PRIMERA LECTURA

El siervo del Señor personifica el fracaso aparente: ator mentado, despreciado y tenido por réprobo. Pero revela que en el fracaso puede haber sentido. El lo encuentra, al estar en cada momento a la escucha. Dios se le manifiesta presente en el dolor como el salvador. Por eso lo acepta con firmeza y esperanza. La luz de la elevación le aclara el misterio de pasión. Enseña a los que sufren a estar también a la escucha: Dios está en el sufrimiento.


 

Lectura del Profeta Isaías 50,5-10.

En aquellos días, dijo Isaías:

El Señor Dios me ha abierto el oído; 
y yo no me he rebelado, ni me he echado atrás.

Ofrecí la espalda a los que golpeaban, 
la mejilla a los que mesaban mi barba. 

No oculté el rostro a insultos y salivazos. 

Mi Señor me ayudaba, 
por eso no quedaba confundido, 
por eso ofrecí el rostro como pedernal,
y sé que no quedaré avergonzado. 

Tengo cerca a mi abogado, 
¿quién pleiteará contra mí?.

Vamos a enfrentarnos: ¿quién es mi rival? 
Que se acerque.

Mirad, mi Señor me ayuda; 
¿quién probará que soy culpable?