Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia LUZ/TINIEBLAS


LUZ/TINIEBLAS
DicTB
 

SUMARIO: I. El tema bíblico de la luz y de las tinieblas. II. Luz y tinieblas en los textos de la creación. III. En las tradiciones del éxodo. IV. En las tradiciones proféticas. V. En las tradiciones sapienciales. VI. Luz y tinieblas en el Nuevo Testamento: 1. El evangelio de Juan y la IJn; 2. El epistolario paulino.
 

I. EL TEMA BÍBLICO DE LA LUZ Y DE LAS TINIEBLAS. El tema de la luz, fundamental en el estudio de las religiones y sumamente interesante en el terreno de la investigación para la simbología religiosa, recorre toda la revelación bíblica. Efectivamente, la Biblia se abre con la luz de la creación (Gén 1-2) y se cierra con el esplendor de la luz de una nueva creación y de una nueva Jerusalén (Ap 21; 2Pe 3,13). Entre estos dos polos es posible encuadrar los diversos textos y los diversos significados que el tema de la luz expresa y dilata a través de su propio campo semántico: la vida, la felicidad, la salvación, la paz, la bendición, la presencia divina, el día del Señor.

Al lado del tema de la luz, siempre positivo, la Biblia desarrolla también el tema de las tinieblas, siempre negativo. Por eso este último hay que comprenderlo en su aspecto total de término y de concepto que se refiere a todo lo que se opone a la realidad y al simbolismo propios de la luz. La antítesis luz/tinieblas se desarrolló de forma especial en los textos proféticos del Tercer Isaías (cc. 56-66), en el evangelio de Juan y en algunos pasajes del epistolario paulino, sin olvidar que también la literatura de Qumrán y el gnosticismo (en sus di-versas ramificaciones y con una mar-cada tendencia al dualismo) conocen su uso y su simbología [1 Símbolo].

II. LUZ Y TINIEBLAS EN LOS TEXTOS DE LA CREACIÓN. El relato sacerdotal (P) de la creación (Gén 1,1-2,4a) atribuye a la luz la primera bienaventuranza del Dios que crea: "Vio Dios que la luz era buena" (1,4). Por eso mismo se convierte en la realidad que guía toda la obra creadora de Dios: el cielo, el mar, la tierra, las plantas, los astros,, los peces, las aves, los animales, el hombre "nacen a la luz". Por esta función suya, en la mentalidad del hombre bíblico la luz está estrecha-mente asociada a la / vida (Bar 3,20; Sal 49,20; Job 3,16.20) y da pie a un vocabulario sobre el hombre: se viene a la luz, se busca la luz, se camina en la luz, se huye de las tinieblas, se es hijo de la luz o del día, se realizan las obras de la luz... El mismo destino del hombre se define a través del simbolismo de la luz y de las tinieblas, como imágenes de la vida y de la / muerte. Su existencia asume real-mente la forma de un conflicto en el que se enfrentan la luz y las tinieblas y donde sus opciones fundamentales se describen a través de las vivas imágenes de las tinieblas (/ pecado y muerte) y de la luz (salvación y vida). Es ésta la primera etapa de la reflexión religiosa del hombre: la luz expresa un significado que supera su realidad inmediata, abriéndose a elementos y a realidades más profundas para la vida del hombre y para su dimensión religiosa.

A esta primera etapa pueden reducirse los relatos patriarcales (Gén 12-50), en los que la luz se presenta en sus connotaciones de "visión" (15,1; 16,13; 18,1ss; 28,10-22; 32,31; 46,2), "sueño" (20,3; 26,24; 31,24); "arco iris" (9,14; cf Ez 1,28), "cielo estrellado" (11,5; 28,12-13); "fuego que quema y consuma" (15,17; Ex 24,17), etcétera. Todos estos elementos han de leerse y comprenderse dentro del marco de las teofanías, esto es, de las revelaciones o manifestaciones que Dios hace de sí mismo y que la Biblia se complace en describir a través del simbolismo de la luz.

A diferencia de las antiguas religiones, en los relatos bíblicos de la creación la luz y las tinieblas se presentan no ya como fuerzas o principios divinos que se oponen al único Dios en el que cree Israel, sino como criaturas suyas. Su alternancia no es arbitraria, sino que está sometida a la voluntad de Dios (Gén 1,3.18; Bar 3,33-35) y se convierte por eso para el hombre en un símbolo de todo lo que hay de positivo o de negativo en su mundo. La luz es símbolo de la salvación, que la Biblia expresa a través de las imágenes de la victoria (Ex 14,24; 2Re 19,35; Is 17,14; Sal 46,6), del triunfo del derecho y de la justicia (Sof 3,5; Sal 37,6; Os 6,5; Is 59,9), de la curación (Sal 56,14; Is 58,8; cf en el NT los milagros de curación de los ciegos realizados por Jesús) y de la iluminación que irradia del rostro de Dios (Núm 6,25; Sal 4,7; 36,10; 89,16). Las tinieblas expresan todo aquello que no es salvación: en ellas se concentra el pecado del hombre (Si 23,25-26); lo mismo que la noche, ellas son el tiempo del delito (Job 24,13ss; cf Jn 3,20; Ef 5,11); son símbolo de angustia, de miedo y del juicio final de Dios, que es el único con poder de transformar esta connotación negativa de las tinieblas en luz de salvación (Is 8,23-9,1; 10,17; 42,16; 58,8-10; Miq 7,8s; cf 2Cor 4,6).

III. EN LAS TRADICIONES DEL ÉXODO. Con la revelación a Moisés del nombre propio de Dios (= Yhwh: Ex 3,14), tenemos una segunda etapa en la ampliación semántica del término luz. En los textos que contienen el decálogo (Ex 20,2-17; Dt 5,6-22) el creyente israelita recibió como consigna no pronunciar el nombre de Dios que se le había revelado. Entonces él da paso a aquellos mecanismos interiores que posee todo hombre religioso y que consisten en expresar el nombre y la realidad de Dios a través de elementos de nuestro mundo ricos y densos de simbolismo: entre ellos está la luz. Nace entonces y se desarrolla un vocabulario bíblico sobre Dios, que las tradiciones del éxodo van construyendo con la simbología de la luz: Dios es "columna de fuego" (Éx 13,21-22; 14,24; Núm 14,14; Neh 9,12.19; Sab 18,3), es el que "se revela y habla desde el rayo y el fuego" (Ex 3,2; 13,21; 19,18; 40,38; Núm 9,15; Dt 1,33; 4,12.33; 5,22), es "el que quita la luz a los enemigos de Israel" (Ex 14,20), el que "oscurece el sol" (Ex 19,16-20), el que "lo detiene en su curso" (Jos. 10,12-13), el que "hace resplandecer su rostro y concede la gracia y la paz" (Núm 6,24-27).

A través del simbolismo y del vocabulario de la luz y de las tinieblas, las tradiciones del éxodo expresan las características de Dios, que "se pone de parte" de Israel (según el significado del nombre de Yhwh en Ex 3,14). La tradición yahvista (J) describe esta participación de Dios en las vicisitudes del pueblo bíblico a través de la columna de nube y la columna de fuego: "El Señor iba delante, de día en columna de nube para marcarles el camino, y en columna de fuego de noche para alumbrarles; así podían caminar tanto de día como de noche. La columna de nube no se apartó del pueblo de día, ni de noche la de fuego" (Ex 13,21-22). En el último acto de la lucha dramática entre Dios, que hace salir de Egipto a Israel, su primogénito (Ex 4,22), y el faraón, que se opone, la luz y las tinieblas, el agua y el viento se enfrentan en un duelo cósmico, que asiste al triunfo de Yhwh: "Para unos (los egipcios) la columna era oscura, mientras que para otros (los israelitas) alumbraba la noche" (Ex 14,20). La tradición elohísta (E) describe la presencia de Dios a través de la "nube oscura" o "la nube", mientras que la sacerdotal (P) asocia a la nube luminosa la "gloria" de Dios, "fuego devorador" (Ex 16,10; 19,16ss; 24,15b-17; cf Heb 12,19). En el vocabulario de las tradiciones del éxodo se inspirará también el gran midras sobre la historia bíblica con-tenido en Sab 10-19.

IV. EN LAS TRADICIONES PROFÉTICAS. Dentro de los libros proféticos [/ Profecía] se pueden captar diversas pistas de lectura y de comprensión del simbolismo de la luz y las tinieblas. En primer lugar, el simbolismo de la luz se aplica a la comunidad bíblica: ella es luz, mientras que los otros pueblos caminan en las tinieblas, en la oscuridad, en la sombra de muerte (Is 9,2ss; 42,6; 49,6; 50,10; 60,2). Los textos proféticos que contienen oráculos de salvación o de condenación encuentran en esta característica de la comunidad de Israel la motivación para apelar a la fidelidad a Dios o para desaprobar la infidelidad. La comunidad bíblica es luz; por eso mismo debe "caminar en la luz" y "difundir la luz" (Is 50,10; 60,3). Los profetas le anuncian a Israel infiel el juicio de Dios como una privación de la luz: "El día del Señor será tinieblas y no luz" (Am 5,18-20; Is 3,10; 59,9; Jer 13,16). En las tradiciones proféticas el simbolismo de la luz y de las tinieblas está presente de forma particular en la descripción del día del Señor (Is 24-27; Zac 9-14; Am 5,18.20; Jl 2,2-5; Abd 18; Hab 3,10-11; Sof 1,15; Mal 3,19-20). Se trata de un tema tomado en gran parte del género literario de la / apocalíptica y en el que la acción de Dios se presenta como una intervención punitiva y salvífica. En esta intervención Dios está revestido de la armadura cósmica de la luz y de las tinieblas. Él castigo se describe a través del simbolismo de las tinieblas ("El día del Señor será tinieblas y no luz": Sof 1,15; Am 5,18; "iDía de oscuridad y de tiniebla, día de nubes y de niebla espesa!" (Jl 2,2; Zac 14,7), del fuego que devora (Mal 3,19; Zac 12,6; 13,9; JI 2,3; Am 2,5; Abd 3,10-11) y de la convulsión de los astros, fuentes de luminosidad (Is 24,23; Jl 2,10; 3,30-31; 4,15; Am 8,9; Hab 3,10-11). La salvación se describe a través del simbolismo de la luz, que se expresa en las imágenes del sol que "sale" (Mal 3,20), de la victoria sobre la muerte y la oscuridad ("el Señor quitará el velo que tapaba a todos los pueblos, el sudario que cubría a todas las naciones: destruirá para siempre la muerte": Is 25,7-8; 60,1-3; 26,19) y sobre el se' ol (Os 13,14).

También la salvación escatológica se describe como un triunfo de la luz y como una transformación de las tinieblas en luz (Is 42,16; 49,9; 58,10; 60; 62; cf Ap 21,24). Is 56-66 debe leerse según estas indicaciones y en la perspectiva de aquella luz de que hablan los dos textos lucanos del Benedictus (Le 1,68-79) y del Nunc dimittis (Le 2,29-32), en los que la salvación, descrita a través del simbolismo de la luz, se concreta en la persona del mesías Jesús. Efectivamente, hacia su "luz" se encamina la larga mar-cha de Israel y de todos los pueblos (Is 9,2ss; Mt 4,13-16; Jn 8,12).

Los libros proféticos utilizan además aquel vocabulario bíblico sobre Dios que las tradiciones del éxodo habían construido y formulado en torno a la simbología de la luz y de las tinieblas para describir las teofanías y la participación activa de Dios en las vicisitudes de su pueblo: "El Señor aparecerá sobre ellos, y lanzará sus flechas como rayos. El Señor tocará la trompeta y marchará en los torbellinos del sur" (Zac 9,14); "Ante él devora un fuego, detrás de él una llama abrasa" (Ji 2,3); "El Señor camina en la tempestad y en el huracán" (Nah 1,3); "Su esplendor es semejan-te al día, rayos saltan de sus propias manos" (Hab 3,4).

V. EN LAS TRADICIONES SAPIENCIALES. Las tradiciones sapienciales [/ Sabiduría] no se limitan a un solo período de la historia bíblica, sino que la recorren por completo. De esta forma es posible percibir los temas de la luz y de las tinieblas presentes en los diversos libros de la Biblia a través de una relectura "sapiencial". En la lectura sapiencial de la creación, la luz y las tinieblas están puestas bajo el dominio de Dios creador (Job 26,10; Dan 3,72; Is 45,7; Bar 3,33-35). Gracias a su sucesión pueden medirse los días y las noches (Gén 1,3s; Sal 74,16). A su simbolismo original se le aplican diversas connotaciones: la luz es símbolo del bien, de la vida, de la felicidad (Job 30,26; cf Is 59,9; Jer 8,15); las tinieblas son el símbolo del peligro, de la enfermedad, del dolor y de la muerte (Sab 17,2; Job 3,16.20; 12,24-25; 17,12; 18,8; Prov 20,4; Sal 18,28; 23,4; 58,9). En el gran midras de Sab 10,15-19 la luz y las tinieblas se presentan en su doble realidad de salvación (para Israel) y de muerte (para los egipcios). El comportamiento mismo del hombre se define a través del simbolismo de la luz (Prov 4,18; cf también Is 58,8.10) y de las tinieblas (Prov 4,19; Job 18,5-6; 24,13.16), que el NT hará suyo (Mt 5,14-16; Jn 3,19-21; 12,35-36; lTes 5,4-5; 2Cor 4,6; Ef 1,18; 3,9; 5,8; Rom 13,12). Las realidades fundamentales de la revelación de Dios (la ley, la palabra, la sabiduría) se describen con el vocabulario de la luz (Sab 7,10.19.26.29; 18,4; Prov4,18-19; 6,23; Qo 2,13; Sal 18,29; 119,105; Job 29,3; Dan 2,22). Según la etimología hebrea, la raíz 'ór (= luz, iluminación) está también en el origen de la palabra tórah, que en los libros sapienciales aparece en toda la amplitud de su significado, superando el simple y genérico vocablo "ley". La tórah es enseñanza, iluminación, luz, vida, salvación, camino, justicia, derecho, sabiduría (Sal 19,9; 27,1; 36,10; 37,6; 43,3; 56,14; 97,11; 112,4; 118,27; Prov 6,23; 13,9; Sab 5,6; 7,26; Si 50,29; cf también Is 42,6; 49,6; 51,4). El texto clásico sigue siendo el Sal 119, que es el canto más bello de la ley, de la palabra y de la sabiduría entendidas como "lámpara y luz" para el camino del hombre (Sal 119,105.130.135), pero que la comunidad cristiana puede cantar sustituyendo la terminología de la ley/ luz ("los decretos", "los mandamientos", "los preceptos", "las órdenes") por el nombre del mesías Jesús, "luz verdadera que con su venida a este mundo ilumina a todo hombre" (Jn 1,9; cf Jn 8,12; 9,1-39; 12,35.46; 1Jn 2,8-11; Mt 17,2; Lc 1,78; 2Cor 4,6).

VI. LUZ Y TINIEBLAS EN EL NUEVO TESTAMENTO. En los textos evangélicos la predicación de Jesús encuentra ya una densa capa de connotaciones en relación con el tema bíblico de la luz y de las tinieblas, que le permite una continua referencia a toda la tradición veterotestamentaria. Por eso también en el NT la luz y las tinieblas reflejan las muchas virtualidades de su simbolismo y de sus aplicaciones. Pero a diferencia del AT, en donde la luz prefiguraba la futura llegada del mesías yen donde Dios no es llamado nunca simplemente "la luz" (debido al ambiente pagano que atribuía honores divinos a los cuerpos celestiales), en el NT se describe con este término la llegada salvífica de Cristo, su persona y la nueva condición de sus seguidores.

Todo lo que el AT sugería sobre el tema bíblico de la luz se realiza ahora en Jesús de forma única y definitiva: en su persona converge toda la densidad bíblica, simbólica y existencial que encierra y evoca el término luz. Su venida es aquella en que "nuestro Dios nos visitará como el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que yacen en tinieblas y en sombras de muerte" (Le 1,78-79); su nacimiento es el triunfo de la luz/salvación (Le 2,9); su destino consiste en ser "luz para iluminar a las naciones" (Le 2,32). Definiendo a Jesús como luz "verdadera" (Jn 1,9), el cuarto evangelio subraya la característica de unicidad (en oposición a "falso") y de realidad (en oposición a "tipo" y "símbolo"), que sólo el adjetivo aléthinós (= verdadero) consigue expresar en la teología joanea (Jn 6,32.55).

Para Jesús también el hombre es luz, es hijo de la luz; su persona está en la luz y tiene que resplandecer como tal (Mt 5,14-16; Jn 9,4-5). Sus actitudes más profundas se ponen de manifiesto en la luz (Jn 12,35-36). En los milagros de curación de los ciegos (Mt 9,27-31; 20,29-34; Mc 8,22-26; 10,46-52; Lc 18,35-43; Jn 9,1-41) se cumple todo lo que se esperaba para el tiempo mesiánico: Dios, creador de la luz y de las tinieblas (Is 45,7), se convierte en Jesús en el guía de su pueblo, como en tiempos del éxodo en la "columna de nube y de fuego" (Ex 24,16; Is 40,3), haciendo caminar a los ciegos por el camino (Is 42,16) con el don de una nueva iluminación. Lo mismo que en el origen de las tinieblas, de las que es un símbolo la ceguera, está la incredulidad (Mc 4,11-12; Jn 9,1-42; Is 6,9-10), así también en la base de la iluminación está la fe. Por eso mismo, en estos milagros de curación los verbos "curar", "recobrar la vista", "ver de nuevo", no se limitan ya tan sólo al cuerpo del hombre, sino que se convierten en sinónimos de "salvación". No pertenecen ya al vocabulario de la medicina y de la ciencia, sino que se transforman en el vocabulario de la luz/salvación que solamente Dios puede dar al hombre (Mt 10,52; Jn 9,39).

Los textos evangélicos presentan igualmente una visión dramática del mundo y del hombre que entran en contacto con Jesús/ luz. Por una par-te la salvación, que el mesías Jesús ofrece y que el hombre acoge, se des-cribe a través del vocabulario de la luz; por otra, la no-salvación y el rechazo del hombre se expresan a través del vocabulario de las tinieblas. El drama consiste en el hecho de que el hombre puede libremente preferir las tinieblas a la luz (Jn 3,19; cf 1Jn 1,6-7; 2,8-11); puede libremente caminar en las tinieblas y compro-meter la identidad de Dios, que es luz y amor (Jn 1,9; 9,5; cf Un 1,5.7; 4.8.16), con un dios que es guía ciego (Mt 15,14b; Lc 6,39), con un dios que introduce en la noche, en la oscuridad, en la ceguera y en la muerte (Jn 9,1-42; cf Sal 49,15).

En los evangelios sinópticos, las "tinieblas exteriores"(Mt 8,12; 22,13; 25,30; cf también l Pe 2,17) indican el estado de castigo y la exclusión del reino de aquellos hombres que han opuesto libremente su rechazo a la llamada y a la salvación de Dios. En Mt 6,22-23 y Lc 11,34-35 se presenta la situación dramática del hombre en el que la "luz interior" se ha transformado en "tiniebla". Las consecuencias son graves para la vida del creyente; esta transformación marca el fracaso espiritual del hombre, el oscurecimiento de su conciencia, la ruina completa de su vida y de su espíritu, la imposibilidad de ponerse en comunicación con el mundo luminoso de Dios y con su pueblo reunido en la luz de la salvación mesiánica (cf también 2Cor 6,14: "¿Qué tienen de común la luz y las tinieblas?").

Como en el AT, también en los textos del NT que se inspiran en la apocalíptica (cf el discurso escatológico de Mt 24-25; Mc 13; Lc 21, y en particular, en Ap 4,5; 7,16; 8,5-12; 9,lss; 12; 16,17ss; 20-21) los acontecimientos últimos se contemplan en el marco de una gran lucha entre la luz y las tinieblas, que compromete al hombre y a su mundo: el cielo, los astros, el mar, los fenómenos atmosféricos y meteorológicos, y que sacuden a toda la tierra. Sobre el fondo de este gran choque cósmico, lo mismo que en otros tiempos sobre el fondo del tóhú wabóhú inicial (Gén 1,1), también el NT deja vislumbrar con certeza la victoria de Dios, el triunfo de la luz de su rostro y la luminosidad de los "nuevos cielos" y de una "nueva tierra" (Ap 21,1; 2Pe 3,13).

1. EL EVANGELIO DE JN Y LA 1JN. En el centro del evangelio de Juan y de la Un está la persona de Jesús, hijo de Dios y Lógos. La salvación que él anuncia y ofrece a los hombres y al mundo se describe a través del vocabulario de la luz y de la vida (Jn 1,4; 8,12; Un 1,5; 5,12). La oposición y el rechazo de la salvación se describen, por el contrario, a través del vocabulario de las tinieblas, de la mentira, de la oscuridad, de la ceguera, de la muerte y de la noche (Jn 1,9; 3,19; 9,4; 13,30; Un 1,5-11; 3,14b). Por eso mismo, la luz y las tinieblas no tienen un significa-do simplemente físico o en todo caso neutro, sino que están cargadas de un profundo significado religioso y teológico. La luz es el símbolo de lo que Dios es en sí mismo y de lo que él hace por el hombre a través de Jesús; las tinieblas, por el contrario, son aquel conjunto de falsos valores, de ideologías y de sistemas contaminados por el pecado, que mueven al hombre a cerrarse al interés que Dios tiene por él y a su proyecto de salvación.

En el evangelio de Jn el simbolismo de la luz es cristológico (1,9: el Lógos "es la luz verdadera"; 8,12: "Yo soy la luz del mundo"). En la Un es más bien teológico: "Dios es luz" (1,5). La respuesta del hombre a la luz se concreta, en el evangelio de Jn, en la fe (9,4.39.41; 12,45), mientras que en la lJn se concreta en el amor (2,9-11: "... El que ama a su hermano está en la luz"). El rechazo es designado en Jn como tinieblas (1,5; 3,19-20), mientras que en Un se designa como muerte (3,14b). En ambos textos la "luz" va íntimamente unida a la idea de "juicio". El juicio de Dios se celebra ya en este mundo; no de manera definitiva, sino en la perspectiva de conducir a la fe/luz a los que todavía están en tinieblas/incredulidad. En Jn 3,19-21 el juicio se formula a través de la contraposición luz/ tinieblas: en las tinieblas está en-cerrado el poder oscuro del mal, la decisión por el pecado y por todo aquello que no es Dios; las tinieblas son el símbolo de la muerte, de la condenación y de la perdición. Jesús/ luz ha venido a liberar al hombre de este poder de las tinieblas y llevar-lo al espacio de la luz, de la vida, de la fe y del amor (cf también Jn 12,46; Col 1,13). El hombre que se decide por Dios está ya decididamente en camino hacia la salvación escatológica (Jn 8,12; 12,46), mientras que el hombre que prefiere las tinieblas tiene una existencia orientada ya hacia la perdición. Esta su condición moral se convierte efectivamente en un peso negativo que hace más difícil la aceptación de la revelación de Jesús, que es la que le podría indicar la orientación más auténtica para su existencia y para sus opciones, para sus relaciones con Dios y con el prójimo (Un 1,5-11).

2. EL EPISTOLARIO PAULINO. También en Pablo está presente el binomio luz/tinieblas. En la utilización de las expresiones que exhortan al cristiano a "caminar en la luz" y a ser "hijos de la luz e hijos del día" (1Tes 5,5), a "dejar a un lado las obras de las tinieblas y a revestirse de las armas de la luz" (Rom 13,12) se escucha el eco de la espiritualidad de Qumrán. 1QM contiene el rollo de la "Guerra de los hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas". Los miembros de la comunidad de Qumrán son llamados "hijos de la luz"; contra ellos combaten los "hijos de las tinieblas" (los paganos y los israelitas in-fieles). Esta batalla tiene dimensiones espacio-temporales y escatológicas; sin embargo, en la batalla decisiva la victoria será para los "hijos de la luz". El carácter escatológico y apocalíptico de esta concepción aparece también así en la literatura intertestamentaria y neotestamentaria, ofreciendo un vocabulario particular sobre el hombre y sobre su comportamiento, sobre Dios y sobre la simbología que lo expresa y lo niega (caminar en la luz, hijos de la luz, hijos de las tinieblas, el príncipe de la luz, el ángel de las tinieblas, el reino de las tinieblas, el reino de la luz).

El epistolario paulino desarrolla igualmente el simbolismo de las antítesis día/noche (Rom 13,12-13), dormir/velar (Ef 5,14), frutos de la luz/ obras infructuosas de las tinieblas (Ef 5,9-11), ser tinieblas/ ser luz (Ef 5,8). Estar en la luz significa "ser rescatado del poder de las tinieblas" (Col 1,13; Ef 2,2), "ser iluminados por Cristo" (Ef 5,14; 2Cor 4,6), "ser luz en el Señor" (Ef 5,8). Estar en las tinieblas significa estar en el error, en el pecado, en la iniquidad, en el mundo "de antes", bajo el poder de Satanás o de Belial (cf 2Cor 6,14-15; Rom 2,19; 13,12; 1Tes 5,4-7). Las bendiciones bíblicas con que en el antiguo Israel se iba transmitiendo de padres a hijos la esperanza de la llegada del mesías y su promesa de salvación se cumplen en la persona de Jesús, "tipo" y "figura" de aquellas bendiciones (cf 1Cor 10,1-11). El cristiano, según Pablo, "no camina ya en tinieblas", sino que tiene una meta: la iluminación de Cristo (Ef 5,14; 2Cor 4,6). Lo que era imposible para el antiguo Israel a través sólo de la ley, ahora es posible en la personade Jesús: en él Dios "nos rescató del poder de las tinieblas y nos transportó al reino de su Hijo querido" (Col 1,13).

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P. Gironi