PRIMERA LECTURA

La palabra consoladora del profeta sorprende la angustiadora condición de finitud en manifestaciones muy tangibles: desaliento existencial, limitación de las facultades que darían a la vida la ansiada plenitud. La salvación que Dios ofrece no se sabe expresar ni es independiente de la liberación de esas concretas servidumbres. Pero se da aún dentro de ellas. Es esperanza infinita que despierta todo lo que duerme y vitaliza lo que a todas luces está muerto.


 

Libro del profeta Isaías 35, 4-7a

Decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis. 

Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.

Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará.

Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa, el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.