SEGUNDA LECTURA
La fe cristiana es ya ella, de por sí, una esperanza ilimitada. El creyente, más que creer, espera. Espera contra toda esperanza y por encima de todo fracaso. Solamente con esta sonrisa esperanzada se puede construir el Reino de Dios y, consiguientemente, ir liberando a los hombres de todo lo que les aliena.
El
texto entre [ ] puede omitirse por razón de brevedad.
Lectura de la carta a los Hebreos 11,1-2. 8-19.
Hermanos:
La
fe es seguridad de lo que se espera,
y prueba de lo que no se ve.
Por
su fe son recordados los antiguos:
por fe obedeció Abrahán a la llamada
y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad.
Salió sin saber adónde iba.
Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa- mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Por
fe también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar
un linaje,
porque se fio de la promesa.
Y
así, de una persona, y ésa estéril,
nacieron hijos
numerosos,
como
las estrellas del cielo
y como la arena incontable de las playas.
[Con
fe murieron todos éstos,
sin haber recibido la tierra prometida;
pero viéndola
y saludándola de lejos,
confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.
Es
claro que los que así hablan,
están buscando una patria;
pues si añoraban la
patria de donde habían salido,
estaban a tiempo para volver.
Pero
ellos ansiaban una patria mejor,
la del cielo.
Por
eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios:
porque les tenía preparada una
ciudad.
Por
fe Abrahán, puesto a prueba,
ofreció a Isaac:
y era su hijo único lo que
ofrecía,
el
destinatario de la promesa,
del
cual le había dicho Dios:
"Isaac continuará
tu descendencia".
Pero
Abrahán pensó que Dios tiene poder
hasta
para resucitar muertos.
Y así recobró a Isaac como figura del futuro.]
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