SEGUNDA LECTURA
San Pablo abandonó resueltamente el integrismo judío y se convirtió al cristianismo, considerado como un «escándalo» por los mismos judíos (J Cor 1,23). Pero no por eso adoptó frente a ellos una actitud irónica, ni mucho menos de desprecio; sino que siguió estando dispuesto a darlo todo por aquellos hermanos «integristas».
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Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 9,1-5.
Hermanos:
Como cristiano que soy, voy a ser sincero; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza y sangre, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo.
Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según lo humano, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.
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