Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia FUNDAMENTALISMO


FUNDAMENTALISMO
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I. INTRODUCCIÓN.

Fundamentalismo, según lo define el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, es un término derivado del adjetivo fundamental, es decir, aquello que sirve de fundamento; lo más importante; si nos referimos a un edificio, la piedra fundamental. Podría hablarse de varios tipos de fundamentalismos: vital, político y cultural y, dentro de este, el fundamentalismo religioso. Referido a la religión, se trata de un movimiento intensamente antimodernista, que se manifiesta en todas las religiones, especialmente en las llamadas religiones del libro: cristianismo, islamismo y judaísmo. Por ello, más que de fundamentalismo, debemos hablar de fundamentalismos, porque son muchos y variados, además de ser un fenómeno con el que tienen que convivir casi todas las culturas. Hace alusión a la reacción de las religiones frente a los procesos de modernización, reacción provocada por el miedo que producen los cambios culturales y sociales y la pérdida de referentes simbólicos y míticos del sistema de valores. En cualquier caso, propicia una ideología de la intolerancia y del fanatismo. Desde un punto de vista positivo, el fundamentalismo busca un soporte absolutamente seguro de las /creencias, protector de toda duda o inseguridad, pudiendo variar, según los casos, los contenidos objeto de ese fundamento. Aplicado al cristianismo, el término tiene su origen más conocido en el campo protestante, en una serie de folletos aparecidos a principios de siglo (entre 1910 y 1915) en Estados Unidos. En dichos folletos, de entre los que destaca The Fundamentals, se plantea lo que sus impulsores consideraban las doctrinas irreductibles de la fe, creencias sin las que el cristianismo ya no podría considerarse como tal. Estos escritos darían lugar a la aparición de la World's Christian Fundamentals Association (1919). Ahora bien, sus orígenes más remotos habrían de buscarse en el puritanismo inglés, la influencia del metodismo wesleyano y las corrientes restauracionistas y premilenaristas.

II. CARACTERÍSTICAS DEL FUNDAMENTALISMO.

Los aspectos fundamentales de la fe que han sido objeto de defensa a ultranza por parte de los fundamentalistas son: la creencia en la divinidad, el nacimiento virginal y la resurrección corporal de Cristo, la inminencia de la segunda venida, la expiación sustitutoria y –tal vez el aspecto de mayor énfasis– la inspiración verbal y la completa inerrancia de toda la Biblia, con lo que se estaba rechazando su estudio histórico-crítico y reafirmando la literalidad de todos los libros que la integran (en sus diversos cánones judío, católico y protestante). Cualquier adaptación del mensaje cristiano a la /cultura es desterrado como algo herético. Uno de sus enemigos más característicos es el evolucionismo darwiniano. Como consecuencia de esa actitud acrítica, es frecuente que los fundamentalistas soporten sus posiciones doctrinales con textos fuera de contexto; textos que se utilizan sin ningún tipo de rigor hermenéutico, y que se convierten en pretexto para justificar apriorismos doctrinales carentes de / autoridad. En contraste con la actual anomía que lleva a un progresivo nihilismo (/nada) o, al menos, a un /agnosticismo militante, el fundamentalismo insiste en la absoluta uniformidad doctrinal, tratando de imponer normas morales muy rígidas, reglamentando todos los aspectos de la vida privada. La carencia de normas o criterios orientativos que prevalece en la sociedad actual, unido a un considerable déficit de formación teológica y una gran pobreza en la experiencia espiritual, forman un caldo de cultivo adecuado para el fomento del fundamentalismo, justificando así los movimientos de restauración que tratan de recuperar el orden perdido con motivo del advenimiento de la modernidad, siempre basados en el fundamento esencial (Biblia, Torá, Corán, Tradición).

Uno de los aspectos más representativos del soporte teológico fundamentalista tiene que ver con sus planteamientos apocalípticos, referidos al fin de los tiempos y que introducen una especie de fatalismo ineludible que ocasiona cierta postración e impotencia. En el fundamentalismo cristiano los mensajes suelen ser: Cristo está a punto de llegar, la inminencia de la venida del Señor y el rapto de los creyentes; este énfasis paraliza a sus seguidores en cuanto a la formulación de proyectos de futuro. Pero, simultáneamente, y en abierta contradicción, sus líderes más representativos no dejan de hacer planes y proyectos de futuro, mostrando su aparente incredulidad acerca de lo que ellos mismos están predicando. El fundamentalismo, en general, no es solamente una forma de /teología, es más bien una /ideología que se alía con intereses sociales y políticos de grupos identificables, contrarios a cualquier tipo de pluralismo. Su empeño no se limita únicamente a preservar la fe, sino que desea transformar el mundo de tal manera que la fe pueda ser más fácilmente preservada. En su manifestación más profunda, el fundamentalismo no reconoce una línea divisoria entre religión y política. La religión no se concibe como algo privativo del individuo tal y como propicia la /modernidad. De modo que los enemigos básicos son el liberalismo, el /humanismo y el secularismo, vistos desde sus filas como la encarnación del mal. Se trata de un movimiento de reacción; reacción contra las herejías de la teología moderna.

Pero advirtamos que puede resultar erróneo utilizar el término fundamentalismo o fundamentalistas, en su dimensión peyorativa, ya que para muchas Iglesias calificarse a sí mismas de fundamentalistas supone un orgullo. Además, es preciso distinguir entre conservadores y fundamentalistas, si bien ambos coinciden en acusar a la teología moderna de ser culpable de haber creado un mundo en el que se ha socavado la autoridad incuestionable de la /religión como institución y, a raíz de la aparición del método histórico-crítico, haber colocado bajo sospecha la autoridad absoluta de la Biblia. La gran diferencia entre conservadores y fundamentalistas habrá de buscarse en que aquellos, tenaces luchadores contra el liberalismo, han hecho un gran esfuerzo en reducir y atenuar las diferencias denominacionales (incluso entre católicos y protestantes), haciendo desaparecer antiguas posturas anti, buscando espacios comunes en el mutuo reconocimiento de los valores ortodoxos del 'cristianismo histórico que todos ellos defienden.

III. PRINCIPALES FUNDAMENTALISMOS ACTUALES.

1. El fundamentalismo protestante, dependiente de la influencia norteamericana, propugna una teología individualista del éxito, manteniendo en este terreno una línea de identidad con el evangelicalismo conservador. El cristiano es alguien a quien el Señor concede éxito, salud, dinero, poder. El evangelio se reduce así a un simple medio para obtener los mismos fines que antaño combatían algunos predicadores. Bajo la autoridad incuestionable de líderes carismáticos, los individuos que caen bajo la influencia del fundamentalismo suelen verse sometidos a una /obediencia ciega. El ala fundamentalista-evangélica del protestantismo, especialmente en el país donde es más representativo (Norteamérica), está en aumento, con la consiguiente influencia en otros muchos países del mundo, que mantienen un nivel de /dependencia de las agencias misioneras norteamericanas. Jerry Falwell, uno de los representantes más conspicuos del fundamentalismo evangélico dice: «Para que Norteamérica permanezca libre, debemos retornar a los únicos principios que Dios puede respetar: la dignidad de vida, la familia tradicional, la decencia, la moralidad». Precisamente a raíz de la irrupción de Falwell con su mayoría moral (1979), el fundamentalismo tiene una participación mucho más activa en la vida pública norteamericana.

2. El fundamentalismo islámico es, en sus manifestaciones más recientes, un movimiento de reacción hacia la herencia colonial y la hegemonía cultural de corte occidental, fomentado por las desigualdades de sus dirigentes laicos y el cúmulo de frustraciones producidas por la modernización y occidentalización de sus Estados. El retorno a la oratoria del Islam se ofrece como una vía de salvación. Su objetivo es el cambio de la sociedad, y para ello se sirve de la radicalidad del Corán y de la Sunna, paradigmas de tipo moral, social y político para propiciar un cambio de sociedad. Resulta difícil establecer una línea divisoria entre política y religión, de donde surge una cultura de permanente sublevación y desobediencia a cualquier tipo de autoridad que actúe al margen de la legitimidad islámica. Su objetivo último es islamizar la modernidad. Un hito importante del fundamentalismo islámico se identifica con la revolución iraní (de 1979), que plantea una oposición frontal a la modernidad importada del mundo occidental. La actitud del Islam frente al Corán plantea posturas muy semejantes a las de los fundamentalistas protestantes frente a la Biblia. Fundamentalismo, neofundamentalismo, extremismo, activismo religioso, tradicionalismo, radicalismo islámico, mahometismo, jomeinismo, son términos que hacen referencia al fenómeno del fundamentalismo referido al Islam. Es evidente que todos ellos contienen una gran carga social y política, y que enfatizan posturas radicales respecto a la sociedad, por lo que toma formas o corrientes diferentes, existiendo un fundamentalismo de /derechas (conservador) y otro de izquierdas (progresista); o bien el fundamentalismo oficial que propician los Estados, frente al populista. Precisamente a raíz de la evolución del fundamentalismo islámico de los últimos decenios, se equiparan fundamentalismo e / integrismo, haciendo referencia a su carácter de revolución dogmática.

3. El fundamentalismo católico moderno se pone de manifiesto a raíz de la celebración del Vaticano II, cuando la Iglesia católica se abre a la investigación histórica y exegética. Surgen posturas fundamentalistas como reacción a la apertura o aggiornamento que se produce dentro del catolicismo. Los postulados triunfalistas de poder indiscutible que habían sido nota característica del catolicismo tridentino, dan paso a la humildad y al espíritu de servicio; la Iglesia-institución deja paso a la Iglesia-pueblo de Dios, con lo que una buena parte de esta Iglesia ve peligrar sus señas de identidad. Algunos, como Mons. Lefévre, con su adhesión inquebrantable a la tradición, han dado lugar a un integrismo intransigente y beligerante. Como parte precursora de esa corriente, aunque sin que aún sea utilizado el término, puede considerarse como fundamentalismo el movimiento integrista político-religioso que surgió en España a finales del siglo XIX entre pensadores católicos. Los integristas afirmaban que su españolidad provenía de la voluntad divina, rechazando el liberalismo desde postulados político-religiosos; su empeño era restaurar los signos distintivos de la España imperial. Al igual que para el fundamentalismo protestante el fundamento último es la Biblia, para el fundamentalismo católico lo es la Tradición, ya que la Biblia no contiene para la doctrina católica la totalidad de la revelación de /Dios, lo cual hace que las doctrinas consideradas como fundamentales no sean coincidentes. Algunas figuras señeras de esa corriente restauracionista, dentro del catolicismo posconciliar, se muestran siempre preocupadas por las desviaciones derivadas de la interpretación y aplicación del Vaticano II.

4. Entre los judíos, la fidelidad a la tradición, signo de posturas fundamentalistas, se expresa externamente por el uso de vestimenta negra, la barba en los hombres y la cabeza cubierta para las mujeres, así como un énfasis prácticamente exclusivo en la enseñanza religiosa. Su fidelidad al sábado y a las fiestas religiosas llega a manifestarse de forma agresiva contra quienes se atreven a profanarlos. La identidad del /judaísmo sólo tiene sentido sobre la base de la fe en Dios y en la Torá. Y puesto que únicamente el Mesías por venir puede restablecer el Estado de Israel, muchos fundamentalistas judíos se oponen al reconocimiento del actual Estado judío, ya que se trata de una acción humana.

En definitiva, existen dos conceptos contrapuestos de la espiritualidad cristiana: uno, el fundamentalista; otro, el del Reino de Dios. La espiritualidad fundamentalista es eclesiocéntrica, trascendentalista y desconectada del mundo; la espiritualidad del Reino está al servicio del mundo, al estilo de Juan Wesley, quien decía: «El mundo es mi parroquia».

BIBL.: AA.VV., El fundamentalismo islámico, Fundación Cánovas del Castillo, Madrid 1992; CORRAL SALVADOR C. (ed.), Los fundamentalismos religiosos, hoy, en las relaciones internacionales, Universidad Pontificia Comillas, Madrid 1994; Cox H., La religión en la ciudad secular. Hacia una teología posmoderna, Sal Terrae, Santander 1985; MEYER T., Fundamentalismo: la otra dialéctica de la Ilustración, Debates 32 (1990) 67-69; SÁNCHEZ VAQUERO J., Ecumenismo. Manual de formación ecuménica, Universidad Pontificia, Salamanca 1971.

M. García Ruiz