Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia COMENTARIOS AL SALMO 84


COMENTARIOS AL SALMO 84

SEÑOR, HAS SIDO BUENO CON TU TIERRA


Señor, has sido bueno con tu tierra 
has restaurado la suerte de Jacob, 
has perdonado la culpa de tu pueblo, 
has sepultado todos sus pecados, 
has reprimido tu cólera, 
has frenado el incendio de tu ira. 

Restáuranos, Dios, salvador nuestro; 
cesa en tu rencor contra nosotros. 
¿Vas a estar siempre enojado, 
o a prolongar tu ira de edad en edad? 

¿No vas a devolvernos la vida, 
para que tu pueblo se alegre contigo? 
Muéstranos, Señor, tu misericordia 
y danos tu salvación. 

Voy a escuchar lo que dice el Señor: 
"Dios anuncia la paz 
a su pueblo y a sus amigos 
y a los que se convierten de corazón." 

La salvación está ya cerca de sus fieles 
y la gloria habitará en nuestra tierra; 
la misericordia y la fidelidad se encuentran, 
la justicia y la paz se besan; 

la fidelidad brota de la tierra 
y la justicia mira desde el cielo; 
el Señor dará la lluvia, 
y nuestra tierra dará su fruto. 

La justicia marchará ante él, 
la salvación seguirá sus pasos. 


1.

PRIMERA LECTURA: CON ISRAEL

* Un verbo se repite: "regresar". Este salmo está marcado en su totalidad por el tema del "retorno". La situación que dio origen a este salmo no es otra que el regreso de los deportados de Babilonia. Con base en este acontecimiento histórico, considerado como un acto de perdón de Dios, se le pide una nueva gracia. Luego del entusiasmo por el retorno de las primeras caravanas de prisioneros liberados, se encuentra uno súbitamente ante la decepción de lo "cotidiano": la reconstrucción del Templo tomaba tiempo y los enemigos hostigaban sin cesar a los nuevos repatriados (Esdras 4,4).

El plan del salmo es claro:

La primera estrofa recuerda las intervenciones de Dios en el pasado: seis verbos en pasado que tienen a Dios como autor. Luego dos estrofas que expresan la oración actual, y que se resume en dos peticiones: "Haznos volver". "¿No volverás?".

Finalmente el salmista se recoge para "escuchar" la respuesta de Dios en forma de ORÁCULO: Sí, Dios promete que va a volver, trayendo sus beneficios.

Desde el punto de vista literario, admiremos el juego danzante de repetición de palabras. Once palabras se repiten: regresar, salvación, amor, verdad, justicia, cólera, dar, tierra, pueblo, decir... paz...

SEGUNDA LECTURA: CON JESÚS

** Cuando Jesús recitaba este salmo, debía pensar que El era en persona, la "realización" perfecta de lo esperado y deseado. La humanidad decía: "¿volverás Tú, Señor?". No sabía aún, que Dios había ya decidido "venir". Jesús sabía que El era "la venida de Dios" "germen de la tierra" por María su madre, pero también "la pendiente del cielo" por su origen divino.

Observemos cuatro realizaciones de este salmo en el Evangelio:

"Lo que dice el Señor son palabras de paz". Desde el nacimiento de Jesús los ángeles en nombre de Dios cantan un mensaje de PAZ (Lucas 2,14).

"Su salvación está próxima". El nombre de Jesús significa "Dios- salvación" (Mateo 1,21).

"La gloria habitará en nuestra tierra" (Lucas 2,32), (Juan 1,14).

"Se encuentran el amor y la verdad". "La gracia y la verdad nos vinieron por Jesucristo", (Juan 1,17).

Finalmente, en la parte media del salmo hay una expresión: "quiero escuchar" lo que dirá el Señor. Jesús es justamente presentado por San Juan como el Verbo, la palabra, en que Dios pronuncia lo que quiere decirnos (Juan 1,1-14).

TERCERA LECTURA: CON NUESTRO TIEMPO

*** El pasado, el presente, el porvenir. Así como el pueblo de Israel recordaba los beneficios que Dios le había hecho en el pasado, para tener seguridad de su protección en el futuro, nosotros también, en los días de prueba, debemos recordar las gracias que han marcado nuestra infancia, nuestra juventud, nuestro pasado. Actualizando la primera estrofa del salmo, podemos decir: "Señor, Tú has hecho esto con-migo... Tú me has concedido esto o aquello... Tú me has perdonado...".

La tierra responde al cielo, el cielo responde a la tierra. La afirmación, "la verdad brotará de la tierra, y del cielo penderá la justicia", no es sólo una imagen maravillosa, sino la definición misma de la "religión": religar, establecer relación, entre la tierra y el cielo, entre el hombre y Dios. Los campanarios, los minaretes, y todas las arquitecturas religiosas del mundo, apuntan hacia el cielo como una especie de signo simbólico.

ESFUERZO/GRACIA: Observemos la audacia de esta expresión: "la verdad brotará de la tierra". Ha habido épocas en que se ha querido rebajar al hombre como si fuera totalmente incapaz de descubrir la verdad. La Biblia es más optimista y moderna, ya que nos habla de una especie de encuentro recíproco: la tierra busca al cielo y el cielo busca a la tierra...

Dios y el hombre se buscan mutuamente, se miran el uno al otro. Al observar las ojivas que estructuran las bóvedas de nuestras catedrales, se ve justamente este doble movimiento, estas dos búsquedas que se apoyan la una sobre la otra, y no pueden mantenerse la una sin la otra. La gracia y la libertad son necesarias. La gracia, sin la respuesta del hombre, es estéril desgraciadamente. El esfuerzo del hombre sin la gracia está abocado al fracaso. Señor, inclínate hacia mí, mientras me esfuerzo por hacer germinar mi vida.

A/VERDAD/RELACION: Amor y verdad se encuentran, justicia y paz se abrazan. ¡Qué equilibrio en estos "encuentros", en estos "besos"! Con frecuencia oponemos estas realidades. Insistimos en la caridad y caemos en una especie de subjetivismo que nos hace abandonar verdades fundamentales. O bien, somos en tal forma defensores de la verdad, que olvidamos la caridad más elemental hacia los adversarios con quienes estamos en desacuerdo. Hay que unir "amor y verdad" para no caer ni en el sectarismo, ni en el sentimentalismo bonachón. Tengo miedo de la gente que "posee la verdad" y no tiene amor. Pero temo igualmente a las personas que hablan de "amor" y no tienen el rigor de análisis para descubrir la verdad en situaciones y doctrinas.

Es necesario por otra parte reconciliar la "justicia" y la "paz". El mundo moderno habla mucho de "luchas", de "combates", de "justicia"... Y esto está bien. Pero también hay que construir la "paz", el "diálogo", la "concordia"... Detrás de las palabras de este salmo, avizoramos los conflictos sociales que sacuden nuestro mundo, nuestras familias, nuestras empresas, nuestra Iglesia.

"Escucho... ¿qué dirá el Señor Dios?". Dejemos resonar en nosotros estas palabras, este interrogante. Estemos a la escucha de Dios. Nos quejamos con frecuencia del "silencio de Dios". ¿Dejamos que El nos hable? ¿Aceptamos que El contradiga nuestros puntos de vista y no esté de acuerdo con nosotros? ¿Estamos dispuestos a escucharlo? ¿Estamos dispuestos a construir con El el mundo de paz-amor-verdadjusticia... que nos "pide" hacer?

NOEL QUESSON
50 SALMOS PARA TODOS LOS DIAS. Tomo II
PAULINAS, 2ª Edición
BOGOTA-COLOMBIA-1988.Págs. 126-129


2.

El salmo 84 es un salmo variado en tonos y emociones. No es fácil encontrar su género literario y por esto los autores han dado sobre el particular múltiples opiniones: quién lo coloca entre los himnos, quién entre las súplicas, quién entre los cantos a Yahvé. Lo que sí podemos decir es que el salmo presenta una gran riqueza de temas y acentos, siendo su misma estructura difícil de encontrar. Con todo hemos de decir que el salmo 84 es un salmo muy hermoso, de los más hermosos de la Biblia, obra de los hijos de Coré, aquella familia de levitas que, estando al servicio de la liturgia del templo, supieron componer algunos de los salmos más bellos de todo el salterio. Nuestro salmo es una prueba.

Canta el favor de Dios, suplica su protección y, finalmente, entona una estrofa que exalta la correspondencia a la fidelidad de Dios.

Podríamos hablar de este salmo como de un canto eclesial y escatológico: Dios y su pueblo, Cristo y su Iglesia, realidades futuras que empiezan a tener cuerpo. Es como un resumen del Cantar de los Cantares y de los últimos capítulos del Apocalipsis que nos muestran esta comunión, esta unión y amor entre Dios y su pueblo, entre Cristo y la Iglesia.

Su estructura la podríamos ver en estos puntos:

—Presentación: Dios ama a su pueblo (vv. 2-4).

—Súplica y confianza (vv. 5-10).

—Alianza cumplida (vv. 11-14)

Dios ama a su pueblo

"Señor, has sido bueno con tu tierra,
has restaurado la suerte de Jacob..."

El texto original hebreo dice: "Señor, has amado a tu tierra", y la versión griega de los Setenta traduce: "Te has complacido en tu tierra. Nos quiere mostrar la actitud fundamental, eterna, de Dios, que es el amor, y ahora, concretamente, su amor hacia el pueblo escogido, hacia Israel.

Por lo que dice en su inicio y en su final este salmo ha sido llamado también el "salmo de la Encarnación", ya que esta realidad de amor no es sino la culminación de la dinámica del salmo:

"La salvación está ya cerca de sus fieles
y la gloria habitará en nuestra tierra,
la misericordia y la fidelidad se encuentran..."

Nos recuerda las expresiones del evangelio de san Juan:

"La palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria..." (1,14).

"Tanto amó Dios al mundo que le envió a su Unigénito (3,16).

Lo mismo que Dios Padre se complació en su Hijo (cfr. bautismo de Jesús, transfiguración), así Yahvé encuentra sus complacencias en su pueblo, en sus elegidos.

El salmista canta esta actitud amorosa de Dios, esta benevolencia manifestada en la bendición y en la restauración de Israel, perdonando sus pecados, olvidando sus errores, conduciendo su vida y llevandola hacia aquella amistad que preconiza la Alianza y que será un día patrimonio de la eternidad feliz.

Súplica y confianza

A primera vista puede parecer abrupta la transición entre lo que se ha dicho y la súplica que ahora se hace:

"Restáuranos...

¿Vas a estar siempre enojado contra nosotros 
o a prolongar tu ira?"

Si Dios ama a su pueblo, ¿por qué esta petición de ayuda o de restauración, la mención del enojo y de la ira de Dios?

Los verbos de los primeros versículos, en perfecto según el texto hebreo, no expresan de por sí acciones pasadas terminadas, ni son verbos que hablan de acciones exteriores, sino de la actitud interna de Dios hacia su pueblo. Esta actitud no es algo que sucede y se termina; es algo permanente, atemporal, que pertenece al mismo ser de Dios. Esta actitud o estos sentimientos parecen estar al presente ocultos, aparentemente inoperantes. De ahí que el salmista suplique, recuerde a Dios su modo de proceder habitual con su pueblo. Esta es la relación que hay entre las dos estrofas. La lógica de la oración es la siguiente:

"Oh Dios, de quien es propio amar y perdonar, 
restaura y perdona a tu pueblo..."

No falta quien ve en esta sólo aparente diferencia entre las dos estrofas la constatación de una realidad feliz del amor de Dios y la petición para que esta realidad continúe siempre, que Dios nunca más pueda verse ofendido y lejano de su pueblo. Y así, a la súplica sigue en la tercera estrofa la expresión de la certeza absoluta en el socorro demandado:

"La salvación está ya cerca de sus fieles 
y la gloria habitará en nuestra tierra".

El salmista conoce la constante en el actuar de Dios sobre su pueblo; por esto está seguro de él, se fía de él. Y así con certeza y delectación, habla a continuación de la felicidad escatológica, anunciada por los profetas, que brotará de aquella Alianza observada con fidelidad.

Alianza cumplida

Es la conclusión de la restauración de Dios. El salmista, como el profeta, ve realizada esta unión maravillosa. Ahora se recobra el tono hímnico de la primera parte. Canta la mutua correspondencia entre Dios y su pueblo. Israel ha sido muchas veces infiel, pero arrepentido, ha obtenido el perdón generoso de Dios. Ahora se dispone a vivir auténticamente según el designio de Dios.

Y hace una hermosa enumeración de realidades, de actitudes de Dios, de virtudes del pueblo: el amor que proviene de Dios, con su iniciativa salvífica, se encontrará con la fidelidad del pueblo que corresponderá también con amor.

La justicia de Dios, es decir, su modo de actuar para con Israel, besará la paz que el pueblo poseerá, fruto de la bendición divina.

De la tierra, de la gente, brotará la fidelidad: entonces la tierra será fiel, no defraudará más a Yahvé. Entonces las cosas serán "verdaderas", no apariencias ni realidades momentáneas.

Si de la tierra brota la fidelidad, la justicia mirará desde el cielo, pues desde allí el Señor dará sus bendiciones, sus lluvias, sus bienes, y entonces nuestra tierra, nuestro pueblo, dará sus frutos: frutos de fe, de fidelidad, de alegría y de confianza cumpliendo felizmente la voluntad, la Alianza de Yahvé.

Esta justicia amorosa de Dios marchará delante de él, lo precederá, se hará notar en seguida. Y la salvación del pueblo seguirá sus pasos: habrá una compenetración total, perfecta, entre Dios y su pueblo.

Visión anhelada, suspirada por todos, que el Apocalipsis ha visto hecha realidad en la gloria de Cristo y su Iglesia. Visión que muchas veces ha sido realidad en el pueblo de Dios, en la vida de los santos, de muchas comunidades que se han sentido llamadas a una mayor correspondencia y compromiso, y se ha visto brillar la alegría, la paz, el amor fraterno, el auténtico espíritu del Evangelio.

Conclusión

Esta es la tensión que canta el salmo: el camino hacia la realización definitiva y completa de la Alianza. Lo que el Cantar de los Cantares dibujó en sus idilios, nos lo transcribe en forma de oración el salmo de los hijos de Coré.

Salmo profético, salmo eclesial y, como decíamos, escatológico, que nos hace ver cuál será la maravillosa realidad del amor, de la amistad perfecta entre Dios y su pueblo. Eco profético del Antiguo Testamento a la apremiante llamada de la Esposa, a la insistente invocación de la liturgia: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22,20).

A nosotros nos toca esperar esta espléndida realidad, a nosotros nos toca, ahora ya, vivirla en los límites de nuestra pequeñez. El salmo 84 lo recuerda.

J. M. VERNET
DOSSIERS-CPL/22


3.

LA «CONVERSIÓN» DE DIOS.

UN SALMO DE ADVIENTO

Sentido histórico

El v.13 da la clave para descubrir la situación de vida de la que parte el salmo: «El Señor nos dará la lluvia». Se trata de unas rogativas ante la sequía que ponen en peligro la cosecha. De acuerdo con la teología deuteronomista, la lluvia es una bendición de Dios y la sequía un castigo, especialmente por el pecado de infidelidad a Yahvé (Dt 11,10-14; 28,12.23-24; I Re 8,35-36). Una de las expectativas de los tiempos mesiánicos es que «aquel día» habrá gran abundancia de lluvias, y por tanto de cosechas (Os 2,23s; Am 9,13; Is 4,2; 30,23s; Jr 31,12ss). La sequía puede ser aviso de Dios, que llama a su pueblo a conversión (Os 6; Am 4,7; Ag 1,6-11; 2,15-19; MI 3,10). Del hecho material de la falta de lluvias y la preocupación por las cosechas se pasa a unas perspectivas teológicas o salvíficas mucho más amplias. Pero, además, este salmo no se limita a exhortar al pueblo a convertirse, sino que implora la «conversión» de Dios: que se gire hacia él, vuelva a él su rostro y cambie su suerte (cf. SI 79,4.8.15.20).

Tres partes presenta el salmo, que se caracterizan por los tiempos verbales predominantes:

a) vv. 2-4, seis verbos en pretérito. Evocación de la salvación histórica pasada. El II Isaías había anunciado, durante el exilio, una intervención de Dios que no sólo libertaría a los deportados sino que inauguraría en la Jerusalén restaurada una era de paz y de bienestar. Pero los repatriados pasaron por grandes dificultades: todo el III Isaías está lleno de súplicas ardientes. Esto significa que las esperanzas suscitadas por el II Isaías no se habían cumplido; al menos en la forma esperada. El S 184 se sitúa en este clima postexílico, entre dificultades materiales y decepción religiosa. Es una liturgia penitencial para pedir el perdón y la lluvia. Empieza evocando una liberación pasada. Otras veces la liberación típica es la salida de Egipto, pero aquí, como en el Si-3, es la salida de Babilonia. En ambos salmos, y en muchos pasajes proféticos, sobre todo Jeremías, aparece la expresión shub, shebut (o shebit), que según como se lea puede significar «hacer volver la cautividad», o bien «hacer que cambie la suerte». El cambio de la situación de Israel significará que Dios lo ha perdonado. Dios castiga para corregir, y cuando favorece es que ha perdonado.

b) vv. 5-8, verbos en presente, en imperativo o interrogativo retórico. Es súplica sobre la situación presente. Su contenido se mueve en un doble nivel: el cambio de situación (restaurar, devolver la vida) y el perdón (cesar el rencor, dejar de estar enojado, no prolongar la ira); pero ambos niveles derivan del mismo fundamento: «muéstranos tu misericordia», «danos tu salvación». Si Dios da la lluvia, es que ha perdonado. Y si ha perdonado mucho, es que ama mucho (cf. Lc 7,36-50).

c) vv. 9-14, con verbos sobre todo en futuro. En respuesta a la evocación histórica de la primera parte (vv. 2-4) y a la súplica de la segunda (vv. 5-8), un profeta anuncia la salvación inminente. Es frecuente en los salmos que a la súplica del orante responda un oráculo de salvación. Este es un profeta que tiene experiencia de la palabra de Dios y sabe discernir lo que Dios le comunica (comparar can Sal 10,7; 81,6c.11c). Ya desde el comienzo tiene el presentimiento de que lo que Dios le va a decir será buena noticia. Antes de proclamar el oráculo, ya adelanta que serán palabras de esperanza y de shalom (la paz bíblica, con todo su amplísimo sentido). Tiene conciencia, como el III Isaías, de que Dios le ha enviado a «anunciar una buena noticia a los pobres» (Is 61,1-3). Es un profeta de consolación o paráclesis. Lo primero que proclama es que el Señor está cerca (cf. Flp 4,5), a punto de salvarlos. Nótese «salvador» (v. 5), «salvación» (vv. 8 y 10). En el lenguaje poético del salmo, esta salvación de Dios, o sea este Dios salvador, es como una luz que se descompone en irisaciones multicolores: en los últimos versículos hay como un estallido de atributos de Dios, que en realidad son Dios mismo, pero que se describen como personificados en personajes que van llegando desde todos los puntos del horizonte. La gloria del Señor se establece en la tierra; gloria que, como la del Éxodo, monta su tienda entre las del pueblo en marcha. De un extremo de la tierra sale Misericordia, del opuesto Fidelidad, y también llegan Justicia y Paz. Todos estos personajes-atributos se encuentran en el centro de la tierra de Israel y se abrazan. Del cielo baja Justicia y del fondo de la tierra sube Fidelidad. Y, en correspondencia con esta ultima pareja, volvemos a lo que fue el punto de partida del salmo: del cielo desciende la lluvia, y de la tierra brota la cosecha. Esta lluvia es signo o casi sacramento de todo el resto. Finalmente, otra imagen: Dios llega como un rey, precedido del heraldo Justicia y seguido del escudero o alabardero Paz (véanse personificaciones parecidas en Sal 88,15; Hab 3,5; Is 40,10; 58,8; 62,11). En realidad, se trata de Dios mismo, que viene a salvar a su pueblo.

Contenido doctrinal

La palabra clave de este salmo es el verbo shub, que en distintas formas verbales sale cinco veces. Su significado básico es que uno que se movía en una dirección determinada, empieza a moverse en la opuesta (se supone que para regresar al punto o situación de partida). De este significado espacial o de movimiento se pasa al sentido moral de girarse hacia Dios, volver a él uno que se había apartado de él, o sea convertirse (que etimológicamente significa esto: girarse). En sus formas causativas, este verbo significará hacer que alguien regrese, o que se convierta. El pueblo se alejó moralmente de Dios por el pecado, y entonces Dios lo alejó físicamente por la deportación de Babilonia. Pero lo hará volver. Primero moralmente, por la conversión, y luego físicamente, por la repatriación: shub shebut/shebit (cambiar la suerte del pueblo, hacerlo volver de la cautividad. La iniciativa es de Dios: «Hazme volver y volveré» = «Conviérteme y me convertiré» (Jr 31, 18 = Lam 5,21). Para convertirnos nosotros a Dios, necesitamos que antes él se convierta a nosotros. Traducción del hebreo shub es el griego metanoia, que es una palabra básica en el Nuevo Testamento.

Aplicaciones prácticas y perspectivas

Hay detrás de este salmo una comunidad que ha hecho experiencia de la salvación de Dios (vv. 2-4), pero que de nuevo se siente como abandonada y pide ayuda (vv. 5-8), en espera de la salvación definitiva, escatológica (vv. (9-14). Para el cristiano, este salmo expresa el misterio del ya y el aún no; la salvación histórica operada ya en raíz por Cristo y su plena actualización en el hoy de la liturgia, en espera de la consumación futura. De ahí la aplicación de este salmo a la liturgia de Adviento y Navidad. Jesús ya vino, pero lo esperamos cada año, y anhelamos su venida definitiva al fin de los tiempos. Se aplica, más concretamente, al misterio de la encarnación, por el que el Verbo, gloria del Padre, habita entre nosotros, y hemos contemplado esta gloria. Y también a María, que es la tierra donde la lluvia del Espíritu ha dado su fruto de salvación.

Puntos de revisión

Tomar conciencia de la salvación pasada: la obrada históricamente por Jesucristo por su Encarnación y su misterio pascual, y nuestra inserción en ella por el bautismo. Reconocer la necesidad que tenemos de la gracia, de la iniciativa divina: que Dios se convierta hacia nosotros. Oración por la lluvia: riga quod est aridum. Si el Rey que ha de venir va precedido por la justicia y seguido de paz (v. 14), hemos de preparar su venida difundiendo la justicia, y consolidarla sembrando paz. Este salmo, como muchas profecías de la época postexílica, se abre a las máximas esperanzas a partir de una situación deplorable: ¿sabemos reaccionar con esperanza teologal ante las dificultades o inquietudes?


4. JUSTICIA YPAZ

« voy a escuchar lo que dice el Señor: Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos y a los que se convierten de corazón».

La paz, Señor, es tu bendición sobre la faz de la tierra y sobre el corazón del hombre. El hombre en paz consigo mismo, con sus semejantes, con la creación entera y contigo, su Dueño y Señor. Paz que es serenidad en la mente y salud en el cuerpo, unión en la familia y prosperidad en la sociedad. Paz que une, que reconcilia, que sana y da vigor. Paz que es el saludo de hombre a hombre en todas las lenguas del mundo, el lema de sus organizaciones y el grito de sus manifestaciones. Paz que es fácil invocar y dificil lograr. Paz que, a pesar de un anuncio de ángeles, nunca acaba de llegar a la tierra, nunca acaba de asentarse en mi corazón.

«La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan».

La justicia es la condición de la paz. Justicia que da a cada uno lo suyo en disputas humanas, y justicia que justifica los fallos del hombre ante el perdón amoroso de Dios. Si quiero tener paz en mi alma, he de aprender a ser justo con todos aquellos con quienes vivo y con todos aquellos de quienes hablo; y si quiero trabajar por la paz en el mundo, he de esforzarme por que reine ¡ajusticia social en las estructuras de la sociedad y en las relaciones entre clase y clase, entre individuo e individuo. Sólo la verdadera justicia puede establecer una paz permanente en este afligido mundo.

La palabra bíblica para describir a un hombre bueno es «justo». La justicia es el cumplimiento de mi deber para con Dios, con

los hombres y conmigo mismo. La delicadeza de reconocer a todos los hombres como hermanos para concederles sus derechos con generosidad alegre. He de imponer la justicia aun a mis palabras, que tienden a ser injustas y despectivas cuando hablo de los demás, y a mis pensamientos, que condenan con demasiada facilidad la conducta de los demás en los tribunales secretos de mi mente. Sólo entonces brotará la justicia en mis obras y en mi trato con todos, y yo seré «justo» como deseo serlo.

Si afirmo la justicia en mi propia vida, tendré derecho a proclamarla para los demás en el terreno público, donde se fraguan injusticias y se trama la opresión. Igualdad y justicia en todo y para todos. Tomar conciencia del duro abismo que separa a las clases y a los pueblos, con la determinación, tanto emotiva como práctica, de promover la causa de la justicia para que sobreviva la humanidad.

La justicia traerá la paz. Paz en mi alma para calmar mis emociones, mis sentimientos, mis penas y mis alegrías en la ecuanimidad de la perspectiva espiritual de todas las cosas; y paz en el mundo para hacer realidad el divino don que Dios mismo trajo cuando vino a vivir entre nosotros. La justicia y la paz son la bendición que acompaña al Señor dondequiera que vaya.

«El Señor nos dará lluvia, -y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará delante de él, y la paz sobre la huella de sus pasos».

Carlos G. Vallés
Busco tu rostro
Orar los Salmos
Sal Terrae, Santander-1989, pág. 162


5.

Señor, has sido bueno con tu tierra,
has restaurado la suerte de Jacob.

Esta estrofa marca hoy, oportunamente, el punto de arranque para nuestra meditación cristiana, pues la tradición307 nos ayuda a entender que con la venida del Cristo, Dios ha restaurado la suerte de su pueblo, ha perdonado su culpa, ha sepultado todos sus pecados.

Efectivamente, el Señor ha sido bueno con la tierra, y "le otorga esa bendición egregia que consiste en la Encarnación de su Hijo, con la cual el Padre anula aquella otra maldición del Génesis,308 y muestra que cualquier tristeza ha llegado a su fin, que toda la creación queda renovada."309

Nada extraño, pues, que Efrén entone este himno que incluye resonancias navideñas: "¡Oh tierra bendita, que fuiste para Cristo otro cielo! Los Ángeles descendieron hasta ti para honrar al Hijo del Altísimo. Ellos coronan esta morada porque el Hijo del Rey descendió hasta ti. En esta vigilia de los Ángeles, tu morada se transforma en lo más alto del Cielo."310

"Cristo promete la paz, su paz divina, a su pueblo -la Iglesia- y a sus amigos (Io 14: 27; 16: 36). El Señor nos hace partícipes de aquella gloria divina que portaba misteriosamente consigo y que los Apóstoles habían visto con los ojos de la fe, para que podamos vivir siempre en estrecha unión con Él: 'Padre, yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí...' (Jn 17: 22) En definitiva, todas las perfecciones de Cristo resucitado, cargadas con el infinito potencial divino, obran sin cesar en la Iglesia para rescatar a los hombres de sus miserias y devolverles «la paz» en el sentido judío del término, es decir, la santidad de cuerpo y espíritu."311

Nuestra tierra dará su fruto

Esta estrofa nos invita a contemplar a la Santísima Virgen, a través de la cual, el Verbo consustancial al Padre hizo su entrada en este mundo. En María habitó la gloria de Dios; en Ella "se encontraron verdaderamente la misericordia de la Divinidad y la verdad de la Carne de nuestro Dios"312; en Ella, ciertamente, se besaron la justicia y la paz. La fidelidad brotó de la tierra: esa tierra, que era su seno virginal, recibió la bendición de Dios y produjo el fruto más bello y gustoso que haya madurado jamás sobre la superficie de la tierra: Jesucristo.

La evocación de las notas musicales de un célebre himno de Prudencio, el 'Corde natus',313 podría constituir el mejor comentario a este versículo: "¡Oh qué nacimiento tan feliz, cuando la Virgen, que había concebido por obra del Espíritu Santo, dio a luz a nuestra Salvación, y el Niño, Redentor del mundo, mostró, por vez primera, su Rostro divino!"
.............................
307 P. SALMON OSB, Les 'Tituli psalmorum' des manusccrits latins, París 1959, Serie lll (Pseudo-Jerónimo), 84, p. 105: '... de primo in carne Salvatoris adventu.'
308 Gen 3: 17: 'Porque escuchaste la voz de tu mujer y comiste del árbol que te prohibí, la tierra te será maldita; con tu trabajo te alimentarás de ella el resto de los día de tu vida.'
309 TEODORETO, Interpretatio in psalmos, 84, PG 80.
310 S. EFRÉN, Sancti Ephrem Syri hymni et sermones, (Lamy), Malines, 1902; 2, 494.
311 P. GUICHOU, Les psaumes commentés par la Bible, II. París, 1958, p. 203.
312 HESIQUIO DE JERUSALÉN, Les anciens commentateurs grecs des Psaumes. (Devreesse), Cittá del Vati- cano, 1970, ad loc.
313 LITURGIA HORARUM, Himno 'Corde natus', Vísp, Solemn Santa María, Madre de Dios: 'O beatus ortus ille, / Virgo cum puérpera / édidit nostram salutem / feta Sancto Spintu / et puer redemptor orbis / os sacratum protulit.' (F. AROCENA, Los himnos de la Liturgia de las Horas, Madrid, 1992, p. 125).

AROCENA
 Los salmos de la Liturgia de las Horas


6.

Señor, has sido bueno con tu tierra, y así has restaurado la suerte de tu pueblo. Voy a escuchar lo que dice el ángel del Señor a María: Dios anuncia la paz a su pueblo, nos muestra su misericordia, nos da su Salvador. El Señor ya está cerca para salvar a sus fieles. La misericordia de Dios ha encontrado pleno eco en la fidelidad de la Virgen. En Nazaret la justicia y la paz se han besado, la justicia ha mirado desde el cielo y la fidelidad ha brotado de la tierra. El Dios tres veces Santo se ha hecho Emmanuel, «Dios-con-nosotros». El Señor ha mirado la pequeñez de su sierva, nos ha dado la lluvia, los cielos han destilado su rocío y la tierra de Nazaret ha dado su fruto. Y nosotros hemos contemplado su gloria, gloria que tiene del Padre como Hijo único, lleno de misericordia y de verdad. Porque la Ley fue dada por Moisés, pero la misericordia y la verdad por Jesucristo.

HILARI RAGUER

7. CATEQUESIS DEL PAPA, en la audiencia del miércoles, 25 de septiembre de 2002 

Nuestra salvación está cerca

1. El salmo 84, que acabamos de proclamar, es un canto gozoso y lleno de esperanza en el futuro de la salvación. Refleja el momento entusiasmante del regreso de Israel del exilio babilónico a la tierra de sus padres. La vida nacional se reanuda en aquel amado hogar, que había sido apagado y destruido en la conquista de Jerusalén por obra del ejército del rey Nabucodonosor en el año 586 a.C.

En efecto, en el original hebreo del Salmo aparece varias veces el verbo shûb, que indica el regreso de los deportados, pero también significa un "regreso" espiritual, es decir, la "conversión". Por eso, el renacimiento no sólo afecta a la nación, sino también a la comunidad de los fieles, que habían considerado el exilio como un castigo por los pecados cometidos y que veían ahora el regreso y la nueva libertad como una bendición divina por la conversión realizada.

2. El Salmo se puede seguir en su desarrollo de acuerdo con dos etapas fundamentales. La primera está marcada por el tema del "regreso", con todos los matices a los que aludíamos.

Ante todo se celebra el regreso físico de Israel:  "Señor (...), has restaurado la suerte de Jacob" (v. 2); "restáuranos, Dios salvador nuestro (...) ¿No vas a devolvernos la vida?" (vv. 5. 7). Se trata de un valioso don de Dios, el cual se preocupa de liberar a sus hijos de la opresión y se compromete en favor de su prosperidad:  "Amas a todos los seres (...). Con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor que amas la vida" (Sb 11, 24. 26).

Ahora bien, además de este "regreso", que unifica concretamente a los dispersos, hay otro "regreso" más interior y espiritual. El salmista le da gran espacio, atribuyéndole un relieve especial, que no sólo vale para el antiguo Israel, sino también para los fieles de todos los tiempos.

3. En este "regreso" actúa de forma eficaz el Señor, revelando su amor al perdonar la maldad de su pueblo, al borrar todos sus pecados, al reprimir totalmente su cólera, al frenar el incendio de su ira (cf. Sal 84, 3-4).

Precisamente la liberación del mal, el perdón de las culpas y la purificación de los pecados crean el nuevo pueblo de Dios. Eso se pone de manifiesto a través de una invocación que también ha llegado a formar parte de la liturgia cristiana:  "Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación" (v. 8).

Pero a este "regreso" de Dios que perdona debe corresponder el "regreso", es decir, la conversión del hombre que se arrepiente. En efecto, el Salmo declara que la paz y la salvación se ofrecen "a los que se convierten de corazón" (v. 9). Los que avanzan con decisión por el camino de la santidad reciben los dones de la alegría, la libertad y la paz.

Es sabido que a menudo los términos bíblicos relativos al pecado evocan un equivocarse de camino, no alcanzar la meta, desviarse de la senda recta. La conversión es, precisamente, un "regreso" al buen camino que lleva a la casa del Padre, el cual nos espera para abrazarnos, perdonarnos y hacernos felices (cf. Lc 15, 11-32).

4. Así llegamos a la segunda parte del Salmo (cf. vv. 10-14), tan familiar para la tradición cristiana. Allí se describe un mundo nuevo, en el que el amor de Dios y su fidelidad, como si fueran personas, se abrazan; del mismo modo, también la justicia y la paz se besan al encontrarse. La verdad brota como en una primavera renovada, y la justicia, que para la Biblia es también salvación y santidad, mira desde el cielo para iniciar su camino en medio de la humanidad.

Todas las virtudes, antes expulsadas de la tierra a causa del pecado, ahora vuelven a la historia y, al encontrarse, trazan el mapa de un mundo de paz. La misericordia, la verdad, la justicia y la paz se transforman casi en los cuatro puntos cardinales de esta geografía del espíritu. También Isaías canta:  "Destilad, cielos, como rocío de lo alto; derramad, nubes, la victoria. Ábrase la tierra y produzca salvación, y germine juntamente la justicia. Yo, el Señor, lo he creado" (Is 45, 8).

5. Ya en el siglo II con san Ireneo de Lyon, las palabras del salmista se leían como anuncio de la "generación de Cristo en el seno de la Virgen" (Adversus haereses III, 5, 1). En efecto, la venida de Cristo es la fuente de la misericordia, el brotar de la verdad, el florecimiento de la justicia, el esplendor de la paz.
Por eso, la tradición cristiana lee el Salmo, sobre todo en su parte final, en clave navideña. San Agustín lo interpreta así en uno de sus discursos para la Navidad. Dejemos que él concluya nuestra reflexión:  ""La verdad ha brotado de la tierra":  Cristo, el cual dijo:  "Yo soy la verdad" (Jn 14, 6) nació de una Virgen. "La justicia ha mirado desde el cielo":  quien cree en el que nació no se justifica por sí mismo, sino que es justificado por Dios. "La verdad ha brotado de la tierra":  porque "el Verbo se hizo carne" (Jn 1, 14). "Y la justicia ha mirado desde el cielo":  porque "toda dádiva buena y todo don perfecto viene de lo alto" (St 1, 17). "La verdad ha brotado de la tierra", es decir, ha tomado un cuerpo de María. "Y la justicia ha mirado desde el cielo":  porque "nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo" (Jn 3, 27)" (Discorsi, IV/1, Roma 1984, p. 11).