SEGUNDA LECTURA
El sacerdote no es un hombre aparte, sino un miembro de la comunidad, con la que comparte lo bueno y lo malo. Precisamente por participar de la misma condición humana de los otros puede cumplir con su tarea de mediador entre Dios y los hombres. Lo contrario sería clericalismo.
Lectura
de la carta a los Hebreos 5, 1-6
Hermanos:
El Sumo Sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.
Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades.
A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo.
Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón.
Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de Sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: "Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy", o como dice otro pasaje de la Escritura: "Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec".
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