PRIMERA LECTURA
Al origen del pueblo bíblico hay una opción de las tribus que lo forman. El ser pueblo de Dios y ganar sentido en ello no es un regalo de la naturaleza. Es una oferta provocadora a la decisión libre y responsable. La alianza es relación que está siempre naciendo. Nace en la respuesta de cada generación, de cada hombre. Decir sí es hacer propia la salvación que ya otros vivieron, y es hacer pueblo de Dios.
Lectura del libro de Josué 24,1-2a. 15-17. 18b.
En aquellos días Josué reunió todas las tribus de Israel en Siquén y llamó a los ancianos, a los jefes, a los jueces, a los magistrados para que se presentasen ante Dios. Josué dijo a todo el pueblo:
-Si no os parece bien servir al Señor, escoged a quién servir: a los dioses a quienes sirvieron vuestros antepasados al este del Eufrates o a los dioses de los amorreos, en cuyo país habitáis. Yo y mi casa serviremos al Señor.
El pueblo respondió:
-¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la esclavitud; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre los pueblos por donde cruzamos. Nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
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