpretada, sobre todo en las sectas contemporáneas, de una manera fundamentalista. Saltando por encima de la historia, la secta rechaza la tradición y pretende vincularse a la comunidad primitiva, de la que desea ser una copia.

En resumen, la secta es un grupo laico de creyentes en Jesús y/ o en el Espíritu, reunidos voluntariamente entorno a la Biblia (y a veces en torno a una revelación complementaria), para formar en este mundo corrompido la comunidad auténtica de los verdaderos cristianos que viven en la negación del compromiso y en el "contemptus mundi", esperando la venida inminente del fin y el retorno de Cristo.

2. HISTORIA. Toda la historia de la Iglesia está marcada por la aparición de sectas que han engendrado su propio sistema eclesial y se han desarrollado como rivales de las Iglesias establecidas. En la Iglesia antigua, los grupos de protesta de tipo sectario se presentan mucho más como cismas originados por la negación de alguna de las verdades decisivas. Estas disidencias contestatarias, de las que se conocen sobre todo el marcionismo, el montanismo, el novacionismo y el donatismo, tienen que ver más con el tipo Iglesia que con la secta. Sin embargo, al rechazar la Iglesia imperial de Constantino y al hacer depender la santidad de la Iglesia de la santidad de sus ministros y de sus miembros, el donatismo se acercaba más al tipo secta.

En la Edad Media los movimientos pauperistas y penitenciales, como los valdenses, los pobres de Lión, los humillados, los seguidores de Arnoldo de Brescia, los "pobres católicos", los pobres de Lombardía, los discípulos de Henri de Lauzanne, se presentan más bien como cofradías disidentes que corno sectas. Su programa ascético, modelado sobre la pobreza evangélica y apostólica, quería ser una protesta vehemente contra la riqueza y el lujo de la mundanidad del papa, de los cardenales y del alto clero en general, y contra el debilitamiento de la esperanza escatológica en un tiempo en que la Iglesia se identificaba con el reino de Dios. Por otra parte, los bogomilos y los cátaros son religiones de tipo gnóstico, que comprenden, sin embargo, algunos rasgos sectarios. Los Hermanos del libre Espíritu, los fraticelli y los espirituales franciscanos, los joaquimitas, los begüinos, los begardos -como más tarde los alumbrados españoles y los quietistas-: todos estos grupos son manifestaciones típicas de la espiritualidad ilustrada que no responden más que imperfectamente al tipo teológico de la secta.

Con la llegada de las Iglesias protestantes en tiempos de la reforma es cuando el tipo de la secta alcanza su plenitud. En adelante, la secta sólo se desarrollará al margen del protestantismo. La mayor parte de las sectas modernas y contemporáneas son expresiones disidentes de los movimientos de despertar y de protesta que brotaron dentro de las Iglesias protestantes y anglicanas durante los últimos siglos: el despertar pietista (siglo xvii), el despertar evangélico (siglo xvlii), el despertar escatológico (siglo xix), el despertar pentecostalista (siglo xx). Los Estados Unidos no sólo se convirtieron muy pronto en terreno de elección de las sectas europeas, sino que ofrecieron además un campo fértil para la aparición y la multiplicación de nuevas sectas.

El pietismo daría origen a varias disidencias sectarias, entre las que se conocen sobre todo los cuáqueros o Sociedad de amigos, los Hermanos de Plymouth, llamados comúnmente darbystas, y la sociedad de los Hermanos de la Unidad, conocida con el nombre de Hermanos Moravos. Heredero del pietismo luterano, el evangelio anglicano se convertiría en un pujante fermento de disidencia. De él nacería el metodismo, que jugó un papel decisivo en el conjunto de movimientos sectarios y concretamente en la aparición de sectas de tipo evangélico, hoy tan numerosas. El evangelismo contemporáneo prolifera en multitud de pequeñas Iglesias autónomas, formadas por diversas asociaciones independientes y toda una pléyade de sectas fuertemente marcadas con el cuño del fundamentalismo.

Nacido del evangelismo y de los "movimientos de santidad", el pentecostalismo moderno se presenta ante todo como un movimiento de despertar dentro del protestantismo. Caracterizado por la búsqueda de la experiencia inmediata del Espíritu y por la manifestación de carismas, el pentecostalista encerraba un poderoso fermento de disidencia que daría fruto muy pronto. Se verá surgir al lado de las Asambleas de Pentecostés una multitud de sectas pentecostalistas y neopentecostalistas con los nombres más diversos: Tabernáculo cristiano del Evangelio de los últimos tiempos, Templo milagroso del Espíritu Santo, Misión del Espíritu Santo... Todas estas sectas están bajo la autoridad indiscutida de un líder carismático.

En cuanto al despertar escatológico o "despertar de la segunda llegada" (comienzos del siglo xii), está en el origen del adventismo, que se ha diversificado en varias sectas, desde los Testigos de Jehová hasta la Iglesia universal de Dios (Herbert Amstrong), que se caracteriza por su anglo-israelismo, del que también los mormones presentan un caso muy particular.

Desde los años sesenta, el movimiento sectario ha conocido un impulso extraordinario. Explosión del evangelismo y del pentecostalismo en todas direcciones, recrudecimiento de las sectas antiguas, aparición de sectas nuevas.. El "Movimiento por Jesús" se ha expresado, no sólo en el canto y la música, sino en la aparición de un gran número de grupos marginales, algunos de los cuales -como los Niños de Dios- alcanzaron gran notoriedad.

Aunque conservando las características tradicionales del tipo sectario, las sectas contemporáneas. están profundamente marcadas, por un lado, por un celo misionero tan inventivo corito tenaz, que sabe utilizar la prensa escrita y electrónica para difundir su mensaje y ganar adeptos, y por otro lado, por un fundamentalismo que se expresa tanto en su rechazo del modernismo, del evolucionismo, del liberalismo teológico, del comunismo y del humanismo secular, como en su apoyo a la estructura capitalista y a la ideología económica vigente de América del norte y Europa occidental. La Iglesia de la Unificación (Moon) es un buen ejemplo de esta posición teológica y socio-política. ¿Sería demasiado afirmar que las sectas contemporáneas son, en general, socialmente reaccionarias, políticamente desmovilizantes y culturalmente conservadoras? ¿No es ahí adonde las conduce necesariamente su posición escatológica formal, su concepción privatizante de la fe y su espera en la llegada inminente del fin?

3. SECTAS Y CRISTIANISMO. A lo largo de la historia, la actitud general de la Iglesia frente al movimiento sectario ha sido el rechazo global. Las sectas eran consideradas como cismas y herejías, que ponían en peligro no sólo la unidad de la Iglesia y la ortodoxia cristiana, sino todo el sistema socio-político. Por su cualidad de herejes, los grupos sectarios fueron perseguidos por la Iglesia institucional, que desde Teodosio el Grande (395) no dudó en recurrir a la violencia y apelar al brazo secular.

Hoy ha dejado de imponerse esta actitud de rechazo global. Antes que secesión y herejía, la secta aparece esencialmente como un modelo específico de cristianismo, coma una forma paralela de seguir a Jesús y de vivir el evangelio. Las sectas modernas no son tanto herejías o negaciones de una verdad cristiana con interpretaciones globales del cristianismo. Consideradas como expresiones de un tipo específico del cristianismo, las sectas no pueden ser ya objeto de una repulsa global por parte de las grandes Iglesias.

En la medida en que se adhieren a algunas verdades esenciales de la revelación cristiana, las sectas entran dentro de un movimiento que tiende a la plenitud del cristianismo. Es verdad que resulta difícil identificar las verdades esenciales de la fe cristiana y el núcleo específico del cristianismo y decir con precisión qué hay que mantener del sistema y del corpus doctrinal del cristianismo para poder calificar a un individuo de cristiano o a un grupo de Iglesia. Por ejemplo, para formar parte del consejo ecuménico de las Iglesias, todo grupo debe profesar expresamente a Jesús como Hijo de Dios y salvador.

Sin entrar en todas las distinciones teológicas, se puede afirmar globalmente que muchas de las sectas contemporáneas pueden con todo derecho llevar el título de "cristianas", en la medida en que profesan un corpus de doctrina cristiana capaz de garantizar una actitud de fe auténtica y de permitir así, en la gracia, la obtención de la salvación en Jesús.

Si las sectas son grupos cristianos, ¿no habrá que comprenderlas a la luz de los principios del ecumenismo cristiano, según el cual todas las Iglesias son esbozos más o menos logrados, anticipaciones más o menos deficientes de la esencia escatológica de la Iglesia? Los "vestigia Ecclesiae", los elementos de Iglesia que se encuentran en las sectas, pertenecen de derecho sólo a la Iglesia de Cristo. Al pasar de una eclesiología de los elementos a una eclesiología de la totalidad, nos vemos llevados a reconocer en gran número de sectas contemporáneas no solamente algunos elementos de Iglesia, sino también el alma de la Iglesia, el Espíritu Santo, que va construyendo laboriosamente el cuerpo de Cristo.

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R. Bergeron