SEGUNDA LECTURA

San Pablo nos da aquí la regla de oro de la ascética cristiana: ni la pobreza ni la abundancia son en sí mismas un valor o un desvalor. Lo serán en función de algo más grande e importante. Por lo tanto, es inútil regular detalladamente los grados o milímetros de la virtud de la pobreza. Hay que estar preparados para hacer opciones diferentes según los casos.


Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 4,12-14.19-20.

Hermanos:

Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso hiciste¡s bien en compartir mi tribulación.

En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.