SAN AGUSTÍN COMENTA LA SEGUNDA LECTURA


Col 3,1-5.9-11: Sed cielos que pregonen a Dios

Los cielos anunciaron su justicia y todos los pueblos contemplaron su gloria (Sal 96,6). ¿De qué cielos habla? Los cielos proclaman la gloria de Dios (Sal 18,2). ¿Quiénes son cielo? Los que se han hecho tronos de Dios. Como Dios tiene su asiento en los cielos, así lo tiene también en los apóstoles y en los predicadores del evangelio. Si quieres, también tú serás cielo. ¿Quieres serlo? Elimina la tierra de tú corazón. Serás cielo, si careces de apetencias terrenas y no respondes falsamente que tienes en alto tu corazón. Hablando a los fieles, dice el Apóstol: Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; gustad las cosas de arriba, no las de la tierra (Col 3,1-3). Si has comenzado a saborear las cosas de arriba y no las de la tierra, ¿no te has convertido en cielo? Aún llevas la carne, pero en el corazón ya eres cielo, pues tu vida está en el cielo (Flp 3,20). En cuanto tal, también tú anuncias a Cristo: ¿qué fiel no habla de Cristo?

Ponga atención vuestra caridad. ¿Pensáis que sólo anunciamos a Cristo los que estamos aquí de pie, y vosotros no? ¿Cómo es que vienen a nosotros personas que quieren ser cristianas a las que nunca hemos visto ni conocemos y a las que nunca hemos predicado? ¿Acaso creyeron sin que nadie les predicase? El Apóstol dice: ¿ Cómo van a creer en aquel de quien no han oído hablar, o cómo oirán si nadie se lo anuncia? (Rom 10,14). Así, pues, la Iglesia entera predica a Cristo, y los cielos anuncian su justicia, porque son cielos todos los fieles que se preocupan de ganar para Dios a quienes aún no creen, y lo hacen por amor. Por medio de ellos hace sonar Dios el trueno terrorífico de su juicio y el que aún es infiel comienza a temblar, se asusta y cree. Mostrad a los hombres el poder de Cristo sobre todos los pueblos; habladles de ello y atraedlos al amor de Cristo. En efecto, ¿cuántos han llevado hoy a sus amigos a presencia del pantomimo o del flautista? ¿Qué les movió, sino el amor a él?

Amad también vosotros a Cristo. El que venció al mundo nos ha ofrecido grandiosos espectáculos, en los que nadie puede decir haber hallado algo indecoroso. A veces, cuando uno ama a alguien en el teatro, sale vencido en él. En cambio, nadie sale vencido en Cristo, pues nada tiene que'pueda dar motivo de vergüenza. Arrebatad, traed, atraed a cuantos podáis; estad seguros de que los atraéis a quien nunca desagrada a los que le contemplan; rogadle a Cristo que los ilumine, para que puedan ver bien el espectáculo. Los cielos anunciaron su justicia y todos los pueblos contemplaron su gloria.

Comentario al salmo 96,10.