Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia EZEQUIEL


EZEQUIEL
DicTB
 

SUMARIO: I. La personalidad del profeta y su tiempo. II. Su misión. III. Su temperamento. IV. El estilo. V. Temas del libro: 1. Visiones inaugurales; 2. El carro divino; 3. El rollo escrito por ambas partes; 4. El signo "tau"; 5. Perspectivas para el futuro; 6. Gog y Magog; 7. Nuevo templo, nuevas leyes, nueva tierra.


I. LA PERSONALIDAD DEL PROFETA Y SU TIEMPO. Ezequiel (el hebreo
Yehezq 'el puede interpretarse "Dios es fuerte" o "Dios fortificado"; la forma griega Hizqi'el
significa "Dios es mi fuerza") es el tercero de los cuatro grandes profetas escritores del AT. Era hijo de Buzi, perteneciente a la familia sacerdotal jerosolimitana de Sadoc, lo cual explica el odio que demuestra contra los sacerdotes de los cultos paganos y paganizantes y, por otra parte, el profundo conocimiento que tiene del templo y de los ritos que en él se practicaban. Con los dirigentes de la ciudad fue llevado al destierro a Babilonia el año 598, después del asedio de Jerusalén por parte de Nabucodonosor y la rendición de la ciudad. Cinco años más tarde, es decir, el 593, comenzó la actividad profética, que ejerció durante veinticinco años; su último oráculo está fechado a comienzos del 571 (40,1); sise acepta la autenticidad del oráculo contra Egipto (29,17), la actividad profética duró veintisiete años. Es probable que, antes de su deportación, hubiera oficiado personalmente en el templo; pero no lo sabemos con seguridad, ya que ignoramos cuántos años tenía en el momento de su deportación; el historiador judío Flavio Josefo escribe que el profeta era un "muchacho" cuando fue llevado al destierro, pero el término griego "muchacho" tiene un sentido bastante amplio.

Lo cierto es que, cinco años después del comienzo de su deportación, cuando él fecha el comienzo de su misión con la llamada divina, se presenta como un hombre maduro: "El día cinco del mes —era ya el año quinto de la deportación del rey Joaquín— fue dirigida la palabra del Señor a Ezequiel, hijo de Buzi, sacerdote, en la tierra de los caldeos, junto al río Quebar..." (1,2s). Aparentemente, el texto es claro, pero en realidad no es lo suficiente para poder deducir deél la edad. No cabe duda de que desde su juventud recibió aquella impronta sacerdotal que se traslucirá luego elocuentemente en toda su persona; en efecto, estuvo impregnado del espíritu del Dt y de la "ley de santidad" [I Levítico II, 5]. Al comienzo del destierro vivió en una localidad desconocida, cerca del río Quebar, en las cercanías de Babilonia; junto a este río —a donde quizá se había dirigido para orar— fue donde tuvo lugar la vocación y la primera visión.

En el estado actual del texto bíblico, el profeta ejerció su ministerio exclusivamente entre los desterrados; pero hay algunos oráculos (especialmente los cc. 8-11) que suponen, al menos aparentemente, un ministerio inicial en Jerusalén, donde parece encontrarse corporalmente (11,13). Ezequiel habría comenzado entonces su ministerio en Jerusalén, y luego se habría quedado allí hasta casi el final del asedio y la destrucción de la ciudad, en que logró escapar y unirse a los desterrados de Babilonia, en donde recibió el anuncio de la caída de la ciudad cuando trajo la noticia uno de los fugitivos: "La ciudad ha sido conquistada" (33,21). Por el contrario, según otros autores, el profeta se habría quedado en Jerusalén hasta su calda definitiva en el año 587.

Así pues, habría ejercido un ministerio jerosolimitano y otro babilonio; la confusión entre estos dos tiempos se habría debido a un hecho redaccional. La primera visión, según los defensores de los dos tiempos de la profecía de Ezequiel, fue la del "libro enrollado" (2,1-3,9), con la que comenzaba la misión; delante de ella se colocó posteriormente la visión del "carro divino" (1,4-28), que señala el comienzo de la misión babilonia, cambiando por completo la perspectiva del libro y su ministerio. Después de la vocación profética en los alrededores de Babilonia el profeta habría vuelto a su ciudad; durante el primer período del asedio habría muerto su esposa, a la que él llama delicadamente "delicia de sus ojos" (24,16-18).

La hipótesis de los dos tiempos del ministerio de Ezequiel soluciona algunas dificultades, pero plantea otras nuevas; por ahora sigue siendo una hipótesis contra la que no hay argumentos decisivos, como tampoco lqs hay contra la teoría tradicional, que ve en Ezequiel al profeta de los desterrados, cuyo ministerio se desarrolló únicamente en el país del destierro: hipótesis, ciertamente, que sigue siendo la más probable.

II. SU MISIÓN. En la primera fase de su actividad el profeta recoge la historia de la nación bajo formas diversas, pero siempre con la misma conclusión sobre las graves infidelidades del pueblo, sobre la corrupción del clero y, finalmente, sobre el carácter inevitable de la destrucción total; son singulares los actos proféticos, oráculos mímicos con o sin comentario (p.ej., en los cc. 4; 5; 12; 21, 24-25). En relación sobre todo con estos actos proféticos, se propuso la hipótesis de un estado patológico del profeta; pero hoy esta hipótesis ha quedado reducida a unos límites mucho más modestos.

En diciembre-enero del 589-588 —en el lugar del destierro, según la hipótesis tradicional— recibió la noticia del comienzo del asedio de Jerusalén (24,1-2). Poco después se le murió la esposa, y él se quedó mudo hasta la llegada del fugitivo que trajo la noticia (en diciembre-enero del 586-585), cinco meses después de la catástrofe del 587, de la destrucción de la ciudad (24,27; 33,22). Para sus compañeros de destierro la noticia marcó el final de las esperanzas y también de la fe en el Dios de los padres; unos se pasaban al paganismo y otros acusaban a Yhwh de injusticia, diciendo que castigaba en los hijos los pecados de los padres.

Estos hechos pusieron al profeta en una nueva situación; como algunos de sus grandes predecesores, también él, después de haber predicho la ruina de la nación, anuncia ahora su seguro renacimiento. Son célebres en este período y sobre este tema, por ejemplo, la parábola de las ovejas y de los malos pastores (c. 34), la visión del campo de huesos humanos que se reagrupan adquiriendo vida y que representan la reunión de Judá y de Israel (los dos relatos anteriormente divididos, c. 37), el fragmento de historia del nuevo pueblo (cc. 38-39), la reorganización cultual (cc. 40-48). No sólo esto, sino que el profeta anuncia que desde ahora Dios no volverá ya a castigar en los hijos los pecados de los padres ni en los padres las culpas de los hijos (c. 18), y que incluso no tendrá en cuenta el pasado culpable o justo de cada fiel, sino que juzgará basándose en el comportamiento actual respecto a la voluntad divina. Así pues, todos tienen la posibilidad de resurrección y de salvación.

Dice la leyenda que el profeta fue víctima de su celo. Lo habría ordenado matar el jefe de su pueblo, al que reprochaba el culto idolátrico; habría sido traspasado por una espada o arrastrado por los pies junto al canal Quebar.

III. SU TEMPERAMENTO. El temperamento de Ezequiel resulta menos simpático que el de su contemporáneo Jeremías. Se diría que tiene todas las cualidades del moralista rígido, del censor impasible. Pero, en realidad, lo es menos de lo que parece a primera vista. Efectivamente, no falta en su libro el esbozo de una oración por su pueblo (9,8); también se lee en él la expresión evangélica: "Por mi vida, dice el Señor Dios, que no me complazco en la muerte del malvado, sino en que se convierta de su conducta y viva" (33,11). En él la razón se imponía ampliamente sobre el corazón; el razonamiento y la lógica sobre la intuición. Mientras que en los profetas anteriores las grandes afirmaciones de la conciencia y de la fe tienen forma de impulsos poéticos, en Ezequiel dan la impresión de ser artículos legales. Pertenece auténticamente al gran profetismo por la intransigencia moral, por el cuidado celoso con que defiende la justicia de Dios, por la idea que tiene del poder universal de Dios presente en todas partes e independientemente del tiempo y del país, y por su altísima concepción de la majestad divina. Como profeta, multiplicó más que todos sus predecesores los gestos simbólicos (4,1-5,4; 12,1-7; 21,23-24; 37,15-16; etc.), y sus mismas pruebas personales (como había sucedido con Oseas, Isaías y Jeremías) fueron asumidas con un carácter simbólico (24,24); pero por encima y más allá de los demás profetas, fue sobre todo un visionario.

Las visiones propiamente dichas son cuatro, pero amplias, de importancia fundamental; caracterizan toda su obra, y su complejidad contrasta con la sencillez de las visiones de sus predecesores. Las cuatro visiones son una apertura a un mundo fantástico (cc. 1-3; 8-11; 37; 40-48): los cuatro animales, el carro divino, la mezcolanza de idolatría, magia y religión del culto en el templo, la inmensa llanura llena de huesos, el templo futuro trazado casi con mano de arquitecto, con una geografía utópica, rodeado por las doce tribus y dotado de un manantial con aguas milagrosamente fecundas y que lo sanan todo.

Gran parte de sus intereses, de su personalidad y de su mensaje dependen del hecho de que Ezequiel pertenecía auténticamente al sacerdocio. De esta cualidad suya se derivan su manera de impartir los preceptos morales y religiosos y la naturalidad con que se sirve de la casuística, así como el hecho de que su mayor preocupación sean el templo y el culto; también se deduce de ahí la mayor importancia que parece dar a los deberes cultuales respecto a los morales. La influencia de Ezequiel fue decisiva en los deportados y determinante para los que regresaron del destierro: a los primeros les dio coraje y esperanza: a los segundos les hizo comprender con extraordinaria clarividencia que lo único posible no era la constitución de un nuevo Estado, sino de una especie de iglesia.

IV. EL ESTILO. El estilo de Ezequiel carece de la solemnidad y de la rigurosa pureza clásica de Isaías, no tiene el color conmovedor de Jeremías ni la espontaneidad de Amós y de Oseas. El estilo de Ezequiel es gris, diluido, frío, monótono; en parte esto puede deberse al estado en que nos ha llegado el texto hebreo, pero fundamentalmente es el resultado de su carácter y de su formación. Cultiva la precisión minuciosa; pero su descripción, más allá de las apariencias, resulta ficticia; algunas de sus acciones simbólicas se han juzgado irrealizables, y difícilmente podían impresionar a los oyentes. Pero su búsqueda de la descripción meticulosa tiene la ventaja de habernos transmitido la descripción más extraordinaria y arqueológicamente más importante de la ciudad de Tiro (c. 26). Ezequiel no era ciertamente hombre de letras ni hay motivos para pensar que haya querido hacer una obra literaria. La rareza de sus acciones y el carácter irrealizable de algunos textos se explican por su carácter realmente singular; la índole de su imaginación fantástica deja quizá vislumbrar la modificación del gusto literario de la época. Sin embargo, Ezequiel fue en su género un verdadero artista. Algunas de sus páginas tienen un brío, un ardor y un vigor inolvidables. Después de leer, por ejemplo, los capítulos 8-11, se comprenden las palabras escritas a propósito de sus discursos: "Tú eres para ellos como una canción de amor, graciosamente cantada con acompañamiento de instrumentos de cuerda. Escuchan tus palabras y no las ponen en práctica" (33,32).

V. TEMAS DEL LIBRO. 1. VISIONES INAUGURALES. En los capítulos 1-3 el profeta refiere las visiones inaugurales con el comienzo de su misión profética: los capítulos 4-24 contienen exclusivamente reproches y amenazas, bien contra los hebreos que se habían quedado en Palestina (después del 597), bien contra aquellos deportados cuya conducta no correspondía a su fe; en los capítulos 25-32 se leen los oráculos contra las naciones; los capítulos 33-39 se encuadran en el período del asedio de Jerusalén y en el inmediatamente posterior; el profeta consuela a su pueblo, promete la llegada de un verdadero pastor (c. 34), predice la destrucción de Edón, que se había alegrado del desastre de Jerusalén (c. 35); reivindica para el pueblo judío el territorio de Israel (c. 36), anuncia la resurrección de la nación (c. 37) y entona el famoso poema de Gog y Magog (cc. 38-39); en los capítulos 40-48 se describe el estatuto político y religioso de la nueva comunidad, presentando el nuevo templo y las nuevas leyes. Esta división regular era probablemente la que señalaba Flavio Josefo cuando hablaba de dos libros de Ezequiel; es decir, pensaba en las dos partes: una destructiva (cc. 1-24) y la otra constructiva (cc. 25-48). Pero esta visión unitaria ha sufrido vicisitudes y alteraciones notables. En conclusión, no cabe duda de que el libro es el resultado de un largo proceso y de que han sido varios los recopiladores o redactores que han puesto su mano en él. Actualmente se han abandonado las dos posiciones radicales de un juicio totalmente negativo y de un juicio tradicionalmente unitario.

El pensamiento de Ezequiel abre un camino nuevo, rompiendo muchos de los vínculos con el pasado. La audacia de su pensamiento tiene un interés particular por la variedad de corrientes que confluyen en él. Sus visiones apocalípticas son un preludio de las grandiosas de Daniel y de las neotestamentarias de san Juan. He aquí los principales temas de este libro singular y seductor, una vez que el lector ha superado su desconfianza y las dificultades iniciales.

2. EL CARRO DIVINO. La primera visión de Ezequiel presenta cuatro animales y el carro (hebreo, merkabah) divino (cc. 1-3, a los cuales se les puede añadir la narración análoga de los cc. 9-10). La visión subraya el hecho de que Yhwh no está ligado al templo de Jerusalén ni a un país concreto, sino que se dirige a los deportados para hacer de ellos un pueblo nuevo y conducirlo luego a la patria. Es una visión que tendrá justamente un enorme eco. Se trata de los cuatro querubines que tienen la extraordinaria tarea de trasladar la gloria divina desde el templo hasta los deportados y, más tarde, desde los deportados de nuevo a la patria. La escena se describe en un tono majestuoso y sobre ella se basa la teología hebrea del carro. Partiendo del aspecto de estos querubines, que describe con las formas "de hombre", "de león", "de toro" y "de águila", y teniendo presente el texto del cuarto evangelio: "Y aquel que es la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y nosotros vimos su gloria" (Jn 1,14), así como el hecho de que quienes llevan la Palabra son los evangelistas, san Ireneo tuvo la intuición de ver a los evangelistas en estos cuatro animales de Ezequiel: en el toro a Lucas, en el hombre a Mateo, en el león a Juan y en el águila a Marcos. Pero mayor éxito tuvo unos siglos más tarde la opinión de san Jerónimo, quien basándose en el comienzo de cada evangelio asignó el águila a Juan, el hombre a Mateo, el león a Marcos y el toro a Lucas. También el Apocalipsis de Juan da a los cuatro "vivientes" los rasgos de estos cuatro animales (c. 4).

3. EL ROLLO ESCRITO POR AMBAS PARTES. En la segunda visión (2,8-3,3) Dios muestra al profeta un rollo escrito por ambas partes. Encima estaban escritas "lamentaciones, gemidos y ayes". Y le ordenó: "Abre la boca, come este libro y vete a hablar a la casa de Israel"... "Yo lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel" (3,3). Sólo más tarde se hizo amargo como la hiel, cuando tuvo que dirigirse a cumplir su misión entre los deportados de Tel-Aviv ("colina de primavera" o "colina de las espigas"). A este texto se refirieron algunos sionistas cuando, en 1909 y luego definitivamente en 1917, dieron el nombre de Tel-Aviv a un barrio de la ciudad de Jafa, que se convertiría en la primera capital del Estado de Israel. Pero el texto es sobre todo simbólico para la misión profética: dulce y amarga.

4. EL SIGNO "TAU". En el capítulo 9 el profeta describe la destrucción de la ciudad de Jerusalén en términos mitológicos llenos de significado: "Después gritó a mis oídos con voz recia, y dijo: `Acercaos los que habéis de castigar la ciudad, cada uno con sus instrumentos de exterminio en la mano'. Y por la calle de la puerta de arriba llegaron seis hombres..." (9,1-2). Como el autor de Lam, Ezequiel atribuye directamente a Dios la destrucción de Jerusalén (aunque conoce también la intervención del ejército babilonio), asentando así un principio que tendrá amplio desarrollo en la Biblia y en los escritos judíos posteriores: los enemigos no son más que el instrumento del que Dios se sirve para castigar; ellos a su vez serán castigados o destruidos mientras que Israel recobrará de nuevo su vida y su esplendor. Interesa observar cómo el profeta ve en su visión a un séptimo hombre: "En medio de ellos había un personaje, vestido de lino, con la cartera de escriba a la cintura"; a él se le confía la tarea de preceder a los otros seis, señalando con una tau en la frente a los hombres que suspiran y lloran "por todas las nefandas acciones que se cometen dentro de la ciudad". Los marcados con la tau (es decir, con una T) se verán libres de la destrucción y de la muerte. Esta visión puede relacionarse con el Sal 87, donde se habla del libro de los pueblos, en el que están anotados los nacidos en Jerusalén, o bien con el libro que recoge los nombres de los que temen a Dios y veneran su nombre santo (Mal 3,16). Pero la relación más inmediata es con el signo marcado con sangre en las jambas y en el dintel de las puertas de los hebreos en Egipto (Éx 12,7.13). También este signo alcanzó luego mucho éxito en la literatura judía y cristiana (cf Ap 7,2-3 y 22,4).

5. PERSPECTIVAS PARA EL FUTURO. Los dos capítulos 36-37 representan la cima de la parte consolatoria de Ez; más aún, se trata de la perspectiva más amplia, profunda y serena que un profeta haya presentado nunca a su pueblo. Por eso, tanto en los períodos de mayor tristeza como en los períodos en que se sentía más cerca de la tierra de los padres, el pueblo judío de todos los tiempos ha meditado en su corazón estas promesas y ha creído fuertemente en su realización: "Y vosotros, montes de Israel, echad vuestros ramos, producid vuestros frutos para mi pueblo, Israel, porque está ya para volver... Volveréis a ser labrados y sembrados... Las ciudades serán repobladas y las ruinas reconstruidas"(36,8-10); "Os tomaré de entre las gentes donde estáis, os recogeré de todos los países y os conduciré a vuestra tierra... Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo... Habitaréis entonces en la tierra que di a vuestros padres, seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios" (36,24-28). Es importante observar las motivaciones aducidas por el profeta, en nombre de Dios: no es en consideración a Israel por lo que ocurrirá todo esto; Dios obrará así por amor a su propio nombre, que no desea ver deshonrado entre las naciones, y para darse a conocer en medio de ellas (36,22-23). Este mensaje se especifica y se desarrolla en la grandiosa visión de los huesos secos, sobre los que el profeta en nombre de Dios pronuncia las palabras: "¡Huesos resecos, escuchad la palabra del Señor! Esto dice el Señor Dios a estos huesos: `Yo haré que entre de nuevo el espíritu en vosotros y reviviréis... Yo abriré vuestras tumbas, os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel'" (37,4-14).

6. GoG Y MAGOG. Los rasgos y las imágenes claramente apocalípticas de los capítulos 38-39 forman la mejor conclusión del sublime capítulo 37. Estas visiones revelan a los desterrados un porvenir de luchas y dolores; pero los introducen también en los misterios del futuro, de la victoria final del bien sobre el mal, de la justicia sobre la injusticia. Gog se encuentra en el país de Magog y es soberano de Mesec y Tubal; prepara un grande y aguerrido ejército para atacar a Israel, que vive tranquilo y sereno en una tierra indefensa, con ciudades sin murallas y sin puertas. Pero cuando Gog llega a Israel desde Magog, estalla la ira del Señor y llega la matanza: se necesitarán varios meses para sepultar los cadáveres de los asaltantes. Durante siete años los israelitas harán fuego con las armas de los caídos, mientras que Gog será sepultado al sur del mar Muerto, en el valle de Abarín. Después de esta matanza de los enemigos procedentes del norte, habrá un festín para las aves del cielo: "Di a las aves de todas clases y a todas las bestias salvajes: Reuníos de todas partes en torno al sacrificio inmenso..." (39,17-20). El género literario / apocalíptico que inauguran estos dos capítulos tuvo un enorme éxito en la literatura hebrea posterior (p.ej., Is 24-27; Dan 7-12; Zac 9-14), en los escritos judíos posteriores —los llamados "apócrifos"— y también en el NT, como, por ejemplo, en el / Apocalipsis de Juan.

Gog, rey de Magog, es un personaje desconocido, siendo inútil cualquier intento de identificarlo; el profeta le da los rasgos de más de una persona; es sustancialmente la personificación del mal, pero siempre bajo el control de Dios. Magog es el nombre de una región que no se sabe dónde está; se lee también en Jer 10,2. Puesto que Mesec y Tubal se han localizado a orillas del mar Negro, se cree que hay que localizar a Magog al norte de Palestina. También en los apocalipsis posteriores el enemigo viene siempre del norte, por ejemplo en la Regla de la guerra de los esenios. La literatura apocalíptica más tardía hizo de Magog una persona: de ahí la representación de Gog y Magog como dos soberanos coaligados contra los justos y los buenos.

7. NUEVO TEMPLO, NUEVAS LEYES, NUEVA TIERRA. LOS Últimos capítulos del libro constituyen una obra singular, que sólo tiene paralelo en los textos sacerdotales del / Éxodo (cc. 25-31 y 35-40). El profeta preconiza una reforma radical del culto, del sacerdocio, de las estructuras del templo, de la disposición de la ciudad de Jerusalén, y asigna nuevas regiones a las doce tribus. Traza luego un cuerpo legal, que representa la carta magna del / judaísmo naciente; a partir del destierro, los ideales se alimentarán incesantemente de Ezequiel. También la visión de la / Jerusalén "celestial" nació de la reflexión sobre estos capítulos. Del ángulo derecho del umbral del templo surgirá un manantial que pronto se convertirá en un gran río: irá a desembocar en el mar Muerto, después de haber dado vida y haber hecho florecer de nuevo al desierto; endulzará además las aguas del desierto, pero no hará desaparecer la sal, necesaria para la sustentación; habrá peces de todas clases y a lo largo de las orillas nacerá todo tipo de árboles frutales. También Jerusalén recibirá un nombre nuevo que señale su novedad: se llamará Yhwh-sammah, es decir, "El Señor está allí".

 

BIBL.: ALONSO SCHOKEL L.-SICRE DIAZ J.L., Profetas II, Madrid 1980, 667-855; ASURMENDI J.M., Ezequiel, Verbo Divino, Estella 1982; CORTESE E., Ezechiele, Ed. Paoline, Roma 19813; ID, La sfera del sacro ahorno alfa gloria di Jahweh, en Quaerere Deum, Brescia 1980; 160-169; MONLOUBOU L., Un sacerdote se vuelve profeta: Ezequiel,. Fax, Madrid 1973; SPADAFORA F., Ezechiele, Marietti, Turín 1948; ZIMMERu W., The Form and Tradition. Historical Character of Ezechiel's Prophecy, en "VT" 15 (1965) 515-527.

L. Moraldi