Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia ESTRUCTURALISMOS


ESTRUCTURALISMOS
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I. TIPOS DE ESTRUCTURALISMOS.

La división de los estructuralismos depende del criterio de división queadoptemos: a) Si el criterio de división es el objeto u objetivo de estudio, obtendríamos tantos estructuralismos como ciencias: estructuralismo matemático (E. Gaulois y Bourbaki aplicaron la teoría de grupos a la topología y álgebra); estructuralismo lógico (lógicas de relaciones y de clases); estructuralismo psicológico (Gestaltismo de K. Koffka o W. Köhler; también la psicología evolutiva de J. Piaget); estructuralismo lingüístico (F. de Saussure, Escuelas de Praga y Copenhague, N. Chomsky); estructuralismo sociológico (Durkheim, Weber, Dilthey); estructuralismo antropológico (Lévi-Strauss); estructuralismo literario (también llamado textual o crítico: R. Barthes); estructuralismo filosófico (Lacan, Althusser, Foucault, Derrida); etc. b) Para un criterio de división territorial, localizaríamos un estructuralismo norteamericano (L. Bloomfield, Z. Harris, N. Chomsky), y otro estructuralismo europeo (a incluir y destacar el estructuralismo francés: Lacan, Althusser, Foucault, etc). c) Desde un criterio por individuación de cada pensador estructuralista surgiría un tipo distinto de estructuralismo. Contaríamos tantos estructuralismos como estructuralistas: estructuralismo de Lévi-Strauss; estructuralismo de Lacan, etc. Tal vez por esto ningún estructuralista se considera tal. En cualquier caso, desde un criterio temporal, la Segunda Guerra Mundial (1945) marca el antes y después del estructuralismo. Nosotros nos referiremos particularmente al estructuralismo francés filosófico de posguerra, considerado por algunos como una moda intelectual.

Resultan interesantes los dos sentidos del término latino structura: a) distribución de las partes importantes y vistas de un edificio, y b) armadura, que, a nivel del subsuelo (por lo tanto parte no vista), servía de sustentación a un edificio. Diferenciamos, pues, dos clases de estructuras: una patente y otra oculta, fundamentando la visible. Destacamos que struere se usaba como verbo dinámico (construir; normalmente el sustantivo deriva del verbo): una estructura no es sólo (o no es nunca) algo hecho, sino haciéndose, construyéndose, transformándose. Así pues, definimos al estructuralismo como un «movimiento filosófico, que busca en la realidad sus estructuras dinámicas y ocultas/inconscientes».

II. REFLEXIÓN SISTEMÁTICA.

El estructuralismo es tanto un método como una teoría; o mejor, es un método que genera teorías. Como es un método heurístico, servirá como herramienta para acceder a la explicación de la realidad como realidad estructural: como método, porque ha de adecuarse a la complexión del objeto estudiado; y como teoría, porque todo discurso filosófico trata de desentrañar los fundamentos últimos del objeto. La diferencia del estructuralismo con los otros métodos y teorías son obviamente sus prejuicios estructurales: o hay que partir de la base de que las cosas son como estructuras para así comprenderlas (estrategia metodológica), o habrá que partir de la base de que las cosas son estructuras (premisa ontológica). Las tres características de una estructura son: /totalidad, transformabilidad y autorregulación. El estructuralismo opina que las estructuras son principios explicativos, invisibles e inconscientes para las personas, y, por lo tanto, no inferibles desde la realidad mostrenca (sensible); de ahí que a sus explicaciones estructurales las denominen modelos teóricos postulados. Un sistema lo constituyen sus miembros y las relaciones entre sus miembros. Cuando explicamos estructuralmente un sistema situaríamos los miembros del sistema, con todas sus peculiaridades y características intrínsecas y únicas; también atenderíamos a las interdependencias de los miembros, ahora disfrazados en símbolos universales. A la estructura que explica sólo las interdependencias, prescindiendo de los miembros, se la llama estructura formal. A los estructuralistas les interesa la estructura formal común del mayor número de sistemas; es más, sueñan con descubrir la estructura formal de todos los sistemas (encontrarían el principio explicativo ultimísimo de toda la realidad).

El método estructuralista consta de cuatro operaciones: a) captación y delimitación de un sistema a observar; b) concepción de estructuras que expliquen lo observado en ese sistema: las estructuras no son inferibles del sistema observado (más bien viceversa); toca inventarlas, atendiendo a cuatro normas: sencillas, ajustadas, completas y contrastables con la realidad; c) elección de la estructura que mejor explique ese sistema: la estructura no falsada o hasta la fecha verificada, y más sencilla, ajustada y completa que las demás, será el modelo teórico postulado para ese sistema; d) comparación de esa estructura formal con otras estructuras, intentando fundirlas en una única estructura que las integre. El presupuesto metodológico fundamental, desde donde todos los métodos estructuralistas enraízan, es la reinterpretación de una teoría explicativa, desde unas claves de lectura distintas de las oficiales, cambiando a su vez las explicaciones oficiales que venían avaladas por dicha teoría ahora releída. Se comprenderá por qué los relectores estructuralistas siempre parten de una teoría anterior desde donde apoyar sus reinterpretaciones. Las teorías estructuralistas son precisamente esas nuevas explicaciones desde la relectura de una teoría que ya las explicaba.

Como precursores del estructuralismo destacamos el modelo filosófico ejercido por los maestros de la sospecha: K. Marx, F. Nietzsche y S. Freud; y el modelo lingüístico de F. de Saussure. De la sospecha recoge su intento desmitificador de la gran tradición humanista; de Saussure su método. De ambos, su visión de la realidad como doble: una manifiesta y encubridora, la otra cubierta (oculta) y descubridora.

III. PRINCIPALES REPRESENTANTES DEL ESTRUCTURALISMO.

1. Claude Lévi-Strauss. Estudia el parentesco (en Mato Grosso y Amazonia) y los mitos desde su relectura estructuralista del psicoanálisis de Freud y del marxismo de Marx. Tanto la realidad del parentesco como la de los mitos es doble. La realidad latente (e inconsciente) del parentesco es la prohibición del incesto; la función oculta positiva de esta regla -aparentemente negativa- es el intercambio extrafamiliar, que es el que produce la sociedad, en la cual germina la cultura. Todos los mitos son variantes de una misma estructura. Tanto la prohibición del incesto como los mitos son universales. Como todo y sólo lo universal es natural, estamos ante dos muestras de lo primigenio natural humano desconocido, o ante el inconsciente estructural del espíritu humano, poseedor de un sistema categorial repetido en cada persona (esta es la teoría metafísica del inconsciente trascendental).

2. Jacques Lacan. Estudia al yo desde su relectura estructuralista del psicoanálisis de Freud. La realidad del yo como doble: el Yo (yo-consciente) y el [yo] (yo-inconsciente). Tanto el Yo como el [yo] poseen lenguajes distintos y autónomos: el /lenguaje del Yo es socio-cultural, simbólico y aprendido, y consta de significantes y significados (según explicó Saussure); el del [yo], es universal, metafórico e innato, y sólo contiene significantes (según explica Lacan). Cuando accedimos al lenguaje del Yo (cuando aprendimos a hablar), nos integramos socialmente y reprimimos nuestro lenguaje universal e innato, escindiendo el yo y formando el Yo y él [yo]. Nosotros somos él [yo], de ahí que por culpa del otro Yo, o, en el fondo, del impuesto lenguaje simbólico, malvivamos alienados, a la búsqueda infructuosa de la identidad perdida.

3. Louis Althusser. Estudia al marxismo desde su relectura estructuralista de las obras de Marx. La realidad del marxismo es doble: el marxismo ideológico (obra del joven Marx, 1840-1845) y el marxismo científico (surgido del Marx maduro, 1846-1883). Entre el ideológico y el científico se acusa una «ruptura epistemológica»: El ideológico -al fundamentarse en las filosofías de Hegel y Feuerbach- es una teoría idealista, historicista y humanista, casi una religión; el científico -al enfrentarse a los problemas sociales de la explotación obrera- es una práctica científica, ahistórica y antihumanista, toda una revolución. Aunque lecturas inocentes (imposibles de hecho) o esencialistas («religiosas») han tratado o de identificar ambos Marx (por la identidad de la evolución diacrónica), o de ensalzar al Marx joven, lo cierto es que el auténtico marxismo es el científico, siendo el ideológico un marxismo burgués.

IV. CONSIDERACIONES CRÍTICAS.

Se ha acusado reiteradamente al estructuralismo de ser antihumanista. Pero, ¿es el estructuralismo antihumanista? El estructuralismo nos advierte que no debemos caer en el fraude del Humanismo racionalista, que, partiendo de una noción de persona, a continuación asienta en esa noción su criterio de fundamentación epistémica: es decir, «como decretamos que todo ser humano es racional y libre -dirían los humanistas-, podemos confiarnos en el ser humano como detentor, detector y guardián de la verdad». El antihumanismo metodológico del estructuralismo se alza contra el peligro de antropologización del saber (M. Heidegger), peligro doble: a) peligro de que nuestra idea del ser humano fundamente/avale nuestro saber («esto es verdad porque lo digo yo, todo un señor libre y racional»); b) peligro de que nuestra idea del ser humano determine un saber a la carta de los humanos (sólo interesa saber lo que interese a los humanos). En cualquier caso hay que reconocer que, como en ocasiones el ser humano molesta, mejor que se le mantenga al margen, o como escribió Althusser: «Sólo se puede conocer algo acerca del hombre a condición de reducir a cenizas el mito filosófico (teórico) del hombre»; esto es, gracias a que la persona no se erigirá como piedra angular explicativa, será posible pensar de nuevo la realidad total, incluido el ser humano. La exclusión del sujeto representa una necesidad de orden metodológico para ser más objetivos. Es necesario entender que no estamos ante ningún desprecio contra las personas reales (lo cual sería absurdo); estamos simplemente ante un antisubjetivismo teórico y epistemológico. El estructuralismo, por tanto, no es, a priori, un antihumanismo.

Observando el estructuralismo advertimos la estrecha relación método-teoría: «Dime cómo piensas (método) y te diré lo que piensas (teoría)». Respecto al método estructuralista, cabe considerar: a) lo fructíferos que resultan los trasvases interdisciplinares (de la matemática a la lingüística y de esta a la /filosofía); b) la posibilidad (también fructífera) de pertenecer a una corriente de pensamiento sin menoscabo de la originalidad de sus individuos (cada estructuralista un estructuralismo); c) que «la exclusión del sujeto representa una necesidad, diríamos de orden metodológico: excluir el punto de vista del árbitro que inspecciona [...] desde fuera y, por este hecho, es propenso a encontrarle causas desde fuera» (Lévi-Strauss).

Respecto al discurso estructuralista, cabe seguir considerando que no todo humanismo es humano (de ahí que no todo antihumanismo sea ahumano). Además, que la realidad no es evidente (de ahí que haya que sospecharla y destaparla); y que un /personalismo «bien ordenado no comienza por uno mismo, sino que coloca al mundo antes que la vida, la vida antes que el hombre, el respeto a los otros antes que el amor propio» (Lévi-Strauss).

BIBL.: ALTHUSSER L., La revolución teórica de Marx, Siglo XXI, México 1969'; BOLIVAR A., El estructuralismo: de Lévi-Strauss a Derrida, Cincel, Madrid 1985; DERRIDA J., La,filosofía como institución, Granica, Barcelona 1984; FOUCAULT M., Arqueología del saber, Siglo XXI, México 1970; GÓMEZ GARCíA P., La antropología estructural de Claude LéviStrauss, Tecnos, Madrid 1981; LACAN J., El objeto del psicoanálisis, Anagrama, Barcelona 1970; LÉVI-STRAUSS C., Antropología estructural, Eudeba, Buenos Aires 1968; BROEKMAN J., El estructuralismo, Herder, Barcelona 1974; PoUILLON J., Problemas del estructuralismo, Siglo XXI, México 1969'; SPERBER D., ¿Qué es el estructuralismo? (El estructuralismo en antropología), Losada, Buenos Aires 1975.

F. Muñoz