PRIMERA LECTURA
El predicador de la ley la entiende como palabra de Dios que da la vida. Es guía que señala el camino para ir al encuentro. Dios viene, por su parte, en busca del que va, o está ya con él en el movimiento de la idea. No hay más cercanía que la del que está ya presente al pronunciar su nombre. Esa es la sabiduría que corona todo saber.
Lectura del libro del Deuteronomio 4,1-2. 6-8.
Habló Moisés al pueblo diciendo:
-Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor Dios de vuestros padres os va a dar.
Estos mandatos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán:
-Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.
Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?
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