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-VOLVEMOS
A MARCOS
Terminados
ya los cinco domingos que leíamos el capítulo sexto de Juan, hoy
volvemos a recuperar el evangelio correspondiente a este ciclo,
Marcos, que ya no dejaremos hasta el final del año litúrgico. El
evangelio de Marcos tiene un esquema básico y unas ideas de fondo,
pero, en cambio, no tiene una organización sistemática de los
hechos o de las palabras de Jesús. Por eso, prácticamente, cada
escena evangélica es un acontecimiento en sí misma, y presenta
un aspecto, una faceta, de este Jesús que se manifiesta y que a
través de él manifiesta el Reino de Dios.
Si
nos lo miramos bien, si vamos al fondo de cada uno de los textos que
iremos leyendo, nos daremos cuenta de que Jesús marca unos
caminos de vida que no se ajustan al modelo que habitualmente se
tiene por normal y razonable. Lo que Jesús propone rompe con las
rutinas sociales e incluso eclesiales. Y valdría la pena que no
escondiéramos esa radicalidad, al contrario, que la hiciéramos
notar. Y que hiciésemos notar también que Jesús nos obliga
constantemente a revisar en qué dirección tenemos puesta nuestra
vida. Porque el interés de Jesús no radica tanto en lo que
hacemos y en lo que conseguimos, sino en qué dirección nos
ponemos.
Y
dado que cada domingo el evangelio nos mostrará un acontecimiento o una
palabra de Jesús que afecta aspectos profundos de nuestra vida
personal y comunitaria, podría resultar pedagógico, ahora que se
inicia un nuevo curso, plantear la Eucaristía y la predicación
de los cinco domingos de septiembre como una reflexión sobre cinco
actitudes básicas personales o comunitarias que nos pueden servir
de guía y programa para todo el año. Si se planteara así, iría
bien, por ejemplo, escribir estas actitudes con un rótulo y
colgarlo en algún lugar de la iglesia para que todo el año sirva de
recordatorio.
-LLAMADOS
A SER "UN PUEBLO SABIO E INTELIGENTE"
Moisés
en la primera lectura reivindica el seguimiento de los mandamientos de
Dios con un argumento que a primera vista puede parecer
sorprendente: no porque Dios lo haya mandado, sino porque de por
sí mismos se ve que son buenos, que valen la pena. Hasta el punto
que, en estos mandamientos, se muestra como Dios no es un Dios
arbitrario que manda cosas porque sí, sino que el mandamiento de
Dios es que el hombre viva de la manera más humanizadora. ¡El
Dios de Israel es el Dios que se manifestó precisamente liberando
a su pueblo de la esclavitud! Esta novedad de Israel llega a plenitud
en Jesucristo. El mandamiento de Jesús es éste: que el hombre
sea humano hacia sí mismo y hacia los demás. Y por tanto,
cuestiona toda ley que mande otras cosas, aunque parezca que venga
de Dios. Incluso la tradición ritual de las abluciones, que
originalmente fue un bien, porque obligaba a la higiene, es
cuestionada: Jesús, aquí, diríamos que reivindica la autonomía
de la ciencia, ya que la higiene ha de ser defendida en nombre de la
higiene, y no convertirla en una especie de mandamiento divino
arbitrario, una exigencia del culto.
El
Evangelio será, en definitiva, esto: la revelación de que el Reino de
Dios es todo aquello que haga a los hombres más humanos; la
revelación de que el camino de Dios es combatir todo lo que hace
daño al hombre (la lista de cosas que según Jesús
"contaminan" al hombre) y dedicarse a todo lo que le
hace bien: el amor. El Evangelio será revelar que Dios no manda
cosas arbitrarias e injustificables, sino tan sólo lo que humaniza y
realiza al hombre. Eso es, al fin y al cabo, lo que Jesús vivió.
Y
todo hombre limpio de corazón, aunque no sea creyente, si lee el
Evangelio fácilmente reconocerá que en él se revela lo más
auténtico del ser hombre. (Y por eso, a menudo el comportamiento
de los cristianos o incluso de algunos criterios eclesiales pueden
enturbiar esta limpieza del Evangelio).
-NO
LAS LEYES Y LOS RITOS SINO LA VIDA ENTREGADA AL AMOR
Esta
sería la actitud que hoy el evangelio quiere resaltar: la fe en Jesús
no tiene su fundamento en leyes y ritos sino en sacar de nosotros
todo aquello que nos contamina: todo aquello que nos estropea por
dentro, y sobre todo aquello que hace daño a los demás, sea por
acción o por omisión. La lista que hace Jesús es muy significativa, y
afecta a la relaciones personales, a la vida de matrimonio, a la
vida económica y laboral, a todo lo que hacemos.
Porque
es aquí, en todas las realidades y aspectos de nuestra vida de cada
día, donde se juega la realidad o la falsedad de nuestro
seguimiento a Jesús. Y aquí irá bien leer la claridad y
contundencia con que Santiago, en la segunda lectura, expresa cuál es
"la religión pura e intachable a los ojos de Dios
Padre", en perfecta sintonía con lo que ha dicho Jesús en
el evangelio de hoy.
JOSÉ
LLIGADAS
MISA DOMINICAL 1991, 12
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