SEGUNDA LECTURA
Ni San Pablo ni Filemón podían, en un momento, cambiar toda la estructura jurídico-social del Imperio romano: por eso, Onésimo seguiría jurídicamente con el carnet de esclavo. Pero desde entonces las comunidades cristianas cambiaron radicalmente el talante humano de amo y esclavo, introduciendo en la sociedad gérmenes destructores de la esclavitud.
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a Filemón 9b-10. 12-17.
Querido hermano:
Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas. Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo: así me harás este favor no a la fuerza, sino con toda libertad. Quizá se apartó de ti para que le recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido. Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano. Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo.
![]()