barra-01.gif (5597 bytes)

H O M I L Í A S 

barra-01.gif (5597 bytes)

do-25c.gif (19270 bytes)

DOMINGO XXV

CICLO C

49ordinarioC25.jpg (90557 bytes)

PARA VER LA IMAGEN AMPLIADA HAGA CLIC SOBRE LA MISMA

 

-Actualidad de la palabras de Amós y de las de Jesús.

Hemos leído en la primera lectura: "Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre...".

Palabras dichas hace unos dos mil setecientos años pero que parecen dichas ahora. El profeta Amós podría hoy repetir lo que decía entonces. Parece que el paso de los años, los cambios históricos, culturales y sociales, no han modificado mucho la conducta humana. Por lo menos en lo que se refiere a este aspecto: el querer siempre ganar más aunque sea a costa de los otros.

JUAN PABLO II, en uno de sus viajes al Brasil, dijo que no era admisible un sistema económico que se despreocupa de los más necesitados, que deja sin trabajo a una parte de la población -o les da un trabajo con un salario que no llega al mínimo indispensable. Y un dirigente empresarial respondió diciendo que las palabras del papa eran muy hermosas pero irrealizables, porque las leyes de la economía obligan a preocuparse más del dinero que de los hombres.

Y todo ello, me parece, nos lleva a recordar una de las afirmaciones fundamentales del Evangelio. Aquello que hemos escuchado hoy como final del texto del evangelio. Unas palabras difíciles pero también claras y contundentes. Dijo Jesús -y nos lo dice hoy a nosotros-: "No podéis servir a Dios y al dinero".

-El dinero es siempre un peligro.

Palabras claras y contundentes, pero también palabras difíciles. Porque, ¿quién de nosotros puede decir con seguridad que está libre de este intento -que Jesucristo descalifica como imposible- de servir a la vez a Dios y al dinero? Ciertamente, hay muchos grados -del más al menos- en este intento de trampear el no quedar mal con Dios pero al mismo tiempo de conseguir cuanto más dinero sea posible. Para conseguir más dinero se cometen injusticias, se hace la vista gorda ante muchos aspectos de las relaciones comerciales, de negocios, de trabajo. Es aquello que decía el empresario brasileño: las leyes de la economía obligan a preocuparse más del dinero que de los hombres. Y ello es triste realidad tanto en el nivel de la economía mundial y de las grandes empresas, como en el nivel más cercano a la mayoría de nosotros del comprar y vender, del trabajar más o menos, del pagar más o menos, del ser honestos a la hora de pagar nuestros impuestos, del vivir como si el supremo valor fuera el dinero.

Y ello, debemos decirlo con toda claridad -como con toda claridad lo decía Jesucristo-, es un mal. Nadie quiere ser esclavo de nadie, pero fácilmente caemos en la tentación de ser esclavos del dinero. Y ello es posiblemente el mayor mal de esta sociedad de finales de siglo XX. Un mal que nos hace daño a todos, que nos impide vivir como hombres y mujeres libres, valorar mucho más el amor, la convivencia pacífica, el entendimiento y la ayuda de unos con otros, que no esta lucha por tener cada vez más, mientras otros tienen cada vez menos.

La gran lección de Jesús es decirnos que el dinero -aunque sea necesario para vivir- siempre incluye el peligro de esclavizar, de hacernos egoístas, de cerrarnos a los demás, de obsesionarnos.

Por eso Jesucristo piensa y dice que los pobres -porque de hecho no están esclavizados por el "dios" dinero- están mucho más cerca del Reino de Dios, que no los ricos, que -por más buena voluntad que tengan- siempre están mucho más cerca de caer en la tentación de dejarse dominar por el "dios" dinero. Y esto, permitid que lo recuerde, no lo digo yo: lo dice Jesús.

-Sinceridad y valor.

Ante este problema, ante esta fácil tentación que nos acecha a todos, ante el siempre constante peligro de dejarse esclavizar por el dinero, yo no puedo ofrecer soluciones para todos. Porque la situación de cada uno de nosotros es muy diferente y no hay soluciones que sirvan para todos. Aunque sea difícil, me parece que la cuestión que hoy nos plantean las palabras de JC -"no podéis servir a Dios y al dinero"- debe ser reflexionada con mucha sinceridad por cada uno de nosotros. Pero cada uno debe dar su respuesta, no es posible dar respuestas iguales para situaciones diversas.

Lo único que me atrevería a decir para todos es que debemos afrontar esta tentación del dinero reconociendo que todos la tenemos. Que es grave, que muchas veces es la más grave para nuestra vida cristiana. Y que, por ello, necesitamos luchar contra ella con mucha sinceridad y mucho valor. Porque, si no lo hacemos, fácilmente puede suceder que nuestro "dios" sea el dinero y no el Dios de amor que nos reveló Jesucristo. El Dios de amor, de comunión, de saber compartir, que celebramos en esta eucaristía de cada domingo.

J. GOMIS
MISA DOMINICAL 1989/18

36 homilías más para este domingo