PANORÁMICA DEL DOMINGO
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LA PRIMERA MESA: CREER EN CRISTO JESÚS
Después del paréntesis del domingo pasado, volvemos hoy al capítulo sexto del evangelio de Juan, que nos presenta la catequesis eucarística que Jesús pronunció en la sinagoga de Cafamaún. El pasaje de hoy, "la primera parte del discurso del Pan de la vida", se refiere más bien a la fe en Cristo. El domingo próximo sí pasará a lo que es más específicamente eucarístico: comer y beber la Carne y la Sangre del Señor Resucitado.
Siempre bajo la metáfora del pan que Dios ha enviado para saciar el hambre de la humanidad (recordar que todo empezó con la multiplicación de los panes), hoy Jesús insiste en que hay que creer en él para tener vida. Los verbos que aparecen en el pasaje son más bien "ver", "venir", "creer" (aunque, al final, ya aparece el que será más característico del pasaje que desarrollaremos el domingo que viene: comer). Por tanto, sería bueno que la homilía se centrara más en la primera parte de la misa, lo que e1 Misal llama "la primera mesa". Cristo, antes de dársenos en comunión como Pan y Vino, se nos da en cada Eucaristía como la Palabra viviente que Dios nos dirige.
LA CRISIS DE UN PROFETA Y LA CRISIS DE UN CRISTIANO DE HOY
La escena que leemos hoy como 1ª lectura es impresionante, y puede muy bien servirnos de punto de partida para la homilía. Elías está cansado y desanimado. Ha hecho lo posible por convertir a su pueblo de los dioses falsos a la alianza con Dios. Pero no sólo no le hacen gran caso, sino que le persiguen a muerte y tiene que huir.
Esa huída nada gloriosa de Elías por el desierto, en el sentido contrario al del éxodo -de nuevo hacia Egipto, aunque él no sabe que en el monte Horeb le espera Dios- es dramática. Llega a desearse la muerte: "Basta, Señor, quítame la vida". Y se echa a dormir, y desesperado.
Sin que sea cada día igual de dramática, nuestra vida puede también verse. reflejada en esta crisis. Tal vez estamos cansados de hacer el bien, o no encontramos sentido a la vida, o nos desanimamos ante la poca eficacia de nuestros esfuerzos, o desconfiamos de que este mundo tenga remedio (y quien dice "mundo", dice la juventud de hoy, o nuestra comunidad, o nuestra familia, o nosotros mismos). Tal vez no llegamos a desearnos la muerte, pero sí sentimos la tentación de "dimitir", de dejar de trabajar, porque nos parece insuperable nuestra debilidad.
EL PAN QUE NOS ENVÍA DIOS
A Elías le despertó un ángel y le mandó: "Levántate, come". Se lo tuvo que repetir, porque su crisis era demasiado fuerte. Y cambió la situación: "Con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches". Al final, se encontró con Dios en el mismo monte donde Moisés selló la alianza entre Yahvé y el pueblo. En aquel encuentro, Elías recibió la orden de volver a la ciudad y continuar sin desanimarse su vocación de profeta.
Nosotros, en el evangelio de hoy, hemos escuchado la invitación a aceptar otro Pan, el que Dios nos envía: Cristo Jesús, su Hijo, que además de ser nuestro Maestro quiere ser también nuestro alimento para el camino. "Yo soy el pan bajado del cielo... el que crea en mí vivirá".
No un ángel, pero sí el evangelio proclamado hoy, nos ha dicho a nosotros: "Levántate, toma y come". Si andamos desorientados por algún desierto particular, buscando sentido a la vida, si nos sentimos sacudidos por la ventolera de tantas ideologías, si buscamos un maestro que dé respuesta a tantas dudas: ahí tenemos la respuesta de Dios. Cristo Jesús es nuestro Maestro. Escucharle, creer en él, aceptarle como nuestro Guía y Pastor, es el camino para la verdadera sabiduría.
Si creemos en él, tiene futuro nuestra vida. Si creemos en él, construimos sobre tierra firme. Si nos dejamos iluminar por su luz, acertaremos con nuestro camino. Y eso vale tanto para los que andan alejados de Dios como para los que ya gozamos del don de la fe. Todos podemos mirar con más atención hacia Cristo y escuchar más su voz, sobre todo en este año jubilar en que somos invitados a reorientar nuestras vidas, revisando y refrescando nuestras convicciones.
CADA DOMINGO, A LA ESCUELA DE JESÚS
En cada misa, lo primero que hacemos es escuchar la Palabra que Dios nos dirige. Nos hace falta. Ahí está nuestra formación permanente. La mejor catequesis que los cristianos, jóvenes y mayores, recibimos a lo largo del año. Somos invitados a "comer", a "comulgar" con Cristo como la Palabra viva de Dios. Si lo hacemos así, él mismo nos habrá preparado para recibirle después con mayor fruto en el alimento del Pan y del Vino.
A lo largo de la semana escuchamos muchas otras voces y palabras. Pero esta es la más importante. Vale la pena hacer caso de la invitación: "Toma y come". Con su luz y su fuerza podremos recorrer el camino que nos toque recorrer, por difícil que sea.
J.
ALDAZÁBAL
MISA DOMINICAL 2000, 10, 35-36
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