SEGUNDA LECTURA
La aceptación de Jesús como único Señor impulsa al creyente a relativizarlo todo: lo bueno y lo malo, lo agradable y lo desagradable. Este optimismo cristiano no es ingenuo, sino profundamente consciente de la impotencia radical de toda criatura frente a la firmeza de la fe y del amor.
Lectura
de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 3,1-5.9-11.
Hermanos:
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.
Dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia, y la avaricia, que es una idolatría.
No sigáis engañándoos unos a otros.
Despojaos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestíos de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo.
En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres; porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.
![]()