EVANGELIO
Lo que los judíos no podían aceptar era que aquel hombrecillo de Nazaret se presentara como el alimento divino. Jesús responde que todo su discurso se refería precisamente a la superación de lo que hay de mortal y de precario en la existencia humana. Era un discurso de vida, de resurrección.
Muchos discípulos de Jesús, después de profesarse cristianos, se echan atrás. Juzgan él Evangelio inaceptable. Sin te suficiente también es inaceptable la Eucaristía. Sin embargo, el creyente auténtico, reunido en comunidad, cree en las palabras de vida del Señor.
Lectura del santo Evangelio según San Juan 6,61-70
En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:
-Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso?
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban les dijo:
-¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del Hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo:
-Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.
Desde entonces muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce:
-¿También vosotros queréis marcharos?
Simón Pedro le contestó:
-Señor; ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos. Y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.
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