Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia COMENTARIOS AL SALMO 118


COMENTARIOS AL SALMO 118

 

1./SAL/118/145-152:

Jesús se goza en la obediencia amorosa a su Padre

* Toda la técnica que el hagiógrafo -bajo la inspiración del Espíritu Santo- invirtió en la composición de este salmo nos induce a considerarlo como un esforzado artesano que cincela versos al servicio de una sola idea: la Ley, cuyas excelencias proclama. Este amor a la Ley de Dios, es decir a su Palabra, a su designio, a su voluntad soberana, es tan acendrado, que el texto abraza en sí casi todos los géneros literarios. El acróstico agrupa, bajo cada una de las letras del alefato hebreo, ocho versículos (7+1, como expresión de una perfección consumada) y en cada estrofa suele mencionar ocho sinónimos de la Ley: leyes, decretos, palabras, promesa, mandamientos, preceptos...166

El texto representa, pues, el deseo -que en el salmista es vehemente- de que la Ley sea el principio conductor de la propia vida.

Pero nosotros, además, estamos en mejores condiciones que el hagiógrafo ya que disfrutamos del beneficio de la analogía de la fe. Gracias a ella podemos arrojar aún sobre el texto la luz de la doctrina de Pablo cuando -dirigiéndose a los cristianos de Roma- escribe: 'Mi ley es Cristo.'167 He aquí la clave para la oración cristológica de quienes nos adelantamos a la aurora, en esta mañana de sábado, para esperar en las palabras inspiradas. Que este anhelo enamorado del salmista por la Ley se traduzca, en nuestro caso, en un poner a Cristo -nuestra Ley- como principio conductor de la entera jornada de hoy, en espera de mañana, el Domingo -ya inminente- en el que celebraremos su gloriosa Resurrección.

** Al percibir la correspondencia que existe entre Cristo y el salmista, es fácil precisar el sentido que contiene cada versículo en labios de Jesús. Más aún, las estrofas de este salmo traducen sencilla y vigorosamente los más bellos sentimientos del Señor.

El tono personal e intimista del texto -Te invoco, respóndeme, a ti grito, me adelanto, ...- nos recuerda los momentos en los que Jesús expuso su dolor al Padre, acompañándolo con ruegos y súplicas. Dios le escuchó por su actitud reverente,168 le arrancó de sus inicuos perseguidores y transformó su Muerte en una exaltación de gloria.169 También Él se adelantaba a la aurora (v. 147) para orar a su Padre,170 "con una discreción que podríamos denominar 'pudor viril'. En esos apartamientos hay algo más que el recogimiento ordinario del alma piadosa; se trata de la misteriosa soledad del Hijo. Había en Cristo algo íntimo, un 'sancta sanctorum' al que no tenía acceso ni su misma Madre, sino únicamente su Padre. Cuando Jesús ora, se sale completamente del círculo de la humanidad para colocarse exclusivamente en el de su Padre celestial. Sólo al Padre necesita.''17l

"Así como Jesús, que, mientras estaba a solas, estaba continuamente con el Padre (Lc 3: 21; Mc 1: 35), también el presbítero debe ser el hombre, que, en la soledad, encuentra la comunión con Dios, por lo que podrá decir con San Ambrosio: «Nunca estoy tan acompañado como cuando estoy solo»."172

*** Una colecta sálmica, proveniente del antiguo rito visigótico,173 nos orienta al Padre para rogar con una plegaria que se forja con las palabras del salmo: "Responde, Señor, a nuestra voz por tu inmensa misericordia; y, ya que Tú mismo inspiras los bienes que te pedimos, concédenos también, propicio, la misericordia que imploramos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén." 
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166 A. APARICIO - J.C. REY, Los salmos, oración de la comunidad, Madrid, 1991, p. 192-193.

167 Rom 10: 4.

168 Hb 5: 7.

169 Phil 2: 9-11.

170 Mc 1: 35- Lc 4: 42.

171 K. ADAM, Jesucristo, Barcelona, 1973, p. 126-128.

172 CONGREGACION PARA EL CLERO, Directorio para el ministerio y la vida de los presbiteros, Ciudad del Vaticano, 1994, n. 42, p. 43.

173 F. AROCENA, Orationes super psalmos e ritu Hispano-Mozarabico, Toleti 1993, p. 87: Vocem nostram exaudi, Domine, secundum multam et magnam misericordiam tuam; et quia tu inspiras quod petimus, tribue propitius misencordiam, quam rogamus. Per Chnstum Dominum nostrum. Amen.'

FÉLIX AROCENA
EN ESPÍRITU Y VERDAD
Edic. EGA. Bilbao 1995..Págs. 77-79


 

2. CATEQUESIS DEL PAPA en la audiencia del miércoles, 15-enero-2003 Salmo/118/145-152

Promesa de cumplir la ley de Dios

1. En nuestro ya largo itinerario a la luz de los salmos que propone la liturgia de las Laudes, llegamos a una estrofa -exactamente, la decimonovena- de la oración más amplia del Salterio, el salmo 118. Se trata de una parte del inmenso cántico alfabético: a través de un juego estilístico, el salmista distribuye su obra en veintidós estrofas, que corresponden a la sucesión de las veintidós letras del alfabeto hebreo. Cada estrofa consta de ocho versos, cuyos inicios están marcados por palabras hebreas, que comienzan con una misma letra del alfabeto.

La estrofa  que  acabamos de escuchar va precedida por la letra hebrea qôf, y describe al orante que presenta a Dios su intensa vida de fe y oración (cf. vv. 145-152).

2. La invocación al Señor no conoce descanso, porque es una respuesta continua a la propuesta permanente de la palabra de Dios. En efecto, por una parte, se multiplican los verbos de la oración:  Te invoco, te llamo, a ti grito, escucha mi voz. Por otra, se exalta la palabra del Señor, que propone los decretos, las leyes, la palabra, las promesas, el juicio, la voluntad, los mandatos y los preceptos de Dios. Juntamente forman una constelación que es como la estrella polar de la fe y de la confianza del salmista. La oración se manifiesta, por tanto, como un diálogo, que comienza cuando ya es de noche y aún no ha despuntado el alba (cf. v. 147) y prosigue durante toda la jornada, especialmente en las dificultades de la existencia. En efecto, el horizonte a veces es oscuro y tormentoso:  "Ya se acercan mis inicuos perseguidores, están lejos de tu voluntad" (v. 150). Pero el orante tiene una certeza indiscutible, la cercanía de Dios con su palabra y su gracia:  "Tú, Señor, estás cerca" (v. 151). Dios no abandona al justo en manos de sus perseguidores.

3. En este punto, después de haber delineado el mensaje sencillo pero incisivo de la estrofa del salmo 118 -un mensaje apto para el inicio de una jornada-, para nuestra meditación recurriremos a un gran Padre de la Iglesia, san Ambrosio, que en su Comentario al Salmo 118 dedica nada menos que 44 párrafos a explicar precisamente la estrofa que hemos escuchado.

Recogiendo la invitación ideal a cantar la alabanza divina desde las primeras horas de la mañana, se detiene en particular en los versículos 147-148:  "Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio, (...) mis ojos se adelantan a las vigilias". En esta declaración del salmista, san Ambrosio intuye la idea de una oración constante, que abarca todo tiempo:  "Quien implora al Señor, haga como si no conociera que existe un tiempo particular para dedicar a las súplicas a Dios; ha de estar siempre en actitud de súplica. Sea que comamos, sea que bebamos, anunciamos a Cristo, oramos a Cristo, pensamos en Cristo, hablamos de Cristo. Cristo ha de estar siempre en nuestro corazón y en nuestros labios" (Comentario al Salmo 118:  SAEMO 10, p. 297).
Refiriendo luego los versículos al momento específico de la mañana y aludiendo también a la expresión del libro de la Sabiduría que prescribe "adelantarse al sol para dar gracias" a Dios (Sb 16, 28), san Ambrosio comenta:  "En efecto, sería grave que los rayos del sol que sale te sorprendieran acostado en la cama con descaro, y que una luz más fuerte te hiriera los ojos soñolientos, aún dominados por la pereza. Para nosotros, en una noche ociosa, un espacio de tiempo tan largo sin hacer una pequeña práctica de piedad y sin ofrecer un sacrificio espiritual, es una acusación" (ib., p. 303).

4. Luego, san Ambrosio, contemplando el sol que sale -como había hecho en otro de sus célebres himnos "al canto del gallo", el Aeterne rerum conditor, que ha sido incluido en la liturgia de las Horas- nos interpela así:  "¿No sabes, hombre, que cada día adeudas a Dios las primicias de tu corazón y de tu voz? La mies madura cada día; cada día madura su fruto. Por eso, corre al encuentro del sol que sale... El sol de la justicia quiere ser anticipado; no espera otra cosa... Si tú te adelantas a este sol que va a salir, recibirás como luz a Cristo. Será precisamente él la primera luz que brille en lo más íntimo de tu corazón. Será precisamente él quien (...) haga brillar para ti la luz de la mañana en las horas de la noche, si reflexionas en las palabras de Dios. Mientras tú reflexionas, se hace la luz... Muy de mañana apresúrate a ir a la iglesia y lleva como ofrenda las primicias de tu devoción. Y después, si los compromisos del mundo te llaman, nada te impedirá decir:  "mis ojos se adelantan a las vigilias meditando tu promesa", y con la conciencia tranquila te dedicarás a tus asuntos.¡Qué hermoso es comenzar la jornada con himnos y cánticos, con las bienaventuranzas que lees en el evangelio! Es muy saludable que venga sobre ti, para bendecirte, el discurso del  Señor; que  tú, mientras repites cantando  las  bendiciones del Señor, tomes el compromiso de practicar alguna virtud, si quieres tener también dentro de ti algo que te haga sentir merecedor de esa bendición divina" (ib., pp. 303, 309, 311 y 313).

Recojamos también nosotros la invitación de san Ambrosio y cada mañana abramos la mirada a la vida diaria, a sus alegrías y sus tristezas, invocando a Dios para que esté cerca de nosotros y nos guíe con su palabra, que infunde serenidad y gracia.


3.

Catequesis del Papa en la audiencia general del miércoles 14 de noviembre

Promesa de observar la ley de Dios  

1. La liturgia de las Laudes nos propone el sábado de la primera semana una sola estrofa tomada del Salmo 118, una plegaria monumental de veintidós estrofas, tantas cuantas son las letras del alfabeto hebreo. Cada estrofa se caracteriza por una letra del alfabeto, con la que comienza cada uno de sus versos; el orden de las estrofas sigue el del alfabeto. Acabamos de proclamar la estrofa decimonovena, correspondiente a la letra qof.

Esta premisa, un poco exterior, nos permite comprender mejor el significado de este canto en honor de la Ley divina. Es semejante a una música oriental, cuyas modulaciones sonoras dan la impresión de que no terminan jamás y se elevan al cielo en una repetición que implica la mente y los sentidos, el espíritu y el cuerpo del orante.

2. En una secuencia que se articula del álef a la tau, es decir, de la primera a la última letra del alfabeto -de la A a la Z, diríamos nosotros con el alfabeto italiano-, el orante se derrama en la alabanza de la Ley de Dios, que adopta como lámpara para sus pasos en el camino a menudo oscuro de la vida (cf. v. 105).

Se dice que el gran filósofo y científico Blas Pascal recitaba diariamente este Salmo, que es el más largo de todos, mientras que el teólogo Dietrich Bonhoeffer, asesinado por los nazis en 1945, lo transformaba en plegaria viva y actual escribiendo:  "Indudablemente el Salmo 118 es difícil por su extensión y monotonía, pero debemos seguir precisamente palabra tras palabra, frase tras frase, con mucha lentitud y paciencia. Descubriremos entonces que las aparentes repeticiones son en realidad aspectos nuevos de una misma y única realidad:  el amor a la Palabra de Dios. Así como este amor no puede terminar jamás, así tampoco terminan las palabras que lo confiesan. Pueden acompañarnos durante toda nuestra vida, y en su sencillez se transforman en plegaria para el niño, el hombre y el anciano" (Rezar los Salmos con Cristo, Brescia 1978, p. 48).

3. Por tanto, el hecho de repetir, además de ayudar a la memoria en el canto coral, es un modo de estimular la adhesión interior y el abandono confiado en los brazos de Dios, invocado y amado. Entre las repeticiones del Salmo 118 queremos señalar una muy significativa. Cada uno de los 176 versos que componen esta alabanza a la Torah, es decir, a la Ley y a la Palabra divina, contiene al menos una de las ocho palabras con las que se define a la Torah misma:  ley, palabra, testimonio, juicio, sentencia, decreto, precepto y orden. Se celebra así la Revelación divina, que es manifestación del misterio de Dios, pero también guía moral para la existencia del fiel.

De este modo, Dios y el hombre están unidos en un diálogo compuesto por palabras y obras, enseñanza y escucha, verdad y vida.

4. Examinemos ahora nuestra estrofa (cf. vv. 145-152), que se adapta bien al clima de las Laudes matutinas. En efecto, la escena que ocupa la parte central de estos ocho versículos es nocturna, pero está abierta al nuevo día. Después de una larga noche de espera y vigilia orante en el templo, cuando aparece en el horizonte la aurora e inicia la liturgia, el fiel está seguro de que el Señor escuchará a quien ha pasado la noche orando, esperando y meditando en la Palabra divina. Confortado por esta certeza, ante la jornada que se abre ante él, ya no temerá los peligros. Sabe que no lo alcanzarán sus perseguidores, que lo asedian a traición (cf. v. 150), porque el Señor está junto a él.

5. La estrofa expresa una intensa súplica:  "Te invoco de todo corazón:  respóndeme, Señor, (...) me adelanto a la aurora pidiendo auxilio, esperando tus palabras" (vv. 145. 147). En el libro de las Lamentaciones se lee esta invitación:  "¡En pie, lanza un grito en la noche, cuando comienza la ronda; como agua tu corazón derrama ante el rostro del Señor, alza tus manos hacia él!" (Lm 2, 19). San Ambrosio repetía:  "¿No sabes, hombre, que cada día debes ofrecer a Dios las primicias de tu corazón y de tu voz? Apresúrate al alba, para llevar a la iglesia las primicias de tu piedad" (Exp. in Ps. CXVIII:  PL 15, 1476 A).

Al mismo tiempo, nuestra estrofa es también la exaltación de una certeza:  no estamos solos, porque Dios escucha e interviene. Lo dice el orante:  "Tú, Señor, estás cerca" (v. 151). Lo reafirman otros Salmos:  "Acércate a mí, rescátame, líbrame de mis enemigos" (Sal 68, 19); "El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos" (Sal 33, 19).


4. /SAL/118/165

"Mucha paz tienen los amadores de tu ley y para ellos no hay escándalo".

San Agustín
Obras VII, 190


5.

PRIMERA LECTURA: CON ISRAEL

* Hemos tomado sólo seis estrofas, de este salmo, el más largo del salterio. Se compone de 22 estrofas de 8 versos encabezadas por 22 letras del alfabeto hebreo. En cada estrofa, cada verso comienza por la misma letra. Así por ejemplo, cada línea de la primera estrofa comienza con la letra Aleph, cada línea de la segunda comienza por Beph, y así las demás. Es como el A.B.C. del amor a la Ley. Es más, el autor introdujo en cada verso la palabra "Ley" o uno de sus sinónimos. Tus exigencias, tus caminos, tus preceptos, tus mandamientos, tus voluntades, tus decisiones, tu palabra, tus promesas.

Podría pensarse que este salmo es una especie de cinturón de seguridad literario... Ahora bien, el autor no se preocupa por las apariencias. Es más bien un "enamorado" de Dios que no se cansa de repetir indefinidamente: "yo te amo"... "yo te amo"... "yo te amo"... Quien nunca se ha enamorado no comprenderá esto y le parecerá monótona esta repetición. Vista ya la sutil composición de este salmo, de inmediato hay que olvidarla y recitarlo, de una sola vez, como una especie de murmullo, como una respiración, como una pulsación. Hay aquí una especie de danza interior, un rito algo íntimo. Observemos la abundancia de "posesivos" en segunda persona del singular. Este tuteo amoroso es embrujador: "Tu" Ley... "Tus" voluntades... "Tu" rostro... "Tus" órdenes... etc.

SEGUNDA LECTURA: CON JESUS 

** Si nos parece rigurosa esta actitud de observancia de la Ley, basta pensar en la actitud de Jesús y sus "mandamientos".

Ante su Padre, Jesús siempre tuvo un comportamiento de obediencia amorosa, tal como lo expresa este salmo. "Obro según el mandamiento que me dio mi Padre"(Juan 14,31) "Hágase tu voluntad" (Mateo 6, 10- 26, 42). "Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre" (Juan 4, 32).

Ningún moralista de la historia relacionó como Jesús la "obediencia" y el "amor". "Si me amáis, seréis fieles a mis mandamientos" (Juan 14,15).

El que recibe mis preceptos y los guarda, ése es el que me ama;... Yo también lo amaré..." (Juan 14,21).

Al recitar este salmo, no olvidemos que el único mandamiento, la única voluntad de Dios, es que nos amemos. "¿Cuál es el mayor mandamiento de la Ley? Amarás (Mateo 22,36). "Os doy un mandamiento nuevo: amaos los unos a los otros, como Yo os he amado" (Juan 13,34). Toda vez que aparece en cada verso la palabra "Ley" o uno de sus equivalentes, hay que darle este sentido. "Enséñame tus mandamientos = Enséñame a amar verdaderamente". "Haz que yo viva según tu palabra = Haz que yo viva amando de verdad".

TERCERA LECTURA: CON NUESTRO TIEMPO

*** Este salmo 118 era uno de los preferidos de Pascal.

La Ley de Dios, es también la "Ley interna" del hombre. La Ley, para un hebreo, no era este código jurídico, rígido, de "permitido y prohibido", transmitido por la herencia romana. La Ley (LEY/SENTIDO-BIBLICO) era el más bello regalo de Dios, el don de Dios al pueblo que El amaba, con el que había hecho Alianza. El hombre sin Ley, es un hombre abandonado a sí mismo, que no sabe cómo comportarse, que no conoce las normas de su propio ser. La Biblia, a menudo, establece una relación entre las leyes del universo y las leyes morales, siendo las primeras garantía de las segundas. En efecto, el desarrollo de las ciencias, en estos tiempos modernos, nos ha enseñado hasta qué punto los seres están construidos según estructuras delicadas y complejas que no se pueden violar impunemente. Quien no respeta las leyes de la naturaleza, las leyes internas que rigen su vida... se destruye inexorablemente. La Ley de Dios es "vital", es una regla de vida. "Mira: hoy pongo ante ti la vida y la felicidad, o bien, la muerte y la desgracia" (/Dt/30/15). Al revelarnos Dios la Ley de nuestro ser nos hace un gran servicio: seguir esta ley es crecer, es vivir.

El amor, energia esencial, Ley esencial. A/LEY-COSMICA: El Padre TEILHARD-DE-CHARDIN, hablando a la vez como paleontólogo, filósofo y teólogo, afirma: "El Amor es la más universal, la más formidable y la más misteriosa de todas las energías cósmicas... Cuanto más escudriño la pregunta fundamental sobre el porvenir de la tierra, más me doy cuenta que el principio generador de su unificación no hay que buscarlo solamente en la contemplación de una sola verdad, ni en el solo deseo provocado por una cosa, sino en la atracción común ejercida por un Alguien... ¡Amáos los unos a los otros! Esta palabra, pronunciada hace ya dos mil años, se descubre como la Ley estructural y esencial de lo que llamamos "progreso" y "evolución". Esta Ley del Amor entra en el dominio científico de las energías cósmicas y de las leyes necesarias".

La obediencia a Dios, una alegria, un logro. Escuchemos una vez más las traducciones sui generis de Paul Claudel:

"Estoy sobre la tierra como un hombre extraviado:

"Dame una señal para encontrarme...

"La ceguera no es la forma de ver claro, ni el andar tortuosamente, la de andar derecho...

"Mis labios no hacen más que repetir Tu boca...

Quita de mis pies el tapiz del mal, fabricame una pendiente hacia el bien...

Tus mandamientos, un trampolín bajo mis pies...

Corta todo aquello que en mí va hacia algo distinto del fruto...

Es una locura ver trabajar a todos estos chapuceros que se oponen a tu Ley...

Una linterna alumbra el camino ante mí para conducirme...

Tengo Tu mano sobre la mía...".

Ley juridica y relaciones personales. Con frecuencia, consideramos la Ley como una "cosa", como un "código impersonal". En este sentido, cometer una infracción contra la Ley, no tiene importancia, si uno no es visto. En este salmo, la Ley tiene relación con "Alguien". Los sinónimos utilizados son elocuentes: Tu Ley... Tus exigencias... Tus caminos... Tus preceptos... Tus mandamientos... Tus voluntades... Tus decisiones... Tus palabras... Cuando dos personas se aman, están ligadas la una a la otra por una especie de Ley, pero una Ley que no tiene nada que ver con los juridismos, o los formalismos: "Puesto que te amo, me siento íntimamente obligado a escucharte, a darte gusto, a cumplir tus deseos. Dime qué deseas. Seré feliz haciéndolo". Esto debería ocurrir entre Dios y nosotros. La "moral" antes que un problema de "permitido y prohibido" es cuestión de relación entre dos voluntades, entre dos personas. Un código de leyes no puede perdonarme: cuando he cometido la infracción, subsiste. Pero "alguien" puede perdonarme, por el pesar que le he causado rehusándole algo.

Padre, hágase Tu voluntad. Una forma de recitar este salmo, podría ser la de repetir como una especie de estribillo la fórmula del "Padre Nuestro", después de cada uno de los versículos. Sería dar contenido concreto a esta petición de la oración de Jesús.

NOEL QUESSON
50 SALMOS PARA TODOS LOS DIAS. Tomo II
PAULINAS, 2ª Edición
BOGOTA-COLOMBIA-1988.Págs. 189-192


6. LA ORACIÓN DEL JOVEN

9-16

«-¿Cómo podrá un joven andar honestamente? Cumpliendo tus palabras.

Tu palabra. Es ésta una larga meditación -ya que los jóvenes son generosos en dar su vida y su tiempo- y está centrada en tu santa Ley. Para resaltar sus diversos aspectos, este reposado estudio usa diversas palabras con el mismo sentido fundamental: leyes, estatutos, mandatos, voluntad, decretos, preceptos, promesas, palabra. Esas ocho palabras se van tejiendo en estrofas acrósticas, según las letras del alfabeto hebreo, con la repetición amorosa del joven estudiante que quiere penetrar los secretos de la Ley divina y el misterio de la vida humana.

«Bendito eres, Señor; enséñame tus leyes; mis labios van enumerando los mandamientos de tu boca; mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas; medito tus decretos y me fijo en tus sendas; tu voluntad es mi delicia, no olvidaré tus palabras».

Tu divina voluntad, Señor, es la luz de mi vida. Quiero conocerla, aceptarla, llevarla a la práctica día a día y hora a hora. Quiero penetrar en la profundidad de tus designios y alegrarme por la ejecución de tus deseos. Quiero identificarme con tu voluntad.

97-104

«¡Cuánto amo tu voluntad! Todo el día la estoy meditando».

Y toda la vida. Contemplación y estudio que nunca acaban, porque tu voluntad es tu propia esencia, eres tú mismo en la infinitud de tu ser. Contemplación y estudio que son entendimiento y adoración y traen la sabiduría y el gozo al corazón del joven que entrega a ello lo mejor de su vida.

«Soy más docto que todos mis maestros, porque medito tus preceptos; soy más sagaz que los ancianos, porque cumplo tus leyes».

Enséñame, Señor, a reconocer tu voluntad en las leyes de la naturaleza y en los accidentes de la vida, en las normas que rigen a los pueblos y en los sucesos que llenan el día, en las órdenes de la autoridad y en los impulsos de mi propio corazón. Tu voluntad es todo lo que sucede, porque tú estás en todas las cosas y tu dominio es supremo. Verte a ti en todas las cosas y reconocer tu voluntad en todos los acontecimientos es el camino de la sabiduría, la felicidad y la paz. Hazme aprender esa lección fundamental en la meditación reposada de las profundidades de tu Ley.

Que llegue mi clamor a tu presencia; Señor, con tus palabras dame inteligencia. De mis labios brote la alabanza, porque me enseñaste tus leyes; mi lengua canta tu fidelidad, porque todos tus preceptos son justos. Tu voluntad es mi delicia».

Que tu voluntad haga siempre mis delicias, Señor.

Carlos G. Vallés
Busco tu rostro
Orar los Salmos
Sal Terrae, Santander-1989, pág. 226s.


7. SALMO 118, 105-112

Después de una semana, llena probablemente de luchas, tentaciones y dificultades, esta celebración nos introduce en el domingo, figura y anticipo de aquel día sin dolor ni llanto ni aflicción, que, precisamente porque ya no pertenece a esta creación, fue llamado por los Padres «día octavo, es decir, día que no cuenta entre los siete de la primera creación y que es inicio de un mundo nuevo.

Puesto en el umbral del domingo, el fragmento del salmo 118 que vamos a escuchar puede darnos el sentido pleno de nuestro día festivo. El autor del salmo es un joven y piadoso israelita que se encuentra rodeado de indiferencia religiosa y nos hace participar de sus sentimientos, manifestándonos su propia experiencia: «¡Estoy tan afligido! Mi vida -la vida de mi integridad religiosa- está siempre en peligro, porque los malvados constantemente me tienden un lazo. Pero yo -dice al Señor- encuentro siempre luz en tu palabra, ella es una lámpara para mis pasos; iluminado por ella, aunque las tentaciones sean recias, yo no me desviaré de tus decretos.»

El domingo será para nosotros y para todos los cristianos el día de la palabra amorosamente escuchada y meditada. Rodeados durante la semana de enemigos, al empezar el domingo nos disponemos a colocar la lámpara de la palabra divina ante nuestros ojos; ella iluminará nuestros pasos y así nosotros, aunque se presenten dificultades numerosas, llegaremos a poseer la alegría de nuestro corazón, nuestra herencia perpetua, inaugurada por la resurrección de Cristo en el primer domingo que vivió la humanidad.
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SALMO 118, 145-152

El salmo 118 es un canto a la Ley, de un piadoso israelita que vive en un ambiente de indiferencia religiosa, muy parecido a muchos de nuestros ambientes actuales. La Ley significa, para él, la revelación, las promesas, la palabra misma de Dios que se dirige a su pueblo.

Empezar el día con este salmo significa profesar que también nosotros ponemos en Dios nuestra delicia; y ello a pesar de que el ambiente procura olvidar a este Dios, para vivir cada uno de cara a sus propios intereses. «Señor, me adelanto a la aurora esperando tus palabras; en ellas quiero cimentar toda mi vida. Conozco las dificultades, los enemigos que, con esta actitud, me ganaré: Ya se acercan mis inicuos perseguidores. El mundo nos odiará y nos rechazará, pero, si los perseguidores se acercan, tú, Señor, estás más cerca aún y con tus mandamientos me darás vida, y una vida muy superior a la que el mundo, con sus riquezas, podría ofrecerme.»

Pedro Farnés
Moniciones y Oraciones Sálmicas
Editorial Regina 1978


8. SALMO 118,105-112

INTRODUCCIÓN GENERAL

«En la oscuridad el caminante se alumbra con la lámpara, y en el camino de la vida tiene la Palabra de Dios (v. 105). La vida humana es siempre peligro, la voluntad de  Dios es confianza (v. 109). El israelita hereda de sus padres una porción en la tierra; así se transmite el don de la tierra a través de generaciones; pero la gran herencia que el pueblo transmite es la revelación de la voluntad de Dios» (v. 111)1.

MONICIONES SÁLMICAS

• Una lámpara en la noche: En el seno de un mundo adverso, cuando sacude la aflicción, cuando peligra la vida porque arrecia el asedio de los malvados, el salmista encuentra el consuelo en la ley: es la mediación intrahistórica del Dios trascendente. Acariciándola interiormente el salmista ve la luz. ¿No es acaso la misma luz bajo cuya protección vivió Jesús en las horas de oscuridad? 2 El, como la Nube luminosa del Exodo 3, vino para que los que no ven vean 4, para que caminemos mientras tengamos luz, antes que la noche se eche encima 5. Seguir la luz es creer en Cristo antes de que sea demasiado tarde 6. Quien así cree y acepta sus mandamientos como energía interna7, como amor operante 8, es luz para la noche del mundo 9: cuantos entran ven la luz 10 y todas las naciones caminarán a la luz de Cristo 11. Oremos para que los cristianos seamos testigos de la luz.

• La ley, alegría del corazón: Extrañamente, la observancia de la ley ha hecho del hombre un ser austero, triste e hipócrita. Se ha convertido la ley en una casuística y ha perdido su verdadero sentido: la ley es un puente tendido entre el cielo y la tierra, entre la santidad de Dios y la debilidad humana, que da sentido a la vida del hombre. El hombre puede hablar con Dios, fuente de gozo incesante: «Se presentaban tus palabras y yo las devoraba; era tu palabra para mí un gozo y alegría de mi corazón» 12. Si esto acontecía cuando el hombre era aún siervo y no hijo, cuánto más ahora que somos hijos 13, y amigos a quienes Jesús ha dado a conocer cuanto ha oído a su Padre 14. Esa entrañable amistad es la base de nuestra alegría, si vivimos la ley como espíritu y vida.

1. ALONSO SCHOKEL, Los salmos. Madrid, 1972, p. 341 ss. 2 Cf. Jn 9,4-5. 3 Cf. Ex 13,21 s.; Sab 18,3 s.; Jn 8,12. 4 Jn 9,39. 5 Cf. Jn 12,35-36. 6 Jn 7,34. 7 Cf. Jn 10,14 + 1 Jn, 2,3 ss.; Jn 15,10. 8 Cf. I Jn 1,3; Os 6,6. 9 Mt 3,14-16. 10 Le 8,16. 11 Ap 21,24: cf. Lc 2,32. 12 Jr 15,16. 13 Ga 4,7. 14 Jn 15,15.

 

ORACIONES SÁLMICAS

SEA tu Palabra, Señor, lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero; aunque los malvados no tiendan lazos, mantén nuestra lámpara encendida y alimenta la llama de nuestra fe, de suerte que nuestro mundo sea iluminado con la claridad que procede de Cristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

0H Dios, fuente de gozo incesante, que has encendido en nuestro interior la luz de la filiación, y, de este modo, nos diste vida según tu promesa; inclina nuestro corazón a cumplir tu ley siempre y cabalmente, porque tus preceptos son nuestro gozo y la alegría de nuestro corazón. Por Jesucristo nuestro Señor.

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SALMO 118,145-152

INTRODUCCIÓN GENERAL

Quizá cuando se compuso este larguísimo salmo ya había enmudecido la profecía. El autor vuelve sus ojos a la historia santa del pasado buscando luz y consuelo. El resultado será una composición antológica y acróstica en la que se mezclan motivos sapienciales, proféticos (asumidos del estudio de la Ley), junto con diversos géneros literarios. Toda la técnica del esforzado artesano está al servicio de una idea dominante: la Ley, cuyas excelencias, ventajas y amor canta. El amor a la Ley es tan acendrado que, por ejemplo ha recurrido al siguiente artificio: de la primera a la última letra del alfabeto hebreo el salmista ama la Ley. Bajo cada una de las letras del alfabeto hebreo agrupa ocho versículos (7 + 1, como expresión de una perfección consumada) y en cada estrofa suele mencionar ocho sinónimos de Ley. La consecuencia de su trabajo podría enunciarse así: La perfección y valor de la Ley supera toda ponderación y excelencia. En nuestra alabanza matutina nos unimos al salmista desde las siguientes perspectivas.

MONICIONES SÁLMICAS

• La verdadera religión: Más de uno ha motejado al fervoroso compositor del salmo 118 de ser formalista y nomista en su religión. Nada más injusto, no sólo por el tono personal e intimista de cada verso («te invoco... a Ti grito... escucha mi voz», etcétera), sino por el puesto que el derecho y la ley ocupan en Israel: son la consecuencia de la alianza. Si Dios empeña su amor y su palabra («seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo»), el interlocutor humano debe retornarle el amor. Los « mandamientos» no son más que una derivación del amor en su doble vertiente: a Dios y al prójimo1. Si amamos a Dios, a Cristo, guardaremos sus mandamientos 2. Así llevaremos con honra el nombre de amigos que Cristo nos da 3. Esta amistad demostrada termina, por necesidad, en la vida prometida a quien guarda los mandamientos 4. El amor y cercanía de Dios al hombre es lo que celebramos con nuestro salmo matinal.

• Dios que habló sigue hablando: Nuestro salmista se ha refugiado en la historia pasada, convertida ya en Escritura Santa, con la intención de encontrar respuesta a sus actuales interrogantes. Otro tanto hizo Jesús cuando cuestionado su amor a Dios -con todo el corazón, por encima de la vida y más allá de las riquezas- responde con el «está escrito» 5. Desde este momento inicial de su misión está dispuesto a encarnar la figura del «siervo» tal como se le ha encomendado en la unción bautismal 6. Hacer la voluntad del Padre será su programa y alimento 7. Aun acorralado por sus enemigos, permanecerá fiel a dicha voluntad 8, incluso en el abandono supremo se atreve a gritar la cercanía de Dios 9. Quien conserva en su corazón las palabras de Dios y las guarda pertenece a la verdadera familia de Jesús 10, como el salmista, como María 11. Con este espíritu oramos y contemplamos.

• La religión es un mundo secularizado: El silencio de la profecía y la desaparición de quien pudiera responder el «¿hasta cuándo?» resultaría agobiante -más cuando cunde la indiferencia religiosa- de no disponer del monumento escriturístico. Nuestro mundo y momento no es menos difícil. Hoy se combate a Dios ignorándolo, mientras se hace befa de los creyentes. Dios nos ha dado su Palabra y el mundo nos odia porque no somos del mundo 12. No pedimos que nos saque del mundo, sino que nos guarde del Malo 13, y nos consagre en su Palabra que es la Verdad 14. Es decir, que de tal suerte nos adherimos al Dios revelado en Cristo que por su medio llegamos a la Vida que estaba junto a Dios 15. Cristo, en efecto, es « el Camino, la Verdad y la Vida» 16. Una realidad que escapa a la corrosión de la moda; fundamentada para siempre. ¿Con esta hondura religiosa no seremos un fermento para nuestro mundo secularizado?

• Actitud del creyente: Invocar, gritar, madrugar, vivir la cercanía de Dios, he aquí lo que hace el salmista inmerso en un mundo adverso. ¿Una conducta evasiva? Jesús expuso su dolor al Padre, acompañándolo con ruegos y súplicas 17. Dios le escuchó por su actitud reverente 18. Es decir, porque Jesús se acomodó al mandato de Dios, un mandato que es vida 19, su Padre le arrancó de sus «inicuos perseguidores», de la muerte transformada en una exaltación de gloria 20. Quienes seguimos a Jesús nos revestimos de su mismo talante espiritual 21, y estimamos todo como estiércol con tal de ganar a Cristo 22. En esta ley suprema encuentra el cristiano la perfecta libertad 23, la emocionante cercanía de Dios, a quien invocamos.

1 Cf. Dt 6,5 ss. + Mt 22,37 ss. p. 2 Cf. Jn 15,10. 3 Cf. Jn 15,13 ss. 4 Cf. Mi 19,17 s. 5 Cf Mt 4,4.7.10. 6 Cf. Mt 3,13-17. 7 Cf. Jn 4,34. 8 Cf. Mt 26,39.42 p. 9 Cf. Mt 27,46. 10 Mc 3,35. 11 Cf. Le 2,51. 12 Cf. Jn 17,14; 15,19. 13 Cf. Jn 17,15; 1 Jn 2,14. 14 Cf. Jn 17,16. 15 Cf. Jn 1,4. 16 Cf. Jn 14,6. 17 Cf. Hebr 5,7. 18 Cf. Hebr 5,7. 19 Cf. Jn 12,50. 20 Cf. Jn 12,27 s.; 13,31 s.; 15,5; Fil 2,9-11. Hebr 2,9. 21 Cf. Fil 2,5; Col 2,12; Gál 3,27. 22 Cf. Fil 3,8. 23 Cf. Sant 1,25; 2,12.

ORACIONES SÁLMICAS

SEÑOR Dios nuestro, que al llegar la plenitud de los tiempos enviaste a tu Hijo para llevar la Ley a su cumplimiento y enséñarnos el mandamiento del amor; concédenos guardar tus leyes y observar tus decretos, para que no deshonremos el nombre de amigos que Cristo no dio. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

DIOS omnipotente y eterno, el cumplimiento de cuya voluntad fue el alimento de tu Hijo; enséñanos a esperar tus palabras y a meditar tu promesa en nuestro corazón, para que pertenezcamos a tu familia, junto con María, la Madre de nuestro Señor Jesucristo que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

0H Dios, que nos diste a Jesús como camino para que todos los hombres lleguen a Ti, ahora comprendemos que tus preceptos los fundaste para siempre; concédenos progresar de tal modo en el amor a tus mandatos que seamos testigos de tu Verdad y de tu Vida. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Tú, Señor, estás cerca de los que te aman y alejado de los inicuos perseguidores; escucha el grito de quienes se adelantan a la aurora pidiendo auxilio, y salva a cuantos se acomodan a tu mandamiento, como salvaste a tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

Angel Aparicio y J.C. Rey García
Los Salmos, oración de la Comunidad
Publicaciones Claretianas
Madrid 1985


9.

Juan Pablo II: La voluntad de Dios, lámpara del creyente
Comentario al Salmo 118, versículo 105-112

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 21 julio 2004 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Juan Pablo II en la audiencia general de este miércoles dedicada a comentar el Salmo 118, versículos 105-112.


Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.


1. Después de la pausa con motivo de mi estancia en el Valle de Aosta, reanudamos en esta audiencia general nuestro camino a través de los Salmos propuestos por la Liturgia de las Vísperas. Nos encontramos hoy con la decimocuarta de las veintidós estrofas que componen el Salmo 118, grandioso himno a la Ley de Dios, expresión de su voluntad. El número de las estrofas corresponde a las letras del alfabeto hebreo e indica plenitud; cada una de ellas está compuesta por ocho versículos y por palabras que comienzan con la correspondiente letra del alfabeto en sucesión.

En este caso, letra hebrea «nun» abre las palabras iniciales de los versículos que acabamos de escuchar. Esta estrofa está iluminada por la imagen del su primer versículo: «Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (v. 105). El hombre penetra en el sendero con frecuencia oscuro de la vida, pero de repente las tinieblas se deshacen ante el esplendor de la Palabra de Dios.

También el Salmo 18 compara la Ley de Dios con el sol, cuando afirma que «los preceptos del Señor son rectos, gozo del corazón; luz de los ojos» (18, 9). En el libro de los Proverbios se confirma después que «el mando es una lámpara y la enseñanza una luz» (6, 23). Cristo mismo se presentará como revelación definitiva precisamente con esa misma imagen: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8, 12).

2. El salmista continúa después su oración evocando los sufrimientos y los peligros de la vida que debe afrontar y que necesita luz y apoyo: «¡estoy tan afligido! Señor, dame vida según tu promesa… mi vida está siempre en peligro, pero no olvido tu voluntad» (Salmo 118, 107.109).

Toda la estrofa queda marcada por una sensación tenebrosa: «los malvados me tendieron un lazo» (versículo 110), confiesa el orante, recurriendo a una imagen de caza común en el Salterio. El fiel sabe que avanza por los caminos del mundo en medio a peligros, afanes, persecuciones; sabe que la prueba está siempre al acecho. El cristiano, por su parte, sabe que cada día debe llevar la cruz subiendo al Calvario (Cf. Lucas 9,23).

3. Sin embargo, el justo conserva intacta su fidelidad: «Acepta, Señor, los votos que pronuncio, enséñame tus mandatos... no olvido tu voluntad... no me desvié de tus decretos» (Salmo 118, 106.109.110). La paz de la conciencia es la fuerza del creyente, su constancia en la obediencia a los mandamientos divinos es el manantial de la serenidad.

Por eso es coherente la declaración final: «Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón» (versículo 111). Esta es la realidad más preciosa, la «herencia», la «alegría» (v. 112), que el salmista custodia con vigilante atención y amor ardiente: las enseñanzas y los mandamientos del Señor. Quiere ser totalmente fiel a la voluntad de su Dios. Por este camino encontrará la paz del alma y logrará atravesar el nudo oscuro de las pruebas, alcanzando la verdadera alegría.

4. En este sentido, son iluminantes las palabras de san Agustín, quien al comenzar el comentario del Salmo 118 desarrolla el tema de la alegría que surge de la observancia de la Ley del Señor. «Este salmo amplísimo desde el inicio nos invita a la bienaventuranza, que, como es sabido, constituye la esperanza de todo hombre. ¿Puede haber alguien que no desee ser feliz? Pero si es así, ¿qué necesidad hay de invitaciones a alcanzar una meta a la que tiende espontáneamente el espíritu humano?... ¿No será porque, si bien todos aspiran a la bienaventuranza, sin embargo la mayoría no sabe cómo alcanzarla? Sí, esta es la enseñanza de quien comienza diciendo: Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor.

Parece querer decir: Sé lo que quieres; sé que estás en busca de la bienaventuranza: pues bien, si quieres ser bienaventurado, debes ser intachable. Lo primero lo buscan todos; pocos se preocupan sin embargo de lo segundo. Pero sin esto no se puede alcanzar la aspiración común. ¿Dónde tendremos que ser intachables si no es en el camino? Éste, de hecho, no es otro que la ley del Señor. ¡Bienaventurados, por tanto, quienes son intachables en el camino, los que caminan en la ley del Señor! No es una exhortación superflua, sino algo necesario para nuestro espíritu» (Comentarios a los Salmos - «Esposizioni sui Salmi», III, Roma 1976, p. 1113).

Acojamos la conclusión del gran obispo de Hipona, quien confirma la permanente actualidad de la bienaventuranza prometida a quienes se esfuerzan por cumplir fielmente la voluntad de Dios.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, uno de los colaboradores hizo esta síntesis de su intervención]


Tras la estancia en el Valle de Aosta, volvemos a comentar los salmos de la liturgia. La estrofa del Salmo 118 que hoy contemplamos describe el camino de la vida, a veces oscuro, pero en el que la Palabra de Dios abre improvisamente una luz radiante. Cristo mismo, revelación definitiva de Dios, es la "luz del mundo" (Jn 8,12).

En efecto, el peligro, el sufrimiento, el desánimo acechan constantemente el anhelo del corazón humano por una existencia bienaventurada y un mundo impregnado por las bienaventuranzas. No siempre se sabe cómo seguir el camino recto o faltan las fuerzas para seguirlo. La ley de Dios lo muestra con claridad y con su gracia todo creyente puede ser fiel a la voluntad divina que lleva a la salvación.


10. EL LIBRO OLVIDADO
Me deleito en tus preceptos; NO OLVIDO tu PALABRA. (Salmo 118,16)

Un muchacho notó que en su casa había un libro lleno de polvo encima de un estante alto. Eso despertó su curiosidad, por lo que le preguntó a su madre acerca del libro. Avergonzada, la madre explicó precipitadamente: ¡Ah!, es una Biblia. Es el libro de Dios. El muchacho pensó por un momento y luego dijo: "Bueno, mamá, si es el libro de Dios, ¿por qué no se lo devuelves? Aquí nadie lo usa."

En muchos hogares, la Biblia apenas se abre. En realidad, la gente apenas la nota o piensa en ella. La única vez que la leen es cuando hay enfermedad o muerte en la familia. Y aparte del Salmo 23, es muy probable que la persona no sepa dónde buscar la ayuda que necesita.

¿Cuánto tiempo hace que no LEES tu Biblia?
 

Sí, es el libro de Dios. Pero Él no quiere que se lo devuelvan. Quiere que lo conserves, lo ponderes, lo entiendas y lo creas, y que obedezcas su mensaje.

¿Leíste el pasaje de la Escritura para hoy? Si no lo has leído, ¿por qué no lo haces ahora mismo? Empieza en este momento leyendo el hermoso y bello Salmo 119 y podras decir como el salmista "!Que dulce me sabe tu promesa, más que la miel   a mi boca! (Salmo 118,103)

No dejes que la Biblia se convierta en el libro OLVIDADO de tu casa.