Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia MARTA y MARIA

 

MARTA y MARIA

EN LOS PADRES DE LA IGLESIA

«En estas mujeres están representadas las dos vidas: la presente y la futura, la trabajosa y la que ha llegado al descanso, la necesitada y la bienaventurada, la temporal y la eterna» (·AGUSTIN-SAN:Serm. 104, 3, 4 en PL 38, 617 infra). Estaban, pues, en aquella casa las dos vidas y la fuente misma de la vida: en Marta la imagen de lo presente, en María la imagen de lo que está por venir. Lo que Marta hacía, eso somos aquí; lo que María hacia, es lo que esperamos» (Serm. 104, 3, 4 en PL 38, 618). Es decir, María y Marta designan según Agustín no dos posibilidades de esta vida, sino el término y el camino, el allende y el aquende. La figura de la vida en este mundo es Marta, para todos. Y María escogió "la mejor parte" sólo en cuanto que es tipo de lo permanente, de aquello que ya no se le quitará, de la hartura eterna por el Verbo en el nuevo mundo. (...)

..........

«El trabajo pasa y el descanso permanece, pero sólo se llega al descanso por el trabajo. La nave pasa y llega a la patria, pero sólo se llega a la patria por la nave. Que estemos haciendo una travesía, lo sabemos sólo mirar a las ondas y tormentas de este tiempo. Y yo estoy cierto de que no nos hundimos, porque nos lleva el madero de la cruz"

(AGUSTIN-SAN:Serm. Guelf. 29, 549).

............

"Había llegado (María) a aquella unidad que le permitía contemplar la dulzura del Señor. Sin embargo, en la noche de este tiempo, nosotros no podemos eso todavía». Agustín cita el adhuc sequor (/Flp/03/13) paulino e insiste: «Todavía sigo, todavía voy adelante, todavía camino, todavía estoy de viaje, todavía tiendo hacia adelante, aún no he llegado al término". En este contexto cae la famosa palabra: «Sufficit et peristi: Semper adde, semper ambula, semper profice» (Serm. 170, 15, 118 en PL col. 926). El destino del cristiano en este mundo es el destino de Marta. que servía al Señor, necesitado todavía en sus "pequeños" del servicio de los hombres (Serm. 179, 3, 3 en PL col. 968; cf. Sermn. 103, 1, 2: col. 613).

.............

Una orientación algo distinta recibe una vez más la imagen en un sermón sobre las palabras de la carta de Santiago: «Sea todo hombre pronto para oír y tardo para hablar» (/St/01/19). María aparece como la oyente ejemplar de la palabra, como símbolo de aquella gran función fundamental cristiana. que es el oír, y es a la vez un "comer" espiritual, unión con el Verbo o palabra de que vive la fe. (...)

PREDICADOR/PELIGROS OB/PBRO/PELIGROS 
Con ello une además Agustín uno de aquellos pensamientos que hacen tan amable y atrayente su eclesialidad: el oyente está en lugar más seguro que el predicador, tiene "la mejor parte". Hace ya ahora lo que un día haremos todos (Serm. 179. 7, 7 en PL col. 970). Esta idea sobre el peligro del oficio, que puede engañar al hombre acerca de su verdadera situación (interiormente somos todos oyentes de la palabra: "Intus autem ubi nemo videt, omnes auditores sumus..."), la explanó el doctor de la Iglesia de Hipona con preferencia en las ordenaciones episcopales o en el aniversario de su propia ordenación, bien en contraste con otros predicadores que solían aprovechar tales ocasiones -por ejemplo, al estilo de algunos sermones de primeras misas de antaño- para componer un panegírico en loa del oficio y hasta de la persona. «Para que se oiga mejor la voz, estamos nosotros algo más altos, pero mucho más alto todavía somos juzgados, y sois vosotros quienes nos juzgáis.

Enseñar es peligroso, ser discípulo es seguro. El oyente de la palabra está más seguro que quien la dice» (Serm. 23, 1, 1 en PL 38, 155; cf. 17, 2, 2: col 125). «Lo que soy para vosotros, me espanta; lo que soy con vosotros, me consuela. Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano. Obispo es título de una tarea, que se acepta; cristiano es el nombre de una gracia. El título es peligroso, el nombre es saludable» (Serm. 340, 1 en PL 38, 1483). «Oigamos en común, aprendamos en común como condiscípulos en la misma escuela del mismo maestro Jesucristo, cuya cátedra está en el cielo porque estuvo primero en la cruz sobre la tierra. Lo que Él nos ha enseñado es el camino de la humildad» (Serm. Guelf. 32, 4, ed. Morin, 566). Sin embargo, y pese a toda su estimación del oír, añade Agustín en el sermón sobre Marta y María, aludiendo ahora a /St/01/22: «Pero pensad que si ya el oír es cosa hermosa, cuánto más no lo será practicar lo que se oye. Si no oyes, si descuidas el oír, no edificas nada. Pero si oyes y no obras según lo que oyes, sólo edificas un tronco mutilado» (Serm. 179, 8, 8 en PL 38, 970).

...............

·Orígenes propone dos interpretaciones diversas del texto sobre Marta y María. Orígenes parte de la lección más larga (atestiguada particularmente por el Sinaiticus), que no habla del unum necessarium, sino de lo poco que es menester, y propone partiendo de ahí ver en Marta y María la figura de la sinagoga y de la Iglesia, la primera de las cuales se preocupa de lo mucho que dice la letra de la ley, mientras la última se ocupa en lo poco de que cuelgan la ley y los profetas, en aquello que ha sido mandado sobre la caridad (Gcs, ORÍGENES IV, ed. PREUSCHEN, Frg. 78, sobre Jn 11,2 p. 545).

·Ambrosio-SAN no atribuyó claramente al texto importancia teórica alguna para la ordenación de la existencia cristiana. Ambrosio trata más bien el texto de pasada y ve en Marta «la entrega activa a la obra», en María la piadosa dedicación del espíritu a la palabra de Dios»; si esa dedicación coincide con la fe, sería de preferir incluso a la obra. De ahí saca la conclusión de no censurar a los activos, pero a no tener tampoco por inactivos a los que se esfuerzan en el conocimiento de la sabiduría (AMBROSIO, Exp. ev. Lucae VII, 85: CSEL 32, 4 p. 316s)

Jerónimo-SAN en la famosa Epístola 22 a Eustoquio, señala a su discípula el pasaje sobre Marta y María, para terminar exclamando: "Sé tú también María, estima en más la enseñanza que la comida. Anden tus hermanas de acá para allá y busquen la manera de hospedar a Cristo. Tú, arrojada de una vez la carga del siglo, siéntate a los pies del Señor y di: «He hallado al que buscaba mi alma, lo he asido y no lo soltaré» (Cant 6,9) (PL 22, 410s). Más sobriamente en el comentario a Lucas, dice Jerónimo: «Martha, i.e. ecclesia actualis, Maria, i.e. ecclesia theorica, quae verba Christi semper audit» (Exp. IV ev. Lc, en PL 30, 573). Las fórmulas hechas de la edad media se encuentran en Gregorio Magno (·GREGORIO-MAGNO-SAN), a quien se refiere más frecuentemente santo Tomás de Aquino en esta materia. Gregorio ve en las dos parejas de hermanas Lía-Raquel y Marta-María la doble imagen de la recíproca ordenación de la vida activa y contemplativa, sobre cuya relación acuñó fórmulas de precisión francamente escolástica, que luego entraron lógicamente de ordinario en su tenor literal, en el vocabulario de la edad media: «...activa prior est tempore quam contemplativa... contemplativa autem maior est merito quam activa» (Hom. in Ez 1. 1, hom. 4, 9 en PL 76, 809). A decir verdad, el hombre que había tenido que cambiar la tranquilidad del claustro por la actividad ininterrumpida del oficio papal, no podía estar enteramente tranquilo con semejantes fórmulas. Gregorio recuerda de lejos a Agustín, cuando se lamenta de la carga del oficio y se compara con Jacob, que había amado a Raquel, pero, inexplicablemente, le había sido suplantada de noche por Lía. Otra vez reflexiona por qué Jacob recibió a las dos mujeres, mientras el rey David suspiró inútilmente durante su vida por Marob, hija de Saúl, y tuvo que contentarse con Micol; y ve en David, dignatario, la figura del prelado que espera en vano el descanso (In I reg. exp. 1. 5 c. 67 en PL 79, 402). Tales hechos le impiden una desvaloración excesiva de la vida activa. ACCION/CONTEMPLACION: El gran papa insiste en que nadie puede ser perfecto en la contemplación, si no viene del trabajo de la obra activa (Ibid. col. 401 A); puede uno sin duda entrar sin la contemplación en la vida eterna, pero no sin el trabajo (In Ez 1. 1, hom. 4, 10 en PL 76, 809).

JOSEPH RATZINGER
EL NUEVO PUEBLO DE DIOS
HERDER 101 BARCELONA 1972.Págs. 34 ss.