SAN
AGUSTÍN COMENTA LA SEGUNDA LECTURA
2 Ts 2,15-3,5: ¿Por qué perder la esperanza, si somos miembros de tal cabeza?
¿Adónde hay que seguir al Señor? Sabemos adonde va: hace días hemos celebrado su solemnidad. Resucitó y subió al cielo: allí hay que seguirle. No hay motivo alguno para perder la esperanza; no porque el hombre pueda algo, sino por la promesa de Dios. El cielo estaba lejos de nosotros antes de que nuestra cabeza subiera a él. ¿Por qué perder la esperanza, si somos miembros de tal cabeza? Allí hemos de seguirle. ¿Y quién hay que no quiera seguirle a tal lugar, sobre todo teniendo en cuenta que en la tierra se trabaja en medio de tantos temores y dolores? ¿Quién no quiere seguir a Cristo a aquel lugar en que la felicidad es suma, como también la paz y la seguridad perpetua? Cosa buena es seguirle a aquel lugar; pero hay que ver por dónde. En efecto, el Señor Jesús no decía estas cosas después de haber resucitado. Aún no había resucitado; tenía que pasar por la cruz, la deshonra, las afrentas, la flagelación, la coronación de espinas, las llagas, los insultos, los oprobios, la muerte.
Era un camino para desesperados; te hace perezoso y no quieres seguirle. Síguele. Áspero es el camino que el hombre se hizo, pero está ya pisado por Cristo en su regreso al Padre. ¿Quién no quiere ir hacia la exaltación? A todos agrada la altura, pero la humildad es el peldaño para alcanzarla. ¿Por qué pones tu pie más allá de ti mismo? ¿Quieres caer, no subir? Comienza por el peldaño y lograrás subir. Este peldaño de la humildad no querían subirlo los discípulos que decían: Señor, ordena que en tu reino uno de nosotros se siente a tu derecha y otro a tu izquierda. Buscaban la altura, pero no veían el peldaño. Mas el Señor se lo mostró. ¿Qué les respondió? ¿Podéis beber el cáliz que he de beber yo? (Mc 10,37-38). Los que buscáis la cima más alta, ¿podéis beber el cáliz de la humildad? Por eso no dice simplemente: Niéguese a sí mismo y sígame, sino que añade: Tome su cruz y sígame (Mt 16,24).
¿Qué significa tome su cruz? Soporte lo que le es molesto. Ésta es la norma de mi seguimiento. Cuando empiece a seguirme en mis costumbres y preceptos, tendrá muchos contradictores, muchos que le pondrán obstáculos, que le disuadan, y esto de entre los que figuran como compañeros de viaje de Cristo. Al lado de Cristo caminaban quienes prohibían clamar a los ciegos. Si quieres seguirle, pon en la cruz tanto las alabanzas como los halagos, o cualquier clase de prohibiciones; toléralos, sopórtalos y no sucumbas. Parece que en estas palabras del Señor se exhorta al martirio. ¿No debe despreciarse todo por Cristo, en caso de persecución? Se ama el mundo, pero antepóngase aquel por quien fue hecho el mundo. Grande es el mundo, pero mayor es aquel por quien fue hecho el mundo. Hermoso es el mundo, pero más hermoso aquel por quien fue hecho. Suave el mundo, pero más suave aquel por quien fue hecho. Malo es el mundo, pero bueno aquel por quien fue hecho. ¿Cómo puedo justificar y explicar lo que acabo de decir? Dios me ayude. ¿Qué he dicho? ¿Por qué habéis aplaudido? He ahí la cuestión, pero lo cierto es que habéis aplaudido ya. ¿Cómo es que el mundo es malo siendo bueno quien ha hecho el mundo? ¿No hizo Dios todas las cosas y eran buenas?
Sermón 96,3-4.