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H O M I L Í A

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DOMINGO XXII 

TIEMPO ORDINARIO

CICLO B

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-VOLVEMOS A MARCOS 

Terminados ya los cinco domingos que leíamos el capítulo sexto de Juan, hoy volvemos a  recuperar el evangelio correspondiente a este ciclo, Marcos, que ya no dejaremos hasta el  final del año litúrgico. El evangelio de Marcos tiene un esquema básico y unas ideas de fondo, pero, en cambio,  no tiene una organización sistemática de los hechos o de las palabras de Jesús. Por eso,  prácticamente, cada escena evangélica es un acontecimiento en sí misma, y presenta un  aspecto, una faceta, de este Jesús que se manifiesta y que a través de él manifiesta el  Reino de Dios.

Si nos lo miramos bien, si vamos al fondo de cada uno de los textos que iremos leyendo,  nos daremos cuenta de que Jesús marca unos caminos de vida que no se ajustan al  modelo que habitualmente se tiene por normal y razonable. Lo que Jesús propone rompe  con las rutinas sociales e incluso eclesiales. Y valdría la pena que no escondiéramos esa  radicalidad, al contrario, que la hiciéramos notar. Y que hiciésemos notar también que  Jesús nos obliga constantemente a revisar en qué dirección tenemos puesta nuestra vida.  Porque el interés de Jesús no radica tanto en lo que hacemos y en lo que conseguimos,  sino en qué dirección nos ponemos.

Y dado que cada domingo el evangelio nos mostrará un acontecimiento o una palabra de  Jesús que afecta aspectos profundos de nuestra vida personal y comunitaria, podría  resultar pedagógico, ahora que se inicia un nuevo curso, plantear la Eucaristía y la  predicación de los cinco domingos de septiembre como una reflexión sobre cinco actitudes  básicas personales o comunitarias que nos pueden servir de guía y programa para todo el  año. Si se planteara así, iría bien, por ejemplo, escribir estas actitudes con un rótulo y  colgarlo en algún lugar de la iglesia para que todo el año sirva de recordatorio.

-LLAMADOS A SER "UN PUEBLO SABIO E INTELIGENTE"

Moisés en la primera lectura reivindica el seguimiento de los mandamientos de Dios con  un argumento que a primera vista puede parecer sorprendente: no porque Dios lo haya  mandado, sino porque de por sí mismos se ve que son buenos, que valen la pena. Hasta el  punto que, en estos mandamientos, se muestra como Dios no es un Dios arbitrario que  manda cosas porque sí, sino que el mandamiento de Dios es que el hombre viva de la  manera más humanizadora. ¡El Dios de Israel es el Dios que se manifestó precisamente  liberando a su pueblo de la esclavitud! Esta novedad de Israel llega a plenitud en  Jesucristo. El mandamiento de Jesús es éste: que el hombre sea humano hacia sí mismo y  hacia los demás. Y por tanto, cuestiona toda ley que mande otras cosas, aunque parezca  que venga de Dios. Incluso la tradición ritual de las abluciones, que originalmente fue un  bien, porque obligaba a la higiene, es cuestionada: Jesús, aquí, diríamos que reivindica la  autonomía de la ciencia, ya que la higiene ha de ser defendida en nombre de la higiene, y  no convertirla en una especie de mandamiento divino arbitrario, una exigencia del culto.

El Evangelio será, en definitiva, esto: la revelación de que el Reino de Dios es todo  aquello que haga a los hombres más humanos; la revelación de que el camino de Dios es  combatir todo lo que hace daño al hombre (la lista de cosas que según Jesús "contaminan"  al hombre) y dedicarse a todo lo que le hace bien: el amor. El Evangelio será revelar que  Dios no manda cosas arbitrarias e injustificables, sino tan sólo lo que humaniza y realiza al  hombre. Eso es, al fin y al cabo, lo que Jesús vivió.

Y todo hombre limpio de corazón, aunque no sea creyente, si lee el Evangelio fácilmente  reconocerá que en él se revela lo más auténtico del ser hombre. (Y por eso, a menudo el  comportamiento de los cristianos o incluso de algunos criterios eclesiales pueden enturbiar  esta limpieza del Evangelio).

-NO LAS LEYES Y LOS RITOS SINO LA VIDA ENTREGADA AL AMOR 

Esta sería la actitud que hoy el evangelio quiere resaltar: la fe en Jesús no tiene su  fundamento en leyes y ritos sino en sacar de nosotros todo aquello que nos contamina:  todo aquello que nos estropea por dentro, y sobre todo aquello que hace daño a los demás,  sea por acción o por omisión. La lista que hace Jesús es muy significativa, y afecta a la  relaciones personales, a la vida de matrimonio, a la vida económica y laboral, a todo lo que  hacemos.

Porque es aquí, en todas las realidades y aspectos de nuestra vida de cada día, donde  se juega la realidad o la falsedad de nuestro seguimiento a Jesús. Y aquí irá bien leer la  claridad y contundencia con que Santiago, en la segunda lectura, expresa cuál es "la  religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre", en perfecta sintonía con lo que ha  dicho Jesús en el evangelio de hoy. 

JOSÉ LLIGADAS
MISA DOMINICAL 1991, 12


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