PRIMERA LECTURA
La salvación verdadera no se entiende sino en contexto universal. Es convicción despertada por la fe monoteísta, tan acentuada por la profecía del exilio. La salvación se define con el término «reunir». Es un movimiento contrario al de la dispersión babélica (Gen 11) y al de todas las expatriaciones. La unidad armónica es una esperanza; es sólo concebible bajo el signo del Dios universal. Signos particulares la anuncian y la señalan como meta.
Lectura del Profeta Isaías 66,18-21.
Esto dice el Señor:
Yo
vendré para reunir
a las naciones de toda lengua:
vendrán para ver mi gloria,
les daré una señal, y de entre ellos
despacharé supervivientes a las naciones:
a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia;
a las costas lejanas
que nunca oyeron mi fama
ni vieron mi gloria:
y anunciarán mi gloria a las naciones.
Y
de todos los países,
como ofrenda al Señor,
traerán a todos vuestros hermanos
a caballo y en carros y en literas,
en mulos y dromedarios,
hasta mi Monte Santo de Jerusalén
-dice el Señor-,
como los israelitas, en vasijas puras,
traen ofrendas al templo del Señor.
De
entre ellos escogeré sacerdotes y levitas
-dice el Señor-.
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