PRIMERA LECTURA

La justicia humana no escapa nunca a la parcialidad. Aun cuando sea equitativa, no responde a toda la aspiración del indigente, del oprimido, del pobre. Son ellos los que viven la aspiración humana en el grado supremo. Los satisfechos se detienen en la inmediatez. Sólo Dios recoge la infinita exigencia de justicia. Esta acusa la injusticia, señalando la más alta meta a la realización humana.

Lectura del libro del Eclesiástico 35,15b-17. 20-22a.

El Señor es un Dios justo,
que no puede ser parcial;
no es parcial contra el pobre,
escucha las súplicas del oprimido;
no desoye los gritos del huérfano
o de la viuda cuando repite su queja;
sus penas consiguen su favor
y su grito alcanza las nubes;

los gritos del pobre atraviesan las nubes
y hasta alcanzar a Dios no descansa;
no ceja hasta que Dios le atiende,
y el juez justo le hace justicia.