Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia SABIDURIA


SABIDURÍA
DicTB
 

SUMARIO: Introducción. I. Terminología. II. Las formas de expresión. III. Sabiduría del medio Oriente no bíblico: 1. Las listas; 2. Las antiguas colecciones de sentencias; 3. Otros textos: a) Textos anteriores a la Biblia, b) Textos contemporáneos del AT, c) Textos de principios de la era cristiana; 4. ¿Qué es la sabiduría?; 5. La Biblia y las sabidurías paganas. IV. La sabiduría bíblica: 1. Los libros sapienciales; 2. En los otros libros bíblicos: a) En el AT, b) En el NT: Jesús maestro de sabiduría. V. Origen de la sabiduría en Israel: 1. Salomón, modelo de los sabios; 2. Escribas y escuelas; 3. Origen popular de la sabiduría. VI. El fin de la sabiduría. VII. La actitud de los sabios: 1. El consejo; 2. Los límites de la sabiduría; 3. La sabiduría de Dios; 4. El problema de la retribución; 5. Una reflexión sobre la historia de la salvación. VIII. La personificación de la sabiduría en el AT.: 1. Los textos: a) Job 28, b) Prov 8-9, c) Si, d) Bar 3,9-4,4, e) Sab 6-9; 2. Interpretación. IX. Jesús y la Sabiduría en el NT. 1. En los evangelios sinópticos; 2. En san Pablo; 3. En san Juan; 4. Interpretación.


INTRODUCCIÓN. La sabiduría es un fenómeno que encontramos en todos los pueblos y en todos los tiempos. Sin embargo, hasta hace algunos decenios, la sabiduría bíblica había sido poco tomada en consideración. Los padres de la Iglesia hablaron poco de ella, lo mismo que los grandes teólogos del medievo, mientras que los grandes comentaristas de los siglos xvi y
XVII se interesaron más por ella, seguidos, en el siglo xix, por los fundadores de la exégesis histórico-crítica moderna, aunque sin conseguir suscitar el interés que hay en nuestra época. La razón de esta escasa consideración por la corriente sapiencial bíblica se explica en parte por el hecho de que la cultura occidental, en la cual se ha desarrollado sobre todo el cristianismo, concedió mayor atención a la filosofía y a las ciencias, mientras que la sabiduría popular, que también en Occidente se expresa en proverbios y otras formas, ha permanecido en el estadio de transmisión puramente oral, con lo cual en Occidente los proverbios no tienen otra función que adornar el estilo. La situación ha cambiado con el descubrimiento, a partir del siglo xlx, de las literaturas sapienciales de Mesopotamia y sobre todo de Egipto, hasta entonces desconocidas. Su afinidad con la sabiduría bíblica fue una auténtica revelación. Además, el descubrimiento, sobre todo en el siglo xx, de las sabidurías orales africanas, cuya puesta por escrito es cada vez más urgente, ha servido para aumentar el interés actual por la sabiduría bíblica, de la cual pudieran iluminar algunos aspectos, en particular su origen, función y significado. También la figura de la Sabiduría personificada (siempre con S mayúscula), que la Iglesia no ha olvidado nunca del todo en virtud de su nexo con la cristología, se ha beneficiado, a partir de investigaciones renovadas de los recientes descubrimientos, de explicaciones cada vez más precisas, cuyo alcance teológico y espiritual no se puede ciertamente descuidar.

I. TERMINOLOGÍA. Los términos sabiduría, sabio, se derivan, de un modo o de otro, de las voces latinas sapiencia, sapiens, que a su vez proceden del verbo sapere: gustar, percibir, comprender, saborear.

En la Vulgata, sapientia y sapiens traducen habitualmente los términos griegos de la versión de los Setenta y del NT sophía y sophós, cuya raíz es de etimología desconocida.

En los Setenta estos términos griegos traducen generalmente las palabras hebreas derivadas de la raíz hkm, presente en la mayor parte de las lenguas semíticas: hokmah, sabiduría, y hakam, sabio.

En la Biblia hebrea, la raíz hkm se usa 318 veces, a las cuales es preciso añadir otros 50 casos en los fragmentos hebreos de Si. En realidad, los vocablos hebreos hakam y hokmah se utilizan sobre todo en los libros sapienciales: Job, Prov, Qo, Si. En los Setenta, comprendiendo el libro de la Sabiduría, ocurre lo mismo para las voces griegas sophós y sophía.

En el NT sophía se usa 50 veces, y 20 sophós, con una concentración particular en iCor 1-3.

Junto a estos términos fundamentales, el hebreo y el griego utilizan también otras voces, que se aproximan por el significado. Así, por ejemplo, encontramos los siguientes binomios: sabiduría y saber (da'at, gnósis: Prov 2,6; 30,3; Qo 1,16-17; 2,21-26; 9,10; Col 2,3), sabiduría e inteligencia (binah o tebúnah, synesis: Dt 4,6; Prov 24,3; Si 14,20; Is 29,14; Jer 51,15; Col 1,9), sabiduría y educación (músar, paideía: Prov 1,2.7; 15,33). El hecho de que la traducción no vierta siempre del mismo modo los términos hebreos denota una cierta fluidez en el vocabulario. Esta observación se ve corroborada por algunos textos, que acumulan términos de los cuales no es fácil establecer con precisión su sentido específico. Por ejemplo: "Para conocer sabiduría y disciplina (músar)..., para adquirir destreza y agudeza (músar hasekel)..., para dar a los jóvenes la prudencia ('ormah), al joven ciencia (da'at) y prudencia (mezimmah)..." (Prov 1,2-4); "Yo, la sabiduría, habito con la prudencia ('ormah), he encontrado la ciencia de los consejos (da'at mezimmót), ... a mí me pertenece el consejo ('esah) y la habilidad (tusijah), mía es la inteligencia (binah), mía la fuerza (gebúrah)" (Prov 8,12.14); "Pero en él (Dios) sabiduría y fuerza (gebúrah), suyas son la perspicacia ('esah) y la prudencia (tebúnah)" (Job 12,13); "Espíritu de sabiduría y de inteligencia (binah), espíritu de consejo ('esah) y de fortaleza (gegúrah), espíritu de conocimiento (da'at) y de temor del Señor" (Is 11,2).

De manera muy general se puede decir a la luz de esta terminología que la sabiduría se adquiere a través de una educación progresiva, mira a una comprensión profunda y penetrante de lo real, y lleva a un "saber hacer", a un "saber vivir", cuyos valores morales, como, por ejemplo, el coraje, y religiosos, como el temor de Dios, no son exclusivos. En esto la sabiduría bíblica no se distingue para nada de la sabiduría de cualquier pueblo de cualquier tiempo.

La sabiduría se dirige a los ingenuos, a gente infantil (peta'ím: Prov 1,4.22.32). Se trata de personas sencillas, que manifiestan ligereza, y que por tanto son susceptibles de verse influidas por el bien y por el mal (Prov 9,4.16). El que tiene poca sabiduría es un necio, un obtuso (kesil; Prov 26,1-12); habla con atolondramiento; no es posible fiarse de él ni se consigue nada del mismo. Es un ser lleno de mezquindad, vil, innoble (nabal: Prov 17,7.21; Si 4,2); obra sin pensar, desconsideradamente; sus modos son inconvenientes (Prov 30,32); es un insensato, un loco (ewíl: Prov 10,8.14.21) y se le conoce por su hablar. Si 21,11-22,18 traza un cuadro delicioso del necio.

II. LAS FORMAS DE EXPRESIÓN. También las formas a través de las cuales se expresa la sabiduría son las mismas en todas partes. En la Biblia encontramos la forma del refrán: "Cual la madre, tal la hija" (Ez 16,44); "Piel por piel" (Job 2,44); "Médico, cúrate a ti mismo" (Lc 4,23); encontramos proverbios: "De los malos sale la malicia" (1 Sam 24,14); "No se engría quien se está ciñendo las armas como el que se despoja de ellas" (1 Re 20,11: cuatro palabras en hebreo); o también: "Los padres comieron agraces, y los dientes de los hijos sufren la dentera"(Jer 31,29; Ez 18,2). Junto a estas formas simples está luego el enigma, como el propuesto por Sansón: "Del que come salió comida, y del fuerte salió dulzura" (Jue 14,14); o también la fábula, como la de Jotán (Jue 9,7-15) ola de Joás: "El cardo del Líbano mandó a decir al cedro del Líbano: `Da tu hija por esposa a mi hijo'. Pero pasaron las fieras del Líbano y pisotearon el cardo" (2Re 14,9). Encontramos también el proverbio numérico, sobre todo en Prov 30,15-33; o la parábola, como la narrada por Natán a David (2Sam 12,1-4). A veces el texto se desarrolla en forma de relato, como la narración en prosa que abre y cierra Job [t Job II, 1]; el desarrollo puede aparecer también en forma de discurso muy elaborado, como, por ejemplo, en Prov 2; o incluso en forma de diálogo, como el poema de Job. Todas estas expresiones sapienciales, breves o largas, son llamadas por la Biblia hebrea maga/.

III. SABIDURÍAS DEL MEDIO ORIENTE NO BÍBLICO. Contrariamente a lo que se pensaba a principios del siglo pasado, la sabiduría bíblica no es la más antigua. Se inserta dentro de una corriente que tiene sus raíces en Mesopotamia y en Egipto, donde los sabios, como por lo demás los de la Biblia, consignaron por escrito sus enseñanzas. Este consignar por escrito constituye una de las características fundamentales de la sabiduría del medio Oriente.

1. LAS LISTAS. La primera etapa de esta sabiduría escrita fue probablemente la composición de listas llamadas onomásticas: a fin de hacer un inventario de su mundo, los autores de estas listas enumeraban, por categorías, los seres y las cosas que los rodeaban y que podían serles de utilidad. Así hicieron los sumerios y los egipcios. La Biblia atribuye a Salomón esta misma actividad, que marca el comienzo de la investigación científica: "Trató acerca de los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que brota en la pared; disertó acerca de los animales, de las aves, de los reptiles y de los peces" (1Re 5,13).

2. LAS ANTIGUAS COLECCIONES DE SENTENCIAS. La sabiduría mesopotámica y la egipcia son conocidas sobre todo por las colecciones que la arqueología moderna ha permitido descubrir. Encontramos en ellas ante todo instrucciones transmitidas habitualmente por un rey a su heredero o por un escriba a su hijo. Estas instrucciones se componen ordinariamente de proverbios, que indican el comportamiento a seguir para triunfar en la vida o en el trabajo. El texto más antiguo proviene de los sumerios, y son las Instrucciones de Shuruppak. Este texto se remonta probablemente a mediados del tercer milenio; y se puede seguir su transmisión, a pesar de los muchos cambios, hasta finales del año 1000 a.C. En Egipto encontramos las Instrucciones del visir Ptah-Hotep a su hijo, que remontan igualmente a mediados del tercer milenio; del siglo xxii a.C. son las Instrucciones del rey al hijo Merikare; las del escriba Ani a su hijo remontarían a mediados del segundo milenio. Las Instrucciones del escriba Amenemope a su hijo, cuya fecha oscila entre el 1000 y el 600 a.C., podrían haber influido en el autor de la colección bíblica de Prov 22,17-24,22; finalmente, la enseñanza de Onkh-Sheshonq-qy podría datar del siglo v a.C. Las colecciones de proverbios bíblicos (Prov 10-31) se inscriben en esta corriente sumeria y egipcia, cuyos principales testimonios hemos recordado ya anteriormente.

3. OTROS TEXTOS. a) Textos anteriores a la Biblia. Mesopotamia y Egipto han transmitido también textos sapienciales en los cuales el discurso es de más amplios vuelos y está estructurado, y que contienen reflexiones sobre el sentido de la vida y de la muerte, sobre el sufrimiento y otros problemas humanos. En Egipto, la Disputa sobre el suicidio entre un hombre desesperado y su alma se remontaría a finales del tercer milenio; en cambio sería de principios del segundo milenio la Novela del campesino locuaz que reclama justicia y la Sátira de los oficios, donde Khety, por contraste, hace a su hijo Pepy el elogio del oficio de escriba. Este contraste se encuentra mucho más tarde en Si 38,24-39,11. También en Mesopotamia encontramos fábulas, entre ellas, en acádico, la del tamarisco y la palma, que se remonta al 1700-1600 a.C. El monólogo acádico conocido, por las primeras palabras del texto, como Ludlul bel nemeqi: "Quiero celebrar al señor de la sabiduría", presenta a un justo que sufre, comparable a Job, y provendría de los años 1500-1200 a.C. También el Diálogo pesimista entre un amo y su siervo, que aprueba siempre los proyectos más contradictorios del primero, está escrito en acádico y no debe de ser muy anterior al año 1000.

b) Textos contemporáneos del A T. En el primer milenio tendrán gran resonancia dos obras. La primera viene de Grecia: Las obras y los días, de Hesíodo (siglo vul a.C.), es un poema didáctico, en el que se exaltan los valores del trabajo. Son posibles muchas aproximaciones entre esta obra y la literatura sapiencial del medio Oriente antiguo. La segunda es la Sabiduría de Ajicar, obra probablemente aramea (siglos vl-v a.C.), de la que se han encontrado grandes fragmentos en la comunidad judía de Elefantina, en Egipto. En ella se unen el griego Esopo y Tob (1,21-22; 14, 10). Ministro de Senaquerib y de Asaradón, Ajicar narra cómo, a causa de las intrigas del sobrino al que él había formado en la sabiduría de los escribas, habría él muerto de no ser porque el oficial que le había arrestado consintió en ocultarlo. Vuelto a la gracia del rey, se le concedió castigar él mismo a su sobrino. La enseñanza que transmite Ajicar a este último es similar la de todas las colecciones antiguas del género: severa educación de los hijos, obediencia al rey, dificultades en las relaciones humanas, prudencia en las palabras y también alguna fábula.

c) Textos de principios de la era cristiana. Fuera de la Biblia, a principios de la era cristiana, vieron la luz también otros textos sapienciales. En el judaísmo helenístico encontramos las Sentencias de Focílides (finales del siglo I a.C. o principios del siglo I d.C.) y 3Esd 3,1-5,6 (relato posterior a Dan y anterior a Flavio José); en el judaísmo palestinense los Pirqé 'Abót, "Sentencias de los padres" (en la Misná, y por tanto anteriores a finales del siglo 11 d.C.); en el cristianismo, los Dos caminos (esta colección, de origen judío, se encuentra en la Didajé 2,2-6,1, en la Carta a Bernabé 18-20 y en la Doctrina de los doce apóstoles). Las Sentencias de Sexto (de origen pagano y cuya redacción cristiana se remonta al siglo u d.C.) y las Enseñanzas de Silvano (a caballo entre los siglos n y ni d.C.). También en Egipto, en el siglo I d.C., encontramos una sabiduría en demótico, conservada en el Papiro Insinger.

4. ¿QUÉ ES LA SABIDURÍA? Para iluminar el concepto bíblico de sabiduría pueden ser útiles dos confrontaciones. En el panteón egipcio clásico, la diosa Ma'at, hija del dios Ra, es representada como una muchachita encogida, cubierta con un largo vestido, que tenía en la cabeza un velo encima del cual había una larga pluma, y en la mano una cruz con aspas en S, símbolo de la vida (ankh, en egipcio). Algunos marfiles del palacio real de Samaria prueban que en el siglo IX la diosa era conocida también allí. Ma'at asegura el orden cósmico y la armonía en las relaciones humanas a través de la justicia y de la bondad para con los pobres. Amada por Ra, lleva a la vida al que la venera: su cometido entre los responsables de la sociedad es abrirles a la verdad y a la justicia, sobre todo para con los desprovistos. La figura de la Sabiduría en Prov 8 puede que esté parcialmente inspirada en la Ma'at, pero no sin que se haya producido una purificación radical: la Sabiduría no es una diosa. En los últimos siglos antes de la era cristiana la diosa Isis adoptó la mayor parte de las prerrogativas de Ma'at, difundiéndose su culto por el mundo helenístico. Es posible que Si 24 y Sab 7-9, al hablar nuevamente de la Sabiduría, se inspiren algo en la figura de Isis, pero sin hacer de la Sabiduría una diosa.

En la Grecia antigua, a los ojos de los siete Sabios, la sabiduría es un arte de vivir lleno de equilibrio, la capacidad de pronunciarse con sagacidad sobre los problemas tanto de la vida cotidiana como de la política. Contra los sofistas afirmó Sócrates más tarde la nobleza de la sabiduría, que a sus ojos es divina; con la práctica de la virtud, el hombre debe hacerse amigo suyo. Pero Platón redujo la sabiduría al ámbito intelectual: a través de la contemplación permite el conocimiento intuitivo de las ideas divinas, en particular el bien y lo bello. En cambio, Aristóteles distinguió la sabiduría, sophía, que es conocimiento de las causas primeras y de los principios —que, por tanto, ha de identificarse con la filosofía— de la prudencia, phrónesis, sabiduría práctica en la línea de los siete Sabios. Más tarde el estoicismo hizo de la sabiduría "la ciencia de las cosas divinas y humanas" (cf también 4 Mac 1,16): realidad divina, se identifica con la razón universal y es el ideal que el hombre puede alcanzar a través de la filosofía y la práctica de la virtud. El sabio realiza esta sabiduría ideal, virtud única. Mas a causa de la dificultad de conseguir esta sabiduría perfecta, los estoicos se aplicaron siempre más a la phrónesis, sabiduría práctica, fruto de la virtud. Por hablar de phrónesis e insistir en su aspecto virtuoso, Sab 3,15; 4,9; 6,15.24; 7,7; 8,6-7 se mueve en el ámbito del pensamiento griego.

5. LA BIBLIA Y LAS SABIDURÍAS PAGANAS. Esta serie de contactos en el ámbito sapiencial entre la Biblia y las culturas circundantes no hace sino continuar una larga tradición. A menudo una referencia a la sabiduría pagana sirve para demostrar la superioridad de la sabiduría bíblica. Tal es el caso de José (Gén 41), de Moisés (Ex 7,8-9,12), de Salomón (1 Re 5,10-I1; 10,1-13), de Daniel (Dan 2; 4), que destacan por encima de los sabios paganos. A su vez, los profetas subrayan los límites de la sabiduría de los pueblos paganos (Is 19,3.11-12; 44,25; 47,8-15; Jer 49,7 = Abd 8; Jer 50,35-36; 51,57; Ez 28,1-19): su blanco son casi siempre Egipto, Babilonia y Edón. En Egipto y en Babilonia los sabios son considerados a menudo magos, mientras que la sabiduría de Tiro, según Ez 28, está en su habilidad para enriquecerse con el comercio marítimo. Pero la Biblia no nutre sólo desprecio hacia la sabiduría de los paganos. En lRe 5,9-14 se intuye cuánto debe la sabiduría salomónica a la de las grandes culturas circundantes. Más aún: Prov 30,1-14 ha conservado los proverbios de Agur, y Prov 31,1-9 los que Lemuel aprendió de su madre; pues bien, estos dos sabios no son de origen israelita. El caso de Job es aún más sutil, puesto que ni siquiera Job es israelita; es del país de Hus (Job 1,1), que probablemente hay que localizar en Trasjordania. Esta ficción sirve para demostrar el carácter universal de la respuesta bíblica al problema planteado del sufrimiento del justo. En un caso al menos, la sabiduría bíblica se anexionará la sabiduría pagana: Ajicar es considerado en Tob 1,21 sobrino del viejo Tobit, como prueba del gran respeto que en el judaísmo se profesaba a la sabiduría de Ajicar. Un respeto análogo explica por qué Prov 22,17-24,22 depende de las Instrucciones de Amenemope. Todo esto llevó a pensar que la Biblia era consciente tanto de la influencia que la sabiduría pagana ejercía en la propia como de la diferencia que separaba su sabiduría de la de los paganos, y también de la universalidad típica de toda auténtica sabiduría.

IV. LA SABIDURÍA BÍBLICA. 1. LOS LIBROS SAPIENCIALES. En la Biblia hebrea los libros propiamente sapienciales se encuentran entre los Hagiógrafos o Escritos (Ketubim): se trata de Prov, Job, Qo; este último forma parte de la subsección de los cinco rollos (Megillót). En los Setenta encontramos además la obra de Ben Sirá o Sirácida o Eclesiástico (de la cual se ha encontrado hace cerca de un siglo una parte importante del texto hebreo) y, finalmente, Sab. En el NT podemos considerar libro sapiencial la carta de / Santiago.

2. EN LOS OTROS LIBROS BÍBLICOS. a) En el AT. La corriente sapiencial bíblica se manifiesta también en otros textos. Tomemos ante todo aquellos en los cuales el hecho es más explícito. Algunos / salmos [IV, 5] se denominan sapienciales o didácticos; sin embargo, los comentaristas no están de acuerdo en su elección, sobre todo a causa de la dificultad de determinar el género literario o la relación con el culto. Son considerados tales, por ejemplo, los salmos que cantan la belleza de la tórah (Sal 1; 19b; 119), los que simplemente formulan una enseñanza (Sal 37; 91; 112; 127), los que reflexionan sobre la suerte del ser humano (Sal 49; 73, que es relacionado con Job; 90). De manera más explícita Bar 3,9-4,4 es una exhortación a ser fieles a la Sabiduría, identificada con la tórah [/ infra, VIII, ld]. Algunos relatos, cuyas apariencias históricas pueden engañar, son didácticos o podrían relacionarse con los que leemos en Job 1-2 y 42 o en Ajicar: son sobre todo Rut, Jon, Tob, Jdt, Est y Susana (Dan 13). Estos textos tienen también lazos con los midrasim. En otros textos o en otras corrientes el influjo sapiencial es reconocido o controvertido. El relato J del jardín del Edén (Gén 2-3) tiene rasgos sapienciales. Las opiniones están dividas en cuanto a la influencia sapiencial en Dt y Am. G. von Rad ha pensado que podía enlazar la / apocalíptica no ya con el profetismo, sino con las corrientes sapienciales; sin embargo, sólo Sab integra bien, aunque tardíamente, sabiduría y apocalíptica. Algunos textos breves denotan una fuerte tendencia espiritual; por ejemplo, Cant 8,6-11; 1Sam 25, donde Abigaíl pone remedio a la estupidez de su marido; 2Sam14, donde vemos a la sabia mujer de Técoa defender la rehabilitación de Absalón. Podemos añadir los pocos textos citados [/supra, II]. La importancia de los sabios aparece también en las críticas que formularon los profetas contra algunos de ellos; entonces es la sabiduría de corte, los consejeros reales quienes son tomados por blanco (Is 3,1-3; 5,21; 29,14; 30,1; Jer 8,8-9; 9,11.22-23). Estas críticas repiten a menudo las que dirigía Prov a los que confían sólo en su sabiduría (Prov 26,12; 28,11) o en sus propias fuerzas (Prov 21,31). Por otra parte, textos como Is 9,1-6; 11,1-5 sobre el rey mesías recuerdan en ciertos aspectos la enseñanza de los sabios de Prov sobre el ejercicio de la función real (Prov 20,28; 29,14).

b) En el NT: Jesús, maestro de sabiduría. En el NT, junto a Sant, encontramos cierto número de textos que hablan de la sabiduría de Dios, o que, a propósito de Jesús, recurren a expresiones que utiliza el AT para hablar de la Sabiduría; volveremos sobre estos textos luego [/ IX]. Detengámonos por ahora en lo que en la enseñanza de Jesús adquiere una forma sapiencial. Pues no se puede negar que muchos discursos de Jesús eran semejantes a los de los sabios. Por lo demás, los habitantes de Nazaret se percataron de ello, llegando incluso a considerar a Jesús superior a los escribas (cf Mt 7,2829): "¿De dónde le viene a éste esta sabiduría?" (Mt 13,54).

Esto se advierte en las parábolas. También los maestros de la época de Jesús, que por lo demás se llamaban sabios, utilizaban la parábola sobre todo para explicar a los discípulos el sentido de un texto de la Escritura. Así, para explicar el banquete de la sabiduría, en Prov 9,1-6 se decía: "Es como un rey que se construyó un palacio y que, para inaugurarlo, dio un banquete..." (Tosefta, Sanhedrín 8,9). 0 bien, para explicar por qué en el desierto los hebreos no recibieron sólo una vez al año su ración de maná, se decía: "Un rey dio a su hijo lo necesario para todo el año, y el hijo se contentó con presentarse ante el padre una vez al año. Entonces el padre decidió darle lo necesario día a día, y así el hijo se vio obligado a visitar al padre todos los días" (Talmud Babli, Joma 17a). A veces la parábola rabínica aclara un punto doctrinal: "A la pregunta de si los muertos resucitan desnudos o vestidos, R. Meir respondió: `Si el grano de trigo colocado desnudo en el suelo reaparece con una multitud de vestidos, ¿no deberán los justos que han sido sepultados con su ropa resurgir vestidos?"' (Talmud Bablí, Sanhedrín 50b).

Fácilmente se intuye el alcance pedagógico de las parábolas, que parten de la vida cotidiana de Palestina: tanto los maestros de Israel como Jesús hablan de pastor y de ovejas, de vid, de compra y venta, de moneda perdida, de casa que construir, de tesoro entregado en depósito o en préstamo, etc., y los personajes habituales son un rey, un padre y un hijo, un amo y un siervo, una ama de casa, etcétera. Cuando Jesús habla en parábolas se dirige a la gente (Mt 13,34), toma pie de la vida rural y del campo, y sus temas se refieren al reino de Dios o a su misma persona, a su misión, o bien a la actitud del que escucha la llamada de Dios.

Además de las parábolas, también muchos discursos de Jesús presentan un perfil sapiencial. Tal es el caso, en particular, del sermón de la montaña (Mt 5-7) o del discurso del pan de vida (Jn 6). Junto a estas composiciones amplias encontramos también atribuidas a Jesús formulaciones sapienciales de varios tipos. Son máximas como: "Todos los que manejan espada, a espada morirán" (Mt 26, 52); "El que quiera salvar su vida la perderá" (Mt 16,25); "Hay más felicidad en dar que en recibir" (He 20,35). Pueden revestir una connotación personal: "El que no está en contra de nosotros está a nuestro favor" (Mc 9,40), o convertirse en exhortaciones: "Deja que los muertos entierren a sus muertos" (Mt 8,22), o también: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mt 22,21).

V. ORIGEN DE LA SABIDURÍA EN ISRAEL. 1. SALOMÓN, MODELO DE LOS SABIOS. La Biblia relaciona el florecimiento de la sabiduría en Israel con la persona del rey Salomón (972-932). A la muerte de David, que fue el creador de un auténtico imperio, el reunificador de las doce tribus, el conquistador, su joven heredero Salomón pidió a Dios desde el principio de su reinado "un corazón sabio y perspicaz" para gobernar (lRe 3,4-15; 2Crón 1,3-12). La sabiduría de Salomón se manifestó en sus cualidades de juez (1Re 3,15-28: el famoso juicio de Salomón), en su capacidad de administrador (lRe 4,1-5,8), de constructor del templo (lRe 5,15-8,66). Organizó el trabajo público (lRe 9,15-24) y el comercio con el exterior (lRe 9,26-10,13: la visita de la reina de Sabá), acumulando una enorme fortuna (1 Re 10,14-25). Pero el reinado de Salomón no careció de sombras: la opresión del pueblo en función de sus proyectos, el fausto de la corte, y sobre todo su infidelidad religiosa le procuraron enemigos, hasta el punto de que el reino se dividió a su muerte. Podemos suponer que semejante actividad por parte de Salomón exigió del Estado la organización de una especie de escuela superior de administración, en la cual todos los miembros de los organismos estatales recibían una formación adecuada, en particular en el plano cultural. La aceptación de las culturas extranjeras fue probablemente uno de los motivos del éxito de la política del rey. Se había casado en primeras nupcias con la hija del faraón (lRe 3,1; 9,16; 11,1), y se puede suponer que la cultura egipcia hizo su entrada en Jerusalén con el bagaje de la joven reina. Se puede pensar también que la lengua acádica, y puede que también el sumerio, fuesen conocidos en las altas esferas del Estado por necesidades diplomáticas y formación cultural. La actividad literaria se vio verosímilmente favorecida en los mismos ambientes. El autor llamado corrientemente J escribió probablemente bajo Salomón su historia de los orígenes [/ Pentateuco]; el relato tan profundamente humano de la sucesión de David (2Sam 13ss) parece haber sido redactado por un testigo familiar en la corte. Los proverbios de Prov 10,1-22,16 son atribuidos a Salomón; en realidad podría tratarse más bien de colecciones compiladas por los escribas y por los sabios por encargo del rey. Por lo demás, lRe 5,12-13 atribuye a Salomón "tres mil proverbios, y sus poemas llegaron a cinco mil; trató acerca de los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que brota en la pared; disertó acerca de los animales, de las aves, de los reptiles y de los peces". Probablemente debemos ver en estas últimas referencias de la onomástica, especie de léxicos realizados también por indicación del rey. El patrocinio de Salomón había de proseguir mucho tiempo después de él si se le atribuyó el Cant, si Qo se revistió de su autoridad, si los Sal 72 y 127 (en relación con lRe 3,14-15) llevan su nombre y todavía Sab lo sacó a escena. Salomón se convirtió, pues, en una figura ideal (cf también Mt 6,29; Le 12,27; Mt 12,42). Por otra parte, se puede preguntar si ya lRe 3-11 y 2Crón 1-9 no se resintieron de esta tendencia a la idealización. De todos modos, la Biblia atribuye a la corte real una función determinante en el desarrollo de la corriente sapiencial en Israel. Esta función se renovará bajo el reinado de Ezequías (Prov 25,1).

2. ESCRIBAS Y ESCUELAS. LOS escribas del rey, recordados en Prov 25,1 o que I Re 5,13 (citado aquí arriba) deja suponer, no se han de identificar pura y simplemente con sus consejeros políticos. Al leer los proverbios de las colecciones salomónicas se intuye que ciertos escribas tenían otra función de importancia capital para el futuro del Estado: la de preparar a la juventud masculina mejor dotada para hacerse cargo el día de mañana de la responsabilidad en la administración, la diplomacia y el gobierno. Había que enseñar a estos jóvenes lo que hace al hombre equilibrado y cabal, y ante todo el comportamiento correcto en la corte (Prov 16,10-15; 25,2-7). Que esta formación se daba sólo a jóvenes puede deducirse del hecho de que encontramos en los proverbios (como en Prov 27,11) el vocativo "hijo mío".

3. ORIGEN POPULAR DE LA SABIDURÍA. La mayor parte de los proverbios antiguos no tiene nada que ver con la vida de la corte. Un gran número de proverbios reunidos en las colecciones salomónicas proviene seguramente del campo o de las aldeas, y su contenido lo testimonia; por ejemplo: "Donde no hay bueyes el granero está vacío, cosecha abundante con toros robustos" (Prov 14,4). En este origen de la sabiduría no difiere Israel de los demás pueblos. Los testimonios antiguos, anteriores a Salomón [/ supra, II], confirman este dato. En Israel, como en todas partes, la sabiduría proverbial es de origen popular y se transmite en familia, como ocurrirá todavía mucho más tarde con Tobías (Tob 4,3-21). Salomón y sus escribas no hicieron otra cosa que recoger esta sabiduría popular antigua, organizarla y consignarla por escrito; se propusieron además modificar acá y allá la formulación original para hacerla entrar mejor en los cuadros previstos para la colección. La sabiduría proverbial no es sólo obra de artesanos hábiles en su oficio (el Ex 31,31; 2Crón 2,12); es más que eso. Pues un proverbio es una expresión armoniosa —que da gusto escuchar y decir, concisa en sumo grado y que requiere reflexión para comprenderla bien— de una verdad comprensible por todos y que sintetiza una larga experiencia de observación de los hombres y de las cosas. Un proverbio es fruto de una larga maduración, siendo su base la observación. La repetición de un mismo fenómeno fue observada por espíritus pacientes y perspicaces, que permanecieron casi siempre anónimos, quizá por haber salido del pueblo, y ello les permitió descubrir el principio general que rige esta multiplicidad. Además, esta gente observadora consiguió condensar su descubrimiento en una fórmula breve y concisa, transmitida primero oralmente, como ocurre todavía hoy en el Africa negra. Sólo en este momento intervino la acción de los escribas de corte o de los círculos intelectuales. Y esta consignación por escrito desde la más remota antigüedad es característica de las culturas del Oriente medio antiguo, como lo hemos dicho ya [/ supra, III]. En Israel esta redacción de los proverbios en colecciones organizadas, como se hacía también en Mesopotamia y en Egipto, tuvo un porvenir aún mejor, ya que estas colecciones fueron aceptadas como tales y transmitidas fielmente a lo largo de los siglos hasta hoy. Así se conservaba la tradición, que al final adquirió un carácter religioso por entrar Prov a formar parte de la Biblia y ser palabra de Dios.

VI. EL FIN DE LA SABIDURÍA. El fin primero de la sabiduría es comprender, es el saber. El mundo en el que vivían los antiguos lo ignoraba mucho más que nosotros, que nos beneficiamos de siglos de observación y análisis que llegan hasta las ciencias contemporáneas en todos los campos. El primer fin de los sabios era obviamente el de conocer este mundo en toda su complejidad: el mundo físico, el mundo de los animales, y sobre todo el del hombre con su comportamiento, sus tendencias y su capacidad. Estaban convencidos, como nosotros, de que el hombre, ante la multiplicidad de los fenómenos y su variedad, es capaz de poner el dedo en lo que es permanente, en lo que se verifica siempre; en definitiva, en una ley que gobierna lo real hasta en los detalles. Por tanto, estaban implícitamente convencidos, como nosotros, de que lo real está gobernado por leyes precisas y estables. Pretendían conocer el sentido de lo real, en lo cual admitían la existencia de un orden. Ese esfuerzo no carecía ciertamente de vacilaciones, de fracasos, de contradicciones; pero poco a poco las cosas se iban aclarando.

Aparentemente, la obra de los sabios era esencialmente profana. Pero el hombre antiguo no pensaba, como nosotros, que hubiese que distinguir o incluso separar netamente el mundo profano del religioso; para ellos lo real constituía un todo único; lo profano se mezclaba con lo religioso, y viceversa. Por eso en su indagación se interesaban también por el comportamiento moral del hombre y por los valores religiosos admitidos en su sociedad. Pero lo hacían como sabios, como observadores atentos e imparciales de esta parte de lo real, más que como defensores de tradiciones éticas y teológicas, cuya responsabilidad incumbía a los sacerdotes y a los profetas, con el rey.

Sin embargo, el descubrimiento y la formulación de las leyes que rigen lo real no era para ellos un fin en sí. Los sabios buscaban lo que podía ayudar al ser humano a orientarse en este mundo, a vivir y a obrar mejor. El objetivo de su sabiduría era el "saber vivir", el "saber hacer". Un mejor conocimiento de lo real podía ciertamente ayudar a triunfar en la vida, a equilibrarla y a darle armonía y felicidad. Y buscar esto no era ni hedonismo ni egoísmo, porque los sabios habían comprendido que la felicidad del hombre pasaba a través de la acción virtuosa y la renuncia a sí mismo. También el obrar moral y religioso tenía leyes y consecuencias.

Transmitida oralmente o por escrito, pero sobre todo de este último modo, la sabiduría antigua gobernaba la actividad de la sociedad y regulaba los comportamientos y las controversias que surgían entre las personas y los grupos. En el Africa negra los proverbios tienen todavía esta función, mientras que en el mundo occidental se reducen habitualmente a simples ornatos estilísticos que engalanan el discurso o el escrito. Justamente porque tenía esta función reguladora de la sociedad, la sabiduría antigua había que transmitirla a la juventud, en cuya formación ocupaba una parte importante. A través de ella los jóvenes aprendían los principios del comportamiento y cuanto podía dar plenitud y equilibrio a su vida. Y todo esto era sumamente importante para aquella parte de la juventud que debía prepararse a asumir en la sociedad los puestos de responsabilidad. La de los sabios era, pues, una obra de formación y de educación, lo cual llevó muy pronto consigo el nacimiento de una escuela o academia bajo la dirección de un maestro de sabiduría.

VII. LA ACTITUD DE LOS SABIOS. 1. EL CONSEJO. El sabio no es jefe, ni sacerdote, ni profeta. No manda ni en nombre del Estado ni en nombre de Dios. Propone lo que le parece que ha descubierto, expone lo que sabe, indica el camino que según él conduce a la plenitud de la vida y desaconseja lo que, basado en su propia experiencia, lleva al fracaso. Su discurso describe, indica, aconseja, sugiere, pero no manda.

2. Los LÍMITES DE LA SABIDURÍA. Por otra parte, el sabio percibe los límites de su saber y de su experiencia, ya que sabe que no es dueño de la realidad y de los corazones a los cuales se dirige. Además, quiere también recordar los límites de todo saber humano, porque forman parte de su conocimiento. No hay nada peor que un hombre convencido de que lo sabe todo: "¿Ves a un hombre que se tiene por sabio? Más se puede esperar de un necio que de él" (Prov 26,12). Muchas cosas se nos escapan, pero están en manos del que lo gobierna todo: el hombre propone y Dios dispone, dice nuestro proverbio: "Propio es del hombre hacer planes, pero la última palabra es de Dios" (Prov 16,1). He aquí otros dos ejemplos más concretos: "Casa y hacienda son la herencia de los padres, pero una mujer inteligente es un don de Dios" (Prov 19,14); "Se apareja el caballo para el día del combate, pero del Señor depende la victoria" (Prov 21,31). El hombre ni siquiera está seguro de que su obrar sea justo: "A los ojos del hombre todos sus caminos son puros, pero el Señor juzga sus intenciones" (Prov 16,2; 21,2). Pues el sabio sabe que, en definitiva, estamos en las manos de Dios: "El Señor dirige los pasos del hombre; ¿cómo puede comprender el hombre su camino?" (Prov 20,24). Nuestra sabiduría, en definitiva, está en negarse a sí misma: "Ni sabiduría, ni inteligencia, ni consejo existen ante el Señor" (Prov 21,20).

3. LA SABIDURÍA DE DIOS. De aquí a afirmar la sabiduría misma de Dios había sólo un paso. Sin embargo, al contrario que en Mesopotamia o en Egipto, Israel vaciló mucho tiempo antes de atribuir a Yhwh la sabiduría. La razón hay que buscarla probablemente en el hecho de que la sabiduría aparecía como una cualidad profundamente humana. Sin embargo, la mujer de Técoa, que fue a defender ante David la causa de Absalón, reconoció que el rey tenía la sabiduría del ángel de Dios (2Sam 14,20). De Dios recibió Salomón la sabiduría (1 Re 3,12), como antaño los artífices del éxodo (Ex 31,3) toda su habilidad; y la misma sabiduría de Salomón es vista como una sabiduría divina (l Re 3,28; 10,24). Mas probablemente los textos que exaltan al heredero de David son menos antiguos que una frase de Isaías a propósito de Yhwh, cuando el profeta criticaba a los consejeros reales: "También él (el Señor) es sabio en atraer desdichas, y no retira su palabra" (Is 31,2). Ya antes del destierro se afirmaba que el rey mesías sería revestido del espíritu de Yhwh, "espíritu de sabiduría y de inteligencia..." (Is 11,2). Pero probablemente sólo después de la destrucción de Jerusalén (586), durante y después del destierro (586-539), algunos textos raros afirmarán explícitamente la sabiduría de Dios: "El con su poder hizo la tierra, con su sabiduría el orbe estableció, con su inteligencia desplegó los cielos" (Jer 10,12; 51,15; cf Prov 3,19); "¡Qué numerosas son, Señor, tus obras; todas las has hecho con sabiduría" (Sal 104,24); y sobre todo: "Pero en él residen la sabiduría y el poder; suyos son la inteligencia y el consejo" (Job 12,13). Esta corriente irá desarrollándose poco a poco, como veremos algo más adelante [/ VIII-IX].

4. EL PROBLEMA DE LA / RETRIBUCIÓN. En definitiva, los sabios afrontarán en relación con Dios los grandes enigmas de la existencia humana. Sin lugar a dudas, algunos proverbios antiguos presentan alusiones a una vida religiosa y moral en relación con Yhwh: "El que obra con rectitud teme al Señor, el que sigue caminos torcidos le desprecia" (Prov 14,2); "El que oprime al pobre ultraja a su Creador, pero le honra el que tiene piedad del indigente" (Prov 14,31); "Muchos buscan el favor del príncipe, pero el derecho de cada uno viene del Señor" (Prov 29,26). La introducción al libro de los Proverbios (Prov 1-9), que se remonta probablemente a la vuelta del destierro, se hace más religiosa, y encontramos allí puesto de manifiesto el principio bien conocido: "El principio de la sabiduría es el temor de Dios" (Prov 9,10; cf Prov 1,7; Sal 111,10; Si 1,14). Pero esta introducción, como por lo demás los proverbios antiguos, no pone en duda la idea de que Dios favorece al hombre justo: "El Señor no deja al justo sufrir hambre, pero rechaza la codicia del malvado" (Prov 10,3), y: "La maldición del Señor está en la casa del malvado, pero bendice la morada del justo" (Prov 3,33). La evidencia•de lo que ocurre en la tierra había de hacer que t Job y t Qo se alzaran contra esta doctrina clásica. Fue la gran crisis de la sabiduría bíblica: no es cierto, dicen Job y Qo, que acá abajo la felicidad recompense la virtud y que el vicio produzca desventuras durante esta vida. Este problema de la retribución individual no encuentra solución ni siquiera en Si, para el cual todo termina con la muerte. Sin embargo, escribe: "Al que teme al Señor le irá bien al fin, y en el día último será bendecido" (Si 1,11). Mas no podemos deducir de este texto, conocido sólo en su versión griega, que Ben Sirá esperase una retribución después de la muerte. En los libros sapienciales de la Biblia esta solución aparece sólo en Sab: "Las almas de los justos están en las manos de Dios y ningún tormento los alcanzará" (Sab 3,1; cf también 3,13.15; 5,15), su sufrimiento durante esta vida es una prueba (Sab 3,5-6), su esterilidad aceptada virtuosamente tendrá su fruto en el más allá (Sab 3,13-15). Sólo esta fe en una retribución después de la muerte devuelve la serenidad a la sabiduría bíblica.

5. UNA REFLEXIÓN SOBRE LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN. Para llegar a esta doctrina, el autor de Sab integra en su reflexión la experiencia histórica de Israel. Ya la reflexión de Prov 1-9 se hacía eco de la enseñanza de Dt y Jer. Qohélet se identificaba con Salomón, juzgando su obra al fin de una vida fastuosa. Más explícitamente, Si 16,24-17,14, y sobre todo Si 44-49, releían toda la historia de la salvación al modo de un sabio. Sab 7-9 proponía a los jóvenes el ejemplo de Salomón; Sab 10-19 releía los acontecimientos centrales de Israel comenzando por los héroes de Gén y deteniéndose ampliamente en los acontecimientos del éxodo. En todos los casos, el patrimonio espiritual de Israel era fuente de enseñanza para el sabio. Para Sab en particular, el éxodo atestiguaba cómo Dios protege al justo contra los impíos sirviéndose de las fuerzas del cosmos. Lo que Dios hizo en otro tiempo, volverá a hacerlo en el futuro. Releyendo de este modo la historia santa, los sabios inauguraban modestamente la que podríamos llamar ya una filosofía de la historia [/ Sabiduría (libro de la) II, 3].

VIII. LA PERSONIFICACIÓN DE LA SABIDURÍA EN EL AT. 1. LOS TEXTOS. Algunos textos sapienciales del AT destacan de modo especial porque no hablan simplemente de la sabiduría humana, y ni siquiera de la sabiduría de Dios —en el sentido de que Dios sería un sabio—, sino porque dan a la sabiduría una configuración, una personificación cuyo significado es controvertido. Estos textos tienen tal importancia teológica que reclaman nuestra atención.

a) Job 28. Considerada por muchos exegetas una adición del siglo IV o III, esta página se inserta entre el diálogo de los tres amigos con Job (Job 4-27) y la apología final de este último (Job 29-31). Poema sapiencial de inspiración evidente, Job 28 plantea la cuestión radical: "Mas la sabiduría, ¿de dónde viene?" (Job 28,12.20). Los esfuerzos del hombre para excavar la tierra y la roca en busca de los metales no permiten descubrir el camino. Y tampoco la riqueza puede servir de moneda de cambio para adquirirla. Es que la sabiduría "está oculta a los ojos de todos los vivientes" (Job 28,21). "Sólo Dios conoce su camino" (Job 28,23) cuando organizó el universo; entonces la vio, la escrutó (Job 28,27). Un último versículo, probablemente más tardío aún, añade: "... Y dijo al hombre: 'Temer al Señor es la sabiduría'" (Job 28,28). Así pues, la actividad industrial o comercial no conduce de suyo a la sabiduría. De todo esto no habían dicho nada las conversaciones entre Job y sus amigos; sin embargo, todos sus esfuerzos iban encaminados a explicar el porqué de la diferencia de Job. Su búsqueda de sabiduría humana se asemejaba en cierto modo al esfuerzo industrial y comercial, Pero sin éxito, ya que el misterio permanecía intacto: el del sufrimiento del hombre y el de la justicia de Dios.

En su forma original, el poema intentaba recordar lo mismo al lector que a los participantes en los diálogos precedentes que el hombre es incapaz de resolver por sí solo el problema planteado. La solución no está a su alcance; es de dominio exclusivo de Dios. Mas aquí es donde la sabiduría adquiere relieve, porque aparece distinta de Dios y distinta del mundo, y Dios ha puesto orden en el mundo en función de ella. ¿Debemos entonces pensar que la sabiduría se entendió como una abstracción del orden cósmico, como el plan concebido por Dios y puesto por obra por él en la organización del universo? Es muy posible. Más tarde, sin embargo, el último versículo orientó hacia una actitud complementaria por parte del hombre: a este último no le queda más que venerar a Dios, sin conocer otra sabiduría, sin comprender nada más allá de esto. El misterio de Dios y de la sabiduría permanecía intacto; pero el hombre se somete a través de una sabiduría más humilde.

b) Prov 8-9. Prov 1-9 introduce, probablemente después del destierro, las colecciones de proverbios antiguos. Por tres veces entra en escena la sabiduría. Como Prov 1,20-33, pero de modo positivo, Prov 8 hace hablar a la sabiduría a las puertas de la ciudad, allí donde la gente se reúne para los negocios o simplemente para encontrarse (Prov 8,1-3). Su discurso está orientado a justificar la escucha que pide de todos. En primer lugar, lo que tiene que decir les dará la clave del discernimiento y del "saber hacer", porque ella es portadora de la verdad y de la justicia; exalta, pues, las cualidades de su mensaje, pero sin explicitarlo (Prov 8,4-11). Por otra parte, la sabiduría es la que asegura la armonía de las relaciones humanas, concediendo a los responsables que gobiernen sabiamente (Prov 8,12-21). También cuando Yhwh organiza el cosmos estaba ella a su lado como hija primogénita, engendrada antes que todas las demás obras (Prov 8,22-31). Por eso la sabiduría renueva la invitación a prestarle oído para poder conocer la bienaventuranza y la vida (Prov 8,32-36). Como la diosa egipcia Ma'at [/ supra, III, 4], la sabiduría asegura el orden en la sociedad; sin ella tampoco habría orden en el cosmos; ella es verdad y justicia. Pero, a diferencia de Ma'at, la sabiduría no es diosa; viene de Yhwh, su felicidad es estar en presencia de él, encuentra sus delicias en estar con los hombres. Simboliza el orden social, el orden cósmico y el equilibrio personal de cada uno. Sin embargo, Prov 8 no hace más que explicar las razones fundamentales por las cuales la sabiduría pide que se la escuche. En realidad, Prov 8 forma parte de la introducción a Prov 10-31; allí, en esas colecciones de proverbios, se encuentra el contenido de su mensaje. Por eso Prov 8 da a entender que los proverbios reunidos en las colecciones provienen de ella y que acogerlos es acogerla a ella misma; es el primer intento que hace la Biblia para explicar por qué Prov 10-31 son, como decíamos, inspirados.

Prov 9,1-6 vuelve, con la imagen del banquete, sobre el mismo mensaje. Después de construir su palacio, la sabiduría como un rey que inaugura su reino, invita a todos, y en especial a los necesitados, a participar en la fiesta preparada en su palacio de siete columnas. También este final de la introducción a las siete colecciones de proverbios antiguos quiere decir que es la misma sabiduría la que en cierto modo ha construido la colección de Prov. Todos son invitados a tomar este alimento, esta sabiduría tradicional; a hacerla propia, para encontrar en ella la vida y la comprensión de lo real.

c) Si. Ya en la primera página de su obra Ben Sirá, hacia el 200 a.C., presenta a la sabiduría: "Toda la sabiduría viene del Señor y con él está eternamente" (Si 1,1). La sabiduría humana viene de Dios, cuya existencia comparte la sabiduría. Esta sabiduría de Dios es su criatura (Si 1,4); él, "el único sabio" (Si 1,6-8; cf Rom 16,27), "la derramó sobre todas sus obras, sobre toda carne" (Si 1,7-8.9-10, que completa a Job 28,27 a través de Joel 3,1). La sabiduría no está al alcance de los esfuerzos humanos (Si 1,5-6); es don de Dios, que "proveyó de ella a todos los que le aman" (Si 1,8-10). En 4,11-19, Ben Sirá subraya la función educadora de la sabiduría; ésta, según el texto hebreo, pronuncia incluso un discurso: hará pasar al discípulo a través de la prueba; pero, así dice, "quien la escucha vivirá dentro de mi pabellón" (Si 4,15). Si 6,24-31 recoge el tema de la educación: el discípulo ha de someterse al yugo de la sabiduría; o, mejor, debe perseguirla como se persigue la caza: "Una vez agarrada, no la dejes escapar. Porque al fin hallarás en ella tu descanso y se cambiará para ti en alegría" (Si 6,27-28). Ben Sirá habla, pues, de relaciones de amor entre la sabiduría y el discípulo. Pero Si 15,1 da la clave de lectura que desarrollará Si 24: "El que abraza la tórah alcanza la sabiduría". En realidad Si 24, que falta en el texto hebreo, propone un gran discurso de la sabiduría, pronunciado probablemente durante una asamblea litúrgica. La sabiduría recuerda que, habiendo salido de la boca de Dios como palabra suya creadora y que reina sobre todo el universo, ha buscado dónde establecerse. El Señor le ha dicho que se establezca en Jacob. A partir del templo de Sión, se ha ido desarrollando progresivamente, como un árbol de vida, hasta cubrir toda la tierra santa; ha echado ramas, ha dado flores y perfume y, finalmente, invita a todos los que la escuchan a gustar sus frutos. Ben Sirá da inmediatamente la clave de este discurso: "Todo esto... es la ley" (Si 24,23), es decir, la revelación, más que los códigos de leyes o el mismo Pentateuco. Esta revelación de Dios ha sido hecha a Israel, se ha desarrollado dentro de él, y todo hijo de Israel ha de nutrirse de ella, según la invitación de Dt 8,3 de alimentarse de la t palabra de Dios. En este caso, más que en Prov 9,1-6, es todo el patrimonio religioso y espiritual que Israel ha recibido de Dios el que es visto como sabiduría venida de Dios (cf Dt 4,6; Esd 7,14.25).

d) Bar 3,9-4,4. Una exhortación dirigida a la diáspora judía, poco posterior a Ben Sirá, recoge a la vez los temas de Job 28 y de Si 24: el camino de la sabiduría es desconocido para el hombre; sólo Dios puede revelarlo. La exhortación (3,9-14; 4,2-4) encuadra una pregunta y su respuesta. La pregunta recoge la de Job 28: "¿Quién ha descubierto su lugar (de la sabiduría)?" (Bar 3,15). La respuesta es al principio negativa (Bar 3,16-31): ni los poderosos ni los artistas, ni sus descendientes, ni los sabios del Oriente medio pagano, ni tampoco los gigantes antediluvianos conocieron el camino que conduce a la sabiduría. Luego viene la respuesta positiva: sólo Dios, Señor supremo del cosmos, la ha conocido y se la ha indicado también a Israel (Bar 3,31-38). El autor cierra su respuesta, como Si 24,23, dando la clave: la sabiduría es la tórah, revelada a Israel.

e) Sab 6-9. Releyendo 1 Re 3,4-15, el relato de la oración de Salomón en Gabaón, el autor, en los umbrales de la era cristiana, encuadra su reflexión sobre la sabiduría (Sab 7,22-8,1) con una evocación de la figura de Salomón idealizada hasta el punto de poderse identificar con todo joven lector en busca de la sabiduría: no se la puede obtener de Dios más que con la oración (Sab 7,7; 8,21; 9). Esto implica que se la prefiera a todos los bienes (Sab 7,8-10) y se la ame como un hombre ama a su mujer (Sab 8,2-18), y ella colmará al sabio de todos los bienes de los cuales es madre (Sab 7,11-12.21; 8,5-6). El autor aclara tres aspectos de la sabiduría: su naturaleza es de tal pureza que penetra todas las cosas hasta lo más hondo con vistas al bien (Sab 7,22-24); su origen está en Dios, del que es exaltación, efluvio, irradiación, espejo e imagen, lo cual indica hasta qué punto la sabiduría depende de Dios, del cual es inseparable (Sab 7,25-26); su actividad es tanto de orden cósmico como de orden moral y espiritual: ella gobierna el universo de manera benévola, animándolo con su presencia, y forma a los santos (Sab 7,27-8,1). Un mensaje así va más allá de los textos precedentes, completando su sentido. La sabiduría no es ya inaccesible, puesto que la oración permite obtenerla; no es ya sólo la tórah, la revelación histórica, sino que es vista como una presencia interior en el corazón del que la acoge; no es una simple imagen del orden del mundo, puesto que el autor, refiriéndose a una doctrina de los estoicos, ve en ella la presencia misma de Dios en el mundo.

2. INTERPRETACIÓN. En estos textos, sobre todo Prov 8-9; Si 24; Sab 7-8, la sabiduría aparece personificada. ¿Cómo entender esta personificación? El problema fundamental es el de la relación de Dios con el mundo y con los hombres. ¿Puede la fe de Israel concebir seres intermediarios? Hablando del Lógos, lo pensaba Filón. ¿Podemos también nosotros hacer de la sabiduría un intermediario o incluso una persona? Actualmente son cada vez más raros los autores que propenden a esta solución. Tampoco convence la solución que hace de la sabiduría una hipóstasis, porque de un modo u otro una hipóstasis exige respecto a Dios una autonomía que nuestros textos no conceden a la sabiduría. Otros han preferido hablar de personificación poética de un atributo o de una virtud de Dios. Pero nuestros textos dicen más, porque la sabiduría es engendrada por Dios (Prov 8,22), es criatura suya (Si 24,8-9); se distingue de él, pero no puede existir sin él ni separada de él (Sab 7,25-26). El problema de fondo es saber cómo expresar trascendencia e inmanencia divina. La sabiduría expresa, sobre todo en Sab 7-9, esta inmanencia o presencia de Dios en el mundo y en las almas de los justos, y, en este último caso, no estamos lejos del concepto cristiano de gracia. Pero esta presencia divina le da también al mundo su coherencia (Sab 1,7), su sentido, su significado. A esta idea podemos reducir el concepto de orden del mundo, utilizado a propósito de Prov 8,22-31, a menos de ver ahí el proyecto creador y también salvador de Dios, proyecto considerado anterior a su realización. Dios se hace presente en la historia, y particularmente en la historia de Israel; y esta presencia la llamamos nosotros revelación, según el designio original de Dios. Así hay que entender, en el sentido más pleno, el término tórah usado por Si 24,23 y Bar 4,1.

IX. JESÚS Y LA SABIDURÍA EN EL NT. 1. EN LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS. Hemos visto [/ supra, IV, 2b], que, en su enseñanza, Jesús se expresaba a menudo como los sabios. Pero algunos textos del NT, comenzando por los evangelios sinópticos, van más allá, atribuyendo a Jesús lo que el AT atribuye a la sabiduría. Leemos en Mt 11,28-30: "Venid a mí todos los que estáis cansados y oprimidos, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy afable y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera". Jesús habla como el sabio de Si 51,23-26: "Acercaos a mí los que carecéis de instrucción y frecuentad mi escuela... Inclinad vuestro cuello a su yugo (de la sabiduría)"; pero en Si 6,24-25.28 la misma imagen del yugo se aplica más explícitamente a la enseñanza de la misma sabiduría: "Mete tus pies en sus cadenas y tu cuello en su argolla. Arrima tu hombro y llévala, no te molesten sus ataduras... Al fin hallarás en ella tu descanso y se cambiará para ti en alegría". En Mt 12,42 (y Lc 11,31) leemos: "La reina del sur se levantará en el día del juicio con esta generación y la condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y hay aquí algo que es más que Salomón". Ahora bien, Salomón expresaba una sabiduría recibida de Dios; luego podemos pensar que en Jesús se expresa una sabiduría más grande, la sabiduría misma de Dios. Previendo la persecución de los suyos, dice Jesús: "Yo os envío profetas, sabios y escribas...", mientras que Lc 11,49 escribe: "Dijo también la sabiduría de Dios: Les enviaré ..." Para Mt, Jesús tiene autoridad sobre los sabios, mientras que en Lc la sabiduría de Dios parece ser Jesús mismo, el cual, en conclusión, hace suyas las palabras de la sabiduría de Dios: "Sí, os lo repito..." (Lc 11,51). En Mt 11,19 leemos finalmente: "La sabiduría ha sido justificada con sus obras"; ahora bien, estas obras de la sabiduría son probablemente las "obras de Cristo" (Mt 11,2). Estos textos, que dependen probablemente de la misma fuente común a Mt y Lc (la fuente Q), son muy discutidos. No afirman de modo explícito que Jesús sea la sabiduría; solamente lo sugieren.

2. EN SAN PABLO. Hay que tomar en consideración sobre todo dos textos, que nuevamente asimilan a Jesús con la sabiduría del AT.

a) ICor 1-3. Ante las divisiones de una comunidad ávida de bellos discursos, Pablo proclama a Cristo crucificado, escándalo para unos y locura para otros, pero poder de Dios y sabiduría de Dios (ICor 1,23-24), pues Dios ha escogido lo que es locura en el mundo para confundir a los sabios (ICor 1,27). La sabiduría de Dios es ir al contrario de las pretensiones humanas; al salvarnos por medio de un mesías crucificado, Dios ha puesto de manifiesto la profundidad de su sabiduría. Pablo, pues, no identifica a Jesús con la sabiduría, pero ve en el misterio de la cruz la manifestación de la sabiduría de Dios; para los discípulos de Jesús, el crucificado se convierte en auténtica sabiduría de Dios; la cruz forma parte integrante de la sabiduría salvífica de Dios (ICor 1,30; 2,7).

b) Col 1,15-20. La primera parte de este himno (1,15-18a) recurre para hablar de Jesucristo —el Hijo predilecto del Padre, que nos salva (Col 1,13)— a algunas expresiones que en el AT se atribuyen a la sabiduría: "El es la imagen del Dios invisible" (cf Sab 7,26; Heb 1,3); "primogénito" (cf Prov 8,22); "en él han sido creados todos los seres" (cf Prov 3,19; 8,30-31 [TM]; Sal 104,24; Jer 10,12; Sab 7,21; 8,4-5; 9,2); "él existe antes que todos" (cf Prov 8,22-25; Si 1,4; 24,9; Sab 9,9); "todos tienen en él consistencia" (cf Sab 1,7).

3. EN SAN JUAN. Jn 1 propone una doctrina similar: "El estaba en el principio con Dios. Todo fue hecho por él y sin él nada se hizo de cuanto ha sido hecho. En él estaba la vida" (Jn 1,2-4). También los textos del AT (cf Prov 8,22ss; Si 24,3.9; Sab 9,1-2) hablaban de la preexistencia de la sabiduría; pero, nuevamente, no se da explícita identificación entre Jesús y la sabiduría. Lo mismo el discurso sobre el pan de vida (Jn 6,26-58) se puede comprender correctamente sólo a la luz de los textos que comparan el discurso de la sabiduría con un banquete preparado (Prov 9,1-6; Si 24,19-21); esto vale sobre todo para Jn 6,35-50: el mensaje de Jesús viene de lo alto y alimenta como la sabiduría, como la palabra de Dios (Dt 8,3; Sab 16,26), y ello vale lo mismo para Jn 4,13-14 (cf Si 24,21); 7,37-38.

4. INTERPRETACIÓN. ¿Por qué esta discreción en el NT, que no identifica nunca de modo explícito a Jesús con la sabiduría, a pesar de atribuirle mucho de lo que los textos del AT atribuían a la misma? La razón es probablemente ésta: Jesús supera infinitamente a la sabiduría como podían conocerla los sabios del AT; la revelación del NT está al mismo tiempo en continuidad y en ruptura con la del AT; si el NT hubiese identificado simplemente a Jesús con la sabiduría, hubiera podido encubrir la ruptura.

Sólo en una época sucesiva al NT será Jesús proclamado explícitamente sabiduría de Dios. Este título cristológico ha permanecido a lo largo de todo el curso de la historia cristiana. Citamos algunos de los testimonios más significativos: en el siglo III Orígenes, en su tratado Sobre los principios (I, 2: PG 11,130-145), desarrolla su discurso sobre Cristo fundándose principalmente en Sab 7,25-26. El beato Enrique Susón (1295-1366) compuso hacia el 1335 su Libro de la Sabiduría eterna, en el cual medita principalmente sobre la cruz de Cristo. Hacia el 1700, Luis María Grignion de Montfort escribió un breve tratado sobre La sabiduría eterna, en el cual, basándose en casi todos los textos escriturísticos que hemos recordado, "explica simplemente lo que es la Sabiduría, antes de su encarnación, durante la encarnación y después de la encarnación, y los medios para obtenerla y conservarla" (n. 7). La liturgia romana, ya desde la alta Edad Media, relee Prov 8,22ss y Si 24,3-12 para las fiestas de la virgen María; pero es para ver en la madre de Dios, inseparable de su hijo, no la sabiduría, sino el lugar en el cual se estableció la Sabiduría en el momento de su encarnación.

Por otra parte, continuando el movimiento ya iniciado explícitamente por Si 24,23 y Bar 4,1, el judaísmo reconoce en la tórah la sabiduría de Dios. El cristiano, por su parte, proclama en la fe que Dios se ha revelado plenamente en Jesús, presencia de Dios entre los hombres, y por eso Jesús es llamado sabiduría de Dios [/ Jesucristo III, ld].

 

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M. Gilbert