PRIMERA LECTURA
El tempestuoso Elías abandona el pueblo que mata a los profetas y peregrina al monte santo, donde Dios se manifestó a Moisés. Es un gesto de denuncia y de vuelta a la fuente. Dios no se le revela en conmociones de la naturaleza, sino en un susurro. Es una nueva faz de Dios: no está en los exuberantes signos teofánicos, sino en el silencio. Tampoco estaba en la impaciencia del profeta. Este retorna a su pueblo con la experiencia de que el poder de Dios es callado y pacífico.
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Lectura
del libro primero de los Reyes 19,9a. 11-13a.
En aquellos días, al llegar Elías al monte de Dios; al Horeb, se refugió en una gruta. El Señor le dijo:
-Sal y aguarda al Señor en el monte, que el Señor va a pasar.
Pasó antes del Señor un viento huracanado, que agrietaba los montes y rompía los peñascos: en el viento no estaba el Señor. Vino después un terremoto, y en el terremoto no estaba el Señor. Después vino un fuego, y en el fuego no estaba el Señor. Después se escuchó un susurro.
Elías, al oírlo, se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la gruta.
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