DE GRADIBUS HUMILITATIS ET SUPERBIAE
Los grados de la humildad y del orgullo
RETRACTATIO
RETRACTACIÓN
§ 1 In hoc opusculo, cum illud de Evangelio, quod Dominus ait, diem ultimi iudicii se nescire, ad aliquam sententiam confirmandam atque roborandam proferrem in medium, improvide quiddam apposui quod in Evangelio scriptum non esse postea deprehendi. Nam cum textus habeat tantummodo: Neque filius scit, ego deceptus magis quam fallere volens, litterae quippe inmemor, sed non sensus: "Nec ipse, inquam, filius hominis scit".
Ya había redactado casi la mitad de este tratado cuando se me ocurrió confirmar y corroborar una afirmación, citando aquel pasaje el Evangelio en el que el Señor confiesa su ignorancia sobre el día del juicio. Y cometí una imprudencia; pues luego caí en la cuenta de que el Evangelio no se expresa así. El texto dice tan sólo: Ni el Hijo lo sabe. Yo, en cambio, autosugenstionado y sin intención de presionar, no recordaba la expresión exacta, sino sólo el sentido; por eso escribí: Ni el Hijo del hombre lo sabe.
§ 2 Unde etiam totam ordiens sequentem disputationem ex eo quod non veraciter posui, veram conatus sum approbare assertionem. Sed quia talem errorem meum multo post, quam a me idem libellus editus et a pluribus iam transcriptus fuit, deprehendi, cum non potui per tot iam libellos sparsum persequi mendacium, necessarium credidi confugere ad confessionis remedium.
Al comenzar la siguiente discusión, traté de probar su autenticidad, partiendo de una afirmación en contra de la verdad. Pero, como no me dí cuenta de este error hasta mucho después de haber dado el libro a publicidad y de haber sido transcrito por muchas personas, no he encontrado más solución que hacer esta retractación; dado que, por estar esparcido en tantos manuscritos, no me ha sido posible atajar dicho error.
§ 3 Alio quoque in loco quamdam de Seraphim opinionem posui, quam numquam audivi, nusquam legi. Ubi sane lector meus attendat, quod proinde temperanter "puto" dixerim, volens videlicet non aliud quam putari, quod certum reddere de Scripturis non valui.
En otra ocasión manifesté una opinión sobre los serafines, que nunca he oído ni leído. Advierta el lector la prudencia del autor, que se expresa diciendo: "pienso". No quería proponer más que una simple opinión de aquello cuya veracidad no he podido demostrar en la Escritura.
§ 4 Titulus quoque ipse qui "De gradibus humilitatis". inscribitur, pro eo forsitan quod non humilitatis, sed superbiae potius hic distingui describique videntur gradus, calumniam patietur, sed hoc a minus vel intelligentibus, vel attendentibus eiusdem tituli rationem, quam tamen in fine opusculi ipse breviter intimare curavi.
En fin, incluso puede discutirse la oportunidad del título, "Sobre los grados de humildad", dado que describo más los grados de soberbia. Aquí cargarán las tintas los menos inteligentes o los que hacen caso omiso a los motivos del título. Al final del tratado intento fustificarlo muy escuetamente.
PREFACIO
§ 1 Rogasti me, frater Godefride, quatenus ea quae de gradibus humilitatis coram fratribus locutus fueram, pleniori tibi tractatu dissererem. Cui tuae petitioni digne, ut dignum erat, et volens satisfacere, et timens non posse, evangelici consilii memor, non prius, fateor, incipere ausus sum, quam sedens computavi, si sufficerent sumptus ad perficiendum.
Me pediste, hermanos Godofredo, que te pusiese por escrito y con relativa extensión lo que prediqué a los hermanos sobre los grados de humildad. He intentado satisfacer tu ruego como se merece, aunque con temor de no poder realizarlo. Te confieso que nunca se apartaba de mi mente el conseje del Evangelio. no me atrevía a comenzar sin detenerme a pesar si contaba con medios para llevarlo a cabo.
§ 2 Cum autem caritas foras hunc misisset timorem, quo mihi timebam illudi de opere non consummando, subintravit alius timor de contrario, quo coepi timere gravius periculum de gloria si perfecissem, quam de ignominia si defecissem. Unde inter hunc timorem et caritatem, velut in quodam bivio positus, diu haesitavi, cui viarum tuto me crederem, metuens aut loquendo utiliter de humilitate, ipse humilis non inveniri; aut tacendo humiliter, inutilis fieri.
Y cuando la caridad ya había arrojado lejos este temor de no poder rematar la obra, me invadió otro de signo contrario. En caso de terminar, me acecharía el peligro de la vanagloria, peligro mucho más grave que el mismo desprecio de no acabarlo. Por eso, entre el temor y la caridad, como perplejo ante dos caminos, estuve dudando largo tiempo sobre cuál de ellos debería tomar. Me temía que, si hablaba útilmente de humildad, podría dar la sensación de no ser humilde; y que, si callaba por humildad, podría ser tachado de inútil.
§ 3 Cumque neutram tutam, alterutram tamen mihi tenendam esse conspicerem, elegi potius tibi, si quem possem, communicare fructum sermonis, quam tutari me solum portu silentii: simul fiduciam habens, si quid forte, quod approbes, dixerim, tuis precibus posse non superbire; sin autem -quod magis puto- nihil tuo studio dignum effecerim, de nihilo superbire non posse.
No me fiaba de ninguno de estos dos caminos, pero me veía obligado a tomar uno. Me pareció mejor compartir contigo el fruto de mis palabras que permanecer seguro, yo solo, en el puerto de mi silencio. Confío que, si por casualidad digo alogo que te agrade, tu oración conseguirá que no me envnezca de ello. Y si, por el contrario -lo que parece más normal-, no llego a redactar algo digno de tu talento, entonces ya no tendré motivo alguno par ensoberbecerme.
QUO FRUCTU GRADUS HUMILITATIS ASCENDI DEBEANT
VENTAJAS QUE REPORTAN LOS GRADOS ASCENDENTES
Capítulo 1
§ 1 Locuturus ergo de gradibus humilitatis, quos beatus Benedictus non numerandos, sed ascendendos proponit, prius ostendo, si possum, quo per illos Perveniendum sit, ut: audito fructu perventionis, minus gravet labor ascensionis.
Antes de empezar a hablar de los grados de humildad que propone San Benito, no para enumerarlos, sino para subirlos, quiero mostrarte, si puedo, adónde nos llevan. Así, conocido de antemano el fruto que no espera a la llegada, no nos abrumará el trabajo de la subida.
§ 2 Proponat itaque Dominus nobis viae laborem, laboris mercedem: Ego sum, inquit, via, veritas et vita. Viam dicit, humilitatem, quae ducit ad veritatem : altera labor, altera fructus laboris est. "Unde sciam" inquis, "quod ibi de humilitate locutus sit, cum indeterminate dixerit: "Ego sum via"? Audi apertius : Discite a me, quia mitis sum et humilis corde.
Cuando el Señor dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida, nos declara el esfuerzo del camino y el premio sl esfuerzo. A la humildad se le llama camino que lleva a la verdad. La humildad es el esfuerzo; la verdad, el premio al esfuerzo. ¿Por qué sabes?, dirás tú, que este pasaje se refiere a la humildad, siendo así que dijo de un modo indefinido: Yo soy el camino? Escúchalo más concretamente: Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón.
§ 3 Se ergo proponit humilitatis exemplum, mansuetudinis formam. Si imitaris eum, non ambulas in tenebris, sed habebis lumen vitae. Quid est lumen vitae, nisi veritas, quae illuminans omnem hominem venientem in hunc mundum, ostendit ubi sit vera vita? Ideo cum dixisset: Ego sum via et veritas, subdidit: et vita, at si diceret:Ego sum via, quae ad veritatem duco; ego sum veritas, quae vitam promitto; ego sum vita, quam do. Haec est enim, ait, vita aeterna, ut cognoscant te verum deum, et quem misisti Iesum Christum.
Se propone como ejemplo de humildad y como modelo de mansedumbre. Si lo imitas, no andas en tinieblas, sino que tendrás la luz de la vida. Y ¿qué es la luz de la vida sino la verdad? La verdad ilumina a todo hombre que viene a este mundo; indica dónde está la vida vedadera. Po eso, al decir: Yo soy el camino y la verdad, añadió: y la vida. Como si dijera: Yo soy el camino, que llevo a la verdad; yo soy la verdad, que prometo la vida; yo soy la vida, y la doy; pues dice él mismo: Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo.
§ 4 Vel sic, quasi tu dicas: "Viam considero, id est humilitatem; fructum desidero, veritatem. Se quid si tantus est labor viae, ut ad optatum luctum non possim pervenire?" Respondet: Ego sum vita, id est viaticum, quo sustenteris in via.
Mas si tú dices: "Veo perfectamente el camino, la humildad; deseo el fruto, la verdad; mas, ¿qué haré si el esfuerzo del camino es tan pesado que no puedo llegar al premio deseado?" El te responde: Yo soy la vida, el viático de donde sacarás energías para el camino.
§ 5 Clamat igitur errantibus et viam ignorantibus: Ego sum via; dubitantibus et non credentibus: Ego sum veritas; iam ascendentibus, sed lassescentibus: Ego sum vita. Satis, ut reor, ostensum est ex proposito capitulo Evangelii cognitionem veritatis fructum esse humilitatis.
El Señor grita a los extraviados y a quienes ignoran el camino: Yo soy el camino; a los que dudan y a quines no creen: Yo soy la verdad; y a los que ya suben arrastrando su cansancio: Yo soy la vida. Me parece que en el pasaje propuesto queda suficientemente claro que el conocimiento de la verdad es fruto de la humildad.
§ 6 Accipe et aliud: confiteor tibi, Pater caeli et terrae, quia abscondisti haec, haud dubium quin veritatis secreta, a sapientibus et prudentibus, id est a superbis, et revelasti ea parvulis, hoc est humilibus. Et in hoc apparet quod veritas, quae superbis absconditur, humilibus revelatur.
Fíjate además en estos textos: Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas -sin duda haciendo referencia a los secretos de la verdad- a los sabios y prudentes, esto es, a los soberbios, y se ls has revelado a los pequeños, es decir, a los humildes. También aquí se inulca que la verdad se esconde a los soberbios y se revela a los humildes.
§ 1 Humilitatis vero talis potest esse definitio: humilitas est virtus, qua homo verissima sui cognitione sibi ipse vilescit Haec autem convenit his, qui ascensionibus in corde suo dispositis, de virtute in virtutem, id est de gradu in gradum proficiunt, donec ad culmen humilitatis perveniant, in quo velut Sion, id est in speculatione, positi, veritatem prospiciant. Etenim, inquit, benedictionem dabit legislator, quia qui dedit legem, dabit et benedictionem, hoc est qui iussit humilitatem, perducet ad veritatem.
La humildad podría definirse así: es una virtud que incita al hombre a menospreciarse ante la clara luz de su propio conocimiento. Esta definición es muy adecuada para quienes se han decidido a progresar en el fondo del corazón. Avanzan de vrtud en virtud, de grado en grado, hasta llegar a cima de la humildad. Allí, en actitud contemplativa, como en Sión, se embelesan en la verdad; porque se dice que el legislador dará su bendición. El que promulgó la ley, dará también labendición; el que ha exigido la humildad, llevará a la verdad.
§ 2 Quis vero est hic legislator, nisi dulcis et rectus Dominus; qui legem dedit delinquentibus in via? In via quippe delinquunt, qui veritatem derelinquunt. Sed numquid vel sic a dulci Domino derelinquuntur? Ipsis ergo dulcis et rectus Dominus legem dat viam humilitatis, per quam redeant ad cognitionem veritatis. Dat occasionem recuperandae salutis; quia dulcis est; non tamen absque disciplina legis quia rectus est. Dulcis, quia perire non patitur; rectus, qui punire non obliviscitur.
¿Quién es este legislador? Es el Señor amable y recto que ha promulgado su ley para los que pierden el camino. Se descaminan todos los que abandonan la verdad. Y ¿van a quedar desamparados por un Señor tan amable? No. Precisamente es a éstos a los que el Señor, amable y recto, ofrece como ley el camino de la humildad. De esta forma podrán volver al conocimiento de la verdad. Les brinda la ocasión de reconquistar al salvación, porue es amable. Pero, ¡Atención!, son menoscabar la disciplina de la ley, porque es recto. Es amable, porque no se resigna a que se pierdan; es recto, porque no se le pasa el castigo merecido.
§ 1 Hanc itaque legem, qua reditur ad veritatem, beatus Benedictus per duodecim gradus disponit, ut sicut post decem praecepta legis ac geminam circumcisionem -in quo duodenarius numerus impletur- ad Christum venitur, ita his duodecim gradibus ascensis, veritas apprehendatur.
Esta ley, que nos orienta hacia la verdad, la promulgó San Benito en doce grados. Y como mediante los diez mandamientos de la ley y de la doble circuncisión, que en total suman doce, se llega a Cristo, subidos estos doce grados se alcanzan la verdad.
§ 2 Illud quoque quod in scala illa, quae in typo humilitatis Iacob monstrata est, Dominus desuper innixus apparuit, quid nobis aliud innuit, nisi quod in culmine humilitatis cognitio constituitur veritatis? Dominus quippe de summitate scalae prospiciebat super filios hominum tamquam Veritas, cuius oculi sicut fallere nolunt, ita falli non norunt, ut videret si sit intelligens aut requirens Deum. Annon tibi de alto videtur clamare ac dicere requirentibus se,-novit enim qui sunt eius: Transite ad me omnes qui concupiscitis me, et a generationibus meis implemini? Et illud; Venite ad me qui laboratis et onerati estis et ego vos reficiam.
El mismo hecho de la aparición del Señor en lo más alto del aquella rampa que, como tipo de la humildad, se le presentó a Jacob, ¿no indica acaso que el conocimiento de la verdad se stúa en lo alto de humildad? El Señor es la verdad, que no puede engarse ni engañar. Desde lo más alto de la rampa estab mirando a los hijos de los hombres para vers i había alguno sensato que buscase a Dios. Y ¿no te parece a ti que el Señor, conocedor de todos los suyos, desde lo alto está clamoreando a los que le buscan: Venid a mí todos los que me deseáis y saciaos de mis frutos; y también: Venid a mí todos los que estáis rendidos y abrumados, que yo os daré respiro?
§ 3 Venite, inquit. Quo? Ad me veritatem. Qua? Per humilitatem. Quo fructu? Ego vos reficiam. Sed quae est refectio quam Veritas ascendentibus promittit, pervenientibus reddit? An forte ipsa est caritas? Ad hac quippe, ut ait beatus Benedictus, ascensis omnibus humilitatis gradibus monachus mox perveniet. Vere dulcis et suavis cibus caritas, quae fessos allevat, debiles roborat, maestos laetificat, iugum denique Veritatis facit suave et onus leve.
Venid, dice. ¿Adónde? A mí, la verdad. ¿Por dónde? Por la humildad. ¿Provecho? Yo os daré respiro. ¿Qué respiro promete la verda al que sube, y lo otorga al que llega? ¿La caridad, quizá? Sí, pues, según San Benito, una vez subidos todos los grados de la humildad, se llega en seguida a la caridad. La caridad es un alimento dulce y agradable que reanima a los cansados, robustece a los débiles, alegra a los tristes y hace soportable el yugo y ligera la carga de la verdad.
§ 1 Bonus cibus caritas, quae media in ferculo Salomonis consistens, diversarum odore virtutum, velut diversi generis fragrantia pigmentorum, esurientes reficit, iucundat reficientes. Ibi siquidem apponitur pax, patientia, benignitas, longanimitas, gaudium in Spiritu Sancto; et si quae sint aliae veritatis seu sapientiae generationes, apparantur in illa.
La caridad es un manjar excelente. Es el plato principal en la mesa de rey Salomón. Exhala el aroma de las distintas virtudes, semejante a la fragancia de las especias más sorprendentes. Sacia a los habrientos, alegra alos comensales. Con ella se sirven también la paz, la paciencia, la bondad, la entereza de ánimo, el gozo en el Espíritu Santo y todos los demás frutos y virtudes que tienen por raíz la verdad o la sabiduría.
§ 2 Habet et humilitas in eodem ferculo suas epulas, panem scilicet doloris et vinum compunctionis, quas primo Veritas incipientibus offert, quibus utique dicitur: Surgite postquam sederitis, qui manducatis panem doloris.
La humildad tiene también sus complementos en esta misma mesa. El pan del dolor y el vino de la compunción es lo primero que la verdad ofrece a los incipientes, y les dice: Los que coméis el pan del dolor, levantaos después de haberos sentado.
§ 3 Habet ibidem contemplatio ex adipe frumenti solidum cibum sapientiae, cum vino quod laetificat cor hominis, ad quem Veritas perfectos invitat, dicens: Comedite, amici mei, et bibite, et inebriamini, carissimi. Media, inquit, caritate constravit propter filias Ierusalem, propter imperfectas videlicet animas, quae dum adhuc solidum illum cibum minus capere possunt, interim caritatis pro pane, oleo pro vino nutriendae sunt.
Tampoco a la contemplación le falta el sólido alimento de la sabiduría, amasado con flor de harina, y el vino qu ealegra el corazón del hombre; con él, la verdad obsequia a los perfectos, y les dice: Comed, amigos míos, bebed y embriagaos, crísimos. La caridad, nos dice, es el plato principal de las hijas de Jerusalén; las almas inperfectas, por se todavía incapaces de digerir aquel sólido manjar, tienen que alimentarse de leche en vez de pan, y de aceite en lugar de vino. Y con toda razón se sirve hacie la mitad del banquete, pues su suavidad no aprovecha a los incipientes, que viven en el temor; ni es sufiencete a los perfectos, que gustan la intensa dulzura de la contemplación.
§ 4 Quae recte media describitur, quia eius suavitas nec incipientibus praesto est, prohibente timore, nec perfectis satis est, pro abundantiori contemplationis dulcedine. Hi adhuc a noxiis carnalium delectationum humoribus, timoris amarissima potione purgandi, nondum lactis dulcedinem experiuntur; illi iam avulsi a lacte, epulari ab introitu gloriae gloriosius delectantur, solis mediis, id est proficientibus, ita iam melleas quasdam sorbitiunculas caritatis expertis, ut illis interim pro sui teneritudine contenti sint.
Los incipientes, mientras no se curen de las malas pasiones de los deleites carnales con la purga amarga de temor, no pueden expeirmentar la dulzura de la leche. Los perfectos ya han sido destetados; ahora, eufñoricos, se alegran de comer ese otro manjar, anticipo de la gloria. Sólo aprovecha a los que están en el centro, a los proficientes, quienes ya han experimentado su agradable paladar en algunos sorbos. Y se quedan contentos sin más, por causa de su tierna edad.
§ 1 Primus ergo cibus est humilitatis, purgatorius cum amaritudine; secundus caritatis, consolatorius cum dulcedine; tertius contemplationis, solidus cum fortitudine. Ei mihi, Domine Deus virtutum, quousque irasceris super orationem servi tui, cibabis me pane lacrimarum, et potum dabis mihi in lacrimis? Quis me invitabit ad illud vel medium ac dulce caritatis convivium, ubi iusti epulantur in conspectu Dei, et delectantur in laetitia, ut iam non loquens in amaritudine animae meae, dicam Deo: Noli me condemnare, sed epulando in azymis sinceritatis et veritatis, laetus cantem in viis Domini, quoniam magna est gloria Domini?
El primer plato es, pues, el de la humildad, una purga amarga. Luego, el plato de la caridad, todo un consuelo apetitoso. Sigue el de la contemplación, el plato fuerte. ¡Pobre de mí! ¿hasta cuándo, Señor, vas a estar siempre enojado contra tu siervo que te suplica? ¿Hasta cuándo me vas a estar alimentando con el pan del llanto y ofreciéndome como bebida las lágrimas a tragos? ¡Quién me invitará a comer de aquel último plato, o al menos del sabroso manjar de la caridad, que se sirve a mitad del banquete! Los justos los comen en presencia de Dios rebosando de alegría. Entonces ya no debería pedir l Dios con amargura del alma: ¡no me condenes! Todo lo contrario, al celebrar el convite con los ázimos de la pureza y de la verdad, cantaría alegre en los caminos del Señor porque la gloria del Señor es grande.
§ 2 Bona tamen via humilitatis, qua veritas inquiritur, caritas acquiritur, generationes sapientiae participantur. Denique sicut finis legis Christus, sic perfecto humilitatis cognitio veritatis. Christus, cum venit, attulit gratiam. Veritas quibus innotuerit, dat caritatem; innotescit autem humilibus: humilibus ergo dat gratiam.
Bueno es, por tanto, el camino de la humildad; en l se busca la verdad, se encuentra la caridad y se comparten los frutos de la sabiduría. El fin de la ley es Cristo; y la perfección de la humildad, el conocimiento de la verdad. Cristo, cuando vino al mundo, trajo la gracia. La. verdad, cuan se revela ofrece la caridad. Pero siempre se manifiesta a los humildes. Por ello, la gracia se da a los humildes.
§ 1 Dixi, ut potui, quo fructu humilitatis gradus ascendi debeant; dicam, ut potero, quo ordine ad propositum bravium veritatis perducant.
En cuanto me ha sido posible, acabo de exponer el fruto que nos aguarda al final de la subida a través de todos los grados de humildad. Ahora, si me es posible, voy a referirme me al orden con que estos grados nos orientan hacia el premio tan apetecible de la verdad.
§ 2 QUO ORDINE AD PROPOSITUM BRAVIUM PERDUCANT / EN QUÉ ORDEN SE LOGRA EL FIN PROPUESTO
Sed quia ipsa quoque veritatis agnitio in tribus gradibus consistit, ipsos breviter, si possum, distinguo quatenus ex hoc clarius innotescat, ad quem trium veritatis, duodecimus humilitatis pertingat. Inquirimus namque veritatem in nobis, in proximis, in sui natura. In nobis, nosmetipsos diiudicando, in proximis, eorum malis compatiendo; in sui natura, mundo corde contemplando.
Como el conocimiento de la verdad tiene a su vez tres grados, voy a tratar de explicarlos brevemente. Así se ver con mayor claridad a que grado de verdad corresponde el duodécimo grado de humildad. Buscamos la verdad en nosotros, en el prójimo y en sí misma. En nosotros, por la autocrítica; en el prójimo, por la compasión en sus desgracias; y en sí misma, por la contemplación de un corazón puro.
§ 3 Observa sicut numerum, ita et ordinem. Primo te doceat Veritas ipsa, quos prius in proximis quam in sui debeat inquiri natura. Post haec accipies, cur prius in te quam in proximis inquirere debeas. In numero siquidem beatitudinum, quas suo sermone distinxit, prius misericordes quam mundicordes posuit. Misericordes quippe cito in proximis veritatem deprehendunt, dum suos affectus in illos extendunt, dum sic per caritatem se illis conformant, ut illorum vel bona, vel mala, tamquam propria sentiam. Cum infirmis infirmatur, cum scandalizatis uruntur. Gaudere cum gaudentibus, flere cum flentibus consueverunt. Hac caritatis fraterna cordis acie mundata, veritatem delectantur in sui contemplari natura, pro cuius amore mala tolerant aliena.
Te he indicado el número de los grados; ahora observa su orden. En primer lugar quisiera que a misma verdad te enseñara por qué debe buscarse antes en los prójimos que en sí misma. Después entender s por qué de es buscarla en ti antes que en el prójimo. Al predicar las bienaventuranzas, el Señor antepuso los misericordiosos a los limpios de corazón. Y es que los misericordiosos descubren en seguida la verdad en sus prójimos. Proyectan hacia ellos sus afectos y se adaptan de tal manera, que sienten como propios los bienes los males de los demás. Con los enfermos, enferman; se abrasan con los que sufren escándalo; se alegran con los que están alegres, y lloran con los que lloran. Purificados ya en lo íntimo de sus corazones con esta misma caridad fraterna, se deleitan en contemplar la verdad en sí misma; por cuyo amor sufren las desgracias de los demás.
§ 4 Qui vero se ita fratribus non consociant, sed e contrario aut flentibus insultant, aut gaudentibus derogant, dum quod in illis est, in se non sentiunt, quia similiter affecti non sunt, veritatem in proximis qualiter deprehendere possunt?
En cambio, los que no sintonizan así con sus hermanos, sino que ofenden a los que lloran, menosprecian a los que se alegran, o no sienten en sí mismos lo que hay en los demás por no sintonizar con sus sentimientos, jamás podrán descubrir en sus prójimos la verdad.
§ 5 Bene namque convenit illis illud vulgare proverbium: Nescit sanus quis sentiat aeger, aut plenus quid patiatur ieiunus. Et aeger aegro, et ieiunus ieiuno quanto propinquius, tanto familiarius compatiuntur. Sicut enim pura veritas non nisi puro corde videtur, sic miseria fratris verius misero corde sentitur. Sed ut ob alienam miseriam cor miserum habeas, oportet tuam prius agnoscas, ut proximi mentem in tua invenias, et ex te noveris qualiter illi subvenias, exemplo scilicet Salvatoris nostri, qui pati voluit ut compati sciret, miser fieri ut misereri disceret, ut quomodo de ipso scriptum est: Et didicit ex his quae passus est oboedientiam, ita disceret, cuius misericordia ab aeterno et usque in aeternum; se quod natura sciebat ab aeterno, temporali didicit experimento.
A todos éstos les viene bien aquel dicho tan conocido: Ni el sano siente lo que siente el enfermo, ni el harto lo que siente el hambriento. El enfermo y el hambriento son los que mejor se compadecen de los enfermos y de los hambrientos, porque lo viven. La verdad pura únicamente la comprende el corazón puro; y nadie siente tan al vivo la miseria del hermano como el corazón que asume su propia miseria. Para que sientas tu propio corazón de miseria en la miseria de tu hermano, necesitas conocer primero tu propia miseria. Así podrás vivir en ti sus problemas, y se te despertaran iniciativas de ayuda fraterna. Este fue el programa de acción de nuestro Salvador quiso sufrir para saber compadecerse; se hizo miserable para aprender a tener misericordia. Por eso se ha escrito de él : Aprendió por sus padecimientos la obediencia. De este modo supo lo que era la misericordia. No quiere decir que Aquel cuya misericordia es eterna ignorara la práctica de la misericordia, sino que aprendió en el tiempo por la experiencia lo que sabía desde la eternidad por su naturaleza.
§ 1 Sed forte durum tibi videtur, quos dixi dei sapientiam Christum didicisse misericordiam, quasi is per quem omnia facta sunt, aliquid aliquando ignorasset ex his quae sunt, maxime cum illud quod ex epistola ad Hebraeos ad id comprobandum commemoravi, alio sensu, qui non ita videatur absurdus, possit intelligi, tu hoc quod dictum est; didicit, non ad ipsum caput referatur in sui persona, sed ad corpus eius, quod est Ecclesia, et sit ita sensus: Et didicit ex his quae passus est oboedientiam, hoc est: oboedientiam didicit in suo corpore his quae passus est in capite.
Quizá te parezca exagerado lo que acabo de afirmar que Cristo, Sabiduría de Dios, haya tenido que aprender a ser misericordioso, como si Aquel por quien fueron hechas todas las cosas hubiese ignorado algún tiempo algo de lo que fue hecho; sobre todo teniendo n cuenta que esas citas de la carta a los Hebreos pueden entenderse en otro sentido. No es absurdo que el término aprendió no haga referencia a la Cabeza, la persona de Cristo, sino a su cuerpo, la iglesia. En tal caso, el sentido completo de la frase aprendió por sus padecimientos la obediencia, sería éste: Aprendió en su cuerpo la obediencia por lo que padeció en la cabeza.
§ 2 Nam illa mors, illa crux, opprobria, sputa flagella, quae omnia caput nostrum Christus pertransiit, quis aliud corpori eius,id es nobis, quam praeclara oboedientiae documenta fuerunt? Christus factus est, ait Paulus, oboediens Patri usque ad mortem. Qua necessitate? Respondeat apostolus Petrus: Christus passus est pro nobis, vobis relinquens exemplum, ut sequamini, inquit, vestigia eius, id est tu imitemini oboedientiam eius.
Aquella muerte, aquella cruz, aquellos oprobios, salivazos y azotes que soportó nuestra cabeza, Cristo, qué otra cosa fueron para su cuerpo, para nosotros, sino preclaros ejemplos de obediencia? Cristo, dice San Pablo, se !?izo obediente al Padre hasta la muerte, y muerte de Cruz. Por qué ? Nos lo dice el apóstol Pedro : Cristo padeció por vosotros, dejándoos ejemplo, para que sigáis sus pasos; esto es, para que imitéis suobediencia.
§ 3 Ex his ergo quae passus est, discimus quanta nos, qui puri homines sumus, oporteat pro oboedentia perpeti, pro qua is, qui et Deus erat, non dubitaverit mori. Et hoc modo, inquis, inconveniens non erit si dicitur Christus vel oboedientiam, vel misericordiam, seu aliquid aliud in suo corpore didicisse, dum tamen sibi in sui persona nil, quod se ante latuerit, credatur ex tempore potuisse accedere, sicque ipse sit qui misereri aut oboedire doceat, ipse qui discat, quia caput et corpus unus est Christus.
De todo lo que él padeció por nosotros, puros hombres, aprendemos cuánto nos conviene padecer por la obediencia; ya que él, siendo Dios, no dudó en morir. Según esta interpretación, dices tú, ya no hay inconveniente alguno en decir que Cristo aprendió en su cuerpo la obediencia, la misericordia o cualquier otra cosa; con tal que no se crea que el Señor en su persona pudiese aprender en el transcurso de su vida temporal algo que antes ignorase. Y así, él mismo aprende enseña a la vez a misericordia y la obediencia; porque la cabeza y el cuerpo son un mismo Cristo.
§ 1 Non nego hunc intellectum, quin rectus sit; sed ex alio loco ipsius epistolae, superior interpretatio videtur approbari, ubi dicitur: Nusquam enim angelos apprehendit, sed semen Abrahae apprehendit; unde debuit per omnia fratribus similari, tu misericors fieret. Puto quod haec verba sic ad caput referenda sint, tu corpori penitus aptari non possint. De Verbo utique Dei dictum est quod non angelos apprehendit, hoc est non unam sibi personam assumpsit, sed semen Abrahae. Neque enim legitur: Verbum angelus factum est, se: Verbum caro factum est, et caro de carne Abrahae, iuxta promissionem quae illi primum facta est. Unde, id est ex qua seminis assumptione, debuit per omnia fratribus similari, id est oportuit ac necesse fuit ut similis nobis passibilis, nostrarum omnia, excepto peccato, genera miseriarum percurreret. Si quaeris: Qua necessitate? Ut misericors, inquit.
No niego que esta interpretación pueda ser aceptable. Sin embargo, existe otro pasaje de la misma carta que parece apoyar la anterior. No es a los ángeles a quienes tiende la mano, sino a los hijos de Abrahán. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos ara ser misericordioso. Creo que este debe referirse exclusivamente a la cabeza, no al cuerpo. Se dice de la Palabra de Dios que no tiende la mano a los ángeles, es decir, que no se unió personalmente a ellos, sino a la descendencia de Abrahán. Tampoco hemos leído: la Palabra se hizo ángel; sino la Palabra se hizo carne, y carne de Abrahán, se £n la promesa que se le hizo. De aquí, es decir, por hacerse hijo de Abrahán, tuvo que parecerse en todo a sus hermanos. Esto es, convino y fue necesario que, débil como nosotros Pasara por todas nuestras miserias, excluido el pecado.
§ 2 Et hoc, ais cur non recte ad corpus referri potest? Sed audi quod paulo post sequitur: In eo enim, in quo passus est ipse et tentatus, potens est et eis qui tentantur auxiliari. In quibus verbis quid melius intelligi possit non video, nisi quod ideo pati ac tentari, omnibusque, absque peccato, humanis voluit communicare miseriis -quod est per omnia fratribus similari-, ut similiter passis ac tentatis misereri ac compati ipso disceret experimento.
Preguntas: ¿Por qué fue necesario? Ahí mismo tienes la respuesta: Para ser misericordioso. Y sí insistes: ¿Por qué esto no puede referirse al cuerpo? Escucha lo que sigue: En cuanto que pasó la prueba del dolor, puede auxiliar a los que al ora la están pasando. No veo interpretación mejor de estas palabras que la referencia a una voluntad de sufrir, de ser probado y de pasar por todas las miserias humanas, excluido el pecado. Es la única forma de parecerse en todo a sus hermanos. Así aprendió por propia experiencia a tener misericordia compadecerse de los que sufren y de los que son probados.
§ 1 Quo quidem experimento non dico ut sapientior efficeretur, sed propinquior videretur, quatenus infirmi filii Adam, quos suos fieri et appellari fratres non dedignatus est, suas illi infirmitates committere non dubitarent, qui sanare illas et posset ut Deus, et vellet ut proximus, et cognosceret ut eadem passus. Unde Isaias virum eum appellat dolorum, et scientem infirmitatem. Et Apostolus: Non enim habemus, inquit, pontificem, qui non possit compati infirmitatibus nostris. Unde autem possit,indicans adiungit: Tentatum autem per omnia pro similitudine,absque peccato.
No quiero decir que mediante esta experiencia se haya vuelto más sabio. Lo importante es que ahora está mucho más cerca de nosotros, débiles hijos de Adán. Tampoco tuvo reparo en llamarnos y hacernos hermanos suyos; y todo para no dudar más en confiarle las flaquezas que, como Dios, puede curar; y que, como cercano, quiere curar. Ya las conoce, porque sufrió. Con razón lo llama Isaías hombre de dolores acostumbrado a sufrimientos. El Apóstol añade: Nos tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades. E indica a continuación el motivo de su compasión: Probado en todo, igual que nosotros, excluido el pecado.
§ 2 Beatus quippe Deus, beatus Dei Filius,in ea forma, qua non rapinam arbitratus est esse se aequalem Patri, procul dubio impassibilis, priusquam se exinanisset firmam servi accipiens, sicut miseriam vel subiectionem expertus non erat,sic misericordiam vel oboedientiam experimento non noverat. Sciebat quidem per natura, non autem sciebat per experientiam. At ubi minoratus est non solum a seipso, sed etiam paulo minus ab angelis, qui et ipsi impassibiles sint per gratiam, non per natura, usque ad illam formam, in qua pati et subici posset, quod utique, sicut dictum est, in sua non posset, et in passione expertus est misericordiam, et in subiectione oboedientiam Per quam tamen experientiam, non illi, ut dixi, scientia, sed nobis fiducia crevit, dum ex hoc misero genere cognitionis, is a quo longe erraveramus, factus est propior nobis.
Dios es dichoso. El Hijo de Dios también es dichoso en aquella condición por la que no se aferró a su categoría de ser igual al Padre. El era impasible antes de despojarse de su rango y de tomar la condición de esclavo. Hasta entonces no entendía de miseria y de sumisión; tampoco conocía por experiencia la misericordia y la obediencia. Sabía por su naturaleza, no por propia experiencia. Pero se achicó a sí mismo, haciéndose poco inferior a los ángeles, que son impasibles por gracia, no por naturaleza; y se rebajó hasta aquella condición en la que podía sufrir y someterse. Esto, como ya se dijo, le era imposible en su categoría divina. Por eso aprendió la misericordia en el sufrimiento, y la obediencia en la sumisión. Sin embargo, como dije antes, por esta experiencia no aumentó su caudal de ciencia, sino que aumentó nuestra confianza, ya que por medio de este triste modo de conocer se acercó m s a nosotros Aquel de quien tan lejos estábamos.
§ 3 Quando enim illi appropinquare auderemus, in sua impassibilitate manenti? Nunc autem, Apostolo suadente, monemur cum fiducia adire thronum gratiae ipsius, quem nimirum, sicut alibi scriptum est, languores nostros tulisse et dolores portasse cognoscimus, et in eo quo passus est ipse, nobis compati posse non dubitamus.
¿Cuándo nos hubiéramos atrevido a acercarnos a él si hubiese permanecido en su imposibilidad Ahora, sin embargo, el Apóstol nos persuade a acercarnos confiadamente ante el tribunal de la gracia de Aquel que, como está escrito en otro lugar, soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores Tenemos la absoluta certeza de que puede compadecerse de nosotros porque el mismo ha sufrido.
§ 1 Non ergo debet absurdum videri, si dicitur Christum non quidem aliquid scire coepisse, quod aliquando nescierit, scire tamen alio modo misericordiam ab aeterno per divinitatem, et aliter in tempore didicisse per carnem. Vide ne et simili locutionis modo illud dictum sit, quod Domino requirentibus discipulis de die ultimo se nescire respondit. Nam quomodo diem illud ille nesciebat, in quo omnes thesauri sapientiae et scientiae absconditi sunt? Cur ergo se scire negabat, quod certum est quia nescire non poterat? Numquid forte mendaciter eis voluit celare, quod utiliter non valuit innotescere? Absit. Sicut nil ignorare poterat, cum sapientia sit, sic nec mentiri, cum veritas sit. Sed volens discipulos ab inutilis inquisitionis curiositate compescere, quod inquirebant se scire negavit: non omni modo quidem, sed tali quodam modo, quo negare veraciter potuit. Nam etsi suae divinitatis intuitu aeque omnia praeterita scilicet, praesentia atque futura perlustrando, diem quoque illum palam habebat, non tamen ullis carnis suae sensibus experiendo agnoverat. Alioquin iam spiritu oris sui Antichristum interfecerat; iam auribus sui corporis Archagelum vociferantem et tubam sonantem, in quo strepitu mortui suscitandi sunt, audierat; iam oculis suae carnis oves haedosque, qui ab invicem segregandi sunt, perspexerat.
No deben parecernos absurdas las expresiones de que Cristo conocía la misericordia desde siempre, por su divinidad, pero de manera distinta de como la conoció en el tiempo por la encarnación. No queremos decir que Cristo hubiese comenzado a saber algo que anteriormente no supiese. Fíjate que el Señor usó una expresión parecida cuando respondió a la pregunta de sus discípulos acerca del último día. Les confesó su ignorancia. ¿Es que él, en quien estân escondidos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, no podía conocer la inminencia del último día?; ¿cómo, pues, negó que lo sabía, siendo clarísimo que no podía inorarlo? ; ¿acaso mintió para ocultarles lo que no era conveniente descubrirles? De ninguna manera. Si por ser la sabiduría no puede ignorar cosa alguna, por ser la verdad tampoco puede mentir. No quiso dar pábulo a la curiosidad inútil; por eso negó saber lo que le preguntaban. No lo negó, sin embargo, de un modo absoluto, sino con una especie de restricción mental. Pues si con la mirada de su divinidad veía todas las cosas, las pasadas, las presentes y las venideras. conocía perfectamente aquel día; pero no por experiencia de los sentidos corporales. De haber sido así, ya habría aniquilado al anticristo con el aliento de su boca; ya habría resonado en sus oídos el alarido del arcángel y el fragor de la trompeta, a cuyo estrépito los muertos van a resucitar; ya habría visto también con los ojos corporales a las ovejas a las cabras, que deberán estar separadas entre sí.
§ 1 Denique, ut intelligas quod illa tantum cognitione, quae per carnem fit, se illum diem nescire perhibuerit, vigilanter respondens, non ait: "Nec ego scio", sed: Nec ipse, inquit, filius hominis scit. Quid est filius hominis, nisi nomen assumptae carnis? Quo siquidem nomine intelligi datur, quia dicens se aliquid nescire, non iuxta quod Deus est, sed secundum hominem loquitur. Alias quippe loquens de se secundum suam deitatem, non filius vel filium hominis, sed: "Ego" vel "me", saepius ponere consuevit, ut ibi: Amen, amen dico vobis, antequam Abraham fieret, ego sum.Ego sum, ait, non: "Filius hominis est". Nec dubium, quin de illa essentia diceret, qua ante Abraham et sine initio est, non qua post Abraham et ex Abraham factus est.
En fin, vas a comprender mejor ahora que, cuando expresaba su ignorancia sobre el último día, se refería sólo a su conocimiento humano, analizando la fina discreción de su respuesta. No dijo: Yo no lo sé; sino: Ni el Hijo del hombre lo sabe. ¿Qué quiere indicar la expresión Hijo del hombre sino la naturaleza humana que había asumido? Con este nombre se da a entender que cuando dice no saber cosa alguna, no habla como Dios, sino como hombre. En otras ocasiones, hablando de sí mismo en cuanto Dios, no emplea la expresión "Hijo", o "Hijo del hombre", sino "yo", o "a mí". Ejemplos: En verdad, en verdad os digo; antes que Abrahán naciese, ya existía yo. Dice: Ya existía yo; y no: "ya existía el Hijo del hombre". Sin duda alguna que habla de aquella esencia por la que existe antes de Abrahán, desde la eternidad; y no de aquella otra por la que nació después de Abrahán, y que procede de Abrahán mismo.
§ 2 Alibi quoque hominum de se opinionem a discipulis inquirens: Quem dicunt, inquit, homines esse, non "me", sed filium hominibus? Rursus eosdem interrogans, quid de se ipsi quoque sentirent: Vos autem, non "quem filium hominis", sed quem me, ait, esse dicitis? Carnalis videlicet populi sententiam de carne inquirens, nomen carnis, quos proprie est filius hominis, posuit; spirituales vero discipulos de sua deitate interrogans, non filium hominis, sed signanter me dixit. Quod denique Petrus intelligens, quid per hoc quos dixerat: me, requisiti fuissent, sua responsione aperuit: Tu es, inquiens, non "Iesus filius Virginis", sed Christus filius Dei. Quod utique si respondisset, nihilominus veritatem dixisset; sed in verbis interrogationis sensum interrogantis prudenter advertens, competenter proprieque ad interrogata respondit, dicens: Tu es Christus filius Dei.
También en aquella ocasión en que deseaba saber por boca de los discípulos a opinión que los hombres tenían de él, les pregunta: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Y no: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?" Pero al preguntarles a continuación su opinión sobre él, les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y no: ¿Quién decís que es el Hijo del hombre? Queriendo saber lo que pensaba el pueblo carnal acerca de su naturaleza humana, se impuso un nombre carnal, que es el significado propiamente dicho de la expresión Hijo del hombre. Pero al preguntar a sus discípulos, que eran espirituales, acerca de su divinidad, no aludió a sí mismo como Hijo del hombre, sino directamente a su mismo "yo". Pedro comprendió lo que les había querido preguntar al decir: Y acertó bien en su respuesta: Tú eres el Cristo, el Hijo e Dios. No dijo: "Tú eres Jesús, el hijo de la Virgen". Si hubiese respondido así, sin duda alguna habría dicho la verdad. Pero cayendo en la cuenta, con agudeza, del sentido en que se le proponía la pregunta, respondió acertada y competentemente diciendo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.
§ 1 Cum igitur videas Christum in una quidem persona duas habere naturas, unam qua semper fuit, alteram qua esse coepit, et secundum sempiternum quidem suum esse, semper omnia nosse, secundum temporale vero, multa temporaliter expertum fuisse, cur fateri dubitas, ut esse ex tepore coepit in carne, sic carnis quoque miserias scire coepisse, illo dumtaxat modo cognitionis, quem docet defectio carnis?
Sabes que Cristo es una sola persona en dos naturalezas; una, por la que siempre existió; la otra, por la que empezó a vivir en el tiempo. Por su ser eterno conoce siempre todas las cosas; por su realidad histórica, aprendió muchas cosas en el tiempo. ¿Por qué dudas en admitir que, así como históricamente empezó a vivir en el cuerpo, del mismo modo empezó a conocer las miserias de los hombres con ese género de conocimiento propio de la debilidad humana?
§ 2 Quod utique genus scientiae Protoplasti sapientius feliciusque nescirent, quando ad attingere nisi stulte misereque non poterant. Sed plasmator eorum Deus requirens quod perierat, opus suum miseratus prosecutus est, descendens et ipse misericorditer, quo illi ceciderant miserabiliter. Voluit experiri in se, quos illi faciendo contra se merito paterentur, non simili quidem curiositate, sed mirabili caritate: non ut miser cum miseris remaneret, sed ut misericors factus miseros liberaret.
¡Cuánto más sabios y felices habrían sido nuestros primeros padres ignorando este género de ciencia, que no podían lograr sin hacerse necios y desdichados! Pero Dios, su Creador, buscando lo que se había perdido, continuó, compasivo su obra; y descendió misericordiosamente adonde ellos se habían abismado en su desgracia. Quiso experimentar en sí lo que nuestros padres sufrían con toda justicia por haber obrado contra él; pero se sintió movido, no por una curiosidad semejante a la de ellos, sino por una admirable caridad; y no para ser un desdichado más entre los desdichados, sino para librar a los miserables haciéndose misericordioso. Se hizo misericordioso, pero no con aquella misericordia que, permaneciendo feliz, tuvo desde siempre; sino con la que encontró, al hacerse uno como nosotros envuelto en la miseria.
§ 3 Factus, inquam, misericors, non illa misericordia, quam felix manens habuit ab aeterno, sed quam mediante miseria reperit in habitu nostro. Porro pietatis opus, quod per illam coepit, in ista perfecit: non quos sola illa non posset perficere, sed quia nobis non potuit absque ista sufficere. Utraque siquidem necessaria, sed nobis haec magis congrua fuit.
Así, la obra que había comenzado con la misericordia eterna, la culminó por la misericordia temporal; no porque no pudiese llevarla a cabo solamente con la eterna, sino porque, respecto a nosotros, la eterna sin la temporal no nos pudo bastar. Una y otra fueron necesarias, pero para nosotros fue más apropiada la segunda.
§ 4 O ineffabilis pietatis excogitatio! Quando illam adverteremus incognitam nobis compassionem, que non passione praeventa, cum impassibilitate perdurat?
¡Oh invención inefable de la piedad! ¿Podríamos habernos imaginado incluso aquella maravillosa misericordia eterna si antes no la hubiese precedido la miseria, que nos la hace concebir? ¿Cuándo habríamos descubierto aquella compasión, desconocida para nosotros, que sin la existencia de la Pasión habría perdurado en la imposibilidad?
§ 5 Attamen si illa quae miseriam nescit, misericordia non praecessisset, ad hanc, cuius miseria mater est, non accessisset. Si non accessisset, non attraxisset; si non attraxisset, non extraxisset. Unde autem extraxit, nisi de lacu miseriae et de luto faecis?
Sin embargo, si esa misericordia, que no conoce la miseria no hubiese existido anteriormente, tampoco se habría seguido esta otra misericordia, cuya madre es la miseria. Si no se hubiese seguido, tampoco nos habría atraído; si no nos hubiese atraído, no nos ha ría extraído. ¿Extraído?, ¿de dónde? De la fosa de la miseria y de la charca fangosa.
§ 6 Nec illam tamen misericordiam deseruit, sed hanc inseruit; non mutavit, sed multiplicavit, sicut scriptum est: Homines et iumenta salvabis, Domine, quemadmodum multiplicasti misericordiam tuam, Deus.
Pero el Señor no se despojó de la misericordia eterna; la añadió a la temporal. No la cambió; la multiplicó, según está escrito: Tú socorres a hombres y animales, ¡cómo has multiplicado tu misericordia, oh Dios!
§ 1 Sed iam ad propositum redeamus. Si ergo se miserum fecit, qui miser non erat, ut experiretur quo et ante sciebat, quanto magis tu, non dico ut te facias quod non es, sed ut attendas quod es, quia vere miser es, et sic discas misereri, qui hoc aliter scire non potes?
Volvamos ya a nuestro asunto. Si el que no era miserable se hizo miseria para experimentar lo que ya previamente sabía, ¿cuánto más debes tu, no digo hacerte lo que no eres, sino reflexionar sobre lo que eres, porque eres miserable? Así aprenderás a tener misericordia. Sólo así lo puedes aprender.
§ 2 Ne forte si proximi malum consideres et tuum non attendas, movearis non ad miserationem, sed ad indignationem non ad adiuvandum, sed ad iudicandum, denique non ad instruendum in spiritu lenitatis, sed ad destruendum in spiritu furoris. Vos qui spirituales estis, ait Apostolus, huiusmodi instruite in spiritu lenitatis. Apostoli consilium sive etiam praeceptum est, ut mansueto, id est eo spiritu fratri aegrotanti subvenias, quod tibi vis subveniri cum aegrotas. Et ut scias qualiter erga delinquentem mansuescere possis : Considerans, inquit, te ipsum, ne et tu tenteris.
Porque si consideras el mal de tu prójimo y no atiendes al tuyo, te sentirás arrebatado por la indignación, nunca movido por la compasión; tendemos a juzgar, no a ayudar; a destruir con violencia, no a corregir con suavidad. Vosotros los espirituales, dice el Apóstol, corre id con toda suavidad. El consejo o por mejor decir, el mandato del Apóstol consiste en que ayudes a tu hermano enfermo con la misma suavidad con la que tú quieres te ayuden a ti cuando enfermas. También consiste en que comprendas cuánta dulzura de trato debes tener con el pecador; caer en la cuenta, como dice el mismo Apóstol, de que también tú puedes ser tentado.
§ 1 Considerare libet, quam bene discipulus Veritatis ordinem sequatur Magistri. In beatitudinibus; quas supra memoravi, sicut prius misericordes quam mundicordes, sic prius mites quam misericordes pronuntiati sunt. Et Apostolus cum spirituales hortaretur ad instruendum carnales, adiunxit: In spiritu lenitatis. Instructio quippe fratrum pertinet ad misericordes, spiritus lenitatis ad mites. Ac si diceret: Inter misericordes, deputari non potest, qui in semetipso mitis non est. Ecce Apostolus aperte ostendit, quod superius me ostensuruum promisi, prius, videlicet veritatem inquirendam esse in nobis quam in proximis: considerans, inquiens, te ipsum, hoc est, quam facilis ad tentandum, quam pronus ad peccandum, quatenus ex tui consideratione mitescas, sicque ad succurrendum aliis in spiritu lenitatis accedas. Alioquin si monentem non audis Discipulum, arguentem time Magistrum: Hypocrita, eice primum trabem de oculo tuo, et sic videbis festucam eicere de oculo fratris tui.
Conviene considerar con qué perfección sigue el discípulo de la verdad el orden establecido por el Maestro. En las bienaventuranzas a que me refería antes, preceden los misericordiosos a los limpios de corazón; y los mansos a los misericordiosos. El Apóstol exhorta a los espirituales que corrijan a los carnales; y añade: con toda suavidad. La corrección de loshermanos corresponde, sin duda, a los misericordiosos; hacerlo con suavidad, a los mansos. Como si dijera: no puede ser contado entre los misericordiosos el que no es manso en sí mismo. Mira cómo indica claramente el Apóstol lo que antes prometí yo demostrar. La verdad hemos de buscarla antes en nosotros que en los prójimos. Cayendo en la cuenta de ti mismo, es decir, siendo consciente de la facilidad con que eres tentado y de lo propenso que eres para pecar; por esta toma de conciencia, te harás manso y podrás acercarte a los demás para socorrerles con toda suavidad. Si no eres capaz de escuchar al Discípulo que te aconseja, teme al Maestro que te acusa. Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar a brizna del ojo de tu hermano.
§ 2 Trabes in oculo grandis et grossa, superbia in mente est, quae quadam corpulentia sui vana, non sana tumida, non solida, oculum mentis obscurat, veritatem obumbrat, ita tu si tuam occupaverit mentem, iam tu te videre, iam te talem, qualis es, vel qualis esse potes, non possis sentire, sed qualem te amas, talem te vel putes esse, vel speres fore. Quid enim aliud est superbia, quam ut quidam sanctus diffinit, amor propriae excellentiae? Unde et nos possumus dicere, per contrarium humilitatem propriae excellentiae esse contemptum.
La soberbia de la mente es esa viga enorme y gruesa en el ojo, que por su cariz de enormidad vana e hinchada, no real ni sólida, oscurece el ojo de la mente y oscurece la verdad. Si llega a acaparar tu mente, ya no podrás verte ni sentir de ti tal como eres o puedes ser; sino tal como te quieres, tal como piensas que eres o tal como esperas llegar a ser. ¿Qué otra cosa es la soberbia sino, como la define un santo, el amor del propio prestigio? Moviéndonos en el polo opuesto, podemos afirmar que la humildad es el desprecio del propio prestigio.
§ 3 Amor vero, sicut nec odium, veritatis iudicium nescit. Vis iudicium Veritatis audire? Sicut audio, sic iudico: non sicut odi, non sicut amo, non sicut timeo. Est iudicium odii, ut illud: Nos legem habemus, et secundum legem nostram debet mori. Est et timoris, tu illud: Si dimittimus eum sic, venient Romani et tollent nostrum locum et gentem. Iudicium vero amoris, ut David de filio parricida: Parcite, inquit, puero Absalon.
Ni el amor ni el odio conocen el dictamen de la verdad. Quieres oír el dictamen de la verdad? Escucha: Yo Juzgo según oigo; no según odio, ni según amo, ni según temo. Un dictamen del odio sería: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir; el del temor sería: Si le dejamos que siga así, vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo; y un dictamen según el amor podría ser el de David con su hijo parricida: Tratad bien al joven Absalón.
§ 4 Et legibus humanis statutum, et in causis, tam ecclesiasticis quam saecularibus servatum scio, speciales amicos causantium non debere admitti ad iudicium, ne vel fallant vel fallantur amore suorum. Quod si culpam amici tuo iudicio amor illius aut minuit, aut prorsus abscondit, quanto magis amor tuis tuum contra te iudicium fallit?
Hay un convenio definido por las leyes humanas; se observa tanto en las causas eclesiásticas como en las civiles; está legislado que los amigos íntimos de los litigantes nunca deben ser convocados a juicio; no sea que, llevados del amor a sus amigos, engañen o se dejen engañar. Y si el amor que profesas a tu amigo influye en tu criterio como atenuante o inexistencia de culpa, ¿cuánto más el amor que a ti mismo te profesas te engañara cuando vas a emitir un Juicio contra ti?
§ 1 Qui ergo plene veritatem in se cognoscere curat, necesse est ut, semota trabe superbiae, quae oculum arcet a luce, ascensiones in corde suo disponat, per qua in seipso seipsum inquirat, et sic post duodecimum humilitatis ad primum veritatis gradum pertingat.
El que sinceramente desee conocer la verdad propia de sí mismo, debe sacarse la viga de su soberbia, porque le impide que sus ojos conecten con la luz. E inmediatamente tendrá que disponerse a ascender dentro de su corazón, observándose a sí mismo en sí mismo, hasta alcanzar con el duodécimo grado de humildad el primero de la verdad.
§ 2 Cum autem veritate inventa in se, immo se invento in veritate, dicere potuerit: Credidi, propter quos locutus sum; ego autem humiliatus sum nimis ascendat homo ad cor altum, ut exaltetur veritas, et ad gradum secundum perveniens dicat in excessu suo: Omnis homo mendax. Putas hunc ordinem David non tenuit? Putas hoc Propheta non sensit, quod Dominus, quod Apostolus, quod et nos post ipsos et per ipsos sentimus? Credidi, inquit, Veritati dicenti: Qui sequitur me, non ambulat in tenebris. Credidi ergo sequendo, propter quod locutus sum confitendo. Quid confitendo? Veritatem quam cognovi credendo. Postquam autem et credidi ad iustitiam, et locutus sum ad salutem, humiliatus sum nimis, hoc est perfecte. Tamquam diceret: Quia veritatem cognitam in me confiteri contra me non erubui, ad perfectionem humilitatis profeci.Nimis enim pro perfecte potest intelligi, tu ibi: In mandatis eius volet nimis. Quod si quis contendat nimis hic pro "valde" positum esse, non pro "perfecte", quia et expositores idipsum videntur astruere, neque hoc discordat a sensu Prophetae.
Cuando haya encontrado la verdad en sí mismo o, mejor dicho, cuando se haya encontrado a sí mismo en la verdad pueda decir: Yo me fiaba, y por eso hablaba; pero ¡qué humillado me encuentro!, entonces penetre el hombre más íntimamente en su corazón, para que la verdad quede enaltecida, llegando así al segundo grado y exclame: Todos los hombres son unos mentirosos. Crees que David no siguió este mismo orden? ¿crees que el profeta no se dio cuenta de lo que el Señor, el Apóstol y yo hemos comprendido siguiendo su ejemplo? Y dice: Yo me fié de la Verdad, que decía en este mundo: El que me sigue no anda en tiniebla. Me fié, siguiéndola, por eso hablé, confesando. ¿Qué confesé? La verdad que conocía en la fe. Después de que me fié para la justicia y hablé para la salvación, ¡qué humillado me encuentro hasta el límite de la impotencia. Como si dijera: ya que no me avergoncé de confesar contra mí mismo la verdad que en mí conocí, he llegado al colmo de la humildad. Ese limite puede entenderse por col,no; como puede verse en el pasaje de este salmo: Se complace hasta ef colmo en sus mandatos; es decir, se complace plenamente. Pero si alguien sostiene que colmo quiere significar aquí "mucho" y no basta el límite, por ser ése el significado que le dan los comentaristas, tal traducción coincidiría con el pensamiento del profeta.
§ 4 Ut si sentiamus eum dixisse: Ego quidem cum adhuc veritatem non nossem, aliquid me putabam esse, cum nihil essem. At postquam in Christum credendo, id est eius humilitatem imitando, veritatem agnovi, ipsa quidem exaltata est in me ex mea confessione; sed ego humiliatus sum nimis, id est: valde vilui mihi ex mei consideratione.
Por esto, cuando todavía desconocía la verdad, me tenía por algo, no siendo en realidad nada. Pero desde que me fié de Cristo, esto es, desde que imité su humildad, empecé a conocer la verdad; ella ha sido enaltecida en mí, por causa de mi propia confesión. Pero yo me siento en el colmo de la humillación, es decir, que la propia consideración de mí mismo me ha suscitado mucho desprecio.
§ 1 Humiliatus ergo Propheta in hoc primo gradu veritatis, ut ait in alio Psalmo: Et in veritate tua humiliasti me, semetipsum attendat, et ex propria misera generalem perpendat, sicque ad secundum transiens, dicat in excessu suo: Omnis homo mendax. In quo excessu suo? In illo, procul dubio, quo sese excedens ac veritati adhaerens, seipsum diiudicat. In illo ergo excessu suo dicat, non indignando aut insultando, sed miserando et compatiendo: omnis homo infirmus, omnis homo miser et impotens, qui nec se, nec alium possit salvare. Sicut dicitur fallax equus ad salutem, non quod equus aliquem fallat, sed quia is seipsum fallit, qui in fortitudine eius confidit, sic omnis homo dicitur mendax, id est fragilis, mutabilis, a quo salus non possit vel sua, vel aliena sperari, quin potius maledictionem incurrat, qui spem sum in homine ponit. Proficiens itaque humilis Propheta per ducatum veritatis, quodque in se lugebat videns in aliis, dum apponit scientiam, apponat et dolorem ac generaliter, sed veraciter dicat: Omnis homo mendax.
Humillado el profeta en este primer grado de la verdad, como dice en otro salmo: Me has humillado en tu verdad, se observa a sí mismo; y, consciente de su propia miseria, considera la de los demás. De este modo pasa al segundo grado y dice en su abatimiento: Todos los hombres son unos mentirosos. ¿En qué abatimiento? En aquel por el que sale de sí mismo y, adhiriéndose a la verdad, se juzga. Proclama en este abatimiento, no irritado ni insultante, sino con toda misericordia y compasión: Todos los hombres son unos mentirosos. ¿Qué quiere decir: Todos los hombres son unos mentirosos? Quiere decir que todo hombre es débil; que todo hombre es miserable e impotente, y que no puede salvarse a sí mismo ni salvar a otro. Lo mismo que se dice: Engañoso es el caballo para la victoria. No porque el caballo engañe a nadie, sino porque se engaña a sí mismo quien confía en su fortaleza. De la misma manera se dice que todos los hombres son unos mentirosos. Es decir, frágiles e inconstantes; de ellos nada se puede esperar, ni su salvación, ni la ajena, sin incurrir en la maldición del que pone sus esperanzas en otro hombre. De esta manera, el profeta, humilde y avezado en el camino de la verdad, cuando descubre en los otros las miserias que ha llorado en sí mismo, a la vez que acumula experiencia, agudiza también su dolor. Y, de un modo muy genérico, pero auténtico, exclama : Todos los hombres son unos mentirosos.
§ 1 Vide quam longe aliud senserit de se Pharisaeus ille superbus. Quid deprompsit in excessu suo? Deus, gratias ago tibi, quia non sum sicut ceteri hominum. Dum in se singulariter exsultat, aliis arroganter insultat. David aliter; ait enim: Omnis homo mendax. Neminem excipit, ne quem decipiat, sciens quia omnes peccaverunt, et omnes egent gloria Dei.
Fíjate de qué manera tan distinta sentía de sí mismo aquel fariseo soberbio. ¿Qué fue lo que espontáneamente brotó de su desvarío? Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás. Se complace en sí mismo como si sólo él existiera, al mismo tiempo insulta a los demás con arrogancia. Muy distintos eran los sentimientos de David. Si afirma que todos los hombres son unos mentirosos, no excluye ninguno para no engañar a nadie. Sabe que todos pecaron, y que todos están privados de la gloria de Dios.
§ 2 Pharisaeus se solum decipit, quem solum excipit, dum ceteros damnat. Propheta se non excipit a communi miseria, ne excipiatur a misericordia; Pharisaeus exsufflat misericordiam, dum dissimulat miseriam. Propheta affirmat tam de omnibus quam de se: Omnis homo mendax; Pharisaeus confirmat de omnibus praeter se: Non sum, inquiens, sicut ceteri hominum. Et gratias agit, non quia bonus, sed quia solus; non tam de bonis quae habet, quam de malis quae in aliis videt. Nondum de suo trabem eiecerat, et festucas in oculis fratrum enumerat; nam subdit: iniusti, raptores.
El fariseo, en cambio, condenando a los demás, sólo a sí mismo se engaña, ya que se excluye a sí solo. El profeta no se excluye de la miseria común para no quedar eliminado de la misericordia. El fariseo, al ocultar su miseria, aleja de sí la misericordia. E1 pro£eta afirma de sí y de los demás : Todos los hombres son unos mentirosos. El fariseo lo afirma también de todos, menos de sí mismo: No soy, dice, como los demás. Y da gracias, no porque es bueno, sino porque se siente único; y no tanto por los bienes que tiene cuanto por los males que ve en los demás. Todavía no ha sacado la viga de su ojo y va cuenta las briznas que hay en los ojos de sus hermanos, pues añade: Injustos, la rones.
§ 3 Non frustra, ut arbitror, excessum a proposito feci, si utriusque excessus differentiam intellexisti.
Me parece útil esta digresión. Te habrá servido para comprender la diferencia que existe entre la humillación del profeta y el desvarío del fariseo.
§ 1 Iam ad propositum redeundum est. Quos itaque Veritas sibi iam innotescere, ac per hoc vilescere fecit, necesse est, ut cuncta, quae amare solebant, et ipsi sibi amarescant. Statuentes nimirum se ante se, tales se videre cogunt, quales vel a se videri erubescunt. Dumque sibi displicet quod sunt, et ad id suspirant quod non sunt, quod utique per se fore diffidunt, vehementer sese lugentes, id solum consolationis inveniunt, ut severi iudices sui, qui scilicet amore veri esuriant et sitiant iustitiam, usque ad contemptum sui districtissimam de se ad id sufficere non posse conspiciunt, -cum enim fecerint omnia quae mandata fuerint sibi, servos se inutiles dicunt-, de iustitia ad misericordiam fugiunt. Ut autem illam consequantur, consilium Veritatis sequuntur: Beati misericordes, quoniam ipsi misericordiam consequentur.
Reanudemos nuestra exposición. A todos los que la verdad les ha obligado a conocerse y, por eso mismo, a menospreciarse, necesitan que todo lo que venían amando, incluso el amor a sus propias personas, se les vuelva amargo. El enfrentamiento consigo mismos les obliga a verse tales como son y les provoca vergüenza. Les desagrada lo que son suspiran por lo que no son, conscientes de que nunca lo alcanzarán por sus propias fuerzas, y lloran amargamente su mísera situación ; ya no encuentran otro consuelo que constituirse en Jueces severos de sí mismos; por amor a la verdad, sienten hambre y sed de justicia. Así llegan al desprecio de sí mismos, se exigen una severísima satisfacción y quieren cambiar de vida. Pero ven claramente ve son incapaces de llevar a cabo sus propósitos, porque cuando ya han realizado todo lo que se les ha mandado, se confiesan siervos inútiles. De esta manera, huyen de la justicia y se refugian en la misericordia. Y para alcanzar misericordia, siguen e consejo de la verdad: Dichosos los misericordiosos, porque van a recibir misericordia.
§ 2 Et hic est secundus gradus veritatis, quo eam in proximis inquirunt, dum de suis aliorum necessitates exquirunt, dum ex his quae patiuntur, patientibus compati sciunt.
Este es el segundo grado de la verdad. Los que llegan a él buscan la verdad en sus prójimos; adivinan las indigencias de los demás en las su as propias; y por lo que sufren, aprenden a compadecerse de os que sufren.
§ 1 In his ergo tribus quae dicta sunt, id est in luctu paenitentiae, in desiderio iustitiae, in operibus misericordiae si perseverant, a tribus impedimentis, quae aut ignorantia, aut infirmitate, aut studio contraxerunt, cordis aciem mundant, quo per contemplationem ad tertium veritatis gradum pertranseant.
Si perseveran en los tres aspectos planteados: en el llanto de la penitencia, en el deseo de la justicia en las obras de misericordia, purificarán la mirada de su corazón de los tres impedimentos que contrajeron por ignorancia, por debilidad y por deseo. Así, mediante la contemplación, pasarán al tercer grado de la verdad.
§ 2 Hae sunt viae, quae videntur hominibus bonae, illis dumtaxat qui laetentur cum male fecerint, et exsultant in rebus pessimi, ac se de infirmitate vel ignorantia tegunt ad excusandas excusationes in peccatis. Sed frustra sibi de infirmitate vel ignorantia blandiuntur, quo ut liberius peccent, libenter ignorant vel infirmantur. Putas primo homini profuit, licet ipse non libenter peccavit, quod se per uxorem, tamquam per carnis infirmitatem, defendit? Aut primi Martyris lapidatores, quoniam aures suas continuerunt, per ignorantiam excusabiles erunt?
Hay caminos que parecen buenos sólo a los hombres que se gozan haciendo el mal y se alegran de sus acciones perversas. Luego recurren a la debilidad o a la ignorancia para excusar sus pecados. Pero en vano se lisonjean de su debilidad o ignorancia los que, para pecar con mayor libertad, se instalan en la ignorancia o impotencia. ¿Crees tú que al primer hombre, aunque no pecase muy a gusto, le sirvió de algo echar la culpa a su mujer, es decir, a la debilidad de la carne? ¿Crees que la ignorancia podrá excusar a los que apedrearon al primer mártir porque se taparon los oídos?
§ 3 Qui igitur studio et amore peccandi a veritate se sentiunt alienatos, infirmate et ignorantia pressos, studium in gemitum, amorem in maerorem convertant, infirmitatem carnis fervore iustitiae, ignorantiam liberalitate repellant, ne si nunc egentem, nudam, infirmam veritatem ignorant, cum potestate magna et virtute venientem, terrentem, arguentem, sero cum rubore cognoscant, frustra cum tremore respondeant; Quando te vidimus egere, et non mi