SEGUNDA LECTURA

Una comunidad cristiana siempre es objeto de observación por los de fuera; nunca pasa desapercibida. La comunidad tiene que realizar una competición deportiva, marcada en el proceso de liberación humana. Para poder vencer, debe aligerarse de todo lo superfluo, de todas las superestructuras extrañas que la agobian.

 

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Hebreos 12,1-4.

Hermanos:

Una nube ingente de espectadores nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, sin miedo a la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del Padre. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.