SAN
AGUSTÍN COMENTA EL EVANGELIO
Mc
6,30-34: Mientras vivas entre los
hombres,
no podrás separarte del género humano
¿A qué pensáis, hermanos, que se debe el que los desiertos se hayan llenado de siervos de Dios? ¿Se hubiesen apartado de los hombres, si les hubiese ido bien entre ellos? Y, sin embargo, ¿qué hacen ellos mismos? He aquí que en su fuga se alejan y establecen su morada en el desierto; pero ¿acaso cada uno aislado de los demás? La caridad los retiene, para que se queden en compañía de otros muchos. Y entre esos muchos hay quienes someten a prueba a los demás, pues en toda asamblea multitudinaria se halla inevitablemente gente mala. Dios que sabe que nosotros hemos de ser sometidos a prueba, mezcla con nosotros a otros que no han de perseverar, o tan hábiles en la simulación que ni siquiera han entrado en el camino en el que deberían perseverar. Él sabe que es necesario para nosotros el soportar a los malos, para que así progrese nuestro ser buenos. Amemos a los enemigos, corrijámoslos, castiguémoslos, excomulguémoslos y separémoslos de nosotros con amor.
Ved lo que dice el Apóstol: Si alguno no obedece a nuestra palabra manifestada en esta carta, señaladle y no os mezcléis con él. Mas, para que no se introduzca por eso en ti la ira y turbe tu vista, añadió: No lo consideréis como enemigo; antes bien, corregidle como a un hermano, para que sienta vergüenza (2 Tes 3,14). No cortó el amor a aquel de quien ordenó la separación. Vive aquel ojo, vive tu vida. En efecto, el perder el amor significa la muerte para ti. Este amor temió perder quien dijo: Me sobrevino el miedo a la muerte (Sal 54,5). En consecuencia, para no perder el camino del amor, ¿quién me dará alas como de paloma y volaré y descansaré? (Sal 54,8). ¿Adónde has de ir? ¿Adónde has de volar? ¿Dónde descansarás? He aquí que en mi fuga me alejé y establecí mi morada en el desierto. ¿En qué desierto? Adondequiera que vayas, se te unirán los demás, se encaminarán contigo al desierto, simularán vivir tu misma vida, sin que tú puedas rechazar la compañía de los hermanos; se mezclarán contigo también los malos; aún debes ser sometido a prueba. He aquí que en mi fuga me alejé y establecí mi morada en el desierto (Sal 54,9). ¿En qué desierto? Quizá en la conciencia, adonde no entra hombre alguno, donde nadie está contigo, donde estás tú y Dios. Pues si entiendes por desierto algún lugar, ¿qué harás de aquellos que se reúnen contigo? Mientras vivas entre los hombres, no podrás vivir separado del género humano. Fíjate más bien en aquel consolador, nuestro Señor y rey, nuestro emperador y creador, hecho criatura también entre nosotros; fíjate que entre los doce mezcló uno a quien tuvo que tolerar.
Comentario al salmo 54,9
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