PRIMERA LECTURA
En el lenguaje de un canto de amor humano habla el profeta del amor de Dios a su pueblo. Como un obrero que dedica todos sus cuidados a su viña, y ésta no le da el fruto esperado: Es una simbolización de la historia, acusada de infidelidad. La acusación profética señala a Dios presente-oculto en la situación humana de violencia y lamento. Es una dramática llamada a la justicia, para que Dios se manifieste.
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Voy a cantar en nombre de mi amigo
un canto de amor a su viña.
Mi
amigo tenía una viña
en fértil collado.
La entrecavó, la descantó
y plantó buenas cepas;
construyó en medio una atalaya
y cavó un lagar.
Y esperó que diese uvas,
pero dio agrazones.
Pues ahora, habitantes de Jerusalén,
hombres de Judá,
por favor, sed jueces
entre mí y mi viña.
¿Qué más cabía hacer por mi viña
que yo no lo haya hecho?
¿Por qué, esperando que diera uvas,
dio agrazones?
Pues ahora os diré a vosotros
lo que voy a hacer con mi viña:
quitar su valla
para que sirva de pasto,
derruir su tapia
para que la pisoteen.
La
dejaré arrasada:
no la podarán ni la escardarán,
crecerán zarzas y cardos,
prohibiré a las nubes
que lluevan sobre ella.
La viña del Señor de los ejércitos
es la casa de Israel;
son los hombres de Judá
su plantel preferido.
Esperó de ellos derecho,
y ahí tenéis asesinatos;
esperó justicia,
y ahí tenéis: lamentos.
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