SEGUNDA LECTURA
Un cristiano teme a la muerte como cualquier otro; pero frente a ella tiene la posibilidad de adoptar una actitud confiada y serena: la satisfacción de haber librado una buena batalla y la esperanza de una recompensa en el más allá. La esperanza cristiana es un gran estimulante para toda lucha liberadora.
Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 4,6-8.16-18.
Querido hermano:
Yo
estoy a punto de ser sacrificado
y el momento de mi partida es inminente.
He
combatido bien mi combate,
he corrido hasta la meta,
he mantenido la fe.
Ahora
me aguarda la corona merecida,
con la que el Señor, juez justo,
me premiará en aquel día;
y no sólo a mí,
sino a todos los que tienen amor a su venida.
La
primera vez que me defendí ante el tribunal,
todos me abandonaron y nadie me asistió.
-Que Dios los perdone-.
Pero
el Señor me ayudó y me dio fuerzas
para anunciar íntegro el mensaje,
de modo que lo oyeran todos los gentiles.
El me libró de la boca del león.
El
Señor seguirá librándome de todo mal,
me salvará y me llevará a su reino del cielo.
¡A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén!
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