PRIMERA LECTURA
Las leyendas de los mártires macabeos dan testimonio, por la palabra de los que mueren, de una vida más auténtica que la puramente biológica. La verdadera vida es la que se remite a la fuente. Está por encima de la vicisitud del morir físico y de todas las injusticias de que pueda ser víctima. Sabe lo que es esa vida quien al ser asesinado no se siente morir, sino seguir viviendo en la infinita amistad por la que muere.
Lectura del segundo libro de los Macabeos 7,1-2. 9-14.
En aquellos días arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo prohibida por la ley.
El mayor de ellos habló en nombre de los demás:
-¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres.
El segundo, estando para morir, dijo:
-Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna.
Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente.
-De Dios las recibí y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios.
El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos.
Cuando murió éste, torturaron de modo semejante al cuarto. Y cuando estaba a la muerte, dijo:
-Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú en cambio no resucitarás para la vida.
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