EVANGELIO

Los «grandes» hombres de la política, del saber, del arte suelen envolverse en un halo de grandeza e intocabilidad. Al pueblo se le deja contemplar desde lejos, pero jamás acercarse y tocar. Por eso, los judíos se «escandalizan» de que el hijo de José, el pobre campesino de Nazaret, se declare a sí mismo el pan bajado del cielo.

 

Lectura del santo Evangelio según San Juan 6,41-52.

En aquel tiempo, criticaban los judíos a Jesús porque había dicho «yo soy el pan bajado del cielo», y decían:

-¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre?, ¿cómo dice ahora que ha bajado del cielo?

Jesús tomó la palabra y les dijo:

-No critiquéis: Nadie puede venir a mí, sino lo trae el Padre que me ha enviado.

Y yo lo resucitaré el último día.

Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.»

Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí.

No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: ése ha visto al Padre.

Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.