SEGUNDA LECTURA
En el Nuevo Testamento Dios se ha hecho más asequible, menos solemne, más accesible. Llega a tener un nombre humano: Jesús, o sea, el Liberador. Para llegar a Dios hay que pasar por Jesús.
Lectura de la carta a los Hebreos 12,18-19. 22-24a.
Hermanos:
Vosotros no os habéis acercado,
a un monte tangible,
a un fuego encendido,
a densos nubarrones,
a la tormenta,
al sonido de la trompeta;
ni habéis oído aquella voz
que el pueblo, al oírla,
pidió que no les siguiera hablando.
Vosotros
os habéis acercado
al monte Sión,
ciudad del Dios vivo,
Jerusalén del cielo,
a la asamblea de innumerables ángeles,
a la congregación de los primogénitos
inscritos en el cielo,
a Dios, juez de todos,
a las almas de los justos que han llegado a su destino
y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.
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