PRIMERA LECTURA

La realidad primaria de hambre y sed corporal remite al profeta al conocido tema del banquete mesiánico, el que celebra el salvador con los salvados. Hay en el hombre una sed que no se sacia con la bebida de la naturaleza. El agua que la apaga no es asequible a precio alguno; es dada de regalo. Regalo es también para todo el pueblo de Dios la antigua promesa davídica: ser testigo de Dios ante todos los pueblos.

Lectura del libro del Eclesiastés 1,2; 2,21-23.

Vaciedad sin sentido, dice el Predicador,
vaciedad sin sentido; todo es vaciedad.
Hay quien trabaja con destreza,
con habilidad y acierto,
y tiene que legarle su porción
al que no la ha trabajado.
También esto es vaciedad y gran desgracia.
¿Qué saca el hombre de todo su trabajo
y de los afanes con que trabaja bajo el sol?
De día dolores, penas y fatigas;
de noche no descansa el corazón.
También esto es vaciedad.