PRIMERA LECTURA

La letra de la ley tiene un espíritu, que se puede definir como amor de Dios y del hombre (Mt 22,34-40). No son dos suertes de amor independientes. El primero se manifiesta en el servicio al segundo. Dios está en el grito de todos los que claman por su realización como personas. Mientras haya pobres y oprimidos, hay una acusación puesta en el mundo. El que no ayuda al hombre a realizarse está sin salvación.


Lectura del libro del Éxodo 22,21-27.

Esto dice el Señor:

No oprimirás ni vejarás al forastero,
porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto.

No explotarás a viudas ni a huérfanos,
porque si los explotas y ellos gritan a mí
yo los escucharé.

Se encenderá mi ira y os haré morir a espada,
dejando a vuestras mujeres viudas
y a vuestros hijos huérfanos.

Si prestas dinero a uno de mi pueblo,
a un pobre que habita contigo,
no serás con él un usurero
cargándole intereses.

Si tomas en prenda el manto de tu prójimo
se lo devolverás antes de ponerse el sol,
porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo,
¿y dónde, si no, se va a acostar?

Si grita a mí yo lo escucharé,
porque yo soy compasivo.