PRIMERA LECTURA

La primaria justicia que pedía ojo por ojo y el elemental instinto de vengaza tuvieron un correctivo en el mandamiento del perdón (Lv 19,17-18). El sabio ahonda y comenta. Comentó también el que enseñó a pedir: «Perdónanos nuestras deudas...». Los fallos y errores del hombre necesitan perdón, para que su peso no oprima la existencia. El perdón infinito se asienta en la compasión que el hombre tiene del error de su prójimo.

 

Lectura del libro del Eclesiástico 27,33-28,9.

El furor y la cólera son odiosos:
el pecador los posee.

Del vengativo se vengará el Señor
y llevará estrecha cuenta de sus culpas.

Perdona la ofensa a tu prójimo,
y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas.

¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro
y pedir la salud al Señor?

No tiene compasión de su semejante,
¿y pide perdón de sus pecados?

Si él, que es carne, conserva la ira,
¿quién expiará por sus pecados?

Piensa en tu fin y cesa en tu enojo,
en la muerte y corrupción y guarda los mandamientos.

Recuerda los mandamientos y no te enojes con tu prójimo,
la alianza del Señor, y perdona el error.