PRIMERA LECTURA

La angustia del pueblo encuentra su expresión en la del profeta, que no posee el sentido ni entiende el silencio de Dios ante la injusticia en el mundo. Atento a la palabra reveladora, obtiene una respuesta que debe permanecer, pues no es sólo para él. El sentido añorado no se sustancia entero en realidad tangible. Es la fe la que lo tiene. El hombre fiel lo conoce y vive de él (Gál 3,11). Está en su confianza y en su esperanza.

Lectura del Profeta Habacuc 1,2-3; 2,2-4.

¿Hasta cuándo clamaré, Señor,
sin que me escuches?

¿Te gritaré «Violencia»,
sin que me salves?

¿Por qué me haces ver desgracias,
me muestras trabajos, violencias y catástrofes,
surgen luchas, se alzan contiendas?

El Señor me respondió así:
Escribe la visión, grábala en tablillas,
de modo que se lea de corrido.

La visión espera su momento,
se acerca su término y no fallará;
si tarda, espera,
porque ha de llegar sin retrasarse.

El injusto tiene el alma hinchada,
pero el justo vivirá por su fe.