PRIMERA LECTURA

Los testigos de Dios señalan su acción en el mundo, en la historia entera. El profeta exílico descubre mesianismo en el poderoso rey que decide la historia de ese momento; aunque no conozca a Dios, el profeta le llama su «ungido». Dios le conoce a él y se da a conocer en el movimiento unitivo del mundo, que Ciro promueve. La minoría que va a tener liberación en ese acontecer es alertada a ver en ello al Dios que salva.


Lectura del Profeta Isaías 45,1. 4-6.

Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro,
a quien lleva de la mano:

Doblegaré ante él las naciones,
desceñiré las cinturas de los reyes,
abriré ante él las puertas,
los batientes no se le cerrarán.

Por mi siervo Jacob,
por mi escogido Israel,
te llamé por tu nombre, te di un título,
aunque no me conocías.

Yo soy el Señor y no hay otro;
fuera de mí no hay dios.

Te pongo la insignia,
aunque no me conoces,
para que sepan de Oriente a Occidente
que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor y no hay otro.