SAN AGUSTÍN COMENTA LA 2ª LECTURA


Heb 12,18-19.22-24a: Quienes deseen aquella patria, corran con el amor


Exulten en su rey los hijos de Sión
(Sal 149,2). Los hijos de la Iglesia son el mismo Israel. Sión fue una ciudad, ya destruida; en sus ruinas habitaron temporalmente los santos. Pero la Sión verdadera y la verdadera Jerusalén —pues Sión y Jerusalén se identifican— es la ciudad eterna que está en los cielos y que es nuestra madre (Gál 4,26). Ella nos engendró, ella es la Iglesia de los santos, ella nos alimentó. En parte es aún peregrina, pero en mayor parte está ya en los cielos. Para la parte que reside ya en el cielo, es la felicidad de los ángeles; para la parte que aún peregrina en este mundo, es la esperanza de los justos. De la primera se dijo: Gloria a Dios en lo alto del cielo, y de la otra: Y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad (Lc 2,14). Por tanto, quienes gimen en esta vida y desean aquella patria, corran con el amor, no con los pies del cuerpo; no busquen nubes, sino alas: echen mano de las dos alas de la caridad. ¿Cuáles son estas dos alas? El amor de Dios y el del prójimo. En verdad somos peregrinos, suspiramos por la patria y gemimos. De ella nos han llegado cartas, que son las que os leemos.

Comentarios al salmo 149,5