SAN
AGUSTÍN COMENTA LA SEGUNDA LECTURA
Ef 2,13-18: Nuestra patria y herencia se llaman Paz
Como el recto de corazón se aparta del mal y obra el bien, porque no envidia a los pecadores al contemplar la paz de los inicuos, así el de corazón torcido, que tropieza en los caminos del Señor, se aparta de Dios y obra el mal. Y, siendo seducidos por el deleite mundano y enlazado y cautivado por él, lo lava con amargas penas. Por un justo juicio de Dios, la felicidad de los malos se convierte en verdadero lazo para el que se aparta de Dios, no queriendo soportar su disciplina. Por eso añade a continuación: Y a los que se apartan por caminos tortuosos los llevará el Señor con los que obran iniquidad. Es decir, con aquellos cuyos hechos imitaron, porque amaron los placeres actuales de éstos y no creyeron en los suplicios futuros. ¿Qué poseerán los rectos de corazón, los que no se apartaron de Dios? Volvamos, hermanos, a la misma herencia, puesto que somos hijos. ¿Qué poseeremos? ¿Cuál es la herencia? ¿Cuál nuestra patria? ¿Cómo se llama? Paz. Os congratulo por ella; a ella os anunciamos; ella es la que reciben los montes, como los collados la justicia. Ella es Cristo, como dice San Pablo: Él es nuestra paz; él hizo de dos pueblos uno solo y derribó la muralla de la división (Ef 2,14). Como somos hijos, poseeremos la herencia. ¿Cómo se llama esa herencia, sino Paz?
Ved, pues, que quienes no aman la paz han sido desheredados; y no aman la paz quienes dividen la unidad. La paz es posesión de los piadosos, posesión de los herederos. ¿Quiénes son los herederos? Los hijos. Escuchad el evangelio: Dichosos los pacíficos porque serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9). Escuchad así mismo la conclusión de este salmo: Paz sobre Israel. Israel significa el que ve a Dios, y Jerusalén visión de paz. Comprenda vuestra caridad: Israel significa el que ve a Dios, y Jerusalén visión de paz. ¿Quiénes no se conmoverán eternamente? Los que habitan en Jerusalén. Por tanto, no se conmoverán en toda la eternidad los que habitan en la visión de paz. Y paz sobre Israel. Luego siendo Israel el que ve a Dios, es así mismo el que ve la paz. Y también el mismo Israel es Jerusalén, porque el pueblo de Dios es la misma ciudad de Dios. Luego si el que ve la paz es el mismo que el que ve a Dios, con razón Dios es también la paz. Así, como Cristo, Hijo de Dios, es la paz, vino a recoger a los suyos y a apartarlos de los inicuos. ¿De cuáles? De los que odiaron a Jerusalén, de los que odiaron la paz, de los que quieren desgarrar la unidad, de los que no creen en la paz, anuncian al pueblo la falsa paz y no tienen la paz. Cuando dices «La paz esté con vosotros» y se les responde: «Y con tu espíritu», dicen algo que es falso y oyen algo que también es falso. ¿A quiénes dicen: «La paz esté con vosotros»?. A los que se apartan de la paz del orbe de la tierra. ¿Y a quiénes se contesta: «Y con tu espíritu»? A los que se entregan a las disensiones y odian la paz. Si la paz se hallase en su espíritu, ¿no amarían la unidad y abandonarían la discordia? Así, pues, proclamando una falsedad, oyen otra falsedad. Nosotros anunciemos la verdad y oigamos también la verdad. Seamos Israel y abracemos la paz porque Jerusalén es visión de paz y nosotros somos Israel. Paz sobre Israel.
Comentario al salmo 124,10
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