PRIMERA LECTURA
Un pueblo desterrado y disperso entiende la salvación en términos de retorno a la patria. Como un nuevo éxodo y marcha por un desierto transformado. Pero el que se lo anuncia habla de más. Canta gozoso la salvación que, antes de recorrer el desierto, ya ha tenido lugar, en la esperanza. El resultado no es una nación que se reconstruye. Es un resto que congrega la fragilidad y la debilidad humana, redimidas. La redención está en que Dios se le ha revelado padre y salvador.
Lectura del Profeta Jeremías 31, 7-9
Esto dice el Señor:
Gritad de alegría por Jacob,
regocijaos por el mejor de los pueblos;
proclamad, alabad y decid:
el Señor ha salvado a su pueblo,
al resto de Israel.
Mirad que yo
os traeré del país del Norte,
os congregaré de los confines de la tierra.
Entre ellos hay
ciegos y cojos,
preñadas y paridas:
una gran multitud retorna.
Se marcharon llorando,
los guiaré entre consuelos;
los llevaré a torrentes de agua,
por un camino llano en que no tropezarán.
Seré un padre para Israel,
Efraím será mi primogénito.
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